5,3 RECOGNITION OF OUTLIERS BY BOXPLOT
5.6 QUALITY CONTROL OF DATA
La socialización es el proceso general por el cual el individuo se convierte en miembro de un grupo social: una familia, una comunidad, una tribu. Abarca el aprendizaje de actitudes y creencias, costumbres y valores, expectativas y roles del grupo social. Es un proceso permanente que nos ayuda a vivir de manera cómoda y a participar de modo pleno en nuestra cultura o grupo cultural en el seno de la sociedad en general (Goslin, 1969).
Durante la niñez se nos socializa para desempeñar algunos roles de inmediato y otros más adelante. Una niña pequeña adopta muchos roles todos los días: alumna, vecina, hermana mayor, hija, miembro de una iglesia, integrante de un equipo, mejor amiga. Cuando inicia la adolescencia adopta muchos otros. Cada nuevo rol le exigirá adaptarse a la conducta, a las actitudes, a las expecta- tivas y a los valores de los grupos sociales que la rodean.
Antaño, los investigadores pensaban que la conducta de los niños era casi por completo resultado de cómo se portaban con ellos los padres y los profe- sores. Por ejemplo, se creía que los niños se identifican en forma pasiva con algunos adultos de gran influencia en su vida. En los últimos años se ve la socialización como un proceso bidireccional. Muchos estudios se concentran en la influencia recíproca entre la conducta de los progenitores y la de sus hijos (Hetherington y Baltes, 1988). A los infantes se les socializa mediante las expe- riencias familiares, pero su mera presencia obliga a los miembros de la familia a aprender nuevos roles.
En resumen, la socialización se da en todas las etapas de la vida, no sólo durante la niñez ni la adolescencia. Los adultos aprenden nuevos roles a fin de prepararse para los cambios de vida esperados. Un hombre de edad madura
Los niños pequeños pueden identificar sus posesiones más preciadas.
A través del proceso de socialización, los niños de todas partes del mundo aprenden las actitudes, las creencias, las costum- bres, los valores y las expectativas de su sociedad.
que desea cambiar de empleo necesita actualizar sus conocimientos para am- pliar sus habilidades vocacionales. Una mujer recién divorciada se verá obli- gada a cambiar su estilo de vida para ajustarse a su disminución de ingresos o buscar trabajo para sostenerse. Pero durante la niñez los procesos de socializa- ción producen conductas que duran muchos años. La socialización contribuye a crear un acervo de valores, actitudes, habilidades y expectativas que moldean la personalidad futura del niño.
Modelo ecológico
El modelo de mayor influencia sobre el desarrollo hu- mano en el contexto del ambiente social quizá sea el que propuso el psicólogo estadounidense Urie Bronfenbrener. Según su modelo de sistemas ecológi- cos (1979, 1989), el desarrollo humano es un proceso dinámico y recíproco. En esencia, el individuo en crecimiento reestructura en forma activa los nume- rosos ambientes en donde vive y, al mismo tiempo, recibe el influjo de ellos, de sus interacciones y de los factores externos. Como se advierte en la figura 3-3, Bronfenbrenner concibe el ambiente social como una organización anidada de cuatro sistemas concéntricos. Un aspecto esencial del modelo lo constituyen las interacciones que fluyen hacia atrás y hacia adelante entre los cuatro sis- temas.El microsistema, o primer nivel, se refiere a las actividades, los roles y las interacciones del individuo y de su entorno inmediato: la casa, el centro de atención diurna o la escuela. Por ejemplo, en el hogar el desarrollo puede verse estimulado por la sensibilidad de la madre ante los intentos de independencia de su hijo. Y éstos a su vez la impulsan a pensar en nuevas formas de favorecer esta clase de conducta. Dada su inmediatez, el microsistema es el nivel am- biental que los psicólogos estudian con mayor frecuencia.
El mesosistema, o segundo nivel, se compone de las interrelaciones entre dos o más microsistemas. Así, en el desarrollo inciden las conexiones formales e informales entre el hogar y la escuela, o entre el hogar, la escuela y el grupo de compañeros. Por ejemplo, el progreso de un niño en un centro de atención diurna puede verse favorecido por una estrecha comunicación de sus padres con los profesores. De manera análoga, la atención de los maestros beneficiará las interacciones del niño en su familia.
modelo de sistemas ecológicos Para-
digma de desarrollo en que el niño rees- tructura de manera activa los aspectos de los cuatro niveles ambientales donde vive, al mismo tiempo que recibe el influjo de los niveles y de sus interrelaciones.
microsistema Primer nivel que designa
las actividades, los roles y las interac- ciones de un individuo y de su ambiente inmediato: el hogar, el centro de atención diurna o la escuela.
mesosistema Segundo nivel que está
constituido por las interrelaciones entre dos o más microsistemas.
En el modelo ecológico de Bronfen- brenner, estudiamos el aprendizaje de este niño en su relación con los cuatro niveles del contexto ambiental.
El exosistema, o tercer nivel, designa los ambientes o las organizaciones sociales que están más allá de la experiencia inmediata del niño y que influ- yen en él. Los ejemplos abarcan desde ambientes formales como el lugar de trabajo de los padres y los sistemas comunitarios de salud y bienestar hasta organizaciones menos formales como la familia extendida del niño o la red de amigos de sus padres. Por ejemplo, la madre quizá trabaje en una com- pañía que le permite trabajar en casa dos o tres días a la semana. Gracias a esa flexibilidad podrá dedicar más tiempo a su hijo, con lo que favorecerá de manera indirecta su desarrollo. Por lo demás, el mayor tiempo que la madre pasa con su hijo llega a disminuir su tensión y hacerla más productiva en el trabajo.
A diferencia de otros niveles, el macrosistema —o nivel más externo— no alude a ningún ambiente en particular. Lo constituyen las leyes, los valores
exosistema Tercer nivel que indica los
ambientes u organizaciones sociales fuera de la experiencia inmediata del niño que influyen en él.
macrosistema A diferencia de otros
niveles, éste —el nivel más externo— no alude a un ambiente en particular. Consta de los valores, las leyes y las costumbres de la sociedad en la que vivimos. Familia extendida Familia Escuela Barrio Los medios Lugar de trabajo Valores Leyes Costumbres MACROSISTEMA M IC ROSISTEMA MESOSISTEMA EXOSISTEMA
y las costumbres de la sociedad en la que vive el individuo. Por ejemplo, las leyes que establecen la integración —o sea, la inclusión de los niños minusvá- lidos en aulas regulares— tienen una gran repercusión en el desarrollo educa- tivo y social de ellos y de los niños normales. A la vez, el éxito o el fracaso de esta política estimularán o desalentarán otras iniciativas del gobierno para inte- grar a los dos grupos.
Aunque las acciones tendientes a alentar el desarrollo pueden darse en todos los niveles, Bronfenbrenner (1989) señala que las que se realizan en el macro- sistema son de especial importancia. De ahí que influyan en el resto de los ni- veles. Así, los programas del gobierno estadounidenses, como Head Start, han ejercido un enorme impacto en los desarrollos educativo y social de varias ge- neraciones de niños.
Sistemas familiares
La familia ocupa el papel central en el desarrollo, sobre todo en relación con los niños de corta edad. Ejerce influencia extraordinaria sobre el tipo de persona en que se convertirán y en el lugar que ocuparán en la sociedad. De hecho, el tipo de familia en la que nace el niño influye de ma- nera decisiva en sus expectativas, en sus roles, en sus creencias y en las interre- laciones que experimentará a lo largo de la vida (Hartup, 1989), lo mismo que en su desarrollo cognoscitivo, emocional social y físico.La forma en que interactúan las personas en la familia tiene un impacto in- trincado y dinámico en el desarrollo. Cada una desempeña un rol específico en las interacciones con las otras. Algunas veces un hermano mayor cuida a los más pequeños. Un miembro de la familia puede aliarse con algunos, pero no con otros. Así, con frecuencia dos hermanas se alían contra el hermano. La red de interrelaciones y de expectativas representa una influencia decisiva en los desarrollos social, emocional y cognoscitivo del niño.
Los hermanos comparten muchas experiencias parecidas, como tener una madre demasiado estricta o pertenecer a una familia de clase media. Pero existe una serie de experiencias y de relaciones no compartidas. En una serie de estudios se compararon a lo largo del tiempo las relaciones de los pro- genitores con el primogénito y con el segundo hijo (Dunn, 1986). Como ca- bría suponer, las relaciones entre la madre y el primogénito eran estrechas e intensas, por lo menos antes de que naciera el segundo hijo. Después, las cosas se complicaban. Si el primogénito tenía una relación afectuosa con el padre, el afecto tendía a aumentar, lo mismo que el conflicto entre la madre y el primogénito. Si la madre prestaba mucha atención al segundo hijo, se intensificaba su conflicto con el primogénito. De hecho, cuanto más jugaba con el segundo hijo al año de edad, más peleaban los hermanos al cabo de un año.
Es evidente que los miembros de una familia no necesariamente viven el mismo ambiente. Cuando a los adolescentes se les pide que comparen sus ex- periencias con las de sus hermanos, a menudo descubren más diferencias que semejanzas. Parecen ver algunas semejanzas en las reglas y en las expectativas de la familia, pero existen muchas diferencias en el momento y en el impacto de eventos como el divorcio. Ocurren diferencias aún mayores en el trato que re- cibe cada niño de los otros hermanos (Plomin, 1990).
En un estudio reciente, se pidió a los progenitores y a los adolescentes que evaluaran su ambiente familiar. Coincidieron bastante en que la familia estaba o no bien organizada, en que tenía una fuerte orientación religiosa y en que a menudo había conflictos. Pero mostraron un gran desacuerdo respecto de la cohesión de la familia, al grado de expresión o independencia que se per- mitía y a la existencia o inexistencia de una orientación intelectual (Carlson y otros, 1991). Parece claro que, al entrar un hijo en la familia, cambian
La semejanza de intereses puede favo- recer una mayor intimidad entre algunos miembros de la familia.
la naturaleza y las interacciones familiares; por tanto, también cambia el am- biente social general en que vive el niño.