Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis. Si con ansia sin igual solicitáis su desdén,
248 Potente, La mujer y las mujeres en el siglo XXI, 32. 249 Woolf, Una habitación propia.
107 ¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal? Combatís su resistencia y luego con gravedad decís que fue liviandad lo que hizo la diligencia. Sor Juana Inés de la Cruz, Hombres necios Existe una responsabilidad que pesa en las mujeres, muchas veces se traduce en una culpa que no permite ver, pensar y caminar por rutas propias e inéditas, de ahí la importancia de reconocer y superar este peso histórico para una hermenéutica del carisma. Esta investigación se realiza desde una conciencia feminista, desde la perspectiva de género, desde una teología feminista, lo primero es dar paso a definir estos términos respondiendo a estas preguntas: ¿Qué entendemos por conciencia feminista? ¿Cómo comprendemos la perspectiva de género? ¿Cómo se elabora una teología feminista y cuál es su relación con la predicación?
La conciencia feminista es definida por Marcela Lagarde
como la creación interactiva, intersubjetiva y dialógica de mujeres excluidas -por principio- del pacto moderno entre los hombres, es una crítica a su andamiaje androcéntrico y patriarcal, a través de la acción, la experiencia y la subjetividad de las mujeres. Es asimismo la alternativa práctica de vida igualitaria y equitativa de mujeres y hombres250.
Asumir una conciencia feminista es y sigue siendo un proceso histórico, personal y colectivo que deriva en la perspectiva de género, permitiendo analizar y comprender las características que definen a mujeres y hombres, asimismo sus semejanzas, sus diferencias, sus posibilidades y el sentido de la vida.
La perspectiva de género, recoge una palabra que procede del latín genus y gener, “es un
sistema clasificatorio dualista que diferencia los sexos en varón y hembra, masculino
250 Lagarde, Marcela, Texto publicado en "Género en el Estado. Estado en el género". Ediciones de las
mujeres No 27, Isis Internacional. Artículo proporcionado por Modemmujer (México):
108 femenino, hombre y mujer”251. Otro aporte importante es el que realiza Marcela Lagarde,
cuando afirma que “la perspectiva de género tiene como uno de sus fines contribuir a la construcción subjetiva y social de una nueva configuración a partir de la resignificación de la historia, la sociedad, la cultura, y la política desde las mujeres y con las mujeres”252,
estableciendo las interrelaciones y correlaciones entre las posibilidades de vida de hombres y mujeres y sus ambientes, ya sean históricos, sociales, culturales y modos de vida. Desde esta perspectiva se reconoce como mujer, se ubica ante el mundo y se apropia para aportar a la transformación liberadora, pasando de la deconstrucción a la construcción.
En el tiempo histórico se va desarrollando la concepción como conciencia feminista y como perspectiva feminista que abrirá horizontes hasta llegar a plantearse una teología feminista. Se reconoce a Simone de Beauvoir como una de las impulsoras del concepto de género cuando ella se pregunta insistentemente ¿Qué es una mujer? Llegando a afirmar que la
“mujer no nace sino se hace”253. Este pensamiento teológico no surge de la nada, es fruto y se desenvuelve en medio de movimientos sociales de liberación racial, política, laboral, económica, sexual a fines del siglo XVIII en forma incipiente y durante el siglo XIX se van concretando manifestaciones de reivindicación de mujeres tanto en Europa como en Estados Unidos, repercutiendo sus aportaciones emancipatorias en las iglesias cristianas con sus respectivas consecuencias. Un hecho significativo desde la teología es la traducción de la Biblia: The Woman‟s Bible, Biblia de la mujer, por Elizabeth Candy Stanton en 1959, convirtiéndose en toda una revolución para ese momento, al igual que Betty Friedman con su publicación La mística del feminismo. Son “un primer paso en la apropiación de las
mujeres de su derecho al pensamiento crítico y a la palabra creativa y liberadora”254.
La teología feminista nace dentro de los movimientos emancipatorios del siglo XIX en
occidente y en Estados Unidos, poco a poco se va sistematizando, y a la vez, se van distinguiendo diferentes rasgos y expresiones del feminismo, los cuales no se oponen. En el siglo XX, a partir de los años 50 se da inicio a las reflexiones sobre el ministerio ordenado
251 Schüssler, Los caminos de la Sabiduría. Una introducción a la interpretación feminista de la Biblia, 152. 252 Lagarde, Género y feminismo. Desarrollo humano y democracia, 13.
253 De Beauvoir, El segundo sexo, 15 y 207.
254
109 para las mujeres, especialmente en las iglesias protestantes, en la Iglesia Católica se habla
de teología de la mujer o de la feminidad abordando la cuestión como un tema. Así se abre
tímidamente un camino, el paso será más significativo en los años 60 en los Estados Unidos
y en Europa, se desarrolla “en forma de teologías diversas que abarcan varias disciplinas teológicas y se sirven de diversos métodos o enfoques teológicos, en función de las
diferentes trayectorias biográficas e intelectuales de las autoras”255.
Un acontecimiento que abrirá ventanas en la Iglesia, es la celebración del Concilio Vaticano II, repercutiendo en la mentalidad de la época, especialmente en lo referente al laicado y a la mujer. En América Latina se deja sentir en Medellín, la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano, cuando reconoce el reclamo de la mujer en cuanto a “su igualdad de derecho y de hecho con el hombre”256, un pequeño signo del proceso de
liberación iniciado y “ya en germen los ejes que luego van a ser explicitados e incorporados
por la reflexión teológica y pastoral de las mujeres cristianas de América Latina”257.
A partir de los años 70 se van consolidando algunas propuestas, se abren facultades de Teología para las mujeres y se habla de “teología feminista” con mayor autoridad.. Resuenan teólogas como Letty Russell con el texto Teología feminista de la liberación, Rosemary Radford Ruether con la publicación de El sexismo y hablar de Dios: Hacia una
teología feminista, de este modo emerge una conciencia teológica feminista que se abre
paso y no se detiene. El año 1975 es el Año Internacional de la Mujer, en este tiempo “el
interés se centró en la antropología teológica, el ecofeminismo, la teología política, la
teología sistemática, el método teológico y la espiritualidad feminista”258. En el año 1979 se desarrolla la III Conferencia del Episcopado Latinoamericano realizada en Puebla, se piensa a la mujer no sólo en el espacio del hogar sino que se la incluye en las aspiraciones
de liberación de los pueblos y reconoce que “debe estar presente en las realidades
255
Ibid., 10.
256 Medellín N°1.
257 Aquino, La teología, la Iglesia y la mujer en América Latina, 79. 258
110 temporales, aportando su ser propio de mujer para participar con el hombre en la
transformación de la sociedad”259.
En la década de los años 90 la IV Conferencia realizada en Santo Domingo hace un
llamado de conciencia a los sacerdotes y a los laicos “para que acepten y valoren a la mujer en la comunidad eclesial y en la sociedad, no sólo por lo que ellas hacen, sino sobre todo
por lo que son”260. De este modo, existe un reconocimiento de la presencia de la mujer con toda su dignidad en todos los espacios de participación y de poder, llegando a afirmar que
“Urge contar con el liderazgo femenino, y promover la presencia de la mujer en la organización y animación de la Nueva Evangelización de América Latina y el Caribe”261.
Como lo expresa Felisa Elizondo “la aparición de la otra voz en la teología empieza a paliar
una larga ausencia y a enriquecer una tarea”262, la mujer entra a ser parte de la mesa de diálogo y discusión teológica. Es así, que “la discusión avanza en la medida que se hacen más frecuentes y variadas las aportaciones de las mujeres a la reflexión de la fe en el
contexto vivo de las comunidades que es la teología”263, en aquellos espacios que en un tiempo atrás eran exclusivos de los varones. Desde su autocrítica, conduce a la mujer a mantenerse en permanente revisión de su pensamiento, método y contenido. La teología feminista entra en relación con las disciplinas científicas, con la teología clásica y con las contextuales que van surgiendo, y con las teorías feministas que le formulan nuevas interrogantes y preocupaciones.
Al realizar este camino de apropiarse de su identidad, de recuperar experiencias compartidas, de pensar y crear por sí mismas, las mujeres saben que no sólo tiene existencia, útero y voto, sino que también tiene voz, palabra y una forma de estar paradas en la historia, en el mundo junto a hombres y mujeres de diferentes razas, de otros modos de creer y amar. En este momento de la historia es posible reconocer una teología feminista 259 Puebla N°848. 260 SD N° 108. 261 Ibid., N°109. 262Elizondo, “Mujer”, 199. 263 Ibid., 203.
111 que sustenta elementos que favorecen la predicación, la evangelización y la acción misionera con rostro de mujer.
Considerar estas huellas del camino ser mujer, es una realidad. Ser feminista es una realidad. Ser creyente y teóloga es una realidad. Ser predicadora es una realidad. Todas esas realidades, se viven en el camino de la vida de las mujeres, dentro de un proceso único, que se realiza como experiencia y se traduce en diferentes momentos de conversión, generando esa conciencia feminista que transforma la predicación en un espacio compartido de género. Entonces, en ese ir viviendo junto a otros y otras, en una interrelación que comunica posibilidades, ya no sólo se reconoce sino, además toma opciones, se para ante la vida como mujer creyente, feminista y predicadora, dando la mano a otras y otros que desean camino inéditos y alternativos para seguir amando, creyendo y anunciando.
Pero ¿qué relación tiene la teología con la predicación? Es decir la teología feminista cómo se vincula con un carisma como es el de la predicación? El dominico Liam Walsh recuerda que Domingo era un teólogo y “él hizo que el debate teológico fuera un punto en su predicación”264, pero no se reduce a ganar debates teológicos sino se sustenta en que el llamado a la conversión y al entendimiento del mensaje evangélico es desde la base teológica, que permite entrar en diálogo con otros modos de pensar y creer. La Palabra de Dios y la reflexión teológica son elementos del estudio dominicano que sostienen la hondura de la predicación.
Y la teología feminista se relaciona con la predicación por su aporte a la renovación de este carisma, ella ofrece una perspectiva teológica desde el feminismo que permite recuperar elementos olvidados o silenciados, recuperar la memoria del espíritu que movió a Domingo, deconstruir aspectos que se han arraigado e impiden una predicación compartida como familia que integra laicos /as, frailes, hermanas, sacerdotes, reconstruir el carisma de la predicación dominicana con las categorías que la teología feminista aporta a la hermenéutica en el momento actual.
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4.1.3 Fecundas en tierras fecundas: una teología para conocer y pensar, creer y