C HAPTER 3: R ESEARCH M ETHODOLOGY
SAGAT SART
3.2 R ESEARCH M ETHODS
3.2.4 Quantitative Data Analysis Techniques and Statistical Packages
VALENTINA PLATZ
[email protected]Mi nombre es Valentina Platz y nací en la ciudad de Pigüé, provincia de Buenos Ai- res, el 18 de junio de 1997, después de haber hecho correr a mis papás a la clínica abajo del aguanieve. Me pasé toda la secundaria en una escuela técnica estudiando para recibirme de “Maestro mayor de obras”, para por fin, más tarde, inscribirme en la carrera que quise seguir desde el principio: Licenciatura en Letras. Cuando no estoy estudiando, me dedico a buscar el cuerpo de agua más cercano para poder nadar, a inventar excusas para visitar a mi familia, a tomar mate mientras dibujo y escucho música, o a leer en el sillón acompañada de la mascota más cercana.
El texto que leerán a continuación fue escrito durante el primer cuatrimestre del año 2016, cuando cursé la materia Cultura Clásica.
Valentina Platz
Tras haber muerto Patroclo luchando con los troyanos, los aqueos, muy humanos, decidieron enterrarlo, y con los juegos honrarlo muy unidos, como hermanos. El que ganara los juegos quejarse no debería, ya que de premio tendría caballos, bueyes y mulas. Las desventajas son nulas en situación tan sombría. El primer juego comienza, los gauchos ya se acomodan, las botas se desenlodan, y se larga la carrera. Los fletes se desesperan, los jinetes se descodan. Tan ruda fue la partida, que del polvo que volaba ver algo se complicaba. Ni el camino distinguían. De tanto furor, rugían, la tierra se calentaba. Antíloco, el muy sotreta, aprovecha la revuelta, y d’entre el polvo se suelta esquivando así el sendero, pues como buen patrañero sabe buscarle la vuelta. Entre medio del barullo lo divisa Menelao. Al verlo tan apurao y sabiendo su intención aprovecha la ocasión y suelta un grito pelao: “¡Pucha, que es retobao! No es de sabio, ni criollo hacer semejante embrollo.” Dice, viéndolo de reojo: “No te tenía, che, tan flojo, ¡Vos no te me hagás el pollo!”
Juegos fúnebres en honor de Patroclo
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De lejos los ve la chusma que trata de adivinar quién es el que va a ganar. Porque afirma Idomeneo que es el hijo de Tideo, y Áyax lo quiere achurar. Le contesta Áyax, furioso: “No charles sin fundamento y escuchame bien atento. Los fletes son los de Eumelo de lejos se ven primero.” Y lo dejó sin aliento. Le hace frente al desafío Idomeneo, muy sañudo, que exclama: “¡Si sos tan rudo, no le temas a apostar,
que si te llego a ganar
señal que has hablado al ñudo!” Y antes de que contestara le gritó Aquiles, furioso, “¡Pucha! Che, no es decoroso apotrarse sin sentido. Sientensé, yo se los pido. No hay por qué ser tan ansioso.” Diomedes llegó primero al terminar la carrera. Antíloco, por ajuera, viene llegando segundo al galope y errabundo, levantando polvareda. Y, sin aflojar manija, ya se acerca Menelao, con su caballo aplastao ya cansao de galopar. Avanza en tercer lugar, con cara de retobao. Terminada la carrera, y después de algún lamento, entre tanto descontento, los premios se distribuyen, las peleas disminuyen, nadie parece violento.
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Ya para el segundo juego se da como recompensa una gran mula indefensa sufrida para el trabajo. Pues con tamaño agasajo, el esfuerzo se compensa. Al comenzar el visteo, con Epeo hay que pelear. Todos lo quieren cuerpiar por su fama de ladino. Habrá que ver si un vecino al fin lo quiere enfrentar. Más, haciendo pata ancha, Euríalo se decide.
Ningún gaucho se lo impide, y comienza la pelea. La cosa se pone fea antes de que se termine. Después de varios minutos Eneo, ya medio muerto, de sangre el rostro cubierto se cae al suelo, agotado. El juego ha finalizado, el terreno está desierto. Ya terminado el visteo, empiezan el tercer juego. Mas entre mucho reniego, y aunque Áyax pataleara, un empate se declara con el vivo de Odiseo. Como Aquiles considera esa lucha muy violenta, por si alguno no la cuenta les grita: “¡Paren, aqueos! repártanse los trofeos, y acabenlá con la afrenta.” Así se terminó el juego y pasaron al siguiente. De premio pa’l más valiente que lo ganara, impetuoso: doce bueyes vigorosos. Recompensa conveniente.
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Con Áyax se enfrentaron, durante el cuarto juego, Antíloco y Odiseo. Por un simple tropezón perdió Áyax la ocasión de llegar, al fin, primero. Telamonio y Diomedes se enfrentan en el quinto, mas con un final distinto del que todos esperaban. Al ver cómo se peleaban separarlos fue el instinto. Los premios se repartieron: sin duda, el facón sería para Diomedes Tidida. Y todo lo que sobraba, aunque mucho no abarcaba, Áyax lo recibiría.
Como premio para el sexto, mucho hierro se ofrecía. Por eso competiría con Polípetes y Epeo, también Áyax y Leonteo. Y el primero ganaría. Quien mucha fuerza tenía, Polípetes, el más fiero, demostró tener güen cuero al ganarle a los demás. Y después de eso, además, sus premios le concedieron. Empieza otro juego más, y contra Teucro compite Meríones, quien permite al otro tirar primero. Tiene que ser bien certero para que el error evite. Por ser Teucro chapetón, y sin saber muy bien cómo Meríones, sin aplomo con mucha facilidad a Teucro pudo ganar acertándole al palomo.
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El octavo consistía en un juego con la taba, mas sin que se concretara decidieron cancelarlo, porque después de pensarlo Aquiles argumentaba: “Si ya sabemos quién gana porque lo vimos jugar en vez de hacerlo pelear contra un jugador novato, parece lo más sensato, la contienda cancelar.” Le dieron a Agamenón como premio, de gauchada, una pava decorada
con florcitas; y una pica a Meríones dignifica después de tal canallada. Los juegos para Patroclo, en fin, así concluyeron. Los premios se repartieron, y se fue yendo el gauchaje. Vaciándose así el paisaje, las estrellas lo cubrieron.