5.3 Research Method and Sampling Process
5.3.1 Quantitative Method: A Questionnaire Survey
A continuación, se presenta un extracto que forma parte de un trabajo realizado dentro del Programa “Barrio Adentro”. Dicho Programa está destinado a la promoción y restitución de derechos de niñas/os y jóvenes en situación de vulnerabilidad social y/o en conflicto con la ley. Tiene como característica distintiva habitar los espacios donde transitan estos sujetos, llevando a cabo talleres colectivos a la intemperie, en espacios comunes del barrio, acercando y crean- do referencia con la población destinataria. A partir de allí, y en paralelo se trazan líneas del trabajo con las familias y en los casos que ameriten, acompañamientos individuales. Estos últimos pueden ir adoptando una modalidad de taller individual semanal, o bien pueden estar circunscritos a mejorar la accesibilidad con instituciones garantes de derechos —Registro de las Personas, escuela, hospitales—. Esto último, pensado desde el concepto de Accesibilidad
Simbólica que alude al vínculo que se construye entre los sujetos y los servicios, y surge a
partir de una combinatoria entre las "condiciones y discursos de los servicios y las condiciones y representaciones de los sujetos, y se manifiesta en la modalidad particular que adquiere la utilización de los servicios” (Stolkiner y Otros, 2000, p. 282).
Tanto los talleres como los acompañamientos, las entrevistas y las orientaciones son considerados por el programa bajo la lógica de Dispositivos Flexibles. Su carácter flexible reside en la búsqueda permanente de adaptación de formatos tradicionales a las posibili-
dades del contexto, reconociendo la tensión existente entre las reglas del territorio y las lógicas institucionales.
El siguiente relato, da cuenta del trabajo realizado con Antonella (12 años), con quien se decide iniciar un acompañamiento individual. Partiendo de la base de que la niña estaba por fuera de varios circuitos de niñez y teniendo conocimiento, por la presencia territorial, de su inasistencia a la escuela, se conversa con la madre sobre la situación. Esta refiere que su hija no quiere asistir a la escuela y que desde hace un tiempo se va hacia otro barrio a la casa de sus abuelas sin avisarle, expresa que “se escapa”. “La Flaca donde me ve, sale por la ventana y empieza a correr y yo ya no la alcanzo”. Otro dato significativo que se observa es que la niña se succiona compulsivamente el pulgar, principalmente cuando está cerca de la madre. Sin embargo, no parece ser ni para ella ni para la madre algo problemático. Luego de conocida la complejidad de la situación, se le hace una propuesta de acompañamiento para trabajar algu- nas cuestiones vinculadas a la escuela, la documentación y por sobre todo, se le oferta el taller como un espacio de juego con una finalidad de alojamiento y subjetivación.
Durante los primeros encuentros evidencia cierta resistencia a participar del espacio. El ter- cer encuentro se lleva a cabo en la plaza de su barrio, allí sentadas, se dispone un cartón grande y una de las profesionales comienza a garabatear e invita al resto del equipo a hacer lo mismo. La primera reacción de la niña es rehusarse a la propuesta porque no entiende “para qué es”. Intentando sortear su desconfianza, se le explica que es un juego donde puede hacer libremente las líneas que se le ocurran y que de allí surgirá algo. Finalmente accede, pero sin dejar de preguntar sobre el sentido de la actividad. A partir de la rotación del cartón, Antonella encuentra una forma alargada y se representa la imagen de un arma. En otro momento, dice encontrar el pico de un pato, pero sin los ojos, a lo cual se la invita a dibujarlos. Se continúa el momento de contemplación de garabatos y en esta ocasión la niña menciona ver la cola de un pez, aunque aclara que no son estrictamente pato y pez porque en el pato ve una cola de pe- rro. Allí se aboca a trazar nuevas líneas que configuran al “perro-pato” y al “gato-pez”. A medi- da que se despliega el juego, va cambiando la actitud de Antonella, disminuyendo su descon- fianza, comienza a reírse de los personajes, diciendo que al “gato-pez” no le gusta el agua, aunque sea pez. Se le propone recortar a estos personajes y ella pide pintarlos.
Con este fragmento nos interesa reflejar el trabajo del psicólogo en un dispositivo y con- texto diverso al del consultorio clásico,donde por medio de la adaptación del Juego del gara- bato propuesto por Donald Winnicott (2009), en el marco de los primeros encuentros, se pu- do instalar por primera vez algo de la experiencia del crear, de lo lúdico, de los inicios de un lazo transferencial. El pasaje de la niña del no querer jugar al despliegue de su capacidad imaginativa circunscribiendo personajes mixtos, fue dando paso a la producción de sentido y al placer concomitante.
La utilización del Juego del garabato, posibilitó la apertura del trabajo en los siguientes en- cuentros con una niña atravesada por los inicios de la pubertad, por la ausencia de sostenes narcisizantes, y expuesta a situaciones traumáticas que aún no logran ser puestas en palabras.
FACULTAD DE PSICOLOGÍA | UNLP 52
Luego de varias semanas sin verla, se logra concretar otro encuentro en el que se le mues- tran los dos personajes anteriormente creados. Se la invita a imaginar la identidad de cada uno, atribuyéndole nombre, apellido, trabajo y gustos al “gato-pez” y, entre otras cosas dice “vive en Barrio Adentro, en Suiza, su casa es un barco viejo.” Más allá que no es un dispositivo que use la transferencia del mismo modo que en el espacio clásico de la clínica, la alusión a que el ga- to-pez vive en “Barrio Adentro” —nombre del programa que enmarca el trabajo— da cuenta que allí algo de su singularidad empieza a sentirse alojada.
Transcurre un largo período donde no se puede ubicar a la niña, mientras circulan en el ba- rrio relatos acerca de una situación de riesgo en la que podría estar inmersa. Cuando se vuelve a tomar contacto con ella y accede a participar del taller, se le comenta que en ese encuentro antes de jugar conversarían un poco. Permanece gran parte del tiempo con los ojos al borde del llanto y con el pulgar en la boca. Se le refiere que estuvimos preocupadas por ella al no saber dónde estaba y qué le estaría pasando. Como sostiene Bleichmar (2011) en relación a la asimetría del vínculo transferencial, nos convoca a la responsabilidad de brindar una acogida benevolente y condiciones de contención para que realmente la transferencia constituya un lugar de simbolización y neogénesis, un lugar donde poder expresar los afectos más primarios sin estar obligado a jugar los roles que se juega en la vida.
Durante una entrevista donde estaban presentes la madre y la niña, sorprende que Antone- lla se sienta en la silla con una de las entrevistadoras, y comienza a succionarse el pulgar, mientras lentamente se va apoyando sobre el hombro de ésta salivando. Agitamiento de conte- nidos primarios que debían ser retranscriptos a través de la palabra como el instrumento de mayor nivel de significación y simbolización. Tiempo después, Antonella se acerca al centro comunitario donde en algunas ocasiones se encuentra el equipo del Programa para preguntar cómo tiene que hacer para dejar de chuparse el dedo.
Intentamos a poner en valor, a través de este recorte de trabajo territorial enmarcado desde la concepción psicoanalítica del sujeto psíquico, la capacidad de producir efectos recompositi- vos que implica el ofrecimiento de un espacio que pueda alojar y dentro del cual se pueda proponer una serie de intervenciones simbolizantes, cuando el sujeto comienza a interpelarse por aspectos propios que no logra dominar, como en el caso de Antonella ante ese remanente excitatorio que la compulsaba a la succión, siendo esto una puerta de entrada a un trabajo de simbolización.
Aunque el Juego del garabato -en este caso- formó parte de los movimientos de apertura (Aulagnier, 1992), fue la palabra que acompañó esos intercambios de afecto y conocimiento, la que supuso un anclaje y una invitación a ligar lo traumático que irrumpía progresionando hacia el polo motriz de múltiples maneras.
Palabras que buscan instalar una pautación, pero desde un lugar de ternura que aloja la singularidad de esta subjetividad. Entendiendo a la ternura en los términos que plantea Ulloa (1995, 1999), como la base ética del sujeto, concepto profundamente político, que consiste en la renuncia pulsional inicial del adulto sobre el apoderamiento del niño, infantil sujeto, y genera como consecuencia dos condiciones, la empatía y el miramiento: mirar con amoroso interés al
niño, reconociéndolo como ajeno y distinto de uno mismo, germen inicial y garantía de autono- mía futura del infante.