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SELF-AWARENESS AND INHIBITION

4.1 INTRODUCTION

4.2.2 Participants

4.2.5.1 Quantitative

La afectación psicosocial y el riesgo de persistencia en la edad adulta son los dos principales problemas de la obesidad infantil (Roessner, 1998). La obesidad infanto-juvenil, además del riego de generar un adulto obeso con todas las implicaciones de morbi-mortalidad en esa edad, constituye un factor de riesgo para el desarrollo de una serie de complicaciones de crecimiento, cardiovasculares, ortopédicas, respiratorias, digestivas, dermatológicas, psicosociales, capacidad física disminuida (Hawkins et al, 1999), neurológicas y endocrinas, ciertas formas de cáncer (Strauss, 1999), así como menor esperanza de vida (Hawkins et al, 1999). (Tabla 1.2.).

Tabla 1.2 Complicaciones en la obesidad infantil.

Alteraciones del crecimiento

En general, los niños obesos tienden a ser más altos que sus congéneres no obesos y presentan una maduración ósea acelerada, con un adelantamiento de la menarquia en las niñas obesas. Este aumento de la talla es una característica útil para diferenciar la obesidad exógena de la endógena, ya que la mayoría de las causas endocrinas de obesidad como hipotiroidismo, hipercotisolismo y síndromes genéticos están asociados a una baja estatura y estancamiento de la maduración ósea.

Complicaciones cardiovasculares

Las alteraciones cardivasculares son la principal causa del aumento de la morbimortalidad en la obesidad. Los adultos de ambos sexos que fueron en la infancia obesos, presentan un mayor riesgo de arterioesclerosis y enfermedad arterial coronaria. La activación del sistema nervioso simpático, la hiperinsulinemia y la activación del sistema renina-angiotnesina causados por la obesidad parecen estar relacionados con una cierta hipertensión, que en la edad adulta puede evolucionar hacia una hipertrofia cardíaca e incluso muerte súbita. Un 50% de los obesos adolescentes presentan hipertensión.

Complicaciones ortopédicas

El hueso en la adolescencia es predominante cartilaginoso, por lo que el desarrollo de la obesidad conlleva posibles alteraciones ortopédicas, destacando la epifisiolisis de la cabeza

femoral y la enfermedad de Blunt o esteocondritis de la epífisis tibial que afecta al 80% de los niños obesos.

Complicaciones respiratorias

El 30% de los niños obesos presentan asma. La apnea del sueño e infecciones del tracto respiratorio son también frecuentes en la obesidad infanto-juvenil. La alteración de la función respiratoria o síndrome de Pickwick con hipoventilación, hipercapnia, somnolencia e insuficiencia cardiaca derecha es, sin embargo, rara en niños obesos.

Complicaciones digestivas

cálculos biliares. Además, la obesidad infantil se asocia a esteatosis hepática por infiltraciones de grasa. Entre un 40 a 50% de los niños obesos severos presentan esteatohepatitis, asociada con fibrosis y cirrosis.

Complicaciones dermatológicas

Los niños obesos son más susceptibles de presentar alteraciones de la piel que los niños no obesos. Estos desórdenes incluyen principalmente pliegues redundantes, lesiones de intertrigo, dermatitis y acantosis nigricans. Además, el acné debe ser tratado cuando aparezca para ayudar a mejorar la autoestima del niño obeso.

Complicaciones psicosociales

Las alteraciones psicosociales por la disminución de la aceptación social y el aislamiento tienen un gran impacto en el desarrollo y crecimiento del adolescente, siendo frecuentes los cuadros de depresión en esta edad. Estas alteraciones psicológicas pueden suponer una reducción de la promoción social durante la edad adulta.

Complicaciones endocrinas/metabólicas

Diversos estudios han permitido detectar cambios bioquímicos asociados a la obesidad infantil. En niños obesos, la secreción de la hormona del crecimiento está disminuida, posiblemente por una disfunción alfa-adrenérgica central responsable de un tono somatostatinérgico incrementado. Las alteraciones menstruales en las niñas obesas son frecuentes, particularmente menarquia precoz e incremento de las manifestaciones hormonales del síndrome del ovario poliquístico que cursa con oligomenorrea o amenorrea, hirsutismo, resistencia a la insulina, acné y acantosis nigricans.

Asimismo, las tasas plasmáticas de insulina en niños obesos con obesidad preferentemente androide están aumentada, siendo frecuentes la resistencia a la insulina y la intolerancia a la glucosa.

También la obesidad infanto-juvenil suele cursar con alteraciones del metabolismo lipídico, aumentando el colesterol y disminuyendo la HDL-colesterol en el plasma. Así la obesidad en la edad infanto-adolescente es un factor primario a padecer enfermedad cardiovascular debido a la asociación con hiperlipidemia, hipertensión e intolerancia a la glucosa.

Complicaciones neurológicas

Entre un 30-80% de los niños obesos presentan pseudotumor cerebral, dolor de cabeza, vómitos y visión borrosa, como consecuencia de una hipertensión intracraneal, que aumenta la resistencia del retorno venoso desde el cerebro.

Cáncer

En adultos, la obesidad se ha relacionado con cáncer de páncreas, próstata, colón, mama, útero y vesícula biliar. No hay datos suficientes que sugieran que la obesidad infantil contribuye directamente a elevar el riesgo de cáncer en la edad adulta. Sin embargo, la ingesta de grasa asociada al desarrollo de obesidad infantil puede suponer un riesgo a largo plazo para ciertos procesos tumorales.

(Modificado de Berraondo et al, 1999).

Las evidencias continúan incrementándose con considerables riesgos asociadas a la obesidad durante la niñez, morbilidades significativas empiezan a tener consecuencias inmediatas y los incrementos en la mortalidad adulta

empieza a ser un punto culminante en numerosos estudios (Must, Jacques, Dallal, Bajemaet al, 1992; Must y Strauss, 1999).

Algunos estudios reflejan que los adultos que fueron obesos en la infancia tienen una mortalidad mayor, independientemente del peso en la edad adulta. La distribución del tejido adiposo puede ser tan importante o más que el grado absoluto de adiposidad, para evaluar el riesgo de morbilidad tanto en niños como en adultos. La distribución grasa androide o troncular (tipo manzana) se asocia más frecuentemente a complicaciones del tipo diabetes mellitus, enfermedad coronaria e hipertensión. El tipo ginecoide (tipo pera) se asocia a trastornos venosos y litiasis biliar. La distribución de grasa ya se establece durante los años de crecimiento (Goran y Gower, 1999). Hay una evidencia de que la obesidad persiste en la edad adulta (Bellizzi y Dietz, 1999; Kotani, Nishida, Yamashita, Funahashi et al, 1997; Fredricks, Van Buuren, Wit y Verloove-Vanhorick, 2000) e incrementa la probabilidad de morbilidad y mortalidad (Dietz, 1998). Calle, Thun, Petrelli, Rodriguez y Heath (1999) en un estudio prospectivo examinaron el riesgo de muerte relacionado con el IMC en un millón de adultos y concluyeron que cuanto más alto era el IMC tanto en hombres como en mujeres en todos los grupos de edades había un incremento de riesgo de muerte. El incremento de IMC es también uno de los factores más importantes asociados con las lesiones artereoescleróticas en la aorta y la arteria coronaria en gente entre 2 y 39 años de edad (Berenson, Svinivasan, Bao, Mewman et al, 1998).

1.3 VALORACIÓN DEL ESTADO NUTRICIONAL