Una de las principales consecuencias del conflicto árabe-israelí es el desarrollo y la perpetración continua de actos terroristas.36 En efecto, el uso sistemático del terrorismo y de las acciones bélicas dentro del conflicto se ha establecido conforme a una serie de necesidades sociales, políticas y económicas, en lugar de responder a una lucha ideológica que se base en un conjunto de principios y creencias religiosas.
En palabras de Weinstock,37 las razones por las que ambos Estados utilizan el terror se
relacionan con cuestiones geopolíticas, pues los dos buscan alcanzar la hegemonía y ejercer el liderazgo en la región. Gracias al largo y continuo desarrollo de la dinámica de la guerra, los grupos armados se han fortalecido en los campos técnico y tecnológico, para contar con
35 Véase R. Schoenman, Op. cit. en part. pp. 24-65.
36 Ben-Yehuda & S. Sandler, The Arab-Israeli Conflict Transformed: Fifty Years of Interstate and Ethnic
Crises, Op. cit.
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una mayor capacidad destructiva, con armas cada vez más letales y con sofisticadas maniobras militares. Por esta razón, las consecuencias de los ataques bélicos son cada vez más perjudiciales para la población civil. A medida que los efectos de las armas de destrucción se incrementan, los daños colaterales del conflicto crecen de manera sostenida durante los últimos años y aumentan la exposición de la población civil.
En general, este enfrentamiento es un claro ejemplo de cómo los líderes de Estado se ven impulsados a soportar y a financiar agrupaciones terroristas que trabajen en contra de sus enemigos. Además de la seguridad nacional, en virtud de la compatibilidad ideológica y de la religión, a este conflicto se han sumado el patrocinio estatal de los crímenes terroristas. Por tanto, el caso de Israel y Palestina demuestran que, más allá de la ideología, de los principios sociales y de la religión, el apoyo a organizaciones terroristas se asocia más con el desarrollo de estrategias geopolíticas que pretenden consolidar mayor poder y hegemonía mundial, mediante la perpetración continua y sistemática de la violencia y del terror.
El conflicto ha generado una nueva manera de sembrar el terror entre la población, derivado de un fuerte fanatismo y extremismo religioso que no contempla límites. El terrorismo generado por los árabes parte de considerar a sus enemigos como infieles, por esta razón cometen continuamente actos de suma violencia, especialmente cuando conforman comandos suicidas, a quienes no les importa perder la vida con tal de infligir daño a su enemigo. Un terrorismo xenofóbico, que no mide consecuencias, que se logra con la preparación minuciosa y sistemática en adiestramiento, sabotaje, activación de explosivos y elaboración de bombas.
Un factor añadido del conflicto es la desproporción con la que uno y otro bando se atacan mutuamente. A medida que Israel ha ido desarrollando una capacidad militar más amplia y los países musulmanes han reconocido su imposibilidad de llegar a buen puerto, por medio de la lucha armada, las acciones de Israel, llamadas “represalias”, contra los palestinos han ido tomando una envergadura desmesurada.38
38 S. García, “El conflicto palestino-israelí a la luz del sistema de seguridad colectiva”, Instituto General
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Este tipo de terrorismo xenófobo, auspiciado por los Estados, ha demostrado la evolución de una estructura organizada, con un importante aleccionamiento militar y mayor poder destructivo para generar daños en la seguridad y en la estabilidad del enemigo. Los Estados de Israel y Palestina no apoyan los crímenes terroristas en aras de un horizonte ulterior de armonía y paz, luego de haber derrotado al enemigo, sino que lo implementan con el fin de mejorar la efectividad y el poder de las organizaciones financiadas y el Estado que apoya el terror.39
En este contexto, el terrorismo y las modalidades de violencia particulares son las principales consecuencias del conflicto, pues han producido resultados adversos para la seguridad y la estabilidad mundial.
Esto se debe no solo al hecho de que las organizaciones terroristas tienen cada vez una mayor efectividad y poder destructivo, que se evidencia en las miles de muertes causadas a civiles por medio de atentados de distintos tipos, sino porque también representa la imagen de un mundo en el que el fin justifica los medios y en donde los Estados han utilizado el crimen, la violencia y el terror para disminuir a sus enemigos, proteger a toda costa la seguridad nacional y alcanzar un mayor poder y hegemonía en la región.
Para poner un ejemplo de cómo las organizaciones terroristas han asumido el control y el destino del conflicto, vale la pena mencionar las características de la agrupación de resistencia islámica Harakat al-Muqawama al-Islamiyya, conocida popularmente como
Hamás, que tuvo su origen en Palestina durante la década de 1980. Dicha organización se concentra en atacar mediante el uso continuo y sistemático de la violencia a Israel, con el fin de establecer un Estado palestino-islámico. Desde 1993, esta agrupación ha tenido como blanco principal de sus ataques a la población civil judía, utilizando especialmente bombas suicidas, con lo que ha cobrado la vida de miles de personas.
Además, desde el 2002 ha comenzado a arrojar cohetes a territorio israelí, logrando sembrar el pánico entre la población. Estados Unidos y la Unión Europea califican a Hamás como una agrupación terrorista, que se ha convertido en el grupo con mayor influencia en Israel
39 Véase L. Bosemberg, “Estados Unidos y el Medio Oriente: moderación, rivalidad y hegemonía”, en part. pp.
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debido a su gran tamaño y a su soporte popular. Irán apoya y financia a esta agrupación, para derrotar a Israel e instaurar el Estado palestino-islámico.
Aunque en realidad no se sabe cuál es el monto total de dinero que ha sido entregado por el Gobierno de Irán a Hamás, se estima que, de su presupuesto de 50 millones de dólares, ese país ofrece el 6 %, a esta causa. Gracias a su financiación, Hamás ha brindado al Estado iraní una poderosa protección, lo cual le ha permitido atacar frecuentemente al territorio de Pakistán, influenciar el desarrollo de la guerra mucho más allá de sus fronteras e incluso atacar a sus enemigos en Europa y en el Oriente Medio, tarea casi imposible para su ejército.40 Teniendo en cuenta el análisis que se ha planteado, es posible afirmar que las graves consecuencias y efectos acumulados a lo largo de la evolución de esta contienda, impiden que hoy se pueda solucionar una serie de incompatibilidades y desacuerdos para poner fin a la guerra. Particularmente, lo concerniente al sostenimiento de la violencia, la perpetración sistemática del terrorismo y la falta de escenarios de diálogo efectivos apoyados por las comisiones internacionales, ha traído las siguientes consecuencias:
1. La imposibilidad de solucionar diferencias irreconciliables en torno a la capitalidad de Jerusalén, ciudad que alberga sitios emblemáticos y religiosos tanto para los judíos como para los musulmanes.
2. El desarrollo de diferencias en relación con la posibilidad de retorno de los refugiados. Mientras los palestinos consideran el regreso como un derecho que se encuentra respaldado por la ONU, el pueblo de Israel ve en ello una amenaza potencial que podría recrudecer aún más el conflicto.
3. La delimitación de fronteras en el territorio que Israel ha tratado de consolidar en los últimos años, por medio de la construcción de un muro de separación.
4. La ocupación de Israel en territorios palestinos, pues aunque el fin de dicha toma se ha establecido como una condición indispensable para avanzar en el proceso de paz, el gobierno israelí mantiene inalterable su posición de conservar estos territorios.
40 Véase A. Mafinezam & A. Mehrabi, “Iran and Its Place among Nations”, en Praeger Publishers, 2, 2008, pp.
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Por otro lado, a pesar del reciente crecimiento de la violencia y de los atentados terroristas, el enfrentamiento ha cambiado considerablemente desde la década de los setenta y se ha configurado como un conflicto organizado de regímenes que intentan establecer su hegemonía en la región.41 La principal solución, para frenar las terribles consecuencias que ha dejado la guerra a su paso, debe estar encaminada a resolver las profundas discrepancias ideológicas y étnicas existentes entre ambos bandos, buscando la manera de que las dos culturas y maneras de representar al mundo subsistan de manera legítima en la misma región. En este sentido, se deben proponer cursos de acción alternativos que tiendan a acabar con el conflicto, basándose en el hecho de que se ha mantenido una transformación constante y que se debe encaminar de forma adecuada, para terminar con el fundamentalismo y con las discrepancias étnicas y religiosas.
En conclusión, la consecuencia central del conflicto es que los judíos, efectivamente, han ganado el territorio en disputa, se han apropiado de él por medio de una guerra y una batalla de conquista. Sin embargo, lo que no han logrado ganar es la seguridad del territorio, pues aún existe mucha resistencia en la zona, debido a la tenacidad del pueblo palestino, que ha sido calificado en más de un escenario internacional como terrorista. Si bien los judíos han conquistado el territorio, no han podido imponer sus condiciones, construyendo finalmente el Estado soberano y legítimo promovido por un sionismo que se ha contaminado durante las últimas décadas con la sangre, el terror y la violencia.42