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In document Disclaimer. Caution. Permission (Page 40-43)

1851 CXL. Roldán contempla las montañas y las laderas; ve ya­ cer muertos a tantos franceses que llora por ellos como noble caballero:

«Señores barones, Dios se apiade de vosotros y conceda el paraíso a vuestras almas y las coloque entre las santas flores. Jamás vi mejores vasallos que vosotros; me habéis servido du­ rante mucho tiempo, y para Carlos habéis conquistado gran­ des países. ¡En mala hora os sustentó el emperador! Tierra de Francia, muy dulce país, hoy quedáis desierta por tan áspera ruina. Barones franceses, os morís por mi causa y no os pue­ do defender ni proteger. ¡Que Dios, que jamás mintió, os ayude! ¡Oliveros, hermano!, no debo abandonaros; si no me matan moriré de dolor. ¡Señor compañero, volvamos a atacar!»

CXLbis (CLIX V4). El con de Roldán llam a a Oliveros y le h a dicho y recordado estas razones:

«funto a los fra n co s debem os morir, buen herm ano; han entrado én España p o r nuestro amor.»

que, hasta la traición, le otorgaban Carlos y los franceses, podría perte­ necer a una fase de la leyenda en la que se atribuye a Ganelón pertenecer a una estirpe de traidores encabezada por Bruto, el asesino de Julio Cé­ sar; J. Horrent, La Chanson, págs. 180 y 181, y ed. Segre, 1971, págs.

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Su rostro h a m udado de color y cuatro veces h a gritado «¡Monjoya!». Sujeta el olifante y tocan a cargar; p ica n espuelas con im petuosidad y atacan con sus afiladas espadas112.

CXLI. El conde Roldán regresa al campo [de batalla], sos- 1869 tiene a Durandarte y ataca con valentía; parte por la mitad a Faldrón del Puy y a veinticuatro de los más famosos: no ha­ brá otro hombre que quiera tomar más venganza. Como el ciervo que corre delante de los perros, así huyen los paganos delante de Roldán.

Dice el arzobispo:

«¡Lo hacéis muy bien! Éste es el valor que ha de tener un caballero que lleva armas y monta un buen caballo. En la batalla ha de ser duro y temible, de otro modo no vale cuatro dineros; más le valiera ser monje en un monasterio para rezar todo el día por nuestros pecados.»

Responde Roldán: «¡Atacad, no les perdonéis nada!». Con estas palabras los francos vuelven a atacar: pero hubo grandes pérdidas entre los cristianos.

CXLII. El que sabe que no habrá prisioneros en esta bata- 1886 lia se defiende bravamente; por esto los francos son feroces como leones.

He aquí a Marsil que actúa como un valiente. Monta el caballo Gañón, lo aguija bien y va a atacar a Bevón, señor de Beaune y de Dijon. Le resquebraja el escudo y le rompe la lo­ riga y sin otro desmán lo derriba muerto. Luego mata a Yvo- rio y a Ivon, y junto a ellos a Gerardo de Rosellón. El conde Roldán no está muy lejos y dice al pagano:

«¡Que Dios te maldiga! Has cometido gran error matando a mis compañeros, antes de que nos vayamos recibirás una es­ tocada y conocerás el nombre de mi espada.»

112 Contra la autenticidad de la tirada, que por otra parte aparece en casi todos los manuscritos, está que Roldán nunca suena el cuerno para atacar y esto es natural dado el significado que tiene el cuerno en toda

la Chanson.

162 Cantar de Roldan

Se lanza a atacarle a guisa de barón y el conde le parte la mano derecha113. Luego corta la cabeza de Jurfaret el rubio, que era hijo del rey Marsil. Gritan entonces los paganos:

«¡Mahoma, ayúdanos! ¡Vengadnos de Carlos, dioses nues­ tros! Ha dejado en nuestra tierra a tales traidores que no aban­ donarán el campo por miedo a la muerte».

Y dicen los unos a los otros: «¡Huyamos!».

A estas palabras cien mil se van, aunque se les llame no regresarán, a o i.

CXLIIb,s (CLXI V4). El rey M arsil h a p erd id o la m an o dies­ tra, y tira a l suelo su escudo. A guija el caballo con sus espuelas agudas, a flo ja las rien das y huye h a cia E spaña114. Unos veinte

m il van detrás d e él, y no hay ninguno qu e no tenga el cuerpo herido. D icen los unos a los otros:

«El sobrin o d e Carlos nos h a vencido.»

CXLIII. ¿De qué les vale? Marsil ha huido, pero se ha que­ dado su tío el califa que posee Cartagena115, Alfrera, Garmalía y Etiopía, una tierra maldita. Gobierna a la gente negra de grandes narices y anchas orejas: se han reunido más de cin­ cuenta mil. Cabalgan con ferocidad y violencia mientras gritan la enseña pagana.

Dice Roldán:

«Sufriremos martirio. Bien sé que no viviremos mucho tiem­ po. Sea traidor quien no se venda caro. ¡Atacad, señores, con

113 La mutilación del brazo derecho de Marsil, acción que se recor­ dará varias veces, se puede relacionar con la amenaza de los paganos de que Carlomagno perderá su brazo derecho (Roldán), w . 597, 1195, ya señalados.

114 La fuga del rey Marsil no aparece en O, y sí en los demás manus­ critos, es probablemente auténtica, pues en la siguiente tirada se dice en el primer verso: «Marsil ha huido...».

115 Kartagene. También podría tratarse de Cartago. En el cantar de

gesta Anseis de Cartage, Carlomagno hace al protagonista «rey de España

y de Cartage», término éste que podría corresponder a la Cartaginense

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las espadas brillantes! Luchad con vuestros cuerpos y vuestras vidas para que la dulce Francia no sea deshonrada por noso­ tros. Cuando Carlos, mi señor, llegue a este campo verá tal mortandad entre los sarracenos, que habrá quince muertos por uno de los nuestros, y nos bendecirá por ello.» AOI.

CXLIV. Cuando Roldán ve aquella gente descreída más 1932 negra que la tinta y que no tienen blanco más que los dien­ tes, dice el conde:

«Ahora sé de cierto que hoy moriremos. ¡Atacad franceses, os lo ordeno!»

Dice Oliveros: «¡Maldito quien sea lento!».

A estas palabras los franceses entran en combate.

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