2. CHAPTER 2: THE USE OF AGENTS IN UNDERCOVER DRUG
2.5 Description of an agent
2.5.1 Rational for the use of agents
El mayor logro de la Europa carolingia es sin lugar a dudas la 1 '.ufopa de la civili zación. Carlomagno, cuya cultura no puede exagerarse — ya que apenas era capaz de reconocer las letras del alfabeto, no escribía y tenía escasos conocimientos de latín— poseía en cualquier caso un principio de gobierno rnih firme. Creía que el saber, la instrucción, era una manifestación y un instruirle^1 o de poder nece sario. Desarrollar y proteger el saber era uno de los primeros deberes de un so berano. Se daba cuenta de que en esta tarea el monarca tenía qite apoyarse bá sicamente en los clérigos, que disponían de la mejor formación en el terreno y que su acción debía ir dirigida ante todo a los hijos de los poderosos laicos, sus auxiliares en el gobierno del imperio. Este programa no podía limitarse a ser un llamamiento a los francos, sino que debía reunir todo el potencial cultural del imperio. Incluso introdujo a varios representantes de los país-, ;ac no formaban parte de él. Ése fue, por ejemplo, el caso de los irlandeses, de -;,.s anglosajones y de los españoles. Es una exageración convertir a Carlomagno en una especie de M e s Ferry precursor que acudía a las escuelas a brindar su estimulo a los alum nos. Esas escuelas, creadas o desarrolladas por Carlomagno, iban destinadas so bre todo a los hijos de la aristocracia. A partir de 781, Carlos se rodeó de letra dos y de sabios, a los que Jean Favier ha llamado con acierto los - intelectuales de Palacio». Estaba, por ejemplo, el lombardo Pablo el DiácoiVo, cuyo verdadero nombre era Wamefried; Paulino de Aquilea, italiano; Téoduüo, un español que llegó a obispo de Orleáns y abad de Fleury-sur-Loire (Saint-Bénoit-sur-Loire) en 797; y, principalmente, el anglosajón Alcuino, nacido hacia el año 739 y muerto en 804, principal consejero de Carlomagno, un diácono que llegó a ser abad de Saint-Martin de Tours, convirtiéndolo en uno de los focos más , líales de lo que se ha conocido como el renacimiento carolingio.
Este mundo del saber era esencialmente masculino, a u n q ue emergen en él al gunas figuras femeninas. Alcuino era, por ejemplo, también el consejero de Gi sela, hermana de Carlomagno y abadesa de Chelles, y la anini i favorecer en su monasterio la vida intelectual y la intensa actividad de copia de manuscritos. Una gran aristócrata de Aquitania, Dhuoda, lejos de la córte, llegó a adquirir un saber que, a principios del siglo ix, quiso transmitir a su hi jo t icrhardo, duque de Septimania, y para él redactó un manual educativo.
El renacimiento carolingio, en torno a Carlomagno, fu e m as limitado que la imagen brillante y conquistadora que hemos insistido en im ag.iiíar. Además, en la corte de Carlomagno revistió un carácter tan lúdico c o m o seriamente cultural. Carlos y los principales personajes de su entorno forman u n a academia palatina, que era un juego literario en el que sus miembros llevaban a lia s que evocan la Antigüedad. Resulta interesante destacar que esos alias me/x laban nombres grie gos y latinos, pero también bíblicos. Alcuino es Albinus o I ¡acciis, es decir, Ho racio; Engilbert es Homero; Teodolfo es Píndaro; u n j o v e n p o e ta , Maudoin, es Naso, es decir, Ovidio; Pipino de Italia es Julio, es decir, César; p ero había otros nombres como Aaron o Samuel; Adalardo es Agustín; y , so b re to d o , Carlomagno es David, el «rey pacífico». Este programa casa perfectamente con las intenciones
de Alcuino: convertir la corte de Carlomagno en «una Atenas más hermosa que la antigua al estar ennoblecida por la enseñanza de Cristo».
Una segunda oleada de sabios continuará e incluso desarrollará este «rena cimiento» después de Carlomagno, en tiempos de Luis el Piadoso y Carlos el Cal vo. Las nuevas abadías son, junto con el palacio, sus focos. Así, Eginardo estu dió en la nueva abadía de Fulda, en Germania, y el gran Rabano Mauro será su abad a partir de 822.
Sin caer en lá exageración, con todo es preciso reconocer que la actividad in telectual carolingia fue uno de los estratos de la cultura europea. La importancia del saber para el gobierno y el prestigio de un Estado fue subrayada por Carlo magno en el capitular De litteris colendis.
Las reformas llevadas a cabo por Carlomagno y sus consejeros fueron en muchos casos importantes. Es el caso de la reform a de la escritura. La nueva letra, la minúscula Carolina, era clara, normalizada, elegante y más fácil de leer y de escribir. S ha dicho que fue la primera escritura europea. Dentro de la inten sa actividad de copia de manuscritos desarrollada en los scriptoria monásticos, reales y episcopales, Alcuino introdujo un interés novedoso por la claridad y la puntuación. Carlomagno también hizo enmendar el texto de las Escrituras. Esta preocupación por la corrección, que estimulará la gran actividad de exégesis bíbli ca en el Occidente medieval, es una preocupación importante que concilia el res peto del texto sagrado original con la legitimación de las correcciones debidas a los avances de lo s conocimientos y de la instrucción.
El renacimiento carolingio se impone todavía hoy, sobre todo por la riqueza de su ilustras es iluminaciones. Algunos evangeliarios y salterios son verdade ras obras macsii ¡s: La afición al texto de los salmos que atravesó la Edad M edia indujo en Europa una atracción por la poesía bíblica que perdura hasta hoy.
Cabe señalai también que sin una influencia carolingia concreta, aunque en la misma época, ajiarece una moda que se desarrollará y se mantendrá durante toda la Edad Media y sigue hoy en vigor. Después del siglo vi, el Apocalipsis llamado de san Juan, admitido con dificultades entre los textos canónicos del Nuevo Tes tamento, ya n<> us. ita la atención del clero y de los fieles. A finales del siglo vm, una obra le insufló nueva vida de manera fulgurante. Nos referimos al Comenta rio que hacia 780 compuso el monje Beato, del monasterio de Liébana, cerca de Santander. Las copias ilustradas de este comentario se multiplicaron en los si glos ix y x. Las ilustraciones son con frecuencia la demostración del genio artís tico de los pintores d e miniaturas de Occidente cuando intentaban expresar la an gustia y el horror Beato dio a Europa su primer gran thriller.
El siglo ix es asimismo capital para el futuro de la arquitectura religiosa en Occidente. Dos innovaciones serán un legado de primer rango para la arqui tectura europea. Iína es la introducción simbólica del crucero, que integra la cruz en el plano lin 1 d e la antigua basílica romana. Aparece alrededor del año 800 en Saint-M auricc-d'Agaune, en la catedral de Colonia y en la de Besançon. Duran te el mismo p e r ío d o , en la abadía de Saint-Riquier surgió una innovación llama da a gozar de un gran éxito. Es el macizo occidental que con sus torres anuncia los pórticos de las iglesias románicas y góticas. Se levantan monumentos mo-
délos, como el monasterio de Saint-Denis, el de Fulda, el Palacio imperial y la iglesia de Aix-la-Chapelle. Los comanditarios y talleres viajaban y algunos maes tros de obras, artistas en un futuro, dan a lo que será Europa una apariencia que encuentra un eco en los monumentos.