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2.5. The Simple View of Reading

2.5.5. Rationale for current research

La discusión sobre la importancia del concepto de la esfera pública es un elemento importante en el debate democrático del siglo XX (Cohen y Arato, 2000 [1992]; Calhoun, 1992). Primariamente concebida como un espacio que separaba el Estado de la sociedad civil, dio paso a la libre interacción de grupos, asociaciones y movimientos. Este elemento introduce la posibilidad de una relación crítica argumentativa de la política y se abre a los procesos de racionalidad y participación. La obra de Habermas, Historia y crítica de la opinión pública (1986 [1962]), brindó fundamentos para un nuevo entendimiento de la democracia basado en la idea de la esfera pública, y que conecta la emergencia de la burguesía europea con una nueva forma de poder: la autoridad del público (Habermas, 1986 [1962]: 41-64).

El espacio público toma impulso desde la elaboración privada de los problemas sociales, que tienen relevancia en la vida individual. Esto produjo el surgimiento de la esfera pública burguesa en los siglos XVII y XVIII en Europa, donde las personas privadas empezaron a reunirse formando públicos (Habermas, 1986 [1962]: 111). El autor relaciona el sistema de derecho con la modernidad y el surgimiento de la esfera pública burguesa. La misma que buscó diferenciarse del Estado y brindar espacios de deliberación. El intento de la sociedad burguesa de emanciparse de la esfera privada, desde el raciocinio público, posibilitó la formación de opinión pública y su potencialización como poder político al exigir el reconocimiento de los derechos fundamentales (Ibid.; 118). Si en un inicio, la esfera pública burguesa intentó la separación estricta entre los ámbitos privados y públicos, estos mostraron que su dinámica de acción estaba interconectada e incorporaron una esfera social repolitizada, donde los discursos se dirigen a la construcción de una ciudadanía activa

y la norma garantizaría la formación de la opinión pública y la voluntad política (Habermas, 1986 [1962]: 203-207).

Aún cuando Habermas abre las estructuras comunicativas a la existencia del

otro, el concepto de esfera pública burguesa fue muy criticado, especialmente debido

a la exclusión en los ámbitos de deliberación de grupos distintos al burgués. Esto dio paso a la crítica de Nancy Fraser sobre el modelo liberal de esfera pública burguesa, con base en la necesidad de reconocer una nueva esfera pública “postburguesa” que nos permitiría introducir “públicos fuertes y débiles, así como varias formas híbridas” (Fraser, 1997: 132). La aceptación de una multiplicidad de públicos brindaría imágenes sugerentes de la diversidad de actores presentes en la sociedad civil moderna. Los públicos débiles están relacionados exclusivamente con la formación de opinión pública y no la toma de decisiones, el modelo liberal no considera positiva una expansión de su autoridad discursiva, puesto que peligraría la autonomía de la opinión pública al convertirse en emulador del Estado, perdiendo su papel crítico. Como públicos fuertes son considerados los Parlamentos soberanos, ya que su discurso incluye la formación de opinión y la toma de decisiones, estos son “la sede de

autorización discursiva del uso del poder estatal”, pero a la vez tienen un efecto

contrapuesto al desdibujar la línea que separa a la sociedad civil del Estado (Ibid: 129- 130). Un paso más allá es posible encontrar “contra-públicos”19 que disputan constantemente las normas excluyentes de la esfera pública, presentes especialmente en la esfera burguesa, provocando formas alternativas de comportamiento y expresión pública (Fraser, 1997: 105).

Otros autores recogen la preocupación acerca de la necesidad de incorporar nuevos grupos al ámbito deliberativo y reconocer los procesos de identificación identitaria que surgen en la confrontación con el otro. La sociedad se democratiza en el ámbito de la esfera pública, al incorporar constantemente nuevos temas y politizándolos. Para Seyla Benhabib, la esfera pública habermasiana es igualitaria no sólo porque permite la libre participación, sino también porque introduce nuevos asuntos (Benhabib, 1992). Pero a la vez, la esfera pública burguesa mostró su deficiencia en ese punto pues esta igualdad desconocía la diferenciación entre los grupos o individuos que participan en la deliberación, y era considerada discriminante

19

Nancy Fraser propone llamar contra públicos o subalternos a espacios discursivos paralelos, donde los grupos sociales subordinados inventan y circulan contra-discursos, lo que permite formular interpretaciones opuestas de sus identidades, intereses y necesidades (Fraser, 1997: 115).

por asumir la existencia de una esfera homogénea y única. Representantes de los estudios feministas e históricos como Nancy Fraser, Geoff Eley y Mary Ryan, rechazan la existencia de una sola esfera pública en la historia o en las sociedades (Eley, 1992; Fraser, 1992; Ryan, 1992). Fraser adopta como premisa básica algo semejante a la esfera pública habermasiana, pero encuentra insatisfactoria la forma específica en que Habermas elabora la idea y cuestiona la ausencia de un nuevo modelo que supere las limitaciones de la esfera burguesa. Sostiene que debe someterse la esfera pública a una interrogación crítica, que conduzca a la teorización de los límites de la democracia existente (Fraser, 1997: 98). Eley no descarta que el surgimiento del público burgués esté ligado a la contención popular y que es el vehículo institucional de la transformación de la dominación política. El argumento es sustentado en las formas de las esferas públicas francesa, inglesa y alemana del siglo XIX, donde las exclusiones de género estaban ligadas a las exclusiones de clase (Eley, 1992). Así también, Ryan recoge la importancia de las mujeres en el siglo XIX en Estados Unidos, con relación a contra-públicos que construyeron vías alternas de acceso a la vida política pública. Este estudio muestra la variedad de formas por las cuales podía accederse a la vida pública y la multiplicidad de espacios públicos (Ryan, 1992). Ryan y Eley sostienen que Habermas idealiza la esfera pública burguesa, afirman que ésta se basaba y estaba constituida en un número importante de exclusiones.

Para Nancy Fraser, la esfera pública está contaminada por concepciones burguesas, machistas y de supremacía blanca. La esfera pública debe ser capaz de implementar una verdadera igualdad social, no supuesta y ocasional; y de identificar la proliferación de públicos como un proceso fortalecedor de la democratización. Los intereses privados son parte integral de los actores y la restricción al bien común puede disminuir la riqueza integradora de las demandas de grupos particulares, esta separación debe ser considerada al conceptuar el ámbito de la esfera (Fraser, 1997: 107-108). El surgimiento de nuevos grupos sociales organizados, incrementa la diversidad de públicos que utilizan el espacio público como base de sus luchas y de poder. Fraser considera que Habermas no aprecia la existencia de una “estrategia de

distinción”, apuntalando su teoría en características de accesibilidad, racionalidad y

suspensión de jerarquías estatamentales. Habermas idealiza la esfera pública y deja sin examinar otras esferas públicas que compiten con ella (Fraser, 1997: 103). Habermas responde a las críticas con la revisión de sus planteamientos en sus obras posteriores, especialmente en Facticidad y Validez [1998], donde revisa los alcances y

límites del espacio público al relacionarlo directamente con los procesos democráticos de deliberación. Situación que conduce a una reconceptualización del papel de los ciudadanos y de la constitución de los públicos, contemplando los marcos normativos que rigen su actuación.

En su primera obra, Habermas enfatiza la singularidad del modelo de esfera pública burguesa. Pero actualmente es necesario reconocer la pluralidad de públicos en competencia. Los actores sociales buscan incrementar la paridad en la participación, esto intensifica la confrontación puesto que, los espacios discursivos no están aislados de la desigualdad social. Los miembros de grupos subordinados pueden constituirse como públicos alternativos, contra-públicos, frente a un separatismo cada vez más penetrante despliegan acciones para expandir los espacios y acceder a un público más amplio. En los discursos públicos es posible diferenciar rasgos de las identidades sociales, pues la participación implica poder hablar con propia voz expresando las identidades de los actores, desde su formación hasta concreción (Fraser, 1997: 116-119). Esto debe dar espacio a una pluralidad de espacios públicos ocupados por una variedad de grupos sociales con diversidad de valores y retóricas, pero a la vez ocupados en la discusión de asuntos públicos. Esto implica el reconocimiento de varias esferas públicas, punto que se contrapone a una concepción de esfera pública única. Una esfera pública democrática requiere brindar garantías para la participación de las minorías, ya que a través de la deliberación se logra la construcción de una colectividad: en busca del interés común. Ante esto, Fraser acota que cualquier consenso que pretenda representar el bien común debe mirarse con sospecha, pues estaría contaminado por los efectos de la dominación y subordinación (Ibid: 126).

Los discursos constituyen formas más exigentes de comunicación que la práctica comunicativa diaria, al ser gobernados por los principios del habla y las características y particularidades de una comunidad (Cohen y Arato, 2000 [1992]: 430). La práctica comunicativa cotidiana surge de la interacción de la reproducción cultural, la integración social y la socialización. Habermas pone énfasis en el carácter de apertura y accesibilidad de la esfera pública burguesa. Esto constituye uno de los significados principales de la norma de publicidad, pero esto no se concreta en realidad en el público. El libre acceso debe considerar la interacción discursiva al interior de los espacios públicos formalmente inclusivos, pues se requiere la

suspensión de las diferencias de condición de clase y etnia, lo que implica que la desigualdad social no es eliminada sino suspendida. El modelo de la esfera pública burguesa “no promueve la paridad en la participación” pues obra en ventaja de los grupos dominantes (Fraser, 1997: 108-109). Mas, la paridad en la participación en la esfera pública es una condición necesaria, y la desigualdad social distorsiona la interacción comunicativa en las esferas públicas formalmente inclusivas.

La esfera pública es un espacio de deliberación, donde múltiples temas pueden ser discutidos y puestos en resonancia frente a la administración del poder. En este punto debe considerarse que la identificación de los actores sociales como ciudadanos es importante en el proceso de construcción y mantenimiento de una esfera pública de carácter democrático, ya que en este escenario se reproducen las acciones sociales contribuyendo a la formación de organizaciones y asociaciones sociales, mismas que usan el espacio para plantear sus demandas frente a los actores que detentan el poder, tales como por ejemplo el Estado y el mercado. Sin embargo, la toma del poder desde los sectores sociales puede acarrear la ocupación de los ámbitos del Estado, y la acumulación de poder conduce a confundir el dominio del mismo.

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