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C- Crystal Structure Communications, 1996, 52, 1896-1901.

X- ray diffraction

LA ARMONÍA MENTAL PARA OBTENER LA CURACIÓN

Cuando la pareja Watanabe alcanzó la verdadera armonía en el hogar, comenzaron a suceder muchas cosas milagrosas. La armonía de la pareja es la base de la felicidad, la salud, el triunfo y la prosperidad de la familia, así como de muchas otras cosas.

En la ciudad de Takada, se difundió la noticia de que cualquier enfermo se podía curar si recurría al Prof. Eizaburo Watanabe. Cierto día, él recibió una carta; era de una niña que con palabras infantiles, le decía más o menos lo siguiente: “Mi hermana sufre de catarata, no puede ver nada y está en cama desde hace mucho tiempo. Yo quiero que usted la cure. Como ella es ciega y no puede salir de casa, le agradecería mucho que viniese y conversase con ella sobre la Verdad”.

El profesor Eizaburo Watanabe se conmovió mucho con este pedido y decidió visitar la casa de esa niña. Al llegar, vio a una joven de unos 20 años debajo de frazadas sucias, cubiertas de polvo y hollín. Hasta su cabello estaba tan lleno de hilachas de frazada que parecía ser el nido de un ave. Daba la impresión de que no se había lavado el rostro desde hacía mucho tiempo y su aspecto era pésimo. El profesor le preguntó:

-¿Cuál es tu problema? -Los ojos. No puedo ver.

-Ah... Y ¿qué tal las otras partes de tu cuerpo?, ¿Tu rostro, por ejemplo? -No tengo nada en mi rostro.

-Y ¿cómo está la boca?

-Tampoco tengo nada en la boca. -Y ¿las manos?

-Ellas están perfectas. -Y ¿tienes apetito? -Sí.

-Y ¿cómo están tus piernas? -Ellas se mueven.

—Entonces, ¿Esto significa que todas las partes de tu cuerpo están perfectas, con excepción de los ojos?

-Así es, señor.

Seguidamente, el profesor Eizaburo Watanabe le habló a la joven de la siguiente manera:

-Si es así, ¿Por qué vives sin hacer nada, encogida durante todo el día bajo esas mantas? - La ceguera es la manifestación del espíritu que “no quiere ver la luz”. La luz es la dádiva que llena el universo. Tú no ves porque tu espíritu no recibe esa dádiva con gratitud. Tus ojos son los órganos que captan la luz, pero están cerrados. Tú no puedes ver la luz porque los ojos de tu alma están cerrados. A pesar de tu ceguera, tu cuerpo está desbordante de gracias ya recibidas. Tú oyes, respiras, comes y mueves tus miembros. A pesar de ello, estás afligida porque sólo un órgano no está bien; piensas sólo en este mal y tú misma te indures a una vida triste. Este es el espíritu que no quiere ver la luz. Vamos, ten un espíritu más alegre; tener un espíritu alegre significa abrir las puertas de tu corazón para recibir todas las dádivas, toda la luz que está en el cielo y en la tierra; así, podrás ver (EM: Lo que nos enseña la Metafísica, y es cierto; es que: “La alegría es una energía curativa propia del Alma (Yo Superior), reflejo del espíritu creador (Del Jisso o Presencia Divina o Yo Soy)”).

En realidad, el Prof. Watanabe le explicó todo más minuciosamente, pero ahora no puedo relatar los detalles debido a mi tiempo limitado. Después de esta conversa ruin, el Prof. Watanabe se retiró.

y quien le abrió la puerta fue ella misma.

-¡Oh! ¡Usted es el profesor Watanabe! Entre, por favor... le dijo.

Ella misma lo condujo hasta la sala y después de invitarlo a tomar asiento le agradeció diciendo:

-Vea, profesor. Gracias a usted, ya no estoy ciega. Le agradezco desde lo más profundo de mi corazón.

Sorprendido, el profesor le preguntó lo que ella había hecho después de su primera visita. La joven le respondió:

-Después de escuchar sus palabras, reflexioné mucho y entendí que mi manera de pensar estaba equivocada. Yo me arrepentí. Decidí que, a pesar de la ceguera, haría todo lo que estuviese dentro de mis posibilidades. Yo he recibido muchas gracias, estaba rodeada de incontables bendiciones de Dios, de mis antepasados, de mis padres, de la humanidad, en fin, de toda clase de beneficios, pero no me acordaba de retribuir ninguna de estas gracias. Sólo pensaba en mi cuerpo, principalmente en la parte que estaba enferma y siempre estaba insatisfecha. Pero aquel día, percibí que mi mentalidad estaba equivocada y me arrepentí profundamente. Aún sin poder ver, me levanté, arreglé mi cama, guardé las mantas y les agradecí por haberme sido útil durante tanto tiempo; y después fui a la cocina. Tanteando, tomé un recipiente, lo llené de agua y me lavé el rostro. Seguidamente, busqué un trapo y comencé a limpiar el piso de la cocina, agradeciendo siempre las bendiciones recibidas. Después, fui a la sala. Allí estaba mi hermanito de 4 años. Al verme exclamó: “Hermana, ¡estás muy bonita!”; debo haberle parecido más linda porque había lavado mi rostro después de mucho tiempo, yo le dije: “Hermanito, ¡eres tan simpático! Tu rostro es tan gracioso”. Luego, me senté y lo coloqué en mi regazo. Cuando yo vivía en la cama, él no se me acercaba mucho; pero ahora se agarra de mí y juega alegremente. Le acaricié su cabeza diciéndole: “¡Tú eres un buen niño y tienes un rostro tan lindo!, ¡Tú eres un amor!”. Entonces, sucedió algo sorprendente: comencé a distinguir su nariz. Después, gradualmente me fue posible ver más. Y, finalmente profesor, ya estaba viendo todo con nitidez. Así, milagrosamente, gracias a Dios, ahora veo todo. Es una bendición tan grande. Ni sé, cómo agradecerle”.

querer ver la luz. Esta “luz” de la que hablamos, significa las gracias que son proporcionadas al hombre en el cielo y en la tierra. El alma que no ve estas gracias, está cerrando los ojos a la “luz”. Las personas que se quejan constantemente están con los ojos del alma cerrados, y por eso, dicen que “todo está oscuro”. Sus pensamientos oscuros se manifiestan en el cuerpo, y por eso, tales personas ven un mundo oscuro; realmente el mundo fenoménico es proyección de la mente. El mundo que nuestros ojos ven, al final, es la manifestación de nuestro propio mundo mental.

En cierta ocasión, cuando yo hacía una conferencia en la Sede Central, me buscó la propietaria de un hotel. Su rostro estaba tan lleno de heridas que me hacía recordar una piña. Ella me preguntó:

-Profesor, ¿Qué debo hacer para que mi rostro se cure? - Cuando se sana una herida, enseguida aparecen dos más. Por eso, estoy con este aspecto. ¿Qué debo hacer para quedar bien?

Le respondí:

—Ese aspecto es exactamente igual a su mente. Usted siempre se lamenta y se queja, tiene el espíritu impregnado de asperezas. Su cuerpo refleja sus pensamientos de esa forma.

Entonces, ella me habló de otro mal que la atormentaba:

-Profesor, también tengo catarata. Me examinaron en la Clínica Oftalmológica Nakamura, y me dijeron que para este tipo de catarata todavía no se han descubierto medios para curarla y que en un año perderé totalmente la visión. ¿No habrá ninguna manera de sanarme?

-Eso, también se debe a su espíritu que se niega a ver la luz, pues vive lamentándose y usted carece de espíritu grato. Debe empezar a agradecer a todas las personas que están a su alrededor, a todo el mundo y a todas las cosas.

La orienté en pocas palabras.

Después de una semana, esta señora regresó para agradecerme. Al principio, aun observando detenidamente su rostro, no la reconocí. Es que su fisonomía había cambiado totalmente. El rostro que antes parecía una piña se había transformado: su piel estaba tan suave y linda.

-¿Qué le pasó? - le pregunté.

-Sabe profesor, yo tengo un hijo que adopté cuando todavía era bebé. Como soy viuda, lo crié sola con todos los cuidados, le di hasta educación superior. Después de que él se graduó y obtuvo empleo en una empresa - y mire que su sueldo es una miseria - comenzó a pensar que era el dueño de la casa y quería mandarme. Cuando llegaba, se encerraba en su cuarto y no me dirigía ni una sola palabra cariñosa. Por eso, pensé hasta en desheredarlo. Pero al oír sus palabras comprendí que estaba equivocada. En ciertas familias, hay hijos que a pesar de serlo biológicamente, llevan una vida libertina y terminan por dilapidar la fortuna familiar. Sin embargo, mi hijo que lo es por adopción, acepta ser mi heredero y, aunque poco, trae su sueldo a casa, él no derrocha lo que gana y contribuye para nuestro sustento. Cuando pensé de esta manera, me arrepentí.

Como en aquel día hacía mucho calor, tan pronto como mi hijo regresó del trabajo, le dije cariñosamente: “Bienvenido. Debes sentirte muy acalorado” y con un abanico comencé a echarle aire. Desde ese momento cambió su actitud; hasta entonces, al regresar a casa se iba directamente a su dormitorio, como si no quisiese ver mi cara y sólo aparecía a la hora de comer. Y aun en ese momento, no me dirigía una sola palabra. Pero ahora, ese mismo hijo viene a mi cuarto y afectuosamente, de manera espontánea, me cuenta todas las cosas que le sucedieron en la empresa. Soy tan feliz, que este mundo que antes me parecía un infierno, ahora lo siento como si fuese un paraíso. Y entonces - ¡Qué cosa tan extraordinaria! - mi rostro se volvió tan liso. Y no es sólo eso. Mis ojos, que antes veían todo empañado, ahora pueden ver hasta paisajes lejanos, tal como si las nubes se hubieran disipado. Le agradezco de todo corazón.

Como vemos, la ceguera es la manifestación del pensamiento que se niega a ver la luz, es decir, de la mente que cierra los ojos a los beneficios recibidos.

El hecho que voy a narrar sucedió durante el seminario realizado en Nagasaki. Una señorita llamada Kamachi, que estudió en el “Internado Luz” (antigua escuela de novias de Seicho-No-Ie) y sufría de miopía muy acentuada, relató la siguiente experiencia. El local del seminario era el salón Koyo. Tan pronto como subió al palco, juntó sus manos en actitud de oración y llorando copiosamente dijo: “Muchas gracias papá; muchas gracias mamá. Perdónenme por haber sido tan ingrata”. Después de arrepentirse de su

comportamiento de hasta entonces y agradecer a sus padres, volvió a su hotel, cuando súbitamente comenzó a distinguir las letras de los anuncios de las tiendas que antes no lograba ver ni aun usando lentes y ahora todas esas propagandas se presentaban nítidas ante sus ojos sin necesidad de usar lentes. Ella estaba viendo con claridad el cartel de la Casa Bunmei, donde se leía Tortas Nagasaki. La mayoría de los casos de curación de miopía sucede cuando la persona agradece a los padres de todo corazón, llegando hasta a derramar lágrimas.

En la época en que estaba en Sasebo, el Sr. Kakuma Omati orientó a un estudiante de primaria que sufría de una miopía de grado muy alto. Era tan acentuada que el día en que, por un accidente, sus lentes se quebraron durante la clase de educación física, tuvo que llamar por teléfono para que alguien de su casa viniera a buscarlo porque prácticamente no podía caminar solo por las calles. A este muchacho se le orientó en el sentido que saludara respetuosamente a sus padres todas las mañanas, y con sentimiento de gratitud arreglara su cama y llevara un balde de agua para que ellos le lavaran su rostro. Cuando él hizo esto, comenzó a ver sin necesidad de usar lentes. El valor de una enseñanza no puede ser comprendido a través de teorías, sino cuando lo ponemos en práctica.