C- Crystal Structure Communications, 1996, 52, 1896-1901.
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LA FUENTE DE LA “VIDA”
¿Qué piensa usted acerca del nacimiento del hombre? En mis libros, he afirmado que el hombre jamás nació del vientre de una mujer. Ante esta aseveración, tal vez, ustedes pregunten, ¿Entonces, como yo, el autor, Masaharu Taniguchi he nacido? Quizás, ustedes piensen: ¿El Sr. Taniguchi habrá nacido de un árbol, habrá llegado a través de un grifo? - Si lo vemos con los ojos carnales, pudiera ser que yo hubiese nacido del útero de una mujer; más aún, conforme he afirmado en los capítulos anteriores, el mundo que vemos con los ojos físicos no es el mundo real, sino el mundo del fenómeno, el mundo de las formas aparentes. En el interior de este mundo aparente, existe algo infinitamente maravilloso y sublime que es la Vida del hombre. Esta Vida jamás nació del útero de una mujer.
“Entonces, ¿De dónde nació el hombre?, se preguntarán ustedes. En contraposición, me gustaría preguntarles: “¿De dónde piensan que proviene el agua del caño?” - Tal vez, ustedes crean que surge de la boca del grifo. Aparentemente, sí; pero en realidad, ella viene de la represa, que tampoco es la fuente, pues más allá, un gran río vierte sus aguas en la represa. Sin embargo, el verdadero origen del agua no son los grandes ríos, ni sus afluentes que nacen en los valles. Las lluvias que alimentan estos afluentes tampoco son el origen. Las lluvias se originan en las nubes, pero ellas no son el origen del agua. El verdadero origen del agua es el vapor, invisible a nuestros ojos carnales, que todavía no se ha transformado en nube. Este vapor se transforma en
lluvia que alimenta los riachuelos de los valles. Esos riachuelos se unen al gran río que lanza sus aguas en la represa; el agua de la represa corre a través de las cañerías y, finalmente, sale por los grifos. Por lo tanto, de ninguna manera la boca del grifo es el lugar de donde nace el agua. Tan sólo es uno de los lugares por donde pasa. De igual manera, el hombre no nace del útero de una mujer, aunque lo pareciera. El útero simplemente es un lugar por donde pasa la Vida del hombre. Entonces, ¿De dónde viene nuestra Vida? No hay un asunto más trascendental que este.
A los 16, 17 ó 18 años, muchas personas se afligen con esta interrogante. Hay personas, como la Sra. Hanako mencionada en el capítulo precedente, quien después de mucho buscar la respuesta a su pregunta “¿De dónde viene y a dónde va el hombre?, decidió suicidarse por creer que el objetivo de la vida fuese la muerte. Muchas personas, como resultado de ese tormento, empiezan a pensar que el hombre es un ser vulgar que; en último análisis, fue obligado a nacer en este mundo como víctima de los placeres sensuales de sus padres. Yo mismo pensaba así cuando era estudiante de secundaria. Después de haberme atormentado mucho tratando de encontrar la respuesta que esclareciese el origen del hombre, concluí que si yo vivía ton esa angustia, era porque vine al mundo como una víctima de los placeres sensuales de mis padres. Entonces, pasé a pensar que no había ninguna necesidad de cumplir mi obligación filial. En aquella época, yo era estudiante del Colegio Ichioka de Osaka y como siempre sacaba buenas notas, había obtenido una beca de estudio. Cierto día, escribí en el pequeño periódico del colegio un artículo titulado “Teoría de la Desobediencia Filial”; donde exponía: “No hay necesidad de cumplir el deber filial, porque no hay ningún motivo para ello”. Al leer esto, el Prof. lúsaku Watanabe ordenó que fuese a la sala de los profesores. Allí, él me llamó la atención con las siguientes palabras: “¡Qué atrevimiento el tuyo!, piensa lo que desees pensar, pero publicar tal cosa en el periódico del colegio ¡es imperdonable!” A pesar de todo, este tipo de pensamiento no puede ser eliminado con una simple reprimenda. Por más que me obligasen a cumplir el deber filial no podía aceptarlo de todo corazón; no veía ninguna razón lógica para amar a los padres.
Tal es el pensamiento de muchas personas, especialmente de los jóvenes. Algunos no manifiestan abiertamente este pensamiento, pero lo tienen bien enterrado, oculto
en el fondo de su subconsciente y con el pasar del tiempo, hasta se olvidan de que lo tienen bien escondido. Sin embargo, olvidar no significa que tal pensamiento haya sido completamente eliminado de su subconsciente, es decir, de las profundidades de su mente. Allí permanece una especie de “repugnancia al ser humano”. En su subconsciente está firmemente arraigada la idea de que el hombre es el producto de los actos obscenos de los padres o, en otras palabras, que nace como resultado de la inmoralidad y, por lo tanto, que su vida se inició a partir de un pecado. Por eso, él es un ser maldito, destinado a pecar eternamente. Aunque aparentemente la idea de “hijo del pecado” no exista, ella está presente en un mundo invisible y dirige nuestro comportamiento.
¿Por qué motivo la humanidad que busca la paz siempre es impelida hacia la guerra? - La base de esta conducta está en la idea de que el origen de su existencia, en último análisis, es el pecado. El pecador tiene que ser castigado - esta es la idea común a toda la humanidad-. En casi todos los hombres existe el pensamiento de que los pecadores deben ser castigados, deben sufrir y morir, pues solamente a través del dolor ellos se redimirán del pecado. Por eso, los hombres hacen la guerra y se matan los unos a los otros, a fin de punirse (castigarse) a sí mismos y extinguir el pecado. En los conflictos armados quien mata al hombre, aparentemente es su enemigo, pero en verdad, es la propia persona que se mata a sí misma. Las luchas de la humanidad no cesan porque los hombres no se dan cuenta de esto. Si queremos traer la verdadera paz a la humanidad y concretizar sobre la faz de la Tierra un verdadero paraíso, donde no existan ni enfermedades ni dificultades económicas, es necesario eliminar completamente la conciencia de culpa oculta en el fondo de nuestro subconsciente, que dice: “El hombre es hijo del pecado”. Esto es de suma importancia, ya que, como en el caso de la Sra. lanako Yoshikawa, lo que la llevó a intentar el suicidio en las aguas del lago Hamana fue la idea de que el pecado existe.
Como fue relatado en el capítulo anterior, el hijo de la Sra. Yoshikawa sufría de idiotez. Cuando ya había perdido las esperanzas de que se curase, ella tuvo los primeros contactos con las enseñanzas de Seicho-No-Ie y conoció la siguiente Verdad: El hombre es hijo de Dios y originalmente no tiene ningún pecado. El pecado no existe porque
Dios es Absoluto, es el todo de todo, es la perfección, es el amor infinito. Este Dios bueno, perfectísimo e infinitamente amoroso creó al hombre. Dios es absoluto y por ser absoluto, no existe algo que se le pueda oponer. Nada existe además de Dios. Si Dios es el bien y nada existe además de Dios, se concluye que el pecado, que es un mal, no existe. Parece que el pecado existe, pero son apenas nuestros cinco sentidos que lo ven como si existiese. En realidad, el pecado no existe; Dios es el todo, y como Dios es un ser absoluto, ya no existe más el pecado. Si comprendemos que el pecado no existe, estaremos exentos de pecado; y al entender que somos exentos de pecado, ya no habrá más necesidad de autocastigamos, ni de torturamos a nosotros mismos, ni a nuestros hijos. No fue por medio de métodos complicados que la Sra. Yoshikawa logró curar a su hijo y que sea un niño inteligente y saludable. En Seicho-No-Ie ella aprendió que “ver es crear”. Era necesario ver la Imagen Verdadera. La Imagen Verdadera es el aspecto verdadero (EM: Recuérdese que “para ver hay que creer ya que creer es crear” y decretar es concretar” Aunque pareciese un idiota, en realidad, su hijo era hijo de Dios. Todos los días, ella se concentraba espiritualmente y con determinación centraba su atención en el aspecto perfecto de ese hijo de Dios y lo reverenciaba. Entonces, se manifestó el aspecto perfecto de su hijo, quien actualmente ya se graduó en un instituto técnico y es un excelente joven.