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Una característica de la transición chilena fue la continuidad de los partidos (Lechner, 1985). Por continuidad referimos a la capacidad “para sobrevivir un largo período de tiempo, la que ofrece un indicio posible de que han logrado captar las lealtades de más largo plazo en algunos grupos sociales” y que se han institucionalizado (Mainwaring y Scully, 1995: 77), hasta el punto de lograr permanecer electoralmente en las preferencias de la población.

En efecto, el multipartidismo existente hasta el ‘73 se ha mantenido, no así la inestabilidad y la extrema polarización de aquella época. El número de partidos que actualmente posee representación parlamentaria no se diferencia significativamente de la situación del período 69-73, con 7-8 partidos. Los partidos más fuertes, considerando incluso la última elección parlamentaria de 2013, son el PDC y el PS por la Concertación (hoy Nueva Mayoría), y RN con la UDI en la Alianza. Si bien han aparecido partidos nuevos, como el Partido Regionalista de los Independientes (PRI), el Partido Progresista (PRO) y la Izquierda Cristiana de Chile (IC), éstos son marginales dentro del sistema político. Particularmente en el norte del país, estos partidos han logrado representación en alcaldes, concejales y un diputado.

Si bien un número elevado de partidos no necesariamente permite una clara ubicación en el eje ideológico izquierda-derecha, al preguntarle a los Diputados se observa que se tienden a ubicar a lo largo de toda la escala con la salvedad que los partidos de derecha se tienden a percibir más al centro de lo que los perciben el resto de los legisladores (Ruiz y Otero, 2013).

Ahora bien, el multipartidismo visto desde las variaciones electorales, muestra que las diferencias más importantes a nivel nacional se han concentrado en los apoyos hacia el PDC. Luego de bordear el 30% de los votos en las elecciones inaugurales de la nueva democracia, el PDC ha retrocedido a la mitad en los comicios de 2013. Parte importante de esta votación ha favorecido a la UDI como partido de derecha, a parte de la denominada “izquierda progresista”, pero principalmente hacia el significativo grupo de los desafectos. Es decir, personas que poco a poco han dejado de ir a votar. Esto se ha visto reflejado en la representación del partido. Luego de contar con una bancada de casi 40 diputados, hoy sólo cuenta con 21 representantes. La UDI, en tanto, subió de 11 diputados en 1989 a 37 en 2009, aunque en las últimas legislativas retrocedió a 29. La baja aprobación al gobierno de Sebastián Piñera (2010-2014) pudo incidir en este resultado. Adicionalmente, por el sistema electoral binominal, la UDI se ha beneficiado del pacto con RN. Dado que este sistema genera una alta desproporcionalidad de los resultados electorales, basta que la UDI supere por un voto a RN en algún distrito para quedarse con el escaño.

Llegados a este punto se vuelve indispensable explicar acotadamente en qué consiste el sistema electoral binominal, para entender los efectos que este ha tenido sobre los resultados eleccionarios y las proyecciones que puedan realizarse. En primer lugar, el sistema electoral binominal que rige las Elecciones desde el 14 de diciembre de 1989, es

un sistema que a escala nacional es inédito en el mundo (Fernández, 1989: 47), “único” (Carey, 2006: 227) o “sui generis” (Portales, 1988: 3) y por último “exótico” (Saffirio, 2006). La ley que lo creó buscaba la "formación de grandes partidos políticos" o "grandes corrientes de opinión" (Mensaje proyecto de Ley). El sistema se diseñó para "forzar" un bipartidismo con la intención de cambiar la realidad multipartidista existente hasta 1973. Sin embargo, el “binominal no contribuye a reducir el número efectivo de partidos políticos ni el número efectivo de candidatos” (Cabezas y Navia, 2004: 49), sino que tiende a esconder el multipartidismo que existe al interior de las coaliciones. Siguiendo el argumento de la revista Mensaje (2005) se trata de un sistema electoral que propicia la exclusión de los electores del proceso de nominación de los candidatos. Además, el “empate” que trae aparejado en un gran número circunscripciones electorales provoca que candidatos de ambos conglomerados tengan sus puestos asegurados con antelación a la elección. En ese sentido, el sistema electoral binominal es reacio a estimular elecciones de tipo primarias que acrecienten la participación en la designación de los candidatos.

En consecuencia, si bien existen buenos argumentos para apoyar la tesis de la continuidad del sistema de partidos, de todos modos han existido importantes variaciones. Probablemente, estas variaciones no afloran significativamente dado porque la competencia está estructurada por el sistema electoral binominal. Eligiéndose dos escaños por distrito, el binominal fuerza la formación de dos grandes coaliciones. Por tanto, los pesos y contrapesos que se generan dentro de las coaliciones tras cada proceso electoral, no son tan relevantes como los cambios que se producen “entre” las coaliciones. A pesar de que el PDC ha retrocedido en su votación, sigue siendo un partido muy relevante para la coalición de centro-izquierda. Actualmente está en discusión una reforma al sistema electoral binominal. Se intenta avanzar hacia una fórmula más proporcional que reparte entre 3 y 8 escaños por distrito. Con binominal (impuesto por el régimen de Pinochet), existen 60 distritos donde se eligen dos diputados en cada uno. Con el nuevo sistema electoral, en caso de aprobarse, se podrían producir cambios relevantes. Dado el aumento en la magnitud de distrito, las coaliciones se volverán más flexibles. Incluso, se generan incentivos para que algunos partidos decidan competir en solitario. Por tanto, aumentará la oferta de partidos, pero también aparece el riesgo de generar una mayor fragmentación y, casi por defecto, una mayor dificultad de los presidentes para lograr mayorías en el congreso que le permitan cumplir con su agenda programática.

El cuadro 12 muestra los datos en toda la serie de tiempo. Ahí se observan las principales señales de continuidad y cambio. No deja de sorprender una interpretación generalmente asumida. Si bien Chile califica como un caso de sistema de partidos institucionalizado según Mainwaring y Scully (1995) y Payne et.al. (2003) dado los bajos niveles de volatilidad en el contexto latinoamericano, los porcentajes de identificación partidaria son extraordinariamente bajos. Las últimas mediciones de LAPOP ubican a Chile en los últimos lugares del ranking latinoamericano, bordeando entre el 15% y el 20%. Visto así, el sistema de partidos políticos chileno presenta una extraña configuración que ya advirtió Morales (2011): bajos niveles de volatilidad y bajos niveles de identificación. Siguiendo a Zucco (2009), Chile tendría la característica de un sistema de partidos “hidropónico” o, de acuerdo a Luna y Altman (2011), un sistema de partidos estable pero sin raíces.

Sea cual sea la interpretación, lo concreto es que resulta muy discutible el carácter institucionalizado del sistema de partidos políticos chileno. Esto no sólo por el control de la volatilidad, sino que también por la emergencia, desde fines de los ’90, de fuertes prácticas clientelares que, si bien son propias de la política, parecen acentuarse en un escenario de despolitización y, más aún, con voto voluntario. Estas prácticas clientelares, detectadas por Valenzuela en 1977 son connaturales a los procesos de competencia partidaria. Sin embargo, desde fines de los ’90 y especialmente la UDI, ha hecho uso sistemático de tales mecanismos de cooptación, las que dependen en gran medida del poder financiero de los partidos. Como la UDI cuenta con el respaldo de parte importante de los grandes empresarios, no tiene problema en incurrir en un alto gasto electoral para asegurar el triunfo de sus candidatos.

La discusión sobre la inestabilidad en las preferencias electorales de los chilenos en los últimos 25 años queda reflejada en el cuadro 13. Acá se agruparon los porcentajes de apoyo a cada partido según la escala ideológica izquierda-centro-derecha. Dada la caída del PDC, el centro se ha deprimido de manera muy acelerada. La derecha y la izquierda han recuperado terreno. Pero si miramos los datos de opinión pública, la interpretación también debe ser cautelosa. Si bien un 34% de los chilenos no se autoubica en ningún peldaño del eje izquierda-derecha, la mayoría lo hace en el valor “presuntamente” mediano. Es decir, el valor 5. En otras palabras, la mayoría de los chilenos tiene opiniones o predisposiciones moderadas, lo que no necesariamente quiere decir “centro político” y menos “democratacristiano”. El gráfico 4 muestra la distribución. El gráfico 5, en tanto,

muestra la porción de encuestados que no se identifica con partidos, coaliciones o tercios. Como se advierte, la desafección con partidos ha aumentado de poco más del 50% hasta llegar al 80% en sólo 8 años.

Cuadro Nº 17: Partidos con representación parlamentaria 1989, 1993, 1997, 2001, 2005, 2009 y 2013

Año

Partidos 1989 % 1993 % 1997 % 2001 % 2005 % 2009 % 2013 %

Partido Demócrata Cristiano 38 31,67% 37 30,83% 38 31,67% 23 19,17% 20 16,67% 19 15,83% 21 17,50%

Unión Demócrata Independiente 11 9,17% 15 12,50% 17 14,17% 31 25,83% 33 27,50% 37 30,83% 29 24,17%

Renovación Nacional 29 24,17% 29 24,17% 23 19,17% 18 15,00% 19 15,83% 18 15,00% 19 15,83%

Partido por la Democracia 16 13,33% 15 12,50% 16 13,33% 20 16,67% 21 17,50% 18 15,00% 15 12,50%

Partido Socialista de Chile 0,00% 15 12,50% 11 9,17% 10 8,33% 15 12,50% 11 9,17% 16 13,33%

Partido Radical Socialdemócrata 5 4,17% 2 1,67% 4 3,33% 6 5,00% 7 5,83% 5 4,17% 6 5,00%

Partido Unión de Centro Centro 0,00% 2 1,67% 2 1,67% 0,00% 0,00% 0,00% 0,00%

Partido Regionalista de los

Independientes 0,00% 0,00% 0,00% 0,00% 0,00% 3 2,50% 0,00%

Partido Comunista de Chile 0,00% 0,00% 0,00% 0,00% 0,00% 3 2,50% 6 5,00%

Partido Amplio de Izquierda

Socialista 2 1,67% 0,00% 0,00% 0,00% 0,00% 0,00% 0,00%

Partido de Acción Regionalista de

Chile 0,00% 0,00% 0,00% 0,00% 1 0,83% 0,00% 0,00%

Partido del Sur 0,00% 0,00% 1 0,83% 0,00% 0,00% 0,00% 0,00%

Partido Humanista 1 0,83% 0,00% 0,00% 0,00% 0,00% 0,00% 0,00%

Partido Liberal 0,00% 0,00% 0,00% 0,00% 0,00% 0,00% 1 0,83%

Sub Total 102 85,00% 115 95,83% 112 93,33% 108 90,00% 116 96,67% 114 95,00% 113 94,17% Independientes por Pacto

Independientes fuera de Pacto 1 0,83% 0,00% 2 1,67% 1 0,83% 0,00% 2 1,67% 3 2,50%

Alianza por Chile 8 6,67% 4 3,33% 6 5,00% 8 6,67% 2 1,67% 3 2,50% 1 0,83%

Concertación de Partidos por la

Democracia 9 7,50% 1 0,83% 0,00% 3 2,50% 2 1,67% 1 0,83% 3 2,50%

Sub Total 18 15,00% 5 4,17% 8 6,67% 12 10,00% 4 3,33% 6 5,00% 7 5,83% Total 120 100,00% 120 100,00% 120 100,00% 120 100,00% 120 100,00% 120 100,00% 120 100,00% Fuente: Elaboración propia con datos dewww.servel.cl

Cuadro Nº 18: Representación gráfica de la votación obtenida por los ejes izquierda, centro y derecha en elecciones parlamentarias 1989, 1993, 1997y 2001

Ejes 1989 1993 1997 2001 2005 2009 2013

Votos % Votos % Votos % Votos % Votos % Votos % Votos %

Derecha 1,967,375 28.94% 2,134,283 31.67% 1,878,461 32.41% 2,393,074 38.95% 2435021 36,88% 2967858 48,25% 2099191 34,99%

Centro 2,064,355 30.37% 2,081,587 30.89% 1,513,283 26.11% 1,411,031 22.97% 1604065 24,30% 1191721 19,37% 1191233 19,85%

Izquierda 1,086,796 15.99% 1,991,336 29.55% 1,766,278 30.48% 1,717,455 27.95% 2021064 30,61% 1645290 26,75% 1636277 27,27%

Otros 242,345 3.57% 43,741 0.65% 238,403 4.11% 160,131 2.61% 123033 1,86% 192 0,00% 633804 10,56%

Sub Total 5,360,871 78.87% 6,250,947 92.76% 5,396,425 93.11% 5,681,691 92.48% 6183183 93,66% 5805061 94,38% 5560505 92,67%

Independientes por Pacto

Ejes 1989 % 1993 % 1997 % 2001 % 2005 % 2009 % 2013 % Derecha 53,819 0.79% 324,084 4.81% 326,04 5.63% 327,121 5.32% 148063 2,24% 153261 2,49% 145923 2,43% Centro 91,793 1.35% 0 0.00% 0 0.00% 0 0.00% Izquierda 829,472 12.20% 163,828 2.43% 73,308 1.26% 135,191 2.20% 177854 2,69% 115828 1,88% 220791 3,68% Otros 461,167 6.78% 0 0.00% 0 0.00% 0 0.00% 92711 1,40% 76906 1,25% 73008 1,22% Sub Total 1,436,251 21.13% 487,912 7.24% 399,348 6.89% 462,312 7.52% 418628 6,34% 345995 5,62% 439722 7,33% Total votos 6,797,122 100.00% 6,738,859 100.00% 5,795,773 100.00% 6,144,003 100.00% 6601811 100,00% 6151056 100,00% 6000227 100,00%

No están considerados la votación de los independientes fuera de pacto Fuente: Elaboración propia con datos dewww.servel.cl

Tal como lo anuncie, los chilenos se han caracterizado por la moderación en sus preferencias políticas. Sistemáticamente, la mayor porción de los encuestados se autoubica, en un continium de 1 a 10 donde 1 es extrema izquierda y 10 extrema derecha, en el casillero “5” de la escala ideológica. Si bien ese casillero no representa la mediana, sicológicamente refleja posturas moderadas o, según algunos, de “centro”. Esta distribución no ha tenido cambios significativos desde 1990. A pesar de que los gobiernos de centro-izquierda han sido la tónica, los chilenos parecen mantener posturas moderadas. Si bien la elite mantiene fuertes dosis de polarización según distintos estudios de opinión aplicados a congresistas, los votantes están aún lejos de entrar en un proceso de polarización programática. Lo anterior puede apreciarse en el siguiente gráfico:

Gráfico N° 6: Ubicación ideológica de los chilenos según eje izquierda derecha, elecciones presidenciales 1989, 1993,1999, 2005 y 2013, sobre la base de encuesta CEP.

Fuente: Elaboración propia sobre la base de serie histórica encuesta CEP

Lo que sí ha cambiado muy significativamente es el porcentaje de identificados con partidos, coaliciones y tercios ideológicos. La desafección ha aumentado aceleradamente desde inicio de la década de 2000. En la medición UDP de 2013, más del 80% de los chilenos no se identificaba con ningún partido político. Entonces, si bien no existen pruebas fehacientes respecto a un incremento de la polarización programática de los electores, sí abunda la evidencia sobre un profundo proceso de desafección. ¿Significa esto necesariamente que Chile se encuentra en una fase avanzada de crisis de representación? Es muy temprano para aseverarlo, toda vez que el sistema de partidos mantiene

importantes cuotas de estabilidad. No hay señales claras de colapso y tampoco de una volatilidad creciente. Es cierto que la fragmentación ha aumentado a la par de la abstención electoral, pero eso no ha dañado la estabilidad del régimen.

La evolución de los desafectos puede apreciarse a continuación:

Gráfico N°7: Evolución de porcentaje de “no identificados” con partidos, coaliciones y eje ideológico, elecciones presidenciales 1989, 1993,1999, 2005 y 2013, sobre la base de encuesta CEP

(*) Para los casos del año 1990, 1993 y 2013 la encuesta no mide identificación de los encuestados con las coaliciones políticas. Ello explica que la curva se encuentre en puntuación cero.

Fuente: Elaboración propia sobre la base de serie histórica encuesta CEP.

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