Para Mi Bogotá es un inmenso jardín. Aquí crece cualquier pasión a una velocidad alarmante. Bogotá es un caldo de cultivo, un abono para los afectos… todo crece rápidamente y se multiplica en poco tiempo. (Mendoza: 1995.p90)
El concepto “narración” hace referencia a la acción de narrar, o sea expresar una sucesión de hechos que transcurren en un tiempo determinado, como resultando en una situación que se presenta. Varias definiciones coinciden en que la narrativa es un género literario que presenta de forma objetiva hechos desarrollados en un tiempo y espacio determinados, en el cual el autor – narrador juega un papel importante en la sucesión de los hechos, por lo tanto, se usa como forma de expresión habitual, aunque pueden hacer uso de la descripción y el diálogo.
El estudio de la narrativa se denominó narratología, la narratología asociada al formalismo y al estructuralismo europeo se centró en encontrar patrones recurrentes y principios de la buena formación de los relatos. En esta línea, Propp (1928) llevó a cabo un análisis morfológico de los relatos (cuentos rusos), haciendo hincapié en la identificación de partes y sus relaciones, como así también en la función que cumplen dentro del relato. De esa manera, encontró que todos los cuentos tenían una estructura similar dada por la misma serie de funciones.
Todorov (1966) señaló la necesidad de diferenciar dos aspectos para el estudio del relato literario: la historia y el discurso. La historia implica la evocación de una realidad, donde la multiplicidad de acontecimientos y personajes ligados a ellos hace que no exista un orden cronológico ideal, sino que coexistan varios hilos simultáneos. El discurso es el relato que dirige
el autor al lector y conlleva tres características: El tiempo del relato o la relación entre el tiempo de la historia y el tiempo del discurso. Existe una diferencia entre ambas temporalidades: lo lineal del tiempo del discurso y lo pluridimensional del tiempo de la historia.
En consecuencia, La historia puede ir y venir en el tiempo de los hechos o línea histórica; pero el discurso es la sucesión palabra tras palabra, además otorga una determinada significación emocional según como en la sucesión se cambie el orden. Más allá de la temporalidad de los personajes, también se agrega la distinción entre el tiempo manipulable de quien escribe el relato y el tiempo irreversible de quien lo percibe o lo lee. Los aspectos del relato o la manera en que el narrador percibe la historia, es decir, si se sitúa por sobre los personajes –el narrador sabe más que ellos–, si tiene la percepción de un personaje –el narrador sabe tanto como él– o si percibe sólo lo que va sucediendo en el momento –el narrador sabe menos que sus personajes–. Y los modos del relato o el modo elegido por el narrador para contarnos la historia, en estrecha vinculación con la característica anterior.
Barthes (1966) propone distinguir tres niveles de descripción:
Primero El nivel de las funciones (en el sentido propuesto por Propp: cada función determina una parte fundamental). La función es considerada la unidad de La experiencia narrativa de contenido que permitiría dividir el relato; sin embargo, estas unidades narrativas mínimas son independientes de las unidades lingüísticas. En cuanto a la sintaxis de estas unidades funcionales, se plantea la existencia de un conflicto entre el tiempo cronológico y el tiempo narrativo, donde el tiempo denominado ‘verdadero’ no es sino un tiempo referencial que trasciende el discurso.
Segundo El nivel de las acciones. Este nivel intenta otorgarles un lugar estructural a los personajes describiéndolos según lo que hacen, por eso Greimas (citado en Barthes 1966) los denomina actantes.
Tercero El nivel de la narración (nivel del discurso en Todorov). Nivel que analiza el relato como comunicación, donde se presenta un dador del relato y un destinatario del relato. El dador del relato concierne a la figura del autor, como persona real que lo emite, y a la del narrador, como una conciencia impersonal y superior o como quien observa y ve a los personajes. Serían los signos del narrador los que son susceptibles de ser analizados semiológicamente, a diferencia del autor, el cual es una persona de existencia real, el narrador pertenece al relato. En esta comunicación narrativa que se da entre dador y destinatario se produce un vínculo particular entre las funciones y las acciones.
Prácticamente, para los estudiosos formalistas y estructuralistas, la preocupación se centró en encontrar normas narrativas en los relatos y en entender cómo operan los patrones recurrentes que permiten comprender ese relato ficcional como un todo portador de sentido.
Es oportuno mencionar que, Victorino Zecchetto (2005) en su libro: “la danza de los signos”, también hace un fuerte trabajo enfocado al estudio de la narración, específicamente en el capítulo 10, en el cual expone que por medio de las narraciones se hace uso de la memoria y por ende de a diferentes acontecimientos de imágenes, vivencias, recuerdos, entre otros, este autor afirma que la narratología se puede definir como el estudio de los discursos narrativos adherentes a sus características.
2.1.1 la imaginación como un aspecto importante para la narración
"La imaginación desempeña el papel de un libre jugar con las posibilidades, en un estado de no compromiso con el mundo de la percepción y de la acción. En este estado ensayamos nuevas ideas, nuevos valores, nuevas maneras de ser en el mundo” (Ricoeur: 1984.p32)
Ricoeur Paul, hace uso de la noción de texto y de la autonomía del mismo con respecto del habla para presentar la lectura como una dialéctica entre dos actividades: explicar e interpretar. Es pertinente mencionar que el texto puede ser abordado desde diferentes aspectos en la inmanencia que lo aparta del mundo, y en la que el autor no está presente, para que mediante sus relaciones internas y su estructura sea explicado. Pero, como articulación necesaria de este primer momento es interpretar el texto levantado su clausura para llevarlo nuevamente a la comunicación viva, al mundo.
En la primera parte: Para una teoría general de la imaginación, el autor enuncia el problema de la innovación semántica más allá de la literatura y el concepto de la imaginación social, en ese sentido habla de la ficción y acción como eje de un agente individual donde se genera un paso intermedio hacia el cuestionamiento y el término de imaginación junto con la imagen como parte de la realidad.
Posteriormente, en el aspecto de la imaginación en el discurso Ricoeur, menciona que la teoría de la metáfora es una característica del uso metafórico de la imagen, se presenta la percepción como parte del desarrollo del procedimiento y resonancia por lo cual la imagen es una especie de resonancia que se incorpora al uso del lenguaje figurado.
De la misma manera se menciona que la imagen tiene raíz, pertinencia y asociación de ideas por ello se puede superar la imagen como percepción ya que las imágenes sensoriales logran la enunciación metafórica conectado lo imaginario social para demarcar del mundo lo pasivo y crear mundos posibles a través del lenguaje.
En la imaginación en la articulación de lo teórico y lo práctico, el autor plantea una reconfiguración para plantear el asunto desde los lectores, El discurso es un acontecimiento puesto que se da en el tiempo y en el presente por oposición a la virtualidad de la lengua, a esto lo denominó Ricoeur instancia del discurso. Además, el discurso remite el concepto de texto en Paul Ricoeur y su relación con la lírica breve contemporánea donde el hablante lo hace mediante indicadores como los pronombres.
En otras palabras, alguien habla en el discurso, se expresa. Al tomar la palabra existe un acontecimiento que involucra una subjetividad y finalmente como acontecimiento, el discurso se refiere a un mundo para expresarlo, describirlo o representarlo. Esta condición autoriza un intercambio o diálogo con el mundo del sujeto al cual se dirige puesto que existe una transferencia directa, como principio de analogía, condición y trascendencia donde el pasado está abierto al principio para relatar las cosas de otra manera, escuchar ver y entrar en la analogía.
Ficción y relato son los tiempos y espacios como agentes y acciones donde se hace un recorrido general de la imaginación como una predicación de mundos posibles, como una articulación de lo teórico y lo práctico, puesto que la narración no solamente es un ejercicio.
La ficción y el poder hacer son parte de un esquema de fines y medios donde hay una mezcla o juego entre pasado y futuro porque la función del pragma es la capacidad de seguir el curso de la
acción por ello existen mediaciones de poder y un estrecho vínculo entre ficción y poder para más información y conocimiento con una imaginación de la libertad.
La ficción e intersubjetividad hace parte de la experiencia histórica, es decir de los acontecimientos significativos como la fenomenología y la tecnología de la comunicación según la cual deja ver que estamos pasando por un tiempo cósmico, que se vive en términos sucesores.
En el aspecto del imaginario social, se enuncia la ideología y la utopía como dos maneras que subyacen de este imaginario por lo cual la ideología tiene dos polaridades la reducción de la imagen y la posibilidad de integración, ante lo cual se habla de la representación de sí mismo y la representación colectiva.
La utopía está enfocada en términos de imaginación mientras la ideología es parte esencial de la identidad inamovible, lo que permite que la relación entre ideología y utopía este en la imaginación del discurso y la acción, en ese sentido la acción como un comportamiento significativo y comunicativo, en el cual también hay un proceso de historicidad e ideología en el sentido invertido de la realidad.