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Si lo aurático como aparición de una pre- sencia establece un determinado tipo de experiencia, el cubo también lo hace. Sus grandes dimensiones nos llevan a compa- rar nuestro cuerpo con la dimensiones de la obra (aquí radica para Didi-Huberman la referencia del minimalismo al mundo feno- menológico de la experiencia).

La presencia aurática no es patrimonio de lo divino. Claro está que la religión es el paradigma histórico y la forma antropológi- ca ejemplar del aura.11 Pero la modernidad, con la introducción de la técnica, quiebra las relaciones rituales que establecía ese tipo de obras y las resimboliza. Entonces, el carácter dialéctico de la doble distancia

no se manifiesta como una trascendencia divina, sino como una inmanencia visual en las imágenes postauráticas, en las obras minimalistas, que vuelve a poner en juego la idea de lo trascendente, no ya necesaria- mente en sentido religioso.

Lo aurático no está en el cubo, sino en el aquí y ahora de la relación experimentada entre esa forma particular y un espectador concreto, para quien sólo parece ser posi- blepensar a partir de lo visible, de aquello que percibe, mientras al mismo tiempo lo visible se enajena totalmente de la imagen cubo. Detrás del cubo, dentro de él, algo nos mira. Hay un más allá, que es un más acá dentro del cubo al que no podemos ac- ceder, que nos resulta inalcanzable, pero que genera a su vez un encadenamiento de imágenes. Es en el modo de existencia material de los objetos, su forma y su pre- sentación a la vez y no ya en lo simbólico, donde se produce el cruce: ver perdiendo algo y ver aparecer aquello que se disimu- la, que estaba oculto.

Lo que nos mira en lo que vemos nos concierne más allá de la visibilidad eviden- te del cubo. Si bien esta obra se nos pre- senta como un objeto sin referencias, en tanto imagen crítica es una imagen conden- sada de todas las destrucciones y todas las relaciones, porque tiene la capacidad de criticar nuestra manera de mirar las obras, pero también las posturas que la historia del arte adopta frente a ellas. Como en el caso de la mariposa, tendremos que elegir si lo observaremos a través de una vitrina, como un objeto transparente que nada oculta –aunque para eso la muerte de la mariposa sea inevitable– o si nos quedare- mos con el instante del aleteo.

CECILIA CAPPANNINI ARTE E INVESTIGACIÓN 8

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Bibliografía

BENJAMIN, Walter: (1973) “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”, en Discursos interrumpidos I: Filosofía del arte y de la historia, Madrid, Taurus, 1989. __________ (1967) “Sobre algunos temas en Baudelaire”, en Ensayos escogidos, Méjico,

Coyoacán, 2001.

DIDI- HUBERMAN, Georges: (1992) Lo que vemos, lo que nos mira, Buenos Aires, Manan- tial, 1997.

HAGELSTEIN, Maud: “Georges Didi-Huberman, una estética del síntoma”, en Daímon. Re- vista Internacional de Filosofía, N° 34, Departamento de Filosofía, Universidad de Mur- cia, 2005. [En línea] http://revistas.um.es/daimon/article/view/12741 [Consulta: 4 de junio de 2012].

MARCHAN FIZ, Simon: (1986) Del arte objetual al arte de concepto (1960-1974), Madrid, Akal, 1990.

MERLEAU-PONTY, Maurice: (2003) El mundo de la percepción. Siete conferencias, México, Fondo de Cultura Económica, 2008.

ROMERO, Pedro: “Un conocimiento por el montaje”, entrevista con Georges Didi-Huber- man, en Minerva, N° 5, Círculo de Bellas Artes, 2007. [En línea], http://www.circulobe- llasartes.com/ag_ediciones-minerva-LeerMinervaCompleto.php?art=141&pag=1#leer [Consulta: 4 de junio de 2010].

Notas

1 La tautología remite al paradigma moderno de confianza en la dominación (técnica) de la naturaleza por el hom- bre, que está atravesado por las filosofías y las histo- rias del arte positivistas.

2 Georges Didi-Huberman, Lo que vemos, lo que nos mira, 1997, p. 47.

3 Maurice Merleau-Ponty, (2003) El mundo de la percep- ción. Siete conferencias, 2008.

4 Georges Didi-Huberman, op. cit., 1997, p. 113. 5 Citado en Georges Didi-Huberman, op. cit., 1997, p. 70. 6 Ibídem, p. 57.

7 “Por mucho que, en un artículo sobre la fotografía, haya dicho que el aura está decayendo y que él ya no la bus- ca, lo cierto es que la sigue buscando, que persigue lo que él llama el salto de la autenticidad, el Ursprung, es decir, el origen. Ahora bien, esto no quiere decir que en Benjamin haya una ontología de la imagen, lo que

quiere decir es que mantiene una cierta confianza en la relación entre la imagen y lo real. Pero, por supuesto, en Benjamin está también toda la crítica de la imagen tal y como es utilizada“. Didi-Huberman en Pedro Romero, “Un conocimiento por el montaje”, 2007.

8 Georges Didi- Huberman, op. cit., 1997, p. 93. 9 Walter Benjamin, “Sobre algunos temas en Baudelaire”,

en Ensayos escogidos, 2001, p. 36. 10 Georges Didi- Huberman, op. cit., 1997, p. 116. 11 Por eso, según Didi-Huberman, no hay que dejar de

indagar los mitos y los ritos en que se origina toda la historia del arte. El análisis que hace de la imagen dia- léctica no refiere al sueño del que Marx había exigido al mundo que se despertara, sino que lo aborda des- de la fenomenología y el psicoanálisis, postulando las imágenes como síntomas y no como signos. Ver Maud Hagelstein, “George Didi-Huberman, una estética del síntoma”,2005.

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