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2.3. El desarrollo morfosintáctico
2.3.1. Etapas en el desarrollo morfosintáctico 3. Algunos enfoques teóricos en la adquisición del lenguaje
3.1. Desde la lingüística: el enfoque chomskyano
3.2. Desde la psicología del desarrollo: el enfoque constructivista 4. Conclusiones
Introducción
El lenguaje, esa capacidad que nos permite expresar y compartir ideas, sen- timientos, planes, etc., mediante el uso de significantes o símbolos arbitrarios, es una de las funciones psicológicas más específicamente humanas y proba- blemente una de las más complejas porque implica adquirir e integrar conoci- mientos de muy diversa índole. A pesar de esa complejidad el niño adquiere su lengua materna de una forma asombrosamente rápida y sin grandes esfuerzos. El proceso de adquisición del lenguaje no comienza con la emisión de las primeras palabras sino mucho antes, desde el nacimiento. Por ello, habitual- mente se distinguen dos etapas en ese proceso, una prelingüística o preverbal y otra lingüística.
La etapa prelingüística
En esta etapa, que abarca aproximadamente el primer año de vida, el niño va a iniciar su desarrollo fonológico, va a aprender a comunicarse inten- cionalmente con el otro a través de gestos y vocalizaciones, y va a ir adqui- riendo conocimientos sobre su mundo que le aportarán los contenidos de sus primeros mensajes comunicativos.
Para que ese proceso se lleve a cabo el niño cuenta, por una parte, con un «equipaje genético» que le va a posibilitar el acceso a la comunicación y al mundo de los sonidos del lenguaje, y por otra, con un entorno interactivo- comunicativo que le va a facilitar enormemente la tarea de construir esos conocimientos que le van a ser necesarios para acceder a la «palabra».
La etapa lingüística
Esta etapa abarca un periodo temporal mucho más amplio, comienza alrededor del primer cumpleaños con la emisión de las primeras palabras, y
prácticamente se completa a los cinco o seis años cuando el niño ha adqui- rido un conocimiento y uso del lenguaje bastante aproximado al del adulto, aunque a esa edad todavía tiene que perfeccionar algunos aspectos de su lenguaje.
Dado el vertiginoso ritmo con el que el niño aprende los diferentes com- ponentes del lenguaje, los sonidos de su lengua, los contenidos que puede expresar, la forma lingüística que tienen que adoptar sus emisiones para que sean correctas, etc., vamos a presentar su curso evolutivo resaltando los hitos más significativos.
El desarrollo fonológico
Seguiremos el proceso que sigue el niño para construir, a partir de ciertas predisposiciones genéticas, los sonidos de su lengua. Centrándonos en cómo van apareciendo los diferentes fonemas y en las estrategias de simplificación que utilizan los niños para poder producir palabras aunque no las puedan articular correctamente.
El desarrollo léxico-semántico
Este componente o nivel de análisis del lenguaje se refiere a cómo el niño adquiere los significados que puede expresar a través de palabras u oraciones en una lengua concreta. Este proceso de adquisición del significado está estrechamente vinculado con los procesos cognitivos de adquisición de cono- cimientos y formación de conceptos. Las primeras emisiones lingüísticas se suelen denominar «protopalabras» porque se encuentran fijadas a contextos muy concretos. Pero, a partir de los 18 meses se produce una verdadera «explosión léxica» llegando a conocer entre 200 y 300 palabras. A pesar de las importantes diferencias individuales que se observan en la adquisición del lenguaje, las primeras palabras que producen los niños tienen bastante pare- cido, y su significado no se corresponde exactamente con el del adulto porque utilizan procedimientos de sobreextensión, subextensión y emparejamientos erróneos de significado.
El desarrollo morfosintáctico
En este apartado se describen algunos de los principales hitos que mar- can el conocimiento que el niño va construyendo sobre la gramática de su lengua. El punto de partida para el estudio del desarrollo morfosintáctico viene señalado por las emisiones en las que el niño combina dos palabras. La adquisición de las reglas morfosintácticas atraviesa diferentes fases hasta lle- gar a un uso generalizado de las mismas.
Algunos enfoques teóricos en la adquisición del lenguaje
Desde la lingüística: el enfoque chomskyano
El modelo generativista propuesto por Chomsky postula que todas las lenguas comparten una gramática universal constituida por una serie de principios comunes a todas ellas que pueden adoptar ciertas variaciones (parámetros) en cada lengua concreta. Esa gramática no se aprende por- que viene dada en la dotación genética del ser humano. La tarea del niño, en el proceso de adquisición, va a consistir en fijar o establecer los valores que los parámetros adoptan en su lengua a partir de su contacto con ella. Para los generativistas el lenguaje constituye una facultad innata e inde- pendiente del desarrollo cognitivo, comunicativo y social del niño.
Desde la psicología: el enfoque constructivista
En este enfoque se incluyen diversas propuestas teóricas (Piaget, Vygots- ki, Bruner, y propuestas constructivistas actuales) que se oponen a la existen- cia de un conocimiento lingüístico innato para explicar el proceso de adqui- sición del lenguaje. No es que nieguen ciertas predisposiciones innatas para atender, seleccionar y procesar la señal lingüística, niegan la existencia previa de conocimientos lingüísticos.
Desde este enfoque se considera que el aprendizaje del lenguaje constitu- ye un proceso de construcción en el que interactúan diversos factores (cogni- tivos, sociales, comunicativos, lingüísticos, etc.). Pero, las diferentes pro- puestas teóricas que se incluyen en este enfoque difieren respecto al «peso» que conceden a esos factores en el proceso de adquisición.
INTRODUCCIÓN
1El lenguaje es la función psicológica más específicamente humana y pro- bablemente una de las más complejas. A través del lenguaje, mediante el uso de significantes o símbolos arbitrarios podemos expresar y compartir nues- tras ideas, conceptos, creencias, sentimientos, deseos, etc., acerca de noso- tros mismos, de los demás y del mundo que nos rodea. Pero no sólo eso, por- que el lenguaje no consiste en la mera traducción de «contenidos del pensamiento» a un código lingüístico (oral, gestual o gráfico) sino que está directamente implicado en la propia construcción del conocimiento.
Esta capacidad que tiene el ser humano, adquirida durante el proceso de humanización, y que implica adquirir e integrar conocimientos y habilidades de dominios muy diferentes, se desarrolla en un periodo temporal muy breve y de forma «natural». Pues antes de cumplir los cinco años los niños han adquirido básicamente su lengua materna, sin que se les haya enseñado explícitamente y sin que les haya supuesto un esfuerzo especial. A partir de esa edad, de ese periodo crítico, sólo les queda perfeccionar algunas de las construcciones lingüística más complejas.
¿Cuáles son esos conocimientos que el niño tiene que adquirir e integrar para llegar a ser un hablante competente de su lengua? Son de tres tipos: (1) Tiene que adquirir conocimientos generales acerca del mundo físico y social que le rodean, este tipo de conocimiento le va a proporcionar los contenidos semánticos de los mensajes (aquello de lo que va a hablar). (2) Tiene que aprender las reglas fono- lógicas, morfológicas y sintácticas que regulan la construcción de los mensajes en su lengua, es decir, la gramática (cómo tiene que estructurar los contenidos). Y (3) tiene que aprender a usar el lenguaje (para qué construye una oración, para comentar, pedir, rechazar, engañar...), esto implica «conocer» a los destinatarios del mensaje, sus intereses, sus intenciones, sus creencias, etc.
El desarrollo de estos tres tipos de conocimientos comienza antes de que el niño emita sus primeras palabras, hecho que suele producirse alrededor del primer cumpleaños. Por ello, la mayor parte de los autores consideran que el lenguaje se inicia antes de que se emitan palabras, y establecen dos grandes etapas en el proceso de adquisición. Una primera etapa llamada pre- lingüística o preverbal, que abarca aproximadamente el primer año de vida y en la que el niño va a aprender a comunicarse intencionalmente con los otros mediante gestos, va a iniciar su desarrollo fonológico y va a adquirir un cier- to conocimiento del mundo que irá llenando de significado a sus primeros intercambios comunicativos. Y una segunda etapa llamada lingüística que abarca un periodo mucho más amplio que comienza con la emisión de las primeras palabras y termina algunos años después, una vez que el niño ha adquirido una competencia lingüística similar a la del adulto.
El bebé nace con unas predisposiciones innatas que le van a posibilitar su proceso de adquisición del lenguaje, y también viene dotado de ciertas estruc- turas neuroanatómicas y fonoaudiológicas sin las cuales ese proceso no sería posible. Pero, como veremos, éste constituye un tema polémico, esas «dota- ciones» no van a ser suficientes para explicar el fenómeno de la adquisición porque si el niño llega a adquirir el lenguaje es porque se desarrolla en un con- texto interactivo-comunicativo donde se habla, y especialmente «se le habla».
OBJETIVOS
1. Conocer y poder describir los diferentes estadios del desarrollo de la comunicación preverbal.
2. Definir la comunicación intencional preverbal y saber identificar sus manifestaciones.
3. Distinguir los diferentes componentes del lenguaje y conocer los dis- tintos tipos de conocimiento que cada uno implica.
4. Conocer el curso evolutivo de las principales adquisiciones lingüísticas en los diferentes componentes del lenguaje.
5. Adquirir una visión general de los diferentes enfoques y teorías acerca de la adquisición del lenguaje que permita identificar sus semejanzas, diferencias y limitaciones explicativas.
1.
LA ETAPA PRELINGÜÍSTICA
En la etapa prelingüística o preverbal, que abarca aproximadamente el primer año de vida, el niño va a aprender a comunicarse intencionalmente con el otro mediante gestos y vocalizaciones, adquiriendo las funciones comunicativas básicas con las que utilizará posteriormente sus primeras palabras. En este periodo comienza también el desarrollo fonológico, reali- zando importantes aprendizajes respecto a los sonidos que constituyen su lengua, y va a ir adquiriendo, a través de sus relaciones con los otros y con los objetos físicos, un cierto conocimiento del «mundo» que irá dotando de sig- nificado a sus primeros intercambios comunicativos. Así pues, durante la etapa prelingüística se van construyendo algunos de los componentes esen- ciales del lenguaje: la forma (los sonidos que van a formar las palabras), el contenido (los significados) y su uso (con qué funciones se pueden utilizar esas formas dotadas de contenido).
Los años 70 constituyen la década prodigiosa de los estudios sobre la comu- nicación previa a la adquisición del lenguaje. En esos años se produce una con- vergencia en el interés por la etapa prelingüística desde dos ámbitos diferentes: por una parte, algunos psicólogos evolutivos se plantean cuáles son las capaci- dades psicológicas que permiten al bebé interactuar con el otro, y cuáles son las repercusiones que tienen esas interacciones tempranas en su desarrollo poste- rior. Y por otra parte, algunos psicolingüistas proponen que el estudio de la adquisición del lenguaje debe comenzar antes de que el niño emita sus prime- ras palabras porque piensan que en la etapa prelingüística se pueden encontrar las claves que ayuden a explicar cómo el niño adquiere el lenguaje.
Los numerosos estudios realizados durante ese periodo así como las diversas ópticas de análisis e intereses introducen una gran complejidad cuando nos acercamos al desarrollo comunicativo del niño en su primer año de vida. Por ello, para guiarnos por el recorrido que sigue el niño en este pro- ceso vamos a tomar como referencia los cinco estadios propuestos por R. Schaffer (1984; 1989) que se presentan en la figura 4.1.
FIGURA4.1. Estadios del desarrollo de la comunicación propuestos por Schaffer
(tomada de Gómez et al., 1995).
Estadio 1 (0-2 meses): las preadaptaciones para la interacción
Cuando el bebé llega al mundo viene dotado de algunas predisposiciones para preferir ciertos estímulos que van a favorecer sus interacciones con los adultos más próximos porque esas preferencias se refieren precisamente a las caracterís- ticas estimulares, visuales y auditivas, que nos caracterizan a los humanos. Nues- tro rostro es el estímulo visual por el que el neonato siente mayor preferencia, es 130 PSICOLOGÍA DEL DESARROLLO Y DE LA EDUCACIÓN
decir, es el objeto que mira con mayor frecuencia, y nuestra voz, especialmente la de la madre, es el estímulo auditivo que más fácilmente capta su interés. Estas preferencias innatas del bebé, que algunos autores denominan programas de sin- tonización (Rivière y Coll, 1987), tienen un enorme valor adaptativo, pues la cara y la voz van a constituir los principales canales de comunicación.
FIGURA4.2. En esta imagen se puede comprobar como Laura, con pocas horas de vida,
fija su mirada en la cara de su madre.
Pero el neonato no sólo viene preparado para sintonizar, para establecer un cierto contacto con el otro, sino también para dar respuestas armónicas a ciertos patrones estimulares que le proporcionan los adultos. El fenómeno de «sincronía interactiva» descrito por Condon y Sander (1974) se refiere a ese hecho: el bebé responde a la voz moviendo sincrónicamente grupos de fibras musculares. Otro ejemplo de ese tipo de respuestas fue el descrito por Kaye (1982) al referirse al comportamiento del bebé cuando está siendo amaman- tado por su madre: cuando el niño mama hace frecuentes pausas que al pare- cer carecen de funcionalidad fisiológica, es decir, no le sirven para facilitar la deglución, ni la respiración, pero la madre aprovecha esas pausas para hablar- le, estimularle los labios, acomodarlo, etc., hasta que el niño reanuda la suc- ción, estableciéndose así una serie de ciclos de pausa-actuación materna, que aunque van sufriendo una serie de ajustes mutuos —por ejemplo, la madre va constatando que cuando sus intervenciones son más breves son más efica- ces— se van consolidando en una estructura muy primaria de alternancia de
intervenciones. Algunos autores han interpretado ese «diálogo corporal» co- mo una protoforma* de la conversación.
Además de ese bagaje biológico que va a favorecer la incorporación del neonato a las interacciones sociales, en su repertorio conductual inicial existen otras conductas que tienen un marcado carácter expresivo, nos referimos al llanto, a la sonrisa y a los arrullos (emisión de sonidos vocálicos aislados que marca el inicio de desarrollo fonológico a nivel de producción de sonidos). A pesar de lo que puedan pensar las madres y los padres, y ya veremos lo impor- tante que es que sigan pensando así, sus hijos no se comunican con ellos desde el nacimiento. El bebé, en el periodo de edad al que nos estamos refiriendo, cuando llora o sonríe no nos intenta comunicar nada, simplemente expresa mediante el llanto o la sonrisa su estado de malestar o de bienestar. Pero, los adultos interpretamos esas conductas «como si» el niño quisiera transmitirnos cierta información; por ejemplo, cuando el bebé llora es muy frecuente oír decir a la madre «tú lo que quieres es que yo te coja» y el bebé parece confir- marle esa atribución de intención al callarse al ser cogido en brazos. Esas atri- buciones intencionales tienen una importancia decisiva en el desarrollo comu- nicativo del niño, pues a partir de ellas va a ir aprendiendo que algunas de sus conductas, precisamente las más prosociales, generan respuestas en el otro.
Antes hemos hablado de la preparación biológica del neonato para sinto- nizar con sus congéneres, pero después de lo que acabamos de mencionar tendríamos que decir que el adulto también está preparado, de alguna forma, para atender y responder al bebé.
Estadio 2 (2-5 meses): El interés activo por las personas
Este periodo se caracteriza por el interés activo que el niño va a mostrar hacia las personas, apareciendo entre ellos nuevas formas de interacción que reciben la denominación de juegos cara a cara porque consisten en intercam- bios de miradas, de expresiones faciales, de movimientos corporales y de vocalizaciones acompañadas de expresiones de afecto positivo. Aparecen las primeras «sonrisas sociales», que no responden a estados de bienestar inter- no sino que son suscitadas por el otro en el contexto de situaciones interacti- vas. La mirada mutua, o el contacto ocular, también comienza a desempeñar un papel fundamental en estos primeros intercambios:
La madre mira atentamente al niño, con la cara inmóvil, y espera. La cabeza del niño se vuelve hacia un lado y su mirada se aparta. Después de un rato, se vuelve hacia la madre e inmediatamente entra en juego el repertorio de conductas de ella específicas para con el niño: recibe la atención de éste con gran alegría, aproxima su cara a la de él, le toca y vocaliza de ese modo que le está especialmente destinado. El niño observa al principio en silencio; después, también él entra en acción, sonriendo, murmurando y poniendo las cuatro extremidades en movimiento. Puede que muy pronto mire de nuevo hacia otra parte, aunque tal vez sólo durante una fracción de segundo antes
de volver a atender a las gracias de su madre. Finalmente, mirará a otro lado durante bastante más tiempo, como si por el momento hubiese roto el con- tacto. También la madre se calma entonces; sigue vigilando, sin embargo, preparada para el siguiente episodio (Schaffer, 1989; p. 64).
Los adultos adoptan, de manera no consciente, determinadas estrategias expresivas para captar y mantener la atención del bebé y favorecer esos pri- meros intercambios: realizan la configuración facial de la expresión muy len- tamente, exageran enormemente las expresiones faciales y las mantienen durante bastante tiempo, acompañándolas de emisiones verbales o vocaliza- ciones con patrones de entonación muy ricos y repetitivos.
Estadio 3 (5-8 meses): El aumento del interés por los objetos
físicos
Entre los cinco y ocho meses se produce un cambio en los «intereses» del niño: el mundo de los objetos físicos va a llamar poderosamente su atención.
Figura 4.3. En la imagen se aprecia cómo el adulto introduce y «hace divertido» al obje- to cuando el bebé es aún muy pequeño. Aquí tiene tres meses.
134 PSICOLOGÍA DEL DESARROLLO Y DE LA EDUCACIÓN
Pero, el niño no descubre solo los objetos, es el adulto el que progresivamen- te los va introduciendo en su relación con el niño, actuando sobre ellos y haciéndoselos atractivos como se muestra en la figura 4.3. Este cambio se produce, además, como consecuencia de los progresos sensoriomotores del niño, sus esquemas no van a estar ya centrados en su propio cuerpo sino que se van a aplicar a los objetos del mundo exterior. Es el estadio en el que apa- recen las reacciones circulares secundarias y los procedimientos dedicados a prolongar espectáculos interesantes (capítulo 2).
Esa fascinación que el niño comienza a sentir por el mundo de los obje- tos físicos no va a bloquear su interés por las interacciones con los adultos más cercanos, de hecho a esta edad comienzan los juegos infantiles corpora- les con los adultos (cucú-tras, lobitos, etc.). Y también aparecen las conduc- tas anticipatorias como consecuencia de que el niño puede predecir el curso de acciones en las que ha participado una y otra vez. Esto ocurre, por ejem- plo, cuando la madre se inclina hacia el bebé tendiéndole los brazos para cogerlo y él «anticipando» que va a ser cogido le echa sus brazos. En este ejemplo el bebé no está «pidiendo» a su madre que lo coja, todavía no es capaz de crear en el otro intenciones que este no tuviera, simplemente está dando muestras de que conoce el esquema de acción de ser cogido y de que