GUARDIANS’ RESPONSES
5.6 Recommendations and future research direction
No pretendemos dar la clave de todas las interpretaciones posibles en el simbolismo hermético. Un símbolo puede siempre ser considerado desde infinitos puntos de vista, y todo pensador está autorizado a descubrirle un sentido según la lógica de sus propias concepciones.
Los símbolos, en efecto, están destinados a despertar las ideas que dormitan en nuestro entendimiento. Estimulan el pensamiento por vía de la sugestión y nos hacen descubrir así las verdades enterradas en las profundidades de nuestro espíritu.
Por consiguiente, para que los símbolos puedan hablar, es indispensable que exista en nosotros el germen de las ideas que los símbolos tienen como misión hacer surgir. Ningún surgimiento sería posible si el espíritu estuviera vacío, inerte o estéril.
Los símbolos no se dirigen a no importa quién. Desorientan, especialmente, a esos supuestos espíritus positivos, que se han acostumbrado a fundar sus razonamientos en la rigidez de fórmulas dogmáticas o científicas. No discutimos la utilidad práctica de esas fórmulas, que nos han permitido levantar, piedra a piedra, todo el edificio de la ciencia moderna: a ellas debemos todas las comprobaciones del experimentalismo científico y todos los descubrimientos maravillosos que son gloria de nuestra época. Pero, desde el punto de vista filosófico, las fórmulas precisas corresponden de todos modos al pensamiento fijado, artificialmente delimitado, demorado, inmovilizado, que aparece como muerto frente al pensamiento vivo, indefinido, complejo y móvil que se refleja en los símbolos.
Estos no están evidentemente hechos para traducir lo que nosotros llamamos verdades científicas. Por su naturaleza deben ser elásticos, vagos y ambiguos como las sentencias de los oráculos, cuyo papel consistía en revelar
los misterios, dejando al espíritu toda su libertad.
En este sentido, un abismo separa al símbolo del dogma. Este se presta al adoctrinamiento tiránico, es el instrumento de una disciplina intelectual rígida y absoluta, tal como la comprenden las iglesias, las escuelas y las sectas. El símbolo, por el contrario, favorece la independencia en detrimento de las ortodoxias despóticas. Por lo tanto, no es extraño que todas las iniciaciones los hayan utilizado, porque sólo los símbolos permiten llegar a una liberación real del pensamiento. Y no puede ser de otra manera si se quiere penetrar en los misterios, es decir, en esas verdades rodeadas de oscuridad, que se transforman demasiado fácilmente en errores monstruosos cuando se procura expresarlas en un lenguaje que no sea el de las alegorías simbólicas. Se justifica así el silencio impuesto a los iniciados. Los arcanos, efectivamente, requieren ser concebidos por un esfuerzo de la inteligencia: aclaran interiormente el espíritu del verdadero iluminado; pero no podrían servir de tema a las disertaciones de un profesor. El conocimiento oculto no se comunica ni por discurso ni por escrito. Sólo puede conquistarse en la
meditación: es necesario penetrar hasta el fondo de nosotros mismos para descubrirla, y se equivocan de camino quienes la buscan fuera. Es en este sentido cómo debemos entender el Gnwqi se-auton de Sócrates.
* * *
Estas consideraciones bastarán, sin duda, para aclarar las cosas. Interpretando de la manera que nos ha parecido más racional los símbolos fundamentales del Hermetismo, sólo hemos buscado orientar los espíritus, mostrando cómo es posible hacer hablar a una serie de figuras geométricas. Pero, lejos de hacerles decir todo lo que son susceptibles de revelarnos, sólo les hemos solicitado las indicaciones más indispensables, para darnos cuenta del lenguaje gráfico que usaban, entre ellos, los discípulos de Hermes.
Es evidente que al espíritu de nuestros lectores se han presentado otras interpretaciones y, siempre que estén construidas con lógica, se justifican plenamente. El Sr. Limousin, exdirector de la revista masónica L’Acacia, ha hecho observaciones muy interesantes sobre el signo del Mercurio, visto bajo sus dos aspectos
A
y . Nuestro ilustre corresponsal considera que los dos signos son andróginos. “A lo sumo ― nos escribe ― la Emperatriz es un recuerdo de la ctonolatría, de los tiempos en que se creía que la mujer concebía por inmanencia, por una virtud prolífica que en ella estaba: la capacidad de parir por partenogénesis. Mercurio simboliza la creación intelectual. El recipiente, vuelto hacia arriba, recibe las aguas del cielo, que caen en la cavidad generadora o conceptiva, para realizarse en abstracciones y entidades (la cruz, símbolo de la creación para el contacto de los planos). LaEmperatriz tiene el recipiente vuelto hacia abajo para recibir el rocío que sale
de la Tierra: ésta pasa a la cavidad infernal y se resuelve en ideas por medio de la cruz. Los dos símbolos se sintetizan en la fórmula de la Mesa de Esmeralda: “Lo que está arriba es igual a lo que está abajo”.
Observemos aquí que los signos alquímicos se prestan a la composición de pentáculos, es decir, de figuras evocadoras de concepciones complejas.
Superponiendo
A
a B y C a obtenemos dos figuras, de las cuales una es inversión de la otra:La primera hace pensar en el Espíritu divino llevado sobre las aguas, cuya influencia se ejerce desde arriba sobre el alma; el segundo exalta al fuego activo, al Azufre purificado
F
, dominador de la Sal Gema .Por una parte, la Materia primera se glorifica por el cumplimiento de la Gran Obra ; por la otra, la Virgen celeste inspira el santo ardor del amor supremo B.
Es menester que se medite sobre estas dos figuras, jeroglíficos del descenso de lo Divino en el alma purificada y del ascenso del Fuego infernal divinizado por el cumplimiento de su obra de purificación.