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Nubia Moreno Lache - Alexánder Cely Rodríguez - Luis Felipe Castellanos Sepúlveda Carlos Alberto Zambrano Barrera

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Grupo Interinstitucional de Investigación Geopaideia. Bogotá D.C. / Colombia

RESUMEN:

La ponencia presenta algunas reflexiones sobre la espacialidad y el espacio público en el marco de un proyecto de investigación a desarrollar en la ciudad de Bogotá. Interesa reconocer discursos de la espacialidad en relación con usos y apropiaciones del espacio público por parte de habitantes de la ciudad, con el ánimo de encontrar algunas reflexiones que aporten en la formación de ciudadanos y de docentes que piensen a la ciudad, en este caso de Bogotá, como un constructo permanente, lo que implica reconocerla como escenario de enseñanza y aprendizaje. La investigación asume al espacio geográfico como un escenario dinámico que contiene relaciones e interacciones en donde la impronta humana se torna fundamental, de allí que la ciudad no es entendida como contenedor sino como contenido y por ello la espacialidad es fundamental para comprender la relación con y en el espacio en la esfera de lo público pues es allí en donde convergen ciudadanías, lo que implica también, entre otros, tensiones, conflictos, alternativas y manifestaciones de la vida urbana, las cuales son relevantes para la educación, así como para la enseñanza y aprendizaje del medio urbano.

PALABRAS CLAVE: espacialidad, espacio público y ciudad, formación ciudadana, formación docente, enseñanza y aprendizaje.

Espacialidade do público na cidade: investigação e possibilidades de ensino e aprendizagem RESUMO:

O artigo apresenta algumas reflexões sobre a espacialidade e espaço público no âmbito de um projecto de investigação a desenvolver na cidade de Bogotá. Interessado reconhecendo discursos espacialidade a respeito do uso e apropriação do espaço público por moradores da cidade, com o objectivo de encontrar algumas reflexões que contribuem para a formação de cidadãos e professores para pensar a cidade, neste caso Bogotá, como um construto permanente, que implica reconhecê-lo como cenário de ensino e aprendizagem. A pesquisa assume o espaço geográfico como um cenário dinâmico que contém relações e interações onde imprint humano torna-se essencial, portanto, a cidade não é entendida como um recipiente, mas como conteúdo e, portanto, a espacialidade é crucial para entender o relacionamento e espaço na esfera pública, porque este é o lugar onde convergem cidadanias, que também envolve, entre outros, tensões, conflitos, alternativo e manifestações da vida urbana, que são relevantes à educação e ao ensino e aprendendo sobre o ambiente urbano.

PALAVRAS-CHAVE: espacialidade, espaço público e cidade, educação cidadã, formação de professores, ensino e aprendizagem.

Spatiality of the public in the city: inquiry and possibilities for teaching and learning ABSTRAC:

The paper presents some reflections on spatiality and public space within the framework of a research project to be developed in the city of Bogotá. It is interesting to recognize discourses of spatiality in relation to uses and appropriations of public space by city dwellers, with the aim of finding some reflections that contribute to the education of citizens and teachers who think of the city, in this case Bogotá, as a permanent construct, which implies recognizing it as a teaching and learning scenario. Research assumes the geographical space as a dynamic scenario that contains relationships and interactions where the human imprint becomes fundamental, hence the city is not understood as container but as content and therefore spatiality is essential to understand the relationship with and in the space in the sphere of the public because that is where citizenship

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converges, which also implies, among others, tensions, conflicts, alternatives and manifestations of urban life, which are relevant for education, as well as for teaching and learning about the urban environment.

KEYWORDS: spatiality, public space and city, citizen education, teacher training, teaching and learning.

Introducción

La ciudad como expresión de la creación humana, en palabras de Borja (2003), es una de las máximas manifestaciones de transformación y dinámica; atributos que en Lefebvre (1983) corresponden al carácter histórico que la acompaña y a su vez caracteriza; de esta manera se comprende porque la ciudad se convierte en un escenario inacabado de estudio e indagación. Desde diversos paradigmas de la geografía la ciudad se ha asumido, entre otros, como: i) unidad y modelo que permite explicar fenómenos urbanos para pensar su planificación y desarrollo; ii) resultado de lógicas y tensiones sociales asociadas con el poder del espacio y los espacios de poder; iii) escenario fecundo para la interacción sujeto - espacio como constructo socio - cultural. En esta perspectiva, el giro espacial acompañado por el lingüístico y temporal, dan paso a la instauración de la espacialidad como posibilidad para reconocer y comprender el complejo mundo de la ciudad y para posicionar al sujeto como uno de sus mayores gestores y protagonistas.

Acorde con lo expuesto, la presente disertación presenta algunas consideraciones sobre la relación espacio público y ciudad; seguido a ello se abordan algunos elementos de la espacialidad, para dilucidar la necesidad de indagar esta perspectiva en relación con su enseñanza y aprendizaje; estas intenciones son cobijadas por el interés de esta perspectiva en la formación de docentes y de ciudadanos. Acompaña a este interés la formulación de la propuesta de investigación, la cual es una provocación para pensar y dialogar este proyecto desde la interacción con comunidades académicas interesadas y afines con los asuntos urbanos y de las ciudades en general, para la cual se consideran algunos aspectos sobre la enseñanza y aprendizaje de la espacialidad en lo público.

Algunas reflexiones sobre la ciudad y el espacio público: ¿Qué es lo público en lo espacial y qué es lo espacial en lo público?

La ciudad puede ser definida desde diversas acepciones dado su carácter y naturaleza, de modo tal que en la presente disertación no se ingresará a especificar sus múltiples consideraciones sino que, para este caso, se asume como un constructo social e histórico que responde a interacciones políticas, culturales, económicas y socialmente posicionadas de sus habitantes. De esta manera se evidencia un paso interesante en la concepción de la ciudad como una unidad homogénea a ser reconocida como construcción social.

Acorde con Páramo (2007) la ciudad es, por ella misma, un objeto interesante de aprendizaje a partir de su arquitectura, estructura social e historia; no obstante también es valiosa por la interacción de los ciudadanos en el espacio en el cual confluyen, y que corresponde al escenario público, el cual finalmente corresponde al lugar en donde, por lo menos desde su postulación, todos somos iguales, o por lo menos debemos ser asumidos como iguales; por ello la cultura y la vida urbana en él aparecen como camino necesario para potenciar sentidos, apropiaciones y significaciones. De allí que resulte relevante reconocer lo que constituye a lo público de la vida urbana así como las maneras en las cuales se ha trabajado, planificado e intervenido en relación con el papel de los ciudadanos y de la ciudadanía que construye la vida urbana. Por tanto,

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Es posible comenzar a conceptuar el espacio público de la ciudad como un ambiente de posibilidades pedagógicas entre las que están el revelar significados y contribuir a ofrecer oportunidades de aprendizaje a través de experiencias sociales que conduzcan a la interacción de los individuos con el espacio público (Páramo, 2007, p. 2).

Así, calles, parques, plazas, avenidas, centros comunitarios, barrios, escenarios de confluencia de los habitantes urbanos se tornan en lugares fundamentales para reconocer la vida en la ciudad como expresión de reconocimiento socio-espacial. Retomando a Lussault (2015), la identidad de los lugares no aparece por ella misma sino que es resultado de la iniciativa e invención de sus habitantes, quienes a partir de sus prácticas y vivencias cotidianas le dan forma y consolidan el sello de una ciudad. De esta manera emerge una tensión entre la ciudad de la política pública y de la administración ciudadana y la ciudad que construyen sus habitantes, la cual suscita nuevas formas de ciudadanía alejadas incluso de los planes para los cuales se pensaron áreas y espacios. Situación que, no es favorable o desfavorable, pero que presenta la demanda por pensar y reconocer la ciudad como esfera de lo público.

Esta dicotomía posee varias alternativas de abordaje, no obstante el reconocimiento de los campos de la geografía humanística más precisamente, como se ha referenciado, con el giro espacial y los auges de enfoques como la geografía fenomenológica, de la vida cotidiana - GVC - y en general de las nuevas geografías, permite conectar a la espacialidad como alternativa para comprender otras manifestaciones de la relación ciudad - espacio público.

En este marco de referencia podemos afirmar que el espacio público se comprende como el

escenario donde se presenta lo que Manuel Delgado (2007) denomina lo urbano. Entendiendo

por éste, el conjunto de prácticas que hacen los habitantes sobre el espacio, el sistema de relaciones sociales que las determinan y por ello es un espacio social, es decir un lugar de encuentro entre extraños con miradas diferentes, las cuales no siempre son armoniosas. Es interesante considerar la mirada del planificador y de la administración pública, cuyo imaginario se centra en un espacio público neutral (Delgado, 2007) en el cual la funcionalidad estaría dada por:

1). Asegurar la buena fluidez de lo que por él circule; 2) servir como soporte para las proclamaciones de la memoria oficial, monumentos, actos, nombres…-, y 3) ser objeto de todo tipo de monitorizaciones que hagan de sus usuarios...consumidores de ese mismo espacio que usan (p.17).

Los propósitos de densificación conllevaron a que en la organización del espacio urbano hiciera irrupción los conjuntos de edificios residenciales, pero con una particularidad, al interior de los nacientes conjuntos hay un espacio que hace parte del diseño que se toma como espacio comunal pero de acceso restringido. Esta restricción se plasma en el cerramiento del conjunto y la imposibilidad de acceder por parte de cualquier persona ajena a él. Así, el cerramiento cumple una doble función respecto al espacio público; impide el ingreso a personas desconocidas al conjunto y de otra parte, aísla a los que habitan en su interior. Fernando De La Carrera (2015) señala cómo las puertas de los edificios no se abrirán hacia la calle sino a zonas comunes interiores; de igual manera, muestra otro aspecto revelador de los conjuntos encerrados y es como el aislamiento también reviste un carácter temporal. El conjunto permanece en lo que el autor titula “Ciudad estática. Entornos congelados” (Carrera, 2015, p.75). Finalmente, la vida del barrio ordenado en manzanas en donde una de ellas no es edificada sino abierta, recibe el nombre de parque donde todos se encuentran, se diluye en los nuevos conjuntos residenciales. Efectivamente en éstos las responsabilidades son delegadas contractualmente a un tercero, llamado administrador. El manejo y disposición de residuos, la seguridad e inseguridad, la convivencia, entre otros temas, no se abordan colectivamente, los definen terceros, en algunos casos ni siquiera residen en el lugar. Los muros que unen y

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132 separan son los encargados de brindar algún tipo de sensación de seguridad y ello deriva en el desconocimiento absoluto o en su defecto significativo del entorno. Este tipo de sucesos, los vemos en nuestros estudiantes, amigos, familiares, en general en las actuales sociedades urbanas.

En consecuencia, pensar la ciudad como un escenario para la educación y el espacio público por excelencia, permite vincular la experiencia individual y la experiencia colectiva que construyen los ciudadanos en el espacio urbano. Su interacción está en el marco no solo de la vida urbana, sino de la vida pública que exige asumir roles y responsabilidades en la relación con los otros. Una ciudad que promueve la vida pública, abre la puerta a la diversidad de experiencias y aprendizajes de sus ciudadanos: re-crearse, ejercitarse, contemplar, apreciar, observar, estudiar, expresarse y hasta disentir, acciones que, en suma, requieren de un escenario significante que sirva como mediador entre la vecindad, la cercanía y la simultaneidad que plantea la vida urbana. De allí que explorar y descubrir lugares en la ciudad debe ser una constante de la experiencia de los ciudadanos, en tanto la vida cotidiana se constituye de encuentros: consigo mismo, con los otros y con el entorno. En este sentido, los recorridos urbanos y los encuentros de ciudadanos alrededor del reconocimiento de la ciudad son acciones muy importantes que deben ser estudiadas, así como pensadas en la enseñanza y aprendizaje de la ciudad.

En la lectura formativa y pedagógica de distintos lugares públicos de la ciudad encontramos lo espacial en lo público: la coexistencia de acciones y objetos movidos por la energía de la experiencia de las personas, por la trayectoria de los lugares y por la proximidad que garantiza la vida cotidiana. Mientras que lo público en lo espacial está íntimamente ligado al tránsito incesante de la alteridad humana, de sus asuntos y obras comunes; un tránsito que construye una red de lugares conectados por las particularidades y manifestaciones de la vida pública (Castellanos, 2012). De allí que antes de recorrer el espacio público de la ciudad debe leerse lo público como forma de interpretar a los otros; antes de abordar lo público en la ciudad debe explorarse la ciudad como un conjunto de lugares públicos.

Espacialidad en la ciudad: fundamento teórico para comprender otras manifestaciones urbanas

La geografía humanística permite abordar el campo de lo social y lo cultural ampliando el horizonte conceptual del espacio geográfico; el estudio de la subjetividad humana y su correlación con el espacio justifica la presencia de geógrafos que optaron por el desarrollo de estudios en la estética del paisaje, la identidad humana en los lugares, los problemas sociales y ambientales, la experiencia en el lugar, entre otros. Interés que promueve una apertura conceptual de la geografìa puesto que “ […] los geógrafos humanistas miran el ambiente y ven el lugar, escenario de las experiencias de la vida y cargado de significado” (Delgado, 2003, p.106) [Énfasis agregado].

A la par, las perspectivas de los humanistas inspirados quizá en corrientes filosóficas del existencialismo y de la fenomenología, proponen una alternativa nueva y diferente para el estudio de la espacialidad en la relación con los seres humanos. Las geografías de corte fenomenológico inspiradas en estudios de Husserl, acompañadas por el habitar que devela Heidegger, construyen ejercicios de lectura espacial de los individuos casi que de manera personalizada, aportando fundamentos valiosos para el posterior desarrollo de las geografías personales en asocio con las geografías de la vida cotidiana. Este panorama es terreno fecundo para el reconocimiento de la relación sujeto - espacio como realidad y alternativa que aporta en la comprensión del espacio, en la presente reflexión, la ciudad y el espacio público. En esta dirección se retoman argumentos de Massey (2005) al postular que,

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1. El espacio es producto de interrelaciones. Se constituye a través de las interacciones, desde lo inmenso de lo global hasta lo ínfimo de la intimidad.

2. El espacio es la esfera la posibilidad de la existencia de la multiplicidad; es la esfera en la que coexisten distintas trayectorias, la que hace posible la existencia de más de una voz. Sin espacio, no hay multiplicidad; sin multiplicidad, no hay espacio. Si el espacio es en efecto producto de interrelaciones, entonces debe ser una cualidad de la existencia de la pluralidad. La multiplicidad y el espacio son co - constitutivos.

3. Por último, y precisamente porque el espacio es producto de las relaciones, relaciones que están necesariamente implícitas en las prácticas materiales que deben realizarse, siempre se está en proceso de formación, en devenir, nunca acabado, nunca cerrado (Massey, 2005, p.p. 104 - 105).

En similar sinfonía, Soja (1997) en relación con la trialéctica del espacio da apertura a planteamientos expuestos por autores como Lefebvre y Tuan (1970) en relación con la vida cotidiana de las personas en los lugares. Interesa a Soja reafirmar la espacialidad, sociabilidad y temporalidad como categorías fundamentales para la comprensión del espacio en tanto lo percibido, concebido y vivido constituyen una estructura necesaria de las geografías personales; de esta manera la experiencia en el espacio emerge como elemento clave para reconocer la espacialidad del espacio, pues la manera como las personas se relacionan con los lugares, sus prácticas y cotidianidades son camino en la construcción de dicha espacialidad. Camino que no fue reconocido históricamente en la geografía, y solo recientemente se está validando, explorando e indagando.

La ciudad y su espacialidad debe abordarse desde al menos dos dimensiones, una morfológica y una social. La primera, siguiendo a Zárate (2011) se presenta en la conjunción entre el trazado urbano, las construcciones y el uso del suelo urbano, no solo como marco de la experiencia en el espacio sino como catalizador de nuevas espacialidades. El trazado tiende a mantenerse, la construcciones cambian paulatinamente y el uso del suelo se actualiza de manera más rápida. Desde lo morfológico la ciudad tiene intensidades y ritmos diferentes de sobrellevar el cambio social e histórico; los cambios morfológicos se dan simultáneamente, pero sus efectos en la vida urbana están directamente relacionados con la calidad de su intervención. El cambio sobre el uso del suelo impacta sobre el espacio cotidiano y las relaciones efímeras en público (transeúnte, usuario o consumidor); el cambio en las construcciones afecta las formas de habitar y las relaciones con los otros (vecinos, familiares, comunidad o barrio), mientras que el cambio en el trazado urbano contradice la estructura de la vida urbana misma: renovación urbana, espacio público, ordenamiento territorial, la imagen de la ciudad o la planeación urbana.

En este sentido, la dimensión social de la espacialidad de la ciudad se centra no tanto en el cambio de la morfología como en el cambio de los lugares. Para Lussault (2015) el lugar

constituye el espacio básico de la vida social y se caracteriza por ser una unidad espacial compleja “porque en él se muestra la complejidad de la sociedad y porque resulta ya de una combinación de principios espaciales elementales” (p.97-98). Estos principios tienen que ver con la construcción de lugares a partir de la fijación de límites y la experiencia de la distancia, fundamentales al pensar la ocurrencia de hechos espaciales. La dimensión social de la espacialidad tiene que ver con la conversión de los lugares en “otros” lugares por medio de los hechos espaciales; éstos requieren de espacio (un conjunto de fenómenos) y transforman la espacialidad (un conjunto de usos) en este caso de la ciudad. Para que se configure un hecho espacial se requiere de personas con un acervo espacial - o como los denomina Lussault (2015) “operadores espaciales” - y de un marco espacial, o sea, un lugar con características y cualidades que provienen de una trayectoria. El hecho espacial cualifica el espacio, lo convierte en otro lugar, acorde con las condiciones de la experiencia del operador espacial.