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Marta López-Luaces

Profesora de Literatura Española, Montclair State University Escritora, editora de Galerna, Revista Internacional de Literatura

Nuria Amat ha señalado muy sagazmente que la lectura es un diálogo con los muertos. Es verdad, y aun así —como la prosa de la misma Amat lo muestra—, pocos diálogos más vivos que los que solemos mantener con los silenciosos habitantes de nuestras bibliotecas.

Ese diálogo incesante —ese rumor continuo del que habló Blanchot— es el que está a la base de la obra de esos pocos poetas hispanoamericanos de las últimas décadas que me gustaría compartir con el lector en esta serie de notas: Mercedes Roffé, Diego Jesús Jiménez, Raúl Zurita y Amalia Iglesias Serna.

En efecto, la poesía de Mercedes Roffé (Buenos Aires, 1954) ha sido descrita de muy diversas maneras, tantas como sus poemarios propician, dada la diversidad de temas y de voces poéticas que se despliegan en ellos. Y sin embargo, basta leer y releer el conjunto de su obra, para ir descubriendo a través de todos sus libros un motivo común: el diálogo con otros poetas, con ciertos tópicos, con algún aspecto de la tradición literaria que la poeta revive y cuestiona de un modo particular en cada uno de sus poemarios.

Explorar un discurso poético en particular: ésa parecería ser la clave que uniría —más allá de sus diferencias— los libros que Mercedes Roffé ha publicado hasta ahora. En El tapiz (publicado bajo el heterónimo de Ferdinand Oziel; Buenos Aires, 1983) Roffé pone en escena diversas estrategias tendientes a la (re)construcción de la figura del poeta decadente, tal como se entendió y desarrolló

Mercedes Roffé, la poesía en diálogo con la poesía Marta López-Luaces

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en la Europa —y parte de las Américas— del siglo XIX. En Cámara baja (Buenos Aires, 1987), la poeta desmonta otro discurso canónico: el discurso amoroso tal como fue desarrollado en diversas facetas de la historia literaria —desde Catulo y Garcilaso de la Vega hasta Violette Leduc en La bastarda y Djuna Barnes en El bosque de la noche—. En Memorial de agravios (Córdoba, Argentina, 2002), es el discurso de la legalidad medieval y colonial americana lo que sirve de base, no ya al discurso poético en sí, sino al prólogo con que la autora introduce —y dialoga con— sus propios poemas. Es su libro más reciente, La ópera fantasma (2005), el que despliega mayores matices en este sentido, en tanto ese diálogo incesante se extiende bien por encima de lo específicamente literario, indagando y revirtiendo otras lenguas, otros códigos, desde la investigación etnológica —en la sección titulada “Definiciones mayas”— hasta las fórmulas del teatro y del rito —bajo la invocación de Artaud—, así como de las artes plásticas y la música —en las dos últimas secciones— “Teoría de los colores” y “El pájaro de fuego”.

Desde la publicación de libros tan tempranos como El tapiz, (1983) y Cámara baja (1987), la obra de Mercedes Roffé ha sido reconocida como una de las más renovadoras de la poesía argentina de las décadas recientes. El constante cuestionamiento de los tópicos tradicionales y la sostenida investigación de un amplio repertorio de prácticas literarias experimentales son algunos de los rasgos — en opinión de la crítica Francine Masiello— comunes a la obra de Roffé y a las de otras destacadas voces de su generación, que más han contribuido a reformular la poesía latinoamericana de nuestra época.

En El tapiz de Ferdinand Oziel la figura del poeta maldito se reelabora desde ángulos diversos, explorando y subvirtiendo modelos tan claves del género como Nerval, Lautréamont, Baudelaire y Rimbaud. En el escenario poético argentino, la figura del poeta maldito y decadente ha tenido repercusiones importantes; los casos de Leopoldo Lugones y de Jacobo Fijman quizás sean los más reconocidos, por no mencionar la figura clave que fue Alejandra Pizarnik en este sentido para las y los poetas de las generaciones siguientes. Un lugar similar ocuparía, en el contexto

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latinoamericano, la memoria del poeta cubano Julián del Casal. El tapiz de Ferdinand

Oziel se propone como la traducción del francés de una obra cuyo autor sería un

pintor de origen argelino, Ferdinand Oziel (1876-1902), una obra de la cual Roffé no sería sino la "editora". El volumen se cierra con un Postfacio —sucintamente firmado con las iniciales JRB—, en el que se resume la vida de Oziel, autor de El

tapiz, y en el que se citan fragmentos de cartas y reseñas críticas de su obra —

materiales todos tan apócrifos como los fragmentos en prosa que constituyen el cuerpo del poemario—. En cuanto al texto que se supone escrito por Oziel, se desarrolla alrededor de la figura de una monja que, "en honor de la Prostitución" borda un tapiz donde se representan diversos personajes y escenas de variada procedencia.

El efecto que producen todas estas capas de máscaras y voces, es el de una quiebra de las fronteras entre el "yo", el "él" y el "ella" y, más aun, entre distintas lenguas, épocas y culturas, al tiempo que otros límites y categorías se desintegran o caen en el proceso. La distancia entre sujeto y objeto y la categórica taxonomía de las formas artísticas —prosa, poema, ensayo, narración, la pintura y el arte del tapiz y de la miniatura— todo se desploma junto con las divisiones tradicionales en campos de trabajo y roles culturales, reorganizándose en un cuerpo nuevo, complejo e inestable. La tradición decadente se presenta en principio como un modo de legitimar y autorizar la propia voz poética, pero es esa misma apelación a lo ya canonizado es el vehículo que sirve para poner en cuestión algunas de las convenciones y supuestos más sólidos de la institución literaria. La aproximación de Mercedes Roffé a la figura del poeta maldito resulta, de este modo, cercana a la estrategia post-moderna de la reescritura como parodia y critique.

En su libro Cámara baja, la pregunta que funciona como eje central de la obra, sería —según una lectura posible— cómo se delimita un sentido capaz de dar cuenta del cuerpo femenino. En este libro, el cuerpo fragmentado es un objeto de deseo, pero es al mismo tiempo sujeto que desea a otros. Es un cuerpo que

Mercedes Roffé, la poesía en diálogo con la poesía Marta López-Luaces

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tradicional, tanto desarticulando los presupuestos que yacen detrás de esos tópicos, como abriendo un nuevo espacio de posibilidades para el "yo" lírico. En la subterránea, mínima, oscura cámara que anuncia el título de este libro, el cuerpo del amor es también el cuerpo del dolor en diálogo con otros cuerpos, construyéndose y deconstruyéndose al unísono.

Memorial de agravios (2002) se planteará como un discurso poético teñido o

reinterpretado a partir de una premisa inicial: la de la denuncia y la apelación a una autoridad “superior” tal como se entendió en algunos de los primeros documentos legales de la época feudal y de la implantación colonial en las Américas. Tal como se recuerda en el Prólogo de este libro, “Memorial de agravios”es una expresión legal que se remonta a la Edad Media. En esos documentos, se explica, “un estrato de la jerarquía feudal elevaba una denuncia de las injusticias o abusos perpetrados por el señor feudal contra sus vasallos, ante una instancia de la pirámide social inmediatamente más alta que la de aquel que cometió la violencia. En la época colonial, se llamaba así a los documentos que se le enviaban al rey denunciando los abusos de sus representantes en América.” Sólo que, a diferencia de la concepción medieval y su derivado —el mundo colonial hispanoamericano—, Roffé parece querer decirnos que esa posibilidad de dar voz —y con ella, representación legal— a aquellos que no la tienen ya no parece posible. En Memorial de agravios lo que deja de existir es la posibilidad misma de apelar a ninguna autoridad en busca de justicia: el poder se ha vaciado de ideología; por eso de él ya no puede emanar ningún tipo de representación. Por detrás de la constante referencia al sistema jerárquico medieval y colonial, todo el libro resulta así una cabal alegoría de nuestra época. Porque si los memoriales de otros tiempos servían siquiera para darles la ilusión de una voz a los vasallos feudales y a los criollos de la América colonial, este poemario parece decirnos que en el mundo contemporáneo esa ilusión ya no tiene lugar, y que no lo tendrá mientras ciertos sectores sigan siendo sistemáticamente despojados de su voz. Memorial de agravios apela así a una instancia mayor, pero que ahora ya no es un estrato más de la jerarquía institucional —como en los antiguos memoriales—, sino

Mercedes Roffé, la poesía en diálogo con la poesía Marta López-Luaces

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la propia conciencia. La poesía, precisamente, por ser un medio cultural y social cuya primera premisa es mantenerse al margen de los medios masivos y su explotación comercial, puede darle voz a ese reclamo o, al menos, traer a primer plano lo inédito de la condición actual, precisamente, en lo que tiene de más deshumanizante.

En la poesía de Roffé, los diversos registros que conforman el discurso constituyen un palimpsesto de sentidos y niveles de sensibilidad que comprometen al lector a participar en una tarea de transformación. En su obra, la yuxtaposición discursiva nos obliga a repensar las diversas tradiciones que siguen operando en nuestro imaginario actual. Esta tarea de transformación incide también en el lenguaje poético dentro de unos parámetros que podríamos denominar post- modernos. La fragmentación del yo, la simultaneidad como método, la ruptura y la multiplicidad de voces, producen estructuras de significación tendientes a cuestionar y revertir las representaciones habituales tanto del sujeto lírico como de sus objetos de observación y meditación. Es a través de esta permanente puesta en crisis de la tradición y sus tópicos más consolidados que llegamos a una reevaluación del lenguaje y de la realidad de la que intenta dar cuenta.

Para Roffé, escribir es un proceso por el que se altera el lenguaje simbólico. El poema se transforma entonces en un modo de leer la biblioteca, pero también el mundo. Un sistema que intenta traspasar los límites entre lo figurativo y lo abstracto a través de un lenguaje que constantemente subvierta el orden establecido. Por ello mismo, es verdad que tampoco se propondrá otro discurso igualmente congelado para asir lo real: la sola exposición, el desnudamiento, de los discursos literarios — las construcciones culturales e ideológicas del pasado—, basta para exponer la tensión que la historia impone sobre el sujeto.

Mercedes Roffé y su obra poética son parte de un conjunto de esfuerzos que —como se ha señalado— no sólo han dado nuevo curso a la concepción y la función de la poesía en el contexto del pensamiento hispanoamericano sino que han ayudado a iluminar la manera en que el sujeto moderno —dentro y fuera de la

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mundo en el que se inserta. Un mundo que —como estos discursos poéticos parecerían indicar— malamente podrá mirar hacia adelante, sin mirar atrás, y cuestionar y revertir aquellos mismos presupuestos que le sirven de base.

Los desafíos de la protección social en América Latina y el Caribe José Luis Machinea

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LOS DESAFÍOS DE LA PROTECCIÓN SOCIAL

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