Con el papel desempeñado por Javier como misionero de Asia, se renovó el concepto de misión de la Iglesia. Los viajes y misiones de Javier por el mundo no católico fueron de suma utilidad a la Iglesia que buscaba reaccionar frente a la embestida de la Reforma en Europa. La estrategia y el arrojo pastoral del misionero fueron claves para entender la manera llevar la fe católica a culturas distintas. El viaje por ultramar que inicio Javier hacia la India se calculaba que tardaría 6 meses, pero duró un año debido a numerosas paradas en islas y puertos por causa del clima y las enfermedades de los tripulantes. “Cuatrocientos
pasajeros y tripulantes se sancochaban en un calor malsano mientras el buque permanencia inmovilizado en una calma tropical frente a las costas de Guinea. Los pasajeros atacados por escorbuto sangraban las encías y se tambaleaban sobre las piernas hinchadas, impetrando la misericordia del cielo contra un sol implacable.”143 Durante este percance, Javier mostró la dignidad de un hombre santo socorriendo a los enfermos y padeciendo con ellos los contratiempos del viaje.
Finalmente, el 6 de mayo de 1542 Javier pisaba por vez primera el suelo de la India. De inmediato se dirigió donde el Obispo franciscano Fr. Juan de Albuquerque y le presentó su credenciales que lo acreditaban como Nuncio apostólico del Sumo Pontífice de Roma. No tardó mucho en empezar con sus primeros ministerios en bien de las personas que más lo necesitaban. Empezaron las épocas de lluvia que en aquella región son muy fuertes, y el misionero tuvo que esperar en Goa a que éstas pasaran. Mientras tanto aprovecho para escribir a Roma e idear un plan de trabajo que consistía en instruir a colonos y nativos de todas las edades en la enseñanza religiosa católica. A finales de septiembre sale de aquella ciudad con destino a Tuticorín, capital de los Paravas. Lo acompañaban tres alumnos del colegio san Pablo que le servirían como intérpretes.
Después de misionar por aquellos territorios durante poco más de un año vuelve Javier a Goa. Se entera por medio de cartas que la Compañía había sido aprobada por el Papa el 27 de septiembre de 1940 y que Ignacio es el General de la nueva Orden. También se entera que el 22 de noviembre del mismo año sus compañeros habían hecho los votos solemnes. Javier hace los mismos de manos del obispo de Goa. Escribe a Roma informando de sus
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actividades y las circunstancias en las que se encuentran aquellos pueblos y remite con las cartas la fórmula de sus votos. Tiempo después se entrevista con su amigo Diego Pereira, mercader muy adinerado y gracias a sus impresiones atisba la idea de fundar la misión en Japón. Posteriormente, es nombrado superior de la misión de la India Oriental, y luego provincial de la nueva provincia de la India. Cargo que toma con responsabilidad y agilidad. Continua con la enseñanza de la doctrina católica, explora y ensancha el territorio de misión.
Debido a la magnitud de su empresa evangelizadora, Francisco Javier crea el primer centro
educativo de la Compañía de Jesús. “Mientras los jesuitas que habían quedado en Europa se preguntaban si debían entrar en el campo de la educación, llegó una carta en que les describía con entusiasmo una escuela que él había fundado para educar tanto a los niños nativos como a los hijos de los colonos portugueses.”144Javier se muestra intrépido, ágil en sus decisiones y acertado en todo lo tocante con la misión y las circunstancias políticas de aquellas tierras. A la par de esto, empieza a correrse el rumor de su santidad, tanto nativos, recién bautizados como colonos europeos ven en Javier a un hombre de Dios. Un hombre diligente en su empresa cristiana.
Sin embargo, se dan algunos comentarios de ciertos clérigos aduciendo que el padre Javier desatendía sus obligaciones como superior debido a su actitud andariega, “y aun hubo un padre franciscano que dijo al P. Pérez cierto día: ‘el Padre maestro Francisco da demasiadas
vueltas’. Refirió Pérez el dicho a Javier, y éste respondió. ‘Si yo mismo en persona no
visitara esas tierras, no podría conocer sus necesidades. Me faltaría la experiencia necesaria para dar normas de conducta a los Padres, y uno de los requisitos capitales de la prudencia
es la experiencia personal.”145 Sin duda, esta manera de estar en el mundo revela un modo de proceder imprescindible en el hombre de academia del siglo XVI, pues ven en la experiencia personal y la sensibilidad el medio para poder alcanzar el conocimiento.146 Después de un maduro examen, Javier toma la resolución de fundar la misión de Japón y erigir otros tres puestos de misión en la India. De todo esto es enterado Ignacio y la
144 Lowney, El liderazgo al estilo de los Jesuitas, 157. 145 Schurhammer, Vida de San Francisco Javier, 194.
146 La importancia de la “experiencia” en el conocimiento del hombre tuvo sus inicios con el
Renacimiento. El Renacimiento floreció en Italia en el siglo XV (il Quattrocento) y se prolongó en el siglo XVI (il Quinquecento) irradiándose por toda Europa. El Renacimiento estuvo impulsado por el Humanismo, herencia romana de un movimiento guiado por el estudio del hombre, la libertad de pensamiento y el individualismo. Ese estudio tenía por meta desentrañar del hombre lo esencialmente humano, aquello que le daba su especial dignidad, en fin, de reafirmarlo con una valoración positiva. En esta visión de las cosas se enfatiza el papel de la experiencia, ligada a la percepción sensorial, en la formación del conocimiento.
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Compañía de Jesús por vía epistolar. El 15 de abril de 1549, el misionero zarpa para el Japón, acompañado por un grupo conformado por dos europeos y tres japoneses. Llegaron a Kagoshima el 15 de agosto del mismo año. Javier y sus compañeros permanecen dos años en el Japón. Allí convierte muchos a la fe cristiana y funda iglesias en Kagoshima, Hirado y Yamaguchi e intenta en vano entrevistarse con el emperador. A propósito de tal ingenio, Lowney habla de este modo: “Mucho antes de que Ricci pusiera su mira en la corte imperial de Beijing, el instinto de apuntar muy alto inspiró a Javier para viajar todo el invierno por el Japón rural hasta la corte del emperador en Miyaco (hoy Kioto).”147
Javier tenía la intención no sólo de presentar sus credenciales sino de proponer el primer intercambio académico de la historia, al llevar profesores de la universidad de París y de otras universidades europeas a la universidad imperial de Heizan y a cambio enviar profesores japoneses a Europa. Ante la definitiva negativa de la audiencia con el emperador, Javier desilusionado, retorna a la India. “A mediados de noviembre de 1551 levó anclas el
junco de Duarte de Gama y muy pronto desaparecieron de las miradas de Javier las elevadas
crestas de los volcanes de Bungo.”148Javier partió del Japón dejando algunos de los misioneros para que trabajaran en un templo budista abandonado prometiéndoles que tan pronto pudiera enviaría refuerzos.
Una vez en la India, recibe, lee y redacta cartas. Va a Cochín donde hacia dos años y medio que no iba. Se entera de los últimos acontecimientos, da órdenes y organiza a los misioneros que eran más de treinta. Escribe al padre Ignacio acerca de la misión en Japón y sobre la firme resolución de ir aquel mismo año a China. “Javier volvió de Kioto con las manos
vacías: su solicitud de audiencia fue negada de plano. No importa. Reaccionó rápidamente y su inquieto radar se enfocó en otra oportunidad: Los chinos que he conocido hasta ahora son gente de perspicaz inteligencia y elevado espíritu, más que los japoneses, y muy dedicados al estudio. El país ha sido bendecido con toda suerte de bienes, es muy populoso, está llenó de ciudades grandes con casas de piedra finamente labrada y, como todos lo proclaman, es muy rico en sedas de toda clase. Yo creo que en año de 1552 partiré con destino al lugar
donde reside el rey de China.”149
Una vez atendidas las necesidades de la provincia de la India, el 17 de abril de 1512 partió Javier del puerto de Goa rumbo a la China. Iban con él cuatro jesuitas: Gago, Alcásova, Ferreira y Eduardo da Silva; tres japoneses y un chino al que llamaban Antonio. Al atracar
147 Lowney, El liderazgo al estilo de los jesuitas, 158. 148 Schurhammer, Vida de San Francisco Javier, 256. 149 Lowney, El liderazgo al estilo de los Jesuitas, 158-159.
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en el puerto de Malaca, Javier envía a tres de sus compañeros jesuitas para reforzar la apenas comenzada misión en Japón. Ellos eran Gago, Alcásova y Silva. Siete días después, llega su amigo Diego Pereira con una nao cargada de regalos preciosos para el emperador chino. Ya estaba todo listo para zarpar rumbo a tierras chinas, cuando Álvaro de Ataíde, capitán de mar, prohibió a los viajeros navegar a China. Ante este contratiempo Javier intenta aplacar la necedad del capitán del mar sin obtener resultado. Entonces recurre a su investidura de nuncio apostólico y amenaza con excomulgar a Ataíde.