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2.3 Microstructural changes during hot working

2.3.1 Recovery

Su gloria llena la tierra, su poder sorprende al mundo, su amor nos enamora cada día.

En estos pequeños párrafos podemos darnos una idea acerca de lo asombroso y maravilloso que es nuestro Dios, sin embargo hay una pregunta que en esta lección queremos hacerte, ¿cuál es el hogar de Dios? ¿En dónde es que habita?

1. LAS CASAS DE DIOS.

A lo largo de la historia nuestro Dios ha elegido algunos lugares específicos donde decide mostrar su gloria y donde decide habitar, lugares que se han convertido en los espacios donde se comunica con su pueblo, en otras palabras ha tenido lugares que se han convertido en su hogar. Estos lugares han logrado que todo el poder de Dios, toda su inmensidad, toda su gloria se refleje a la humanidad.

A continuación hablaremos de dos de ellos. EL TABERNÁCULO.

Dios habló con Moisés y le dijo que quería una casa especial para Él. Le dio todas las instrucciones de cómo construir esa casa; le dio las medidas y le explicó qué materiales deberían utilizar.

Podemos imaginar la alegría de los que vivieron en ese tiempo al pensar que iban a construir una casa tan especial para Dios; la casa tenía un nombre muy peculiar: el Tabernáculo (o la Tienda del Encuentro). ¿Qué era el Tabernáculo? Éste era un templo portátil en el cual Dios estaba en medio de su pueblo y lo guiaba través del desierto.

El Tabernáculo fue una vivienda visible de Dios en la tierra; Dios quería estar en medio de su pueblo y quería estar en continua relación con ellos. El pueblo de Israel sabía que Dios estaba con ellos porque su presencia se manifestaba por medio de una nube que cubría el Tabernáculo durante el día,

HOGAR DULCE HOGAR

y una columna de fuego durante la noche. Cuando la nube o la columna de fuego se levantaban, el pueblo se alistaba para seguirles. Por medio de este Tabernáculo Dios los enseñó a depender de Él en todo momento.

EL TEMPLO DE SALOMÓN.

Este templo era majestuoso, estaba ubicado en Jerusalén en el monte Moriah.

El templo construido por Salomón era muy hermoso, adornado, y costoso. La Biblia indica que más de 330,000 trabajadores fueron empleados en el proyecto, entre ellos 30,000 habían sido enviados por Salomón a Líbano por materiales de construcción. De éstos, 70,000 eran cargadores y 80,000 eran canteros en los montes. Además de los trabajadores del pueblo de israel, habían también 153,000 extranjeros quienes ayudaron. El proyecto era de tanta magnitud que requirió 3,600 capataces; sin embargo, durante la construcción del templo, la Biblia dice: “Ni martillos, ni hachas se oyeron en la casa, ni ningún otro instrumento de hierro“ (1 R. 6:7).

Delante del templo había un pozo grande de agua que contenía cerca de 20,000 galones de este líquido, y fue adornado con muchas flores talladas.

Sin embargo este templo fue destruido 3 veces por diversas circunstancias, y el pueblo de Israel se quedó sin un lugar dónde adorar a Dios.

La pregunta del millón de dólares es: si ya no había tabernáculo ni templo, ¿en dónde habitaría Dios? ¿Cuál sería el lugar donde haría su hogar?

EL HOGAR DE DIOS.

Hay algo que te va a sorprender: Dios, el todopoderoso tiene una casa favorita, tiene un lugar que lo puede llamar su hogar, ¿y sabes?, no está hecho ni de barro, ni de cemento, ni de acero, no es un edificio ni un tabernáculo, no tiene bancas, ni sillas.

Lo que dice la Palabra de Dios en 1 Corintios 6:19 es algo sorprendente: “El cuerpo de ustedes es como un templo, y en ese templo vive el Espíritu Santo que Dios les ha dado…” ; es decir, Dios decidió habitar en nosotros, tú y yo somos llamados templos del Espíritu Santo.

Qué privilegio tan grande nos ha dado Dios que su Espíritu y su presencia vivan dentro de nosotros. La grandeza de Dios, su majestuoso e increíble poder, su perfecto y puro amor está dentro de nosotros porque Él así lo decidió.

Las decisiones de Dios son perfectas; cuando Él decidió venir al mundo escogió nacer en un humilde pesebre en lugar de una gran mansión; Jesús decidió morir en una cruz y derramar toda su sangre para darnos salvación, y todo esto me parece asombroso.

Pero que Dios haya decidido habitar dentro de nosotros, que somos tan imperfectos y tan frágiles me llena de alegría, y me emociona saber que Dios vive dentro de nosotros; sin embargo, esta bendición también implica un compromiso y una responsabilidad muy grande.

¿Qué puedo hacer para mejorar la casa de Dios? Tenemos que cuidar nuestro cuerpo y también cuidar nuestra imagen, de tal modo que cuando alguien nos voltee a ver, pueda notar la presencia de Dios en nosotros.

Que nuestras acciones reflejen el carácter de mansedumbre de Jesús y también el infinito amor de Dios. Él te ha escogido a ti para que reflejes su amor y lleves su mensaje de salvación a todas partes.

CONCLUSIÓN:

La casa favorita de Dios somos nosotros, toda su grandeza, todo su poder y su señorío, la majestuosidad del Rey de Reyes y Señor de Señores habita dentro de nosotros.

HOGAR DULCE HOGAR

Y todo esto, no sólo es para presumirlo y sentirnos orgullosos, es para que hagamos la diferencia donde quiera que vayamos, que transformemos nuestra sociedad a través de su poder y su amor, que llevemos esperanza al que no tiene y que transmitamos su Palabra que ha depositado en nosotros. Reflejemos su amor a cada instante y llevemos su presencia a todas partes, recuerda que Dios habita en ti.

“Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender

la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin”

Eclesiastés 3:11

INTRODUCCIÓN:

Todos tenemos ese suspiro en lo profundo del corazón que nos hace desear ir al cielo, seamos cristianos o no, aspiramos a estar allí. La mayoría de la gente que dice no creer en Dios, al final de sus días trata de convencerse de que, ya sea que se llame cielo o no, hay un lugar de descanso, un lugar donde no existe el dolor, donde, aunque no termina todo, es un lugar especial donde nuestro corazón descansa.

Es como si lo profundo de nuestro corazón llamara a otra profundidad, pero mayor. San Agustín decía: “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”, es decir, nuestro corazón está en busca de satisfacer esa necesidad de pertenencia, de identidad, como si supiera desde su primer latido que lo que nosotros conocemos como “hogar”, no lo es. Otro genial escritor, el gran C.S. Lewis dijo: “Si encuentro en mí deseos que nada en esta tierra puede satisfacerme, la única explicación lógica es que fui hecho para otro mundo, el cielo.” ¡Asombroso!

Partiendo de esto, es quizás el hecho de que las mayores aspiraciones y sueños de las personas que parecen inalcanzables sean representadas como “castillos en las nubes”, porque nuestra tendencia siempre es hacia arriba, queremos ir al cielo, queremos lo eterno.

1. CORAZONES INSATISFECHOS.

El pecado es rico y placentero ¿cierto? Nadie se siente vacío o mal cuando está pecando, de hecho pecamos porque hacerlo nos causa placer, y está en la naturaleza del hombre

LECCIÓN 8 :