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Reducing the digital divide

2 Developments in ICT since the Digital Strategy

2.4 Reducing the digital divide

La democracia, como concepto, anhelo político y relación social remite a aspiraciones de igualdad, libertad, satisfacción de las necesidades materiales y espirituales, y disfru- te del bien común, entre otros. La esperanza de vivir en sociedades justas y equitativas ha movilizado a millones de hombres y mujeres en el mundo desde siglos atrás, y es allí donde los movimientos sociales han jugado hasta la actualidad un rol de suma importancia.

Sin embargo, hablar de democracia es a su vez situarla en su contexto histórico y cómo ha evolucionado en sus distintas fases dentro del desarrollo del capi- talismo. La necesidad de incluirla desde esta perspectiva se deriva de que no es posible hoy comprender los límites y alcances de los procesos de democratización en América

70 Jorge Graciarena, “Estado periférico y economía capitalista: transiciones y crisis”, en Pablo Gon- zález Casanova, coordinador, El Estado en América Latina: teoría y práctica (México: Siglo XXI Editores, 1990), pág. 40.

71 Dieter Rucht, “El impacto de los contextos nacionales sobre la estructura de los movimientos sociales: Un estudio comparado transnacional y entre movimientos”, en McAdam y McCarthy, Zald,ibid, p. 283.

Latina sin desentrañar el impacto que el neoliberalismo ha tenido sobre los Estados, los procesos políticos, las fuerzas sociales y las sociedades.

Referirse al concepto de la democracia es retornar a los orígenes de la teoría política clásica. Su origen etimológico proviene del griego demos “pueblo” y

kratus “poder”, cuyo signifi cado se remite a una forma de gobierno donde el poder reside en el pueblo.

Giovanni Sartori, al referirse al origen y uso de la palabra democracia, señala que: “El término demokratie fue acuñado hace unos dos mil cuatrocientos años. Desde entonces, aunque se vio eclipsado durante un prolongado intervalo, ha formado parte del vocabulario político. Pero con una vida tan larga la democracia ha adquiri- do naturalmente diversos signifi cados, relacionados con contextos históricos e ideales diferentes”.72

Según Held,73 los modelos de democracia podrían dividirse fundamental- mente en dos: la democracia directa74 o participativa en la que los ciudadanos partici- pan directamente en la toma de decisiones en el ámbito de las decisiones públicas; y la democracia liberal y representativa.75

Esta última que se fundamenta en el liberalismo, surgido inicialmente en oposición al poder de los Estados absolutistas, aboga por defender la libertad de los ciudadanos frente a la intervención del Estado en esferas como la vida cotidiana, la economía y asuntos religiosos. A pesar de sus variantes, el liberalismo coincidía en la

72 Giovanni Sartori, Teoría de la democracia. Tomo II. Los problemas clásicos (México: Editorial Alianza, 1994), pág. 343.

73 David Held, Modelos de democracia (Madrid: Editorial Alianza, 1992), pág. 20.

74 Según Held, los ideales políticos de la democracia directa que han moldeado el pensamiento polí- tico de occidente durante siglos son la igualdad entre los ciudadanos, la libertad, el respeto a la ley y la justicia. Sus orígenes se remontan a la democracia ateniense. Aristóteles, en su obra Política

escrita entre 334 y 323 AC, describe y caracteriza las democracias antiguas y analiza sus obje- tivos, fundamentos y mecanismos de funcionamiento (véase Política, págs. 82-83). Algunos de los rasgos principales de este modelo de democracia directa clásica son: “Los ciudadanos deben disfrutar de la igualdad política para que puedan ser libres para gobernar y ser a su vez goberna- dos. Se caracteriza por: la participación directa de los ciudadanos en las funciones legislativas y judicial; la asamblea de ciudadanos ejerce el poder soberano; el ámbito de acción del poder sobe- rano incluye todos los asuntos comunes de la ciudad; existen múltiples métodos de selección de los cargos públicos (elección directa, sorteo, rotación), no existen distinciones de privilegio entre los ciudadanos ordinarios y los que ocupan cargos; mandatos breves para los puestos, servicios públicos remunerados, etc.”(Held, Modelos de democracia, pág. 50). Este modelo se aplicó a la ciudad Estado (Antigua Grecia), con una ciudadanía selecta de la cual las mujeres estaban exclui- das en una economía basada en la esclavitud.

75 Quienes sentaron las bases de la teoría política liberal son: Thomas Hobbes (1588-1679), John Loc- ke (1632-1704), Montesquieu (1689-1755); James Madison (1751-1835); Jeremy Bentham (1748- 1832); y James Mill (1773-1836).

defensa de un Estado constitucional, defensa a ultranza de la propiedad privada y de la economía del mercado.

“Mientras que el ámbito de la política se extendía en la democracia ateniense a todos los asuntos comunes de la ciudad-Estado, la tradición liberal de la democracia promovía una concepción más limitada: lo político se equipara con el mundo del gobierno, y con actividades de los individuos, grupos de interés que les presionan para que satisfagan sus demandas. Se considera a la política como una esfera específi ca, separada de la sociedad, apartada de la economía, la cultura y la vida familiar”.76

Este último modelo, predominante hoy en el mundo, se caracteriza por: a) la soberanía si bien reside formalmente en el pueblo es conferida a representantes que ejercen las funciones del Estado; b) elecciones regulares, el voto secreto, la com- petencia entre partidos, grupos; c) el poder del Estado debe ser impersonal, legalmente establecido, dividido en ejecutivo, legislativo y judicial, d) existencia de derechos y obligaciones para los ciudadanos (derechos políticos y civiles); y e) separación entre Estado y sociedad civil.

El surgimiento de la democracia liberal y representativa está íntimamente relacionado con el desarrollo y expansión del capitalismo. Mientras, para la naciente burguesía era necesario crear un andamiaje jurídico-político que le permitiera liberarse de las ataduras del modelo feudal, creando un Estado liberal y burgués que amplió determinados derechos civiles y políticos pero que no fue necesariamente democráti- co. Fueron las luchas populares, a lo largo de los últimos siglos, las que permitieron que se democratizara el Estado liberal y se ampliaran los derechos civiles, políticos y sociales.77

“Debe subrayarse, no obstante, que esa apertura no fue una benévola concesión ‘desde arriba’ sino el remate de la movilización política de las clases subal- ternas que, con su protesta y sus reivindicaciones, sus partidos y sindicatos, forzaron la democratización del Estado liberal. Son ellas, por tanto, a quienes corresponde re- clamar para sí el crédito de la democratización, puesto que si la burguesía y sus clases y fracciones aliadas se avinieron a introducir algunas reformas políticas progresistas fue sólo después de que la movilización de la clase obrera –acompañada a veces por la del campesinado y la pequeña burguesía– colocó a la dominación burguesa al bor- de del colapso. En pocas palabras: la crónica de la democracia burguesa es mucho más breve que la historia de la burguesía, y a las fuerzas motrices que impulsaron su avance no las encontramos en el campo burgués sino en la expresión tumultuosa

76 Held, Modelos de democracia, pág. 90.

77 Atilio Borón, Estado, capitalismo y democracia en América Latina, 1ª edición corregida y ampliada (Buenos Aires: CLACSO, 2003), pág. 94.

–muchas veces inorgánica y caótica, pero siempre profundamente democrática– de las clases populares”.78

Roberto Regalado79 plantea que es precisamente a raíz de la Revolución Rusa (1917) y el surgimiento del bloque socialista y las luchas sociales, que los países centrales se ven obligados a ampliar y profundizar los derechos económicos y socia- les, como medidas que reducen los efectos más nocivos del capitalismo, y para evitar convulsiones sociales. El surgimiento del Estado de Bienestar Social, fue la expresión culminante del proceso histórico de ampliación de la capacidad y la disposición de la sociedad burguesa de asimilar demandas sociales a través de mecanismos de la democracia liberal.

Sin embargo, según Atilio Borón, la historia reciente “(...) revela la rever- sibilidad de muchos avances democráticos en el seno de las sociedades capitalistas, y la afi nidad que guarda el capital con múltiples formas de organización de su dominio, desde la democracia burguesa hasta el fascismo, pasando por las dictaduras tradiciona- les, el Estado militar y el bonapartismo. Por lo tanto, en la sociedad capitalista no exis- ten reaseguros que impidan la reversión hacia formas despóticas de dominio burgués, o salvaguardas de tipo institucional que prevengan la constitución de una coalición reaccionaria con el propósito de ajustar cuentas con las clases subalternas”.80