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Referential integrity of annotations

3.6 Discussion

5.1.1 Annotator

5.1.1.1 Referential integrity of annotations

En el famoso distrito Castro de San Francisco, California (conocido por su histórica comunidad gay y figuras como Harvey Milk), nació en febrero de 1976 el Frameline, el primer festival de cine GLBT. Si el Cine provee una ventana para la representación de las subjetividades homosexuales, los festivales cumplen un papel fundamental para la difusión de estas representaciones al constituirse en un espacio de encuentro para la comunidad y de promoción de los trabajos artísticos sobre la temática en el mundo. Analicemos dos casos específicos: la escena de los festivales neoyorquinos y el festival GLBTI El lugar sin límites en Quito.

Nueva York es conocida por albergar una gran población homosexual que ha desarrollado una escena cultural importante. Durante años, dos festivales se han dividido la escena cinematográfica GLBTI de la ciudad: el New Festival y el Mix. El New Festival nació como otra manifestación de activismo tras las protestas de Stonewall en 1988, sus fundadores Susan Horowitz y John Lewis (activistas) lo fundaron con la idea de reforzar la identidad gay primero con la presentación de subtextos queer en el cine clásico y luego con producciones independientes de la temática. Por su parte, el Mix (Festival de Cine Experimental de Gays y Lesbianas) fue creado en 1987 por cineastas alternativos que buscaban ofrecer producciones más experimentales y revertir los estereotipos contemporáneos y las identidades unificadoras gay. Es decir, mientras el uno buscaba la visibilidad como mecanismo de unificar a la comunidad, el otro pretendía subvertir las subjetividades para crear nuevas (siguiendo la línea de la teoría queer). Joshua Gambon (1996), fundador del Mix y sociólogo queer explica que “las identidades colectivas no son invenciones organizacionales, sino que están continuamente filtradas a través de cuerpos organizacionales” (p.235). Es decir, los festivales son representantes de los colectivos que buscan visibilizarlos, pero que se manejan dentro de un contexto institucional. Esto implica que los festivales funcionan como instituciones negociadoras dentro de la esfera cultural que median entre los colectivos y los patrocinadores, distribuidores, productores, etc.

Sin embargo, para Gambon, los festivales tienen varias dificultades al proclamarse como representantes de la comunidad GLBTI. Primero, porque tienen problemas para representar la diversidad de la colectividad (por ejemplo étnica), pues en los 90s, los festivales se dieron cuenta que sin notarlo, sus cintas afianzaron el imaginario del gay blanco burgués, o pecan de ser demasiado vanguardistas, olvidando que son también plataformas para atraer públicos y distribuir los trabajos audiovisuales: películas comerciales, independientes, vanguardistas, videofilms y videoarte. B. Ruby Rich explica que entre los 80s y 90s, los festivales se convirtieron en los espacios por excelencia para promover los trabajos cinematográficos y representaciones queer, pero también eran uno de los pocos lugares donde los diversos miembros de la comunidad GLBTI se encuentran: desde “osos” sadomasoquistas a lesbianas ancianas. Los festivales cumplen dos objetivos: involucrar a la juventud y fomentar la creación de nuevos trabajos” (Rich, agosto 1991).

Este modelo no está restringido al contexto estadounidense; Montreal, Toronto, Buenos Aires, México D.F., los festivales de temática GLBTI se han difundido por todo el mundo. Veamos el caso de El lugar sin límites en Quito, se creó en noviembre de 2002 para conmemorar los cinco años de la despenalización de la homosexualidad en el Ecuador (siguiendo el patrón del New Festival que se hizo para celebrar la década de Stonewall).

“El festival surge por la necesidad de la comunidad de tener una actividad cultural fuera del gueto de las discotecas y los bares, que represente dignamente a sus miembros, que brinde alternativas de información y entretenimiento y que contribuya a cambiar la imagen distorsionada que la sociedad tiene de la diversidad sexual en el país”

Fredy Alfaro. Citado por el autor (2013). Ver anexos. La primera entrega presentó 6 largometrajes de ficción con un promedio de 30 asistentes por función, actualmente presenta 120 trabajos en distintos formatos (ficción, documental, cortometrajes, productos nacionales, etc.) y hasta 350 asistentes en la noche de estreno. En diez años, han mostrado más de mil obras artísticas, crearon los premios y la revista MAX y se han ampliado a Guayaquil, Cuenca, Manta y Riobamba. Cuenta con la colaboración de Ocho y Medio, Quitogay, el aval del Ministerio de Cultura y desde 2005 forma parte de la Red Iberoamericana de Festivales GLBTI que coordina eventos similares en 15 países de la región.

Alfaro – fundador del festival - atribuye la acogida del festival a que “hoy la sociedad y la comunidad están más libres de estereotipos” (Alfaro, ver anexo). Rescata el papel de estos circuitos y del cine para generar nuevos tipos de representaciones fuera de las formas estereotípicas de la televisión y los medios tradicionales. Además de conformar uno de los pocos espacios seguros y visibles donde la comunidad gay quiteña puede reunirse, así, su objetivo actual es entretener e informar.

Pero hoy por hoy, los festivales ya no son los únicos espacios de difusión del cine gay. Rich (agosto, 1991) explica que la aparición del videocasete y posteriormente la del DVD y el internet permitió a los públicos nuevas posibilidades para ver estos tipos de representaciones, para llevarlas a sus casas y difundirlas aún más. En el caso latinoamericano, como señala Patricio Aguirre (particularmente el ecuatoriano) es curioso porque algunos canales de cable y la piratería han permitido una oferta aún

mayor de trabajos audiovisuales. Páginas como YouTube cuentan con decenas de miles de trabajos audiovisuales de todo el mundo que van por todos los géneros y formatos, desde ficciones y documentales a cortos y series en línea. Estos círculos permiten además una ventaja que no tenían los festivales: el anonimato. Pues para muchos espectadores (heterosexuales y homosexuales) ver una película de temática constituye aún un tabú que no siempre se quiere compartir.

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