Chapter 6. Conclusions and Recommendations
6.4 Reflection
(Tb 1-14)
Entre los deportados, tanto del reino de Israel (a Nínive) como del reino de Judá (a Babilonia) había gente buena, que seguía siendo fiel a Dios. Tobit o Tobías es un ejemplo. Era un hombre recto y fiel a Dios. Fue deportado a Nínive, y allí el rey Salmanasar lo estimó mucho y lo nombró su procurador. Podía ir donde quisiera, y se estableció en Media, donde administraba los negocios del rey. Pero, cuando murió Salmanasar, le sucedió su hijo Senaquerib que odiaba a los israelitas y mandó asesinar a muchos. Tanto era su odio que prohibió, bajo pena de muerte, enterrar los cadáveres.
En el destierro Tobías seguía haciendo buenas obras: daba limosna a sus connacionales y, ocultamente, enterraba los cadá-veres. Alguien lo delató ante el rey y tuvo que huir, y le fueron confiscados todos sus bienes. Poco después Senaquerib fue ase-sinado por sus mismos hijos, y Tobías regresó a Nínive. Siguió ha-ciendo obras de caridad y enterrando los muertos. En una de esas ocasiones le sucedió un infortunio que él mismo nos narra: “Aque-lla misma noche, después de bañarme, salí al patio y me recosté contra la tapia, con el rostro al descubierto a causa del calor. Igno-raba yo que arriba, en el muro, hubiera gorriones; me cayó excremento caliente sobre los ojos y me saliereon manchas blancas. Fui a los médicos para que me curasen, pero cuantos más remedios me aplicaban, menos veía a causa de las manchas, hasta que quedé completamente ciego”.
Tobías era ya anciano y, para peor, ciego y en situación econó-mica difícil. Llamó a su hijo, también de nombre Tobías, y le dio estos consejos: “Honra a tu madre y no le des un disgusto en todos los días de tu vida… acuérdate, hijo, del Señor todos los días y no quieras pecar ni transgredir sus mandamientos; practica la justicia todos los días de tu vida… Haz limosna con tus bienes… No vuelvas la cara ante ningún pobre… No retengas el salario a los que trabajan para ti; dáselo al momento… No hagas a nadie lo que no quieras que te hagan… da de tu pan al hambriento y de tus vestidos al desnudo”.
Tobías, padre, recordó que años antes había dejado un depósito a Gabel, en Ragués. Eran unos diez talentos de plata, que ahora le podían servir muchísimo. Envió a su hijo por ese dinero y, como no conocía el camino, le aconsejó que buscara un guía. Pronto lo encontró en la plaza en la persona del ángel Rafael, en apariencia un joven cualquiera que dijo llamarse Azarías.
Emprendieron el viaje y cuando llegaron al río Tigris, Tobías bajó para bañarse los pies. Fue atacado por un enorme pez y Azarías le dijo: “No temas; cógelo por las agallas y sácalo”. Lo descuartizaron, cocinaron una parte y al resto le echaron sal para que se conservara y les sirviera de alimento por el camino. Ade-más, el amigo le aconsejó que conservara muy bien el corazón, la hiel y el hígado, porque más tarde les servirían.
Llegaron a Ecbátana, en donde vivía Ragüel, un pariente de Tobías. Allí contrajo matrimonio con la hija de Ragüel, llamada Sara. Una muchacha muy hermosa y virtuosa, que había tenido siete maridos, pero todos habían muerto el día del matrimonio.
Mientras se organizaba la boda, el compañero de Tobías conti-nuó el viaje hasta Ragués, cobró el dinero y regresó. Después de la boda, regresaron a Nínive con todas las riquezas que Ragüel había dado a su hija.
Al llegar, hubo gran fiesta y alegría, y Tobías, padre, recuperó la vista por intervención del ángel. Cuando le iban a pagar al compañero de viaje todos sus grandes servicios, él manifestó lo que era: “Bendecid a Dios y proclamad ante todos los vivientes los bienes que os ha concedido, para bendecir y cantar su Nombre. Manifestad a todos los hombres las acciones de Dios, dignas de honra, y no seáis remisos en confesarlo. Bueno es mantener oculto el secreto del rey y también es bueno proclamar las obras gloriosas de Dios. Practicad el bien y no tropezaréis con el mal. Buena es la oración con ayuno; y mejor es la limosna con justicia que la rique-za con iniquidad. Mejor es hacer limosna que atesorar oro. La li-mosna libra de la muerte y purifica de todo pecado”. Y añadió: “Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que están siempre presentes y tienen entrada a la Gloria del Señor”.
“Tobías murió en paz a la edad de ciento doce años y recibió honrosa sepultura. Tenía sesenta y dos años cuando perdió la vista; y después de recuperarla, vivió feliz, practicando la limosna, bendiciendo siempre a Dios y proclamando sus grandezas” (Tb 14, 1-12). Antes de morir le aconsejó a su hijo que se fuera de Nínive, porque sería destruida. Y así lo hizo: se fue con su esposa y sus hijos para Media y se estableció en Ecbátana, junto a su suegro Ra- güel. Allí murió a la edad de ciento diecisiete años, después de haber constatato la ruina de Nínive y ver cómo los ninivitas eran llevados cautivos a Media.