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4 Methodological Considerations and Notes on Historiography

4.3. Reflections on my research

En medio de un panorama que se mostraba inhóspito, a una distancia considerable de vías principales como la Av. Villavicencio, la Autopista Sur, o la Av. Boyacá, allí donde para acceder se hacía preciso esperar “los jeeps” que subían hasta cierta parte del barrio Jerusalén u optar por caminar cuesta arriba hasta sus lugares de residencia (Celis, 1998). En este lugar se han construido historias de resistencia y lucha protagonizada por seres venidos en un 70% de los departamentos de Cundinamarca, Boyacá, Tolima, Huila y los Santanderes, así como de las regiones de la Costa Pacífica y Atlántica, los Llanos Orientales y la Amazonía y un 30% de la misma tiene como origen la ciudad (Alape, 1995). Allí, en este territorio que antes fuese caminado por los indígenas muiscas, y los españoles que adquirieron propiedades, se ubica el barrio Caracolí, un lugar que desde su nombre guarda una serie de significados importantes para sus habitantes.

Las personas que llegan allí, traen consigo una carga histórica entre las que se encuentra el desplazamiento forzado por el conflicto armado que ha caracterizado el país como el caso de la señora Oilde de 70 años, quien lleva habitando en el barrio 20 años

ya que empiezan a llegar la gente armada (…) y empezaron a sacar en el pueblo del Líbano – Tolima a las personas de los carros y les pegaban un tiro, ahí los dejaban, y yo con un poco de chinos chiquitos, me toco irme retirando de allá. (2019)

En otros casos se encuentra que el interés principal es la búsqueda de nuevas oportunidades laborales, como el caso de Don Óscar y doña Betilda quienes llevan 10 años en el barrio y provienen de Magangué - Bolívar y San Onofre - Sucre respectivamente

Yo llegué a Bogotá con mi familia (…) nos vinimos de Sucre porque allá la fuente de trabajo es casi imposible, casi no se consigue trabajo y allá mejor dicho uno tiene todo lo que es la comida, todo lo tiene, pero el dinero, lo básico no lo tenía (…) entonces nos tocó venirnos a Bogotá para tener recursos y sacar a nuestros hijos adelante. (2019)

En otras razones se evidencia la necesidad de algunas familias, que para ese tiempo vivían en Bogotá, frente la adquisición de un hogar propio que estuviese ubicado en una zona donde su precio fuese asequible de acuerdo con su presupuesto, como es el caso de Don Jaime (entrevista, 2019) “Hacia el año 1997 (...) compré un lote de $350.000 y me dieron la facilidad de pagar $20.000 mensuales” o doña Mery (entrevista, 2019) “ Vine acá a buscar una casa (…), con 12 millones busque por aquí algo más barato, y la encontré, una casita bien baratica”.

Visto así, el barrio Caracolí fue conformado por familias que buscaban un lugar en el cual sortear las desavenencias que habían sufrido en otras partes de la ciudad o del país; por tanto, al llegar allí se encuentran con un panorama de terrenos baldíos (Gómez Pérez, 2014) que habían sido apropiados por los llamados “Tierreros”, quienes aprovechan la situación de las personas e inician

la venta de algunos lotes, que llegaban a ser revendidos, jugando así con la ilusión de las personas. Esta situación termina siendo un común denominador en estas zonas periféricas de la ciudad (Chaparro, 2009).

Tal panorama, desemboca en un mercado de tierras caracterizado en la localidad de Ciudad Bolívar por la siguiente división:

el primero, la parcelación de las zonas planas cercanas al sector industrial. En un ejercicio regular aunque no planificado de mercado de tierras que hicieron directamente los dueños del terreno; el segundo, el loteo de fincas de forma ilegal y el intercambio por bienes de diversa índole a cargo de urbanizadores piratas; el tercero por la invasión y toma de tierras; el cuarto la compra colectiva de terrenos y su posterior división entre socios, como quinto proceso la venta por intermediación de las agencias del Estado en programas como el de lotes con servicios de la Caja de Vivienda Popular o unidades residenciales básicas, y el sexto y último proceso la compra a firmas constructoras bajo el nuevo paradigma de ciudad. (Gómez Pérez, 2014, p. 22)

Para el caso de Caracolí, se evidencia entre sus habitantes que el tipo de mercado predominante es el loteo de fincas de manera ilegal por parte de “vivatos” que vieron en estas tierras una forma ventajosa de ganar dinero, dicho medio de adquisición fue predominante entre los pobladores que iban llegando, quienes completaban el pago de los lotes, haciendo entrega de electrodomésticos que habían logrado conseguir (Planchas, televisores, entre otros), a cambio de lotes en otras partes del país o compra directa por ahorros que tenían la familias, con el fin de lograr la adquisición de un terreno propio.

Dicha dinámica también tuvieron que enfrentarla al momento de subir hacia el barrio desde las avenidas principales, esto, debido a que se les cobraba una especie de impuestos si deseaban

acceder a la montaña, dicha dinámica era controlada por los policías, quienes haciendo uso de diferentes artimañas para desalojar a las personas que se iban instalando, cobraban entre 300 o 500 pesos para que pudieran transportar materiales de construcción, camas o trasteos (Alape, 1995).

De ahí que, aunque se ha creado en el ideario de las personas que este barrio llamado periférico ha sido poblado bajo dinámicas de invasión, en realidad no fue la principal forma de asentamiento, ya que de hacerlo se veían expuestos al desalojo por parte de los grupos que controlaban las formas de poblamiento allí (Oilde, entrevista, 2019) o por la policía quien llegaba en las noches a desalojar los lugares que se creía habían invadido (Zibechi, 2008) y ya que no se tenía un documento legal que respaldase dicha compra, eran obligados en muchas oportunidades a abandonar el lugar.

Estos grupos fueron conocidos entre los habitantes como los “chuquines”, tal como lo expresa Fernando (líder de la corporación comunitaria Inti Tekoa) se caracterizaban por ser “familias que controlaban todo el tema del loteo, y era gente bastante violenta, con ellos era que se

comercializaba los lotes, ya que ellos decidían a quién vender y a quién no” (Entrevista, 2009). Tal estrategia utilizada por grupos de dicha índole, fue predominante entre los “tierreros”, quienes acapararon el mercado de las tierras, generando entre la población un panorama de control que trascendía las relaciones cotidianas.

De acuerdo con esto, y tomando como aspecto central la necesidad de las familias por construir sus hogares anhelando una vida alejada de las desavenencias que han tenido que sobrellevar, se posiciona entre los nuevos dueños de los lotes en Caracolí, la construcción de sus hogares con los materiales que se tuvieran al alcance. En efecto, inicia la construcción de las viviendas,

caracterizadas por estar elaboradas con lata y tela asfáltica (paroy), poli sombras, tejas y plásticos, ya que lo importante era levantar un “techito donde vivir”, estos hogares se construían con

construían las casas a mitad, porque el viento en la noche, tumbaba las casas realmente”(Gómez, Pérez, 2014, entrevista a Harold, pág. 35).

Sin embargo, a pesar de utilizar símbolos de protección como las banderas de Colombia puestas en las casas, esto no era razón suficiente para que la orden de tumbar los ranchos cumplida por la policía se llevará a cabo (Alape, 1995), dejando en condiciones de vulnerabilidad a las familias que no tenían otro lugar al cual acudir.

Unido a esto, se sobreponen aspectos culturales propios de los pobladores que llegan al barrio; esta situación fue importante en la medida que la consolidación del barrio se vio influenciada por tradiciones culturales, elementos simbólicos y formas de relacionarse, que dieron paso entre otras cosas a la nominalización del barrio “Caracolí es el nombre de un robusto árbol maderable que pulula en las riberas del Atrato, en el Choco, y que abunda en regiones como Vigía del fuerte y Bojayá” (Gutiérrez, 2010), representando la resistencia que ha tenido la población.

Lo anterior fue posible, debido a que entre los primeros habitantes que se establecieron en esta zona, se encuentran comunidades negras del pacifico, quienes fueron determinantes al momento de bautizar el barrio “como tributo a sus tradiciones” (Gutiérrez, 2010). Sin embargo, también fue evidente las formas de lucha por la tierra, propia de las comunidades campesinas, en donde la situación de precariedad a la cual se vieron expuestos, termino siendo determinante para la

consolidación de formas sociales de cooperación y acciones de carácter comunitario en función de construir los hogares y las primeras manzanas del barrio.

Por tanto, luego de levantar su lugar de vivienda se enfrentan a la falta de servicios públicos, dando valía a la afirmación de Zibechi (2008) en tanto que “Caracolí es un montón de casas tristes e incompletas”. Frente a esta situación, surge la habilidad de algunos habitantes para aprovechar a partir de conexiones ilegales, aquellos servicios que ya estaban instalados en los barrios

colindantes; así, del tanque ubicado en la parte alta de Caracolí, empiezan las familias a conectar una red de mangueras que quedaban sobre las vías, asemejando una telaraña y a través de la cual solventaban el servicio del agua.

Loaiza, S. (2018). Topografía e inclinación del barrio Caracolí. [Plano]. Tomado de Google Earth y modificada por mí.

Este panorama genero diferentes problemáticas, ya que usualmente esas mangueras eran desconectadas o rotas, lo cual implicaba que las familias organizaran sus horarios para madrugar e ir a recoger agua hasta dicho tanque “le tocaba a uno levantarse a la 1 de la mañana, porque venían más personas a coger agua, entonces le tocaba a uno madrugar a coger agua, aunque sea la fila” (Don Jaime, entrevista, 2019). Y es que lo que referencia Don Jaime, es la dinámica a la cual se enfrentaron los habitantes, ya que se repartían fichas para asegurar con esto la posibilidad de acceder a algunos baldes de agua; aunque también existía la opción de acercarse al barrio Tanque Laguna o al Puente del Indio, que tenía un sistema de acueducto, en el cual traía sus aguas desde la

vereda de Quiba (Gutiérrez, 2010), o comprarla a algunas personas que en mulas traían baldes de agua y los vendían a la población.

Loaiza. S. (2019). Características topográficas del barrio. [Fotografía]. Imagen propia. Esta organización que fue de tipo comunitario, se reprodujo de la misma forma con el servicio de la luz. Éste, era aprovechado del barrio Jerusalén, en donde hacia los años 80’s sus habitantes inician un trabajo cooperativo en el cual se abren zanjas para instalar postes de luz improvisados (con palos), y conectar cables de manera ilegal desde la IV etapa de Candelaria la nueva, ubicada en la Av. Villavicencio hasta Tanque Laguna, Buenos Aires, Santa rosita y Tres esquinas; desde este último barrio, ubicado en la parte Norte del Barrio Caracolí, y desde donde inicia el proceso de urbanización del mismo (Fernando, entrevista, 2019), las familias realizan conexiones para

abastecer del servicio a sus hogares, para esto, era común que entre varias personas reunieran dinero para la compra del cable que iba a satisfacer dicha necesidad.

(…) y conseguimos los cables, la gente ayudo con los palos, unos a abrir chambas, abrir huecos y otros a enterrar (…) pero cuando la luz llegó arriba al tanque de Jerusalén,

alumbraba más una vela porque eso no tenía fuerza, no tenía potencia para darle alumbrado al barrio. (Gómez Pérez, 2014, entrevista a Juanita Lloreda, pág. 35)

En medio de esta situación, hacia finales de los años 90´s llega la asistencia humanitaria de la ONG médicos sin fronteras al barrio Caracolí, la cual ayudo a minimizar la problemática que se presentaba con las aguas negras, creando un gran impacto entre la población.

Esta situación de solidaridad, empieza a generar entre los habitantes lazos sociales que se fortalecen con la puesta en marcha de demandas y proyectos comunes, creando entre ellos formas de sentido de pertenencia y arraigo por aquello que, de manera paulatina, pero en compañía de otros fueron construyendo (Torres, 2002). Tal es el caso de aquellos pocos lugares que se lograron

construir para beneficio de la comunidad, como por ejemplo la CEAN (Centro Educativo Amigos de la Naturaleza), construido hacia el año 1997, el único centro educativo con el que cuenta el barrio, gestionado

a través de su Junta de Acción Comunal, la Policía Nacional y La Fundación San Antonio, de la Arquidiócesis de Bogotá (…) la comunidad colocó el terreno, la Policía consiguió algunos recursos y donaciones para la construcción y junto con la comunidad construyó el colegio y lo dotó. (CEAN, s.f)

Dicha construcción solvento la necesidad que existía en la comunidad en torno al acceso a educación en el barrio, en cabeza de la sargento Floralba Maldonado, se ha llevado a cabo la formación de los niños, apoyado por el cuerpo de la Policía Nacional, en donde el cargo de

docentes es asumido por los bachilleres que prestan el servicio militar. CEAN, es reconocida entre la comunidad como un lugar que ha marcado la historia del barrio en la medida que ha

concentrado diferentes campañas de salud, educativas, y de entidades como visión mundial, que han dado solución a algunas necesidades básicas.

Espacios como la CEAN, que fueron construidos de manera colectiva a la par que la cancha del barrio Caracolí, lograron ser consolidados en medio de la acelerada ocupación que se fue

presentando hacia finales de los años 90´s, y en donde la participación de organizaciones como “Un techo para mi país”, “Médicos sin fronteras”, la organización de madres comunitarias, “Misioneros de la Consolata”, “Afrodes” y diferentes iglesias evangélicas, hicieron un aporte fundamental en la construcción de un ambiente más agradable para los habitantes.

Por consiguiente, el trabajo encaminado por los anteriores actores, fue determinante en medio de la situación a nivel nacional que embargaba a los colombianos en cuanto a la violencia política, seguridad, estabilidad económica y falta de garantías frente a servicios como la salud y la

educación, que complejizaba la situación en las zonas marginales de la ciudad de Bogotá, a lo cual se unió la falta de planeación frente a la ocupación del espacio. Pese a esto, con el decreto 1063 del 17 de diciembre de 1998 se ordena la legalización del desarrollo Caracolí, el cual posteriormente, de acuerdo a lo indicado por el artículo 239 del acuerdo 6 de 1990, se inicia el trámite de

legalización urbanística y se expide la resolución No. 0843 del 24 de octubre de 2007 “Por la cual se legaliza el desarrollo Caracolí ubicado en la localidad No. 19 de Ciudad Bolívar, en Bogotá D.C”, sin embargo, con la resolución 1153 del 2 de octubre de 2015 se legalizo la situación del barrio Caracolí, luego de encontrar que la resolución del 2007 había hecho dicho proceso de manera “clandestina”.