En este capítulo se presentan los análisis zooarqueológicos y tafonómicos del sitio Claromecó 1. En primer lugar, se efectúa una breve síntesis de los antecedentes arqueológicos de la cuenca del arroyo Claromecó. Posteriormente, se caracteriza al sitio arqueológico en relación a su estratigrafía, cronología e información paleoambiental. Finalmente se dan a conocer los resultados de los estudios faunísticos, para los cuales se siguieron los lineamientos metodológicos descriptos en el Capítulo 3.
5.1- Antecedentes arqueológicos de la cuenca del arroyo Claromecó
En la cuenca de este arroyo se han llevado a cabo investigaciones arqueológicas sistemáticas, principalmente en la cuenca superior. Un ejemplo de ello son los trabajos realizados por Politis y equipo en el sitio Arroyo Seco 2 (Gómez 2000; Gutiérrez 2004; Gutiérrez et al. 2000; Leipus 1997; Politis 1984; Politis et al. 1988; Politis et al. 2014, entre muchos otros). En ese sitio, los temas abordados comprenden desde estudios generales de análisis líticos, bioarqueológicos, zooarqueológicos, isotópicos, tafonómicos y geoarqueológicos, hasta estudios específicos, como el análisis funcional de instrumentos líticos o del desgaste de cuentas de collar.
En la cuenca inferior y zonas aledañas las investigaciones han sido más escasas. En la década de 1920 Aparicio mencionó el hallazgo de una serie de sitios arqueológicos superficiales en la margen derecha del arroyo, específicamente en las hoyadas de deflación de la línea de médanos, donde registró artefactos líticos (Aparicio 1925). Años más tarde, Mesa y Conlazo (1982) presentaron los resultados de una prospección efectuada en la cadena de médanos, aledaña al curso de agua. Al igual que Aparicio, encontraron gran cantidad de materiales líticos, pero sólo dedicaron unas pocas páginas a la descripción y cuantificación de los mismos.
Recientemente, se destacan las investigaciones llevadas a cabo por Bonomo (2004, 2005) en este sector de la cuenca. Este investigador relevó numerosas
126 colecciones públicas y privadas, conformadas por materiales recolectados en las inmediaciones de la localidad de Claromecó. En ellas reconoció artefactos líticos (núcleos, materiales de molienda, yunques, puntas de proyectil, raederas, raspadores, desechos de talla, entre otros) procedentes tanto de la cadena de médanos como de la llanura adyacente. Además, este autor registró algunos restos faunísticos de Lama guanicoe, Ozotoceros bezoarticus y Otariidae, así como tiestos cerámicos. El análisis de estas colecciones reflejaron las tendencias que luego Bonomo (2004, 2005) propuso para el litoral atlántico del área Interserrana en base a excavaciones y prospecciones sistemáticas.
Durante los trabajos de prospección realizados por Bonomo se detectaron varios sitios y hallazgos aislados a lo largo de la cuenca de este arroyo, tanto en superficie como en estratigrafía (Bonomo 2004). Por un lado, en la llanura adyacente se localizaron una serie de materiales en superficie, consistentes en restos líticos de rodados costeros, cuarcitas, ftanitas y cuarzo y sobre la margen derecha del arroyo se registró, en un sondeo, una acumulación de huesos de Lama guanicoe (NMI=3) sin modificaciones antrópicas y asociados con escasas lascas. Por otro lado, en la cadena de médanos se reconocieron, en inmediaciones de la ciudad de Claromecó, el sitio arqueológico Caracolero y cuatro hallazgos aislados26 sobre la superficie. En el sitio se hallaron artefactos líticos (n=102) asociados a restos de Mollusca marinos indeterminados. Si bien la depositación de los restos de invertebrados es consecuencia de tormentas episódicas actuales, estas habrían sucedido también en el pasado pre- hispánico, dejando sobre la playa exoesqueletos de moluscos marinos disponibles para su utilización. Al igual que los materiales líticos de los hallazgos aislados, en este sitio predominan los artefactos elaborados en rodados costeros y fue caracterizado como un sitio taller (Bonomo 2004, 2005).
Como parte de los trabajos de su investigación post-doctoral, M. Bonomo prospectó nuevamente, en el año 2004, el camino adyacente al arroyo Claromecó. Se efectuaron dos sondeos estratigráficos, denominados 1 y 2, en los que se encontraron huesos de L. guanicoe y artefactos líticos. El sondeo 2 fue realizado en adyacencias a uno ejecutado previamente (véase Bonomo 2004), en el cual se habían registrado artefactos líticos y restos óseos. En este muestreo se hallaron sólo tres vértebras de
26 Bonomo consideró como hallazgos aislados los contextos integrados por entre uno y 40 artefactos
127 Lama guanicoe y una lasca de cuarcita a los 80 cm de la superficie del terreno, en una superficie de estabilización del paisaje ubicada en el Miembro Río Salado de la Formación Luján. Ambos sondeos estaban separados entre sí por ca. 200 m y luego fueron denominados como sitios Claromecó 1 y 2. El primero de ellos es el sitio en el que se focaliza este capítulo.
5.2- Sitio arqueológico Claromecó 1
5.2.1- Aspectos generales del sitio
El sitio Claromecó 1 (en adelante CL1) se localiza en la margen izquierda del arroyo homónimo a los 38º 50´ 21,8´´ S y 60º 5´20,8´´ O y a una distancia de 2,61 km de la costa atlántica (Figura 5.1). Se ubica aledaño al camino del Paseo de las Cascadas que bordea el arroyo, en inmediaciones de la cuarta cascada. En los trabajos de prospección efectuados por Bonomo en el año 2004 se hallaron, a lo largo de este camino, una centena de artefactos líticos y restos faunísticos, algunos asignados a L. guanicoe. A partir de la mayor concentración de materiales se determinó el lugar de la excavación del sitio.
Los trabajos de campo se realizaron en dos campañas sucesivas, en los años 2004 y 2005. En la primera de ellas se plantearon cinco cuadrículas en el espacio comprendido por el alambrado que delimita la chacra experimental integrada Barrow (INTA) y el camino adyacente al arroyo. Al año siguiente, como consecuencia de los trabajos municipales que ensancharon el camino, ese espacio fue eliminado. Por este motivo se decidió plantear 16 nuevas cuadrículas dentro de la chacra experimental, en el sector contiguo al camino. Las dimensiones de las mismas fueron de 1x1 m, totalizando un área de 21 m2. Se excavó siguiendo niveles artificiales de 5 cm y los sedimentos se tamizaron en zarandas en seco con un tamaño de malla de 2x2 mm en las cuadrículas uno a cinco y 1x3 mm en las cuadrículas seis a 21 (Figura 5.2).
128 Figura 5.1. Localización del sitio CL1
En CL1 se recuperaron artefactos líticos (N=423), pigmentos minerales (N=2), tiestos cerámicos (N=87), fragmentos de loza (N=20), vidrios (N=9), ecofactos (N=8) y restos faunísticos (N=4163). Estos materiales se distribuían entre los 10 y 90 cm de profundidad desde el nivel 0, aunque no de forma homogénea. Es decir, en la parte superior (ca. 10-50/65 cm de profundidad) de la secuencia estratigráfica, la mayoría de
129 los restos fueron de origen post-hispánico (por ej. vidrio y fauna introducida). Por otro lado, en el sector inferior (ca. 55/70-75/90 cm de profundidad) del sitio, la mayoría de las piezas fueron de asignación pre-hispánica (tiestos cerámicos, artefactos líticos, etc.).
Figura 5.2. Planta de excavación del sitio CL1
En líneas generales, se registraron diversos materiales faunísticos tales como gasterópodos marinos, cáscaras de huevo, placas de armadillos y restos óseos y dentarios. Se reconocieron nueve fragmentos de vidrio y 20 tiestos de loza, algunos de estos últimos determinados como Whiteware (sensu Schávelzon 1991). Además, se recuperaron tiestos cerámicos (n=87) y artefactos líticos (n=423) de clara manufactura indígena.
La mayoría de los tiestos cerámicos fueron de tamaño pequeño y aquellos restos utilizados en el análisis (n=45) permitieron determinar que los mismos pertenecían al cuerpo (84,4%) y borde (15,6%) de por lo menos tres vasijas. Con respecto a la cocción, esta fue mayormente reductora (53,3%) u oxidante incompleta (31,2%) y la técnica de elaboración utilizada fue la de rodete. Por último, el acabado de la superficie fue en su mayoría con engobe (48,9%) y alisada (37,8%) y sólo un tiesto presentaba pintura roja (Bonomo et al. 2008). En suma, la descripción y análisis de la cerámica concuerda con la alfarería de cazadores-recolectores del área Interserrana.
130 En cuanto a los materiales líticos, están conformados por instrumentos (tallados y por uso), desechos de talla, núcleos y ecofactos. El conjunto está integrado en su mayoría (90,5%) por artefactos confeccionados en rodados costeros (mayoritariamente basalto) y, de estas materias primas, se seleccionaron aquellas con calidades para la talla buena a muy buena (93,5%). Esto último difiere de las tendencias registradas en los talleres de la cadena de médanos, pero se asemeja por el tipo y cantidad de rodados costeros reducidos mediante la talla bipolar. En CL1 se redujeron grandes cantidades de rodados para la obtención de lascas, las cuales fueron utilizadas directamente o como forma base de instrumentos. Cabe destacar el hallazgo de dos preformas de punta y tres puntas de proyectil fragmentadas que, conjuntamente con la evidencia zooarqueológica, permitieron interpretar que en momentos pre-hispánicos algunas de las actividades realizadas en el sitio estuvieron vinculadas a la caza con arco y flecha. En relación a lo anterior se destaca que CL1 fue un campamento transitorio, el cual representaría un solo evento de ocupación (Bonomo et al. 2008:37).
Cabe aclarar que en el año 2007 se realizaron dos nuevos sondeos entre el alambrado y el camino con los objetivos de evaluar la extensión del sitio CL1 y la depositación de restos faunísticos. El sondeo al norte de CL1 (38° 50´ 16,73´´ S y 60° 5´23,37´´ O) no arrojó materiales en capa y los sedimentos estaban altamente perturbados, en tanto que el sondeo del sur (38° 50´ 24,17´´ S y 60° 5´ 19,92´´ O) presentó una estratigrafía similar a la del sitio, pero con la Unidad II (véase más adelante) menos desarrollada (Figura 5.3) debido tal vez, a que se encontraba en una posición más elevada a la del sitio. En este caso se hallaron escasos restos faunísticos actuales.
Figura 5.3. Ubicación de los sondeos en relación con CL1 Referencias: SN=sondeo norte; SS=sondeo sur; SCL1=sitio Claromecó 1.
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5.2.2- Estratigrafía
La secuencia estratigráfica en CL1 fue estudiada por Favier Dubois (2007), quien la dividió en tres unidades. Como los estratos presentan un buzamiento a lo largo del sitio, el comienzo y final de cada uno varía verticalmente en las diferentes cuadrículas con respecto al nivel 0 (Figura 5.4). Comenzando de abajo hacia arriba se encuentra la Unidad III (UIII), que tiene su techo entre los 85/65 cm de profundidad, el sedimento tiene una textura franco-arenosa y un pH alcalino fuerte. Entre los 85/65 cm y los 65/50 se haya la Unidad II (UII) de textura limo-arenosa, un pH alcalino moderado y bien provista de materia orgánica. La última unidad (Unidad I, UI) va desde los 65/50 hasta los 10/0 cm. La textura de este sedimento es arenosa y con un pH alcalino moderado (Tabla 5.1). Cabe aclarar que las muestras de sedimento se tomaron en la cuadrícula 13, perfil Oeste (Figura 5.4 y 5.5).
Tabla 5.1. Características físico-químicas de las muestras
Unidad Profundidad de
las muestras pH M.O. (%) Arcilla (%) Limo (%) Arena (%)
I (M1) 29 cm 8,08 3,4 14,03 15,82 70,15
II (M2) 61 cm 8,16 6,18 22,55 16,73 60,72
III (M3) 79 cm 8,64 2,97 37,41 12,16 50,44
Referencias: M1, M2, M3= muestra 1, muestra 2 y muestra 3, respectivamente; M.O.= materia orgánica. Nota: los análisis de las muestras de sedimento se efectuaron en el Laboratorio de Análisis de Suelos,
Facultad de Agronomía (Azul). UNCPBA.
Sobre la base de la secuencia estratigráfica, los sedimentos de la UIII son referibles al Miembro Río Salado de la Formación Luján y se relacionan con procesos fluviales. La UII está en discordancia erosiva con la UIII y se trata de un paleosuelo formado en una planicie de inundación distal. En esta unidad se recuperaron las principales evidencias arqueológicas pre-hispánicas. El contacto irregular con la unidad superior fue interpretado como la erosión parcial de este paleosuelo. Por último, la UI es un sedimento eólico edafizado (Favier Dubois 2007), el cual contiene principalmente materiales arqueológicos post-hispánicos. La actividad agrícola ocasionó quizá la erosión de suelos arenosos que luego el viento transportó y acumuló en este sector del valle. Esto habría sucedido de forma episódica, combinado con momentos de estabilidad (Steffan y Leon 2012).
132 Figura 5.4. Estratigrafía del sitio. Perfil oeste
133 Figura 5.5. Unidades sedimentarias y muestras tomadas en el año 2005
Referencias: U1=unidad sedimentaria 1; U2=unidad sedimentaria 2; U3=unidad sedimentaria 3; M1=muestra Nº 1; M2=muestra Nº 2; M3=muestra Nº 3.
Por último, se menciona que los materiales pre-hispánicos (sobre los cuales se hará mayor énfasis en este capítulo) se encuentran contenidos básicamente en el paleosuelo de la Unidad II, aunque también se hallaron algunos restos en el techo de la UIII y en la base de la UI. A partir de la información geoarqueológica y tafonómica (véase apartado 5.3.2) se infiere que la distribución de los materiales arqueológicos sufrieron perturbaciones post-depositacionales (por ej., erosión parcial del paleosuelo y reexposición de los materiales).
5.2.3- Cronología
Para establecer la cronología de la ocupación pre-hispánica del paleosuelo de la Unidad II se realizó un fechado C14 por AMS en el Laboratory of Isotope Geochemistry, Department of Geosciences (Tucson, Arizona). Se procesó un desecho helicoidal de diáfisis de hueso largo de mamífero (pieza nº 4, nivel 55-60, cuadrícula 5) que arrojó una edad de 800 ± 34 años C14 AP y un valor de C13 de -21,2 (AA-64621) (Figura 5.4). Esta datación calibrada en años calendarios con 2δ (95% de probabilidad) corresponde al lapso establecido entre 1283 y 1165 años DC. La fecha radiocarbónica
134 obtenida es semejante a las de los eventos pedogenéticos registrados a 1,8 km de la desembocadura del arroyo Claromecó (840 años AP; Isla y Espinosa 1998), en el río Sauce Grande (995 años AP; Rabassa 1989) y en el curso inferior en el sitio Quequén Salado 1 (790 años AP a 960 años AP; Madrid et al. 2002; Steffan et al. 2010).
Por otro lado, la cronología de la Unidad I se estableció de manera relativa, a partir de su ubicación estratigráfica, los materiales modernos recuperados (tipo de loza, apartado 5.2.1) y las observaciones geoarqueológicas (apartado 5.2.2). A partir de estos criterios se propuso que la depositación de los materiales en los sedimentos de la Unidad I sucedieron entre ca. 800 años AP y tiempos recientes (ca. 100 años AP).
5.2.4– Estudios paleoambientales
Con el fin de reconstruir el ambiente del pasado a escala local y areal se llevaron a cabo los análisis de los datos geoarqueológicos y malacológicos. Recientemente, se estudió la variabilidad taxonómica y tafonómica de los gasterópodos dulceacuícolas- terrestres y de los vertebrados a lo largo de la secuencia sedimentaria del sitio. Dos conclusiones de ese estudio fueron la respuesta desigual de los diferentes proxies a los cambios paleoambientales y la presencia de agua en gran parte del perfil estratigráfico, es decir fluctuaciones del nivel de agua, una planicie de inundación y acumulación de agua temporaria (Steffan y Leon 2012).
A escala de sitio se infirió que en la UIII los sedimentos fluviales se depositaron en un ambiente acuático calmo, aunque con probables eventos de mayor energía (P. Steffan, comunicación personal 2012). Tiempo después, el sector UII pasó a ser una planicie de inundación distal en la que disminuyó la influencia del agua y permitió el desarrollo del paleosuelo palustre (indicando condiciones de estabilidad) junto a la ocupación humana pre-hispánica. A una escala mayor a la de sitio, la determinación de una especie de gasterópodo (Miradiscops brasiliensis) y la formación del suelo, al igual que otros eventos pedogenéticos a escala areal (Isla y Espinosa 1998; Rabassa 1989; Steffan et al. 2010), señalaron un clima y ambiente cálido y húmedo (véase apartado
5.2.3).
En la secuencia analizada por Isla y Espinosa (1998), a 1,8 Km de distancia de la desembocadura del arroyo Claromecó, la cual comprende desde 2430 años AP hasta el paleosuelo fechado en 840 años AP, se dedujo la existencia de un cuerpo de agua
135 somero, levemente salobre y sin conexión marina durante ese intervalo temporal. Asimismo, este se encontraba asociado con abundante vegetación y sometido a la fluctuación hídrica debido, probablemente, a la variación en el balance de precipitación/evaporación (Hassan et al. 2004). Hacia el tope de la columna estratigráfica, específicamente a partir de los 840 años AP, el cuerpo de agua se volvió más somero, disminuyendo su profundidad. Es a partir de ese momento que aumentó la desecación hasta la formación del suelo y posteriormente se desecó completamente como consecuencia de condiciones ambientales más secas o simplemente por la migración de los médanos (Hassan et al. 2004). Por último, en ese sector se consideró la presencia de vegetación de praderas y halófitas en el ambiente circundante e hidrófitas en el borde del cuerpo del agua que luego de los 1100 años AP empieza a reemplazar a estas comunidades vegetales por otras típicas de la cadena de médanos (por ej. taxa psamíticas como Ambrosia sp.) (Vilanova et al. 2010). Estos últimos autores sugieren que esta tendencia hacia la desecación se podría deber a un período regional seco (Vilanova et al. 2010:221), iniciado en los ca. 2500 años AP, pero incrementado luego de los 800 años AP.
Tal vez las condiciones de mayor aridez o el desplazamiento de los médanos, luego de los ca. 840 años AP, generaron el movimiento de sedimentos circundantes que erosionaron parcialmente el paleosuelo de la UII. Después de este suceso se depositaron los sedimentos de la UI, en tiempos recientes y como consecuencia del transporte eólico (véase el apartado 5.2.2). Tal cúmulo de arenas edafizadas se produjo como mínimo en dos eventos de depositación en el sector del sitio. El primer suceso fue la acumulación eólica de sedimentos edafizados y su posterior estabilización. Sobre esta se produjo una nueva depositación eólica de sedimentos edafizados y una acumulación temporaria de agua y posterior desarrollo del suelo actual (Steffan y Leon 2012).
En síntesis, luego de la acumulación de sedimentos fluviales, este sector se transformó en una planicie de inundación distal que, por desecación, culminó con la formación de un suelo de alcance areal. En ese momento se habría producido la ocupación pre-hispánica durante condiciones de mayor humedad y temperatura que en momentos previos y coincidiría con el mejoramiento climático de ca. 1000 años AP (Pardiñas et al. 2010; Quattrocchio et al. 2008). Luego de la ocupación pre-hispánica devino una desecación y en algún momento este paleosuelo fue parcialmente
136 erosionado, tal vez como consecuencia de una aridización regional (ca. 500 años AP, Quattrocchio et al. 2008; Tonni et al. 1999) o por el desplazamiento de los médanos. En tiempos recientes, como consecuencia de las tareas agrícolas, se produjo la acumulación eólica de sedimentos edafizados en este sector, que evidencia superficies de estabilización y acumulaciones temporarias de agua.
5.2.5 – Componentes del sitio
Bonomo y co-autores (2008) dividieron el sitio en componentes sobre la base de la clase de materiales, su distribución vertical y el contexto estratigráfico. Como se puede observar en la Figura 5.6 los materiales de manufactura indígena se encuentran en el Componente Inferior, principalmente en la Unidad II, y los restos de origen europeo se registran en el techo y parte media de la Unidad sedimentaria I (Componente Superior). Asimismo, se advierte una zona entre ambos componentes, considerada como de mezcla de materiales, en la cual se hallaron restos de manufactura indígena, así como fauna autóctona y europea (Bonomo et al. 2008).
Figura 5.6. Distribución vertical de los materiales arqueológicos (cuadrículas 6, 7, 14 y 15) (tomado de Bonomo et al. 2008:Figura 3)
137 En este trabajo de tesis se mantiene la designación de Componentes (Inferior y Superior) pero se consideró sólo un Nivel de mezcla. Como se observa en la Figura 5.4, CL1 presenta un buzamiento de sus unidades. Por tal motivo, se dividió verticalmente el sitio teniendo en cuenta la geomorfología de las unidades sedimentarias y los tipos de materiales arqueológicos (Figura 5.7). Esta operación resultó conveniente ya que permitió comparar entre cuadrículas en las que una misma unidad sedimentaria se encontraba a distintas profundidades respecto del nivel 0. Cabe aclarar que en aquellas cuadrículas en las que se observó en un mismo nivel parte del paleosuelo con la UI se lo consideró como Nivel de mezcla (Figura 5.7). Siguiendo esta división operativa, que se exhibe en la Figura 5.8, así como la distribución vertical de todos los materiales del sitio, se advierte una tendencia similar a la destacada por Bonomo y co-autores (2008), que confirma la presencia de los Componentes.
138 Figura 5.7. División de componentes en CL1 para cada una de las cuadrículas excavadas
Referencias: CS=componnte superior; Nm=nivel de mezcla; CI=componente inferior. Nota: escala horizontal 1=20 cm; escala vertical 1=10 cm.
139 Figura 5.8. Distribución vertical de todos los materiales arqueológicos del sitio Referencias: CS=componente superior; Nm=nivel de mezcla; CI=componente inferior.
5.3- Resultados
En este apartado se presenta el análisis completo del conjunto faunístico de CL1,