B. PHMSA Comments Security Concerns
V. Regulatory Analyses
Para el ejercicio practico de la planeación fiscal que, como toda técnica, presupone los requisitos exigibles para cualquiera de ellas, el conocimiento de tales requisitos es indispensable, según José Villaseñor Tejeda, son cuatro:
a) Un sujeto capaz. b) Un objeto especifico.
c) Un instrumento adecuado. d) Un método eficaz.
Sujeto capaz.
Casi todos los teóricos de la planeación fiscal concuerdan en afirmar que ésta constituye un área propia de la profesión de contador público. Probablemente se basan, en que el manejo de los hechos legales y documentales requiere del soporte contable y del conocimiento en cuanto a razonabilidad, lógica y congruencia de tales hechos con los volúmenes y características de operación del sujeto.
Sin embargo, independientemente de cualquier discusión al respecto, lo cierto es que el profesional que más la ejerce es justamente el contador público.
Ello, no implica garantía alguna de que la sola profesión de tal título confiera la capacidad plena para su ejercicio. Los mismos teóricos abundan en la afirmación de los atributos y cualidades necesarios para su ejercicio que en la discusión misma sobre las especialidades profesionales. Así, suelen citar:
La experiencia.
El conocimiento de las leyes.
El conocimiento de las operaciones a realizar. La imaginación, etc.
A nuestro juicio, sólo cabe resumir en cuatro puntos los requisitos fundamentales relativos al sujeto:
A- Conocimiento de las disposiciones legales relativas.
Este conocimiento implica, principios generales del derecho, la jerarquía de las leyes, la estructura y conceptos fundamentales de las disposiciones fiscales e información general sobre derecho civil, penal, mercantil y laboral, una visión suficientemente amplia sobre el siguiente mínimo de leyes a considerar:
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y sus leyes
reglamentarias.
Código Fiscal de la Federación.
Jurisprudencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y del
Tribunal Fiscal de la Federación.
Ley del Impuesto Sobre la Renta y su Reglamento. Demás leyes impositivas y sus Reglamentos.
Otras disposiciones (leyes de ingresos, criterios, circulares, acuerdos,
etc.)
B- Conocimiento de las actividades empresariales o individuales a desarrollar.
Además de una noción práctica sobre la naturaleza y característica de las actividades socio-económicas, lo siguiente:
Giro y actividades colaterales reales o posibles. Etapa de actividad.
Operaciones por realizar y monto de las mismas. Elementos de su contabilidad.
Relaciones con otras entidades. Otras (las específicas de cada caso)
C- Imaginación y memoria para aplicar y combinar las estrategias derivadas de las economías fiscales a emplear.
La diferencia entre un táctico y un estratega es la misma que hay entre el que observa el árbol y el que conoce el bosque:
El táctico busca un fin y aplica una o varias soluciones aisladas para
resolver un problema inmediato.
El estratega confronta un conjunto de fines y se sirve de diversas tácticas
para resolver el problema dentro de un futuro más amplio.
El táctico resuelve. El estratega planea y soluciona. La imaginación es el medio para visualizar el futuro. La memoria es el medio para recordar el pasado.
El táctico sólo emplea la memoria y apenas da uso a su imaginación. El estratega emplea las dos en igual medida, aunque siempre con la vista en el futuro a través del plan elaborado.
D- Orden, tiempo y circunstancia en los que habrán de aplicarse las estrategias.
Toda planeación debe ajustarse a una consideración jerarquizada de las prioridades, de la oportunidad y del medio en los que habrá de aplicarse. Existen soluciones procedentes en determinados casos, pero no en otros. En una palabra, también en materia de planeación fiscal: “no existen enfermedades, sino enfermos”. Consecuentemente, las recetas hechas sólo existen para el táctico, pero no para el estratega, porque este último bien sabe que el remedio útil en un caso puede ser veneno del otro.
Un objeto especifico.
Para la planeación fiscal significa: reducir la carga tributaria que pudiere gravitar sobre cualquier patrimonio.
El objetivo, es, pues la reducción coyuntural de un tributo determinado. El objeto: la optimización económica del patrimonio mismo para que continúe siendo tal, incluyéndose en ello, el conjunto de medidas a emplear para el abatimiento o suspensión continuos de las diversas cargas tributarias. El objeto es preocupación prioritaria del estratega.
La sola existencia de una entidad patrimonial, en la medida en que es susceptible de una entidad patrimonial, en la medida en que es susceptible de colocarse en la situación jurídica de tributante, la constituye en objeto de la planeación fiscal.
Un instrumento adecuado.
Los medios propios de la planeación fiscal se denominan estrategias. Constituyen el instrumental del que sirve nuestra técnica. Tales estrategias difieren de las técnicas, en que, obedecen a una visualización más amplia, completa y cabal de la problemática de fondo a resolver. Cabe entenderlas de tantas clases como tipos de economías fiscales fueron expuestas, es decir:
Las que resultan de abstenerse de incidir por inacción o por substitución
en las prevenciones legales.
Las que resultan de las opciones que las propias leyes establecen. Las que resultan de abstenerse de incidir por inacción o por substitución
en las prevenciones legales.
Las que resultan de las posibilidades de elección a las que puede
acceder.
consideraciones de política económica y social preconizadas por el poder público.
Las que resultan de eximir a determinados sujetos por consideraciones de
política fiscal.
Las que resultan del manejo mismo del patrimonio en atención al tipo de
operaciones que se realizan.
Las que resultan en razón de los vínculos de filialidad (tanto en personas
físicas como morales) con respecto a la distribución del patrimonio común.
Las que resultan de las imperfecciones de la legislación misma.
Un método eficaz.
El método es siempre la sustancia misma, no sólo de las ciencias y de las técnicas, sino incluso de cualquier actividad vital susceptible de racionalización.
En materia de planeación fiscal, el método se sintetiza en cinco etapas fundamentales:
El análisis del caso.
Evaluación a presente y a futuro de las condiciones, características y monto del patrimonio sujeto a planeación, así como el impacto del tributo probable que pudiera afectarlo.
La selección de las estrategias posibles.
El análisis induce a la determinación de ámbitos, áreas y posibilidades, consecuentemente, las estrategias deben ser congruentes con los resultados del análisis.
La valoración o evaluación de alcances, operancia, seguridad y
consecuencias.
La determinación del ahorro efectivo resultante, según el plan, de las estrategias seleccionadas y su dosificación prevista, tanto en el orden fiscal como en otros órdenes, así como el grado de congruencia con las condiciones del caso específico.
La implementación de las estrategias planteadas.
Una vez acordada la realización del plan, es menester implementar todas y cada una de las fases, formalidades, trámites, documentos, etc, a efecto de asegurarse de la concordancia de lo planeado con su ejecución práctica.
El mantenimiento del plan.
Obviamente, ninguno es inmutable. Los cambios de las leyes repercuten en supresiones de medidas, reformas, transformaciones y modificaciones de toda índole. Es pues, hacer necesario mantener al día la ejecución del plan, ajustándolo y reajustándolo en atención a las circunstancias.
Planeación fiscal.
Ésta no puede ejercerse sin un plan. Sería ocioso conocer su naturaleza, su licitud y sus requisitos técnicos si todo el trabajo a realizar no fuese planificable para su adecuada consideración.
El plan fiscal debe ajustarse a requisitos, contener determinados elementos y ejercerse con determinada metodología.
Los requisitos: cada estratega podrá cambiarlos, adicionarlos o mejorarlos conforme a su leal saber y entender. Los elementos tampoco son rígidos. La metodología, consecuentemente, corre la misma suerte de los requisitos y los elementos.
Con lo anterior quiere ratificarse que la formulación del planes tan flexible como la imaginación misma de cada ejecutante.
Requisitos.
Para que cualquier plan pueda entenderse como tal es menester que se configure sobre la base de cumplir con determinados requisitos. Es de suponer, que por lo menos deben observarse los siguientes cinco:
Inclusión: debe quedar contenida en él la totalidad de las estrategias que
se pretenda aplicar.
Descripción: la sola inclusión de las estrategias por aplicar haría suponer
que basta con su enunciado, pero se requiere describirlas en mayor o menor grado para asegurarse de haber dejado preestablecidas todas las consecuencias e implicaciones que entrañan.
Dosificación: es conveniente señalar las magnitudes, montos o
proporciones que se le den dentro del plan a las diversas estrategias a utilizar.
Articulación: las estrategias aisladas no constituyen un plan; es
menester, pues, dosificarlas dentro de un engranamiento de las mismas que permita la visión global sobre los alcances del plan.
Ordenación: no basta con dosificar y articular, también se requiere de un
orden que permita suponer la realización en el tiempo del plan completo. Elementos.
Todo plan los contiene, pero difiere de uno a otro. Dentro del propósito de señalar únicamente los esenciales, cabría referir los siguientes:
Las estrategias mismas, es decir, el conjunto de medidas o soluciones
Los fundamentos que permiten sostenerlas: la razonabilidad y la lógica
de las medidas y proporciones con las que habrán de aplicarse.
Los apoyos o soportes que habrán de considerarse en su implantación y
son de cuatro clases: legales, documentales, físicos y contables.
Los resultados la estimación de las consecuencias económicas que la
implantación del plan permitirá. Metodología.
a) Análisis:
Consiste en identificar el estado actual desde el punto de vista fiscal, jurídico, financiero, etc., de la empresa o grupo de empresas que serán objeto de la planeación. En esta parte se pretende determinar cuales son las características particulares respecto a su funcionamiento, capacidad de generar ingresos, giro, etc.
b) Diagnóstico:
Es determinar las posibles soluciones que servirán de base para la toma de decisiones.
c) Diseño de opciones:
Es el análisis conjuntamente de los asesores con los accionistas de la empresa en donde se determinan los procesos a seguir. Los acuerdos tomados pueden involucrar a especialistas de otras áreas, en su caso.
Al efectuar el diseño de estrategias siempre se cuida que exista una razón de negocio.
Se evalúa la viabilidad de la operación que se pretende llevar a cabo, a través de diferentes puntos de vista y situaciones.
d) Evaluación de riesgos:
Consiste en la determinación de las contingencias que pudieran presentarse. e) Selección:
En esta etapa se escoge la estrategia más conveniente. f) Implantación:
Consiste en la aplicación de los acuerdos tomados. El plan debe estar por escrito y contener la descripción detallada, la calendarización de actividades, señalando responsables de cada una de las etapas o actividades que se llevarán a cabo y de la supervisión de éste.
g) Mantenimiento:
Con el fin de mantener vigente la planeación y cada una de las estrategias, es necesario vigilar que no caduque éste por cambios de la legislación fiscal o simplemente por que algunas están pendientes de cumplir su objetivo.
Como el resultado de una adecuada estrategia, puede verse afectado si no se siguen unas políticas permanentes adecuadas, es indispensable el conseguir un acercamiento directo en la operación del negocio y coordinar las actividades para efectos fiscales de manera permanente.
El pago de impuestos, al igual que otros insumos es un costo del producto, por lo tanto, no puede decirse que se esta cumpliendo con la misión de la empresa de producir el mejor producto al precio más bajo si incurre en altos costos fiscales.
Cumplir cabalmente con las obligaciones fiscales implica no pagar menos de lo que este obligado, pero tampoco pagar más de lo que se debe y esto significa estar aprovechando todos los beneficios que ofrece la ley.