Chapter 5 Possession and possessive constructions
5.4. Number marking: its structural and semantic properties
5.4.3. Other related issues of number marking
La globalización ha puesto en marcha, como afirma R.Williams, una combinación de optimismo tecnológico y pe- simismo político y cultural, que está legitimando la inserción de los medios en la omnipresencia mediadora del
mercado. Lo que necesitamos pensar entonces, pero no sólo desde la teoría sino en cuanto matriz de políticas,
es el surgimiento de una razón comunicacional cuyos dispositivos –la fragmentación que disloca y descentra, el flujo que globaliza y comprime, la conexión que desmaterializa e híbrida– agencian el devenir mercado de la so-
ciedad. Frente al consenso dialogal que Habermas identifica con la razón comunicativa, descargada de la opaci-
dad discursiva y la ambigüedad política que introducen la mediación tecnológica y mercantil, lo que estamos ne- cesitados de descifrar es la razón y la hegemonía comunicacional del mercado en la sociedad, esto es la comunicación convertida en el más eficaz motor del desenganche e inserción de las culturas –étnicas, nacionales o locales– en el espacio/tiempo del mercado y las tecnologías globales.
Pero la globalización no es un puro avatar de la economía y el mercado sino el movimiento que, al hacer de la
comunicación y la información la clave de un nuevo modelo de sociedad, empuja todas las sociedades hacia
una intensificación de sus contactos y sus conflictos, exponiendo todas las culturas unas a otras como jamás lo estuvieron (Appaduray, 2001; Santos, 2004). Hasta las comunidades nómadas de la Amazonía –que rehu- yen en forma manifiestamente violenta su encuentro con los otros– se topan frecuentemente hoy con esos nómadas modernos que patrocina el “turismo ecológico”, esa especie de antiturismo que sale de su mundo para ir justamente al encuentro de los otros, en búsqueda de experiencias del otro. La antropológicamente constitutiva relación entre cultura y comunicación se acentúa cuando algunas de las transformaciones cultu- rales más decisivas provienen de las mutaciones que atraviesa el entramado tecnológico de la comunicación afectando la percepción que las comunidades culturales tienen de si mismas y sus modos de construir las identidades.
La actual reconfiguración de las culturas indígenas, locales, nacionales, responde especialmente a la intensifi-
cación de la comunicación e interacción de esas comunidades con las otras culturas del país y del mundo.
Desde dentro de las comunidades los actuales procesos de comunicación son percibidos a la vez como otra forma de amenaza a la supervivencia de sus culturas –la larga y densa experiencia de las trampas a través de las cuales han sido dominadas carga de recelo cualquier exposición al otro– pero al mismo tiempo la comuni-
cación es vivida por las comunidades rurales o urbanas como la posibilidad de romper la exclusión, como ex-
periencia de interacción que si comporta riesgos también abre nuevas figuras de futuro. Lo que está condu- ciendo a que la dinámica de las propias comunidades tradicionales desborde los marcos de comprensión elaborados por los folcloristas y no pocos antropólogos: hay en esas comunidades menos complacencia nos- tálgica con las tradiciones y una mayor conciencia de la indispensable reelaboración simbólica que exige la construcción de su propio futuro.
He aquí un espacio donde se hace decisivo visibilizar las contradicciones, las potentes dinámicas, de los diferen- tes movimientos que nombra hoy la convergencia digital. Pues si ella comenzó identificando la convergencia tec-
nológica con la integrista –en el sentido que U. Eco da a “integrado”– idea de la transparencia comunicativa que
vehiculó la ideología del “todo es traducible en términos de información”, ha sido su rápida traducción al lengua- je y las lógicas de la des-regulación de los mercados lo que ha hecho explícito el sentido que se trató de ocultar en sus comienzos. Esto es la envergadura política de la concentración económica que la convergencia tecnológi- ca alienta y legitima. En el rediseño de nuestros Estados por las políticas neoliberales el descentramiento alenta- do por las nuevas configuraciones de la tecnología ha pasado a servir de cobertura ideológica a la más desver- gonzada concentración de medios en oligopolios impensables hace unos pocos años.
Pero ese proceso de convergencia/concentración del poder mediático no puede llevarnos a desvalorizar su otra vertiente, esto es lo que de estratégico entraña una mutación tecnológica que ha entrado a configurar un nuevo ecosistema comunicativo (Ver Echeverría, 1999). La experiencia audiovisual trastornada por la revolución digital apunta hacia la constitución de nuevas comunidades y de una nueva esfera de lo público ligadas al surgimiento de una visibilidad cultural que es el escenario de una decisiva batalla política entre el viejo poder de la letra y el que ahora emerge de la alianza entre las oralidades culturales y visualidades electrónicas. Las mutaciones tecno- culturales que experimentan nuestras sociedades están proporcionando a las mayorías un cambio, lleno de tram- pas pero también de oportunidades. Al des-localizar los saberes, y trastornar viejas, pero aun prepotentes jerar- quías (Levy, 1996 ; Serres, 2001), diseminando los espacios donde el conocimiento se produce y los circuitos por los que transita, las actuales transformaciones de la comunicación están posibilitando a los individuos y las
colectividades insertar sus cotidianas culturas orales, sonoras y visuales, en los nuevos lenguajes y las nuevas escrituras. En América Latina nunca el palimpsesto de las memorias culturales múltiples de su gente tuvo mayo- res posibilidades de empoderarse del hipertexto que en el que se entrecruzan e interactúan lectura y escritura, sa-
beres y haceres, artes y ciencias, pasión estética y acción comunitaria.