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üiulio Casserio (1552-1616), De Vocis Auditusqut organis historia anatómica (1601). Casserio fue contemporáneo
Je Fabrizi d’Acquapendente en Padua, y se dice que ocupó I puesto de éste cuándo estuvo enfermo entre 1595 y 1604, l'ero que luego sufrió a causa de la envidia
.le d'Acquapendente. Esta ilustración atestigua la floreciente •scuela anatómica de Padua hacia el año 1600.
la verdad médica, sino también de la religión. El estrato social en cuyo nombre hablaba era el de los despreciados cirujanos y botica rios, cuya protesta se expresaba en términos religiosos y médicos a la vez. Estos pensaban que la lógica había llevado a la medicina a un callejón sin salida y que era responsable de los males que afli gían a la Iglesia cristiana. Se comprende así que la doctrina médica de Paracelso se divulgara durante la segunda mitad del siglo xvi entre cirujanos y boticarios, que eran más numerosos que los mé dicos. Pero la nota de protesta social y religiosa que las autoridades asociaron, no sin razón, con las doctrinas paracélsicas, condujeron a la censura y el desaliento. Fueron pocos los libros paracélsicos edi tados, y los que lo fueron iban firmados con iniciales, no con nombres.
El desarraigo que hemos observado en Paracelso puede obser varse también en cuantos abiertamente se identificaron con su doc trina. Bruno, por ejemplo. El mismo carácter de inquietud se dio en la carrera de John Dee, otro paracélsico y astrólogo isabelino. Tam bién Walter Raleigh, que se enemistó cada vez más con su entorno político, fue seguidor de Paracelso, como también lo fue «el conde hechicero», Northumberland, cuyo enajenamiento tomó la forma de recusación católica. Tomaso Campanella, colega napolitano de Bruno, fue otra figura, lo mismo que Helmont, objeto de vigilancia por parte de la Inquisición.
Esta nota característica de aislamiento ayuda a explicar, al me nos en parte, la obsesión paracélsica por el poder y la magia. Uno se siente tentado a considerarlos buscando en el mundo de la natura leza el poder que se les denegaba en su vida cotidiana. Hay un gran contraste entre la inquietud de espíritu de los paracélsicos y la seguridad profesional, por no llamarla complacencia, de los discí pulos de Galeno. Los primeros se consideraban oprimidos y esto les llevó al ocultismo y la paranoia. Los otros prevalecían en el mundo académico de las publicaciones y manuales.
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bía un abismo entre matemáticos y paracélsicos, socialmente hablan do. Ninguna nota de protesta social pudo advertirse entre neoplató- nicos como Copérnico, Kepler y Newton. Podemos, si nos agrada, considerarlos como desarraigados de su medio social: Copérnico, en la Prusia del Este; Kepler, el luterano incardinado en los dominios de la casa de Habsburgo; Newton, el matemático hereje en la Cambridge ortodoxa. Pero este desarraigo no revistió forma social. Al neoplatónico, a diferencia del paracélsico, se le encontraba en el seno de las instituciones tradicionales de la sociedad y aceptando su protección.
Mientras los discípulos de Paracelso consagraron sus esfuerzos a la yatroquimica, con su glorificación de la habilidad manual, los neo- platónicos volvieron la mirada a los planetas. Los primeros insistían en los experimentos químicos; los otros creían que la clave de 'a ciencia universal se hallaba en las matemáticas. De ahí que las con quistas de los neoplatónicos se produjeran en el mundo de la astro nomía. No aspiraban al poder, sino a la comprensión.
La historia del neoplatonismo en la Europa de los siglos xvi y X V II
está aún por escribirse, aun cuando ciertos hitos son bastante claros; por ejemplo, su comienzo: tuvo lugar con la fundación de la Aca demia Florentina. Ficino y cuantos siguieron sus ideas buscaban las realidades de la existencia en el universo inmutable de Platón, y no en el mundo cambíente de Aristóteles. Burckhardt llamó a este desarrollo <cla más bella flor de la erudición renacentista». Mas. desde otro punto de vista, el neoplatonismo significó la retirada de los peligros V abusos del ejercicio político. En su retraimiento, los neoplatónicos siguieron una escala de valores diferente de la implicada en el hinca pié humanista, en la retórica y la política; rechazaban la actividad y se volvieron hacia la contemplación de las verdades eternas: actitud que, junto con la insistencia en la vertiente matemática, fue proba blemente una de las bases de la ciencia moderna. Desde esta pers pectiva, neoplatonismo y ciencia significan el rechazo, por una mino ría intelectual, de los valores mantenidos por los grupos selectos de
Compárese este retrato de Paracelso, portavoz de los grupos sociales menos favorecidos) con el de Vesalio en la página 198.
¿ A LT E R IV S - NON ^ IX Q V I S \ \ 'S ESSE POTE.S?
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P H f L l P P V ^ T HAVJ?H.TH.PARACELSr>NATI ANNO I495.M O R T V I A N N O IJ4 U ASTA*
Sir Joñas Moore publicó en 1681 su New System of Mathematicks. La imagen presenta el interés práctico
de Moore como supervisor general de las ordenanzas. Anteriormente, en 1649, habia sido supervisor del sistema de drenaje Fcn. En los primeros años de la Royal Society se esperaba mucho de los resultados prácticos de la ciencia, pero no siempre justificadamente.
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la Europa occidental. El neoplatonismo fue una actitud detectable bajo diversas apariencias entre los siglos xvtii y xx gracias a la cual la ciencia ofrecía una disyuntiva intelectual más atrayente ante los compromisos mundanos de cada día.
El substrato social de los mccanicistas no es susceptible de una explicación simplista, aunque algunos historiadores han relacionado la aparición del mecanicismo con la de una economía comercial auto rreguladora, tal como apareció en Inglaterra y Holanda durante el siglo xvii. Es ésta una hipótesis capaz de seducir, pero los testimonios indican que el mecanicismo se propagó entre circuios intelectuales con elevada proporción de nobles y escasos comerciantes. Su imagen del científico fue la de un «virtuoso» o gentilhombre culto. Según lo describe Sprat en su History of ihe Royal Sociery (1667), el gen tilhombre era capaz de poseer una erudición muy extensa, no li mitada a una especialidad concreta:
Hay que conceder también algún privilegio a la esplendidez de sus espíritus, que no se hallan sojuzgados o impedidos por un trabajo absorbente... La invención es una tarea heroica que se sitúa por encima del alcance del genio rastrero y vulgar.
El aspecto social del mecanicismo se pone igualmente de relieve en la protección de que fueron objeto las distintas sociedades. La Acccademia del Cimento se apoyaba en una corte toscana; la Aca- démie des Sciences estaba respaldada por el apoyo de Luis X IV , y la Roval Society contaba con la benevolencia de Carlos II. Proto tipos de estos grupos fueron "gentiles hombres como Boylc y Tow- neley, médicos como Borelli y clérigos como Merscnne. En Holanda el cartesiamismo se propagó entre los médicos y teólogos.
Lo que es significativo es que los grupos mecanicistas viviesen en estado de tensión con su entorno social, más que reflejar las ideas de la mayoría. Hasta en Inglaterra las presiones políticas y
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sociales que pretendían imponer la conformidad fueron intensas. Los mecanicistas eran y continuaron siendo minoría, aun cuando, si mi ramos hacia atrás, podamos avanzar el juicio de que contaron con las cabezas mejor dotadas de su tiempo.
Geográficamente hablando, podemos considerar la Universidad de Padua como sede central del auge de la tradición galénica. A lo largo del siglo xvn su prestigio se mantuvo alto y sólo empezó a declinar en el siglo x v i i i. Las doctrinas paracélsicas se originaron en la Alemania meridional y Bohemia, y parece que nunca perdie ron esta vinculación territorial, ni siquiera tras las victorias de los Habsburgo por los años de 1620. El pietismo, con su actitud reli giosa emocional y adogmática, y el paracelsismo, dan la impresión de que mantuvieron estrechas relaciones. El neoplatonismo es más difícil de localizar, pero podemos ver en las universidades inglesas -e n Cambridge sobre todo— una célula doctrinal muy importante. También Francia parece haber tenido neoplatónicos. Por último, Ho landa — y en no pequeña medida la Universidad de Leyden, cuyo prestigio creció a lo largo del siglo se convirtió en un centro del mecanicismo.
Cronológicamente hablando, la revolución científica ofrece algu nos cambios de tendencia. El declive del escolasticismo estuvo vincu lado en parte al de la casa de Habsburgo, de España y del Sacro Romano Imperio. El prestigio intelectual no debería verse arrastrado en pos de determinada bandera, mas a menudo ocurre asi; y la deca dencia catastrófica de esos dos poderes al término de la Guerra de los Treinta Años y durante las décadas siguientes tuvo repercusión enorme en su influjo cultural. Otro tanto hay que decir en torno a >a base centro-europea de la corriente paracélsica, y sobre el imperio eco nómico de Venecia. El centro de gravedad social y económico se trasladó a Holanda, Francia e Inglaterra. La victoria del mecanismo en las postrimerías del siglo fue, en buena medida, una victoria de las ideas inglesas, francesas y holandesas.