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Rendering of the Impostor Model

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4. Rendering of the Impostor Model

Wittgenstein: aplicación, comprensión

y conocimiento práctico

En este capítulo intentaremos mostrar que la concepción Wittgensteinia- na del problema de la comprensión lingüística tiene importantes puntos de contacto con la concepción del saber práctico desarrollada en los capítulos anteriores a propósito de la ilosofía de Gadamer. Destacaremos también la dimensión comunitaria de la idea wittgensteiniana de uso generalizado o costumbre, de la que se desprende que la similitud entre los diferentes casos a los que se aplica una palabra no tiene una existencia propia, indepen- diente del uso regular de la palabra, y consecuentemente, nos ocuparemos de la dimensión histórica del lenguaje que se desprende de los dos rasgos anteriores.

Comprensión, deiniciones ostensivas y reglas

El problema de las deiniciones ostensivas puede aproximarse al problema de las reglas a través de la relación que ambos mantienen con el concepto de comprensión. En efecto, si explicamos verbal u ostensivamente una palabra, lo hacemos con el propósito de que nuestro interlocutor, o nuestro alumno la comprenda. Como hemos señalado, las explicaciones no son el modo básico de enseñanza del lenguaje, sino el adiestramiento. Sin embargo, también el propósito del adiestramiento es la comprensión. Si adiestramos a alguien en el desarrollo de una serie numérica, nuestra tarea es hacer que comprenda. La comprensión del signiicado tiene lugar cuando sabemos qué hacer en cada caso de aplicación. Aquí se tiene la tentación a decir: la comprensión

nos permite saber qué debemos hacer en cada caso, como si la aplicación y la comprensión fueran dos cosas diferentes, como si la comprensión fuera una fuente de la que extraemos instrucciones para aplicar la palabra en cada caso. Pero volveremos sobre esto luego.

Supongamos que quiero enseñarle a alguien el signiicado de la palabra ‘hoja’; deseo que me ayude a preparar mi libro y así, deseo que cada vez que yo le diga ‘hoja’ me alcance una hoja de papel para seguir escribiendo. En consecuencia, señalo una hoja de papel y digo “Hoja” o “Esto es una hoja”. A continuación, la persona a quien instruyo señala una camisa blanca y dice “hoja”. Me doy cuenta de que necesito especiicar mi deinición, si es que quiero terminar algún día mi trabajo. Tal vez pueda volver a señalar la hoja inicial y repetir “hoja”, luego señalar otra hoja diferente, tal vez otra más, y luego, puedo señalar la camisa, esperar a que mi alumno diga ‘hoja’ para entonces reprenderlo. El procedimiento parece bastante seguro, pero sin embargo las posibilidades de malentendido subsisten. A lo sumo puedo pretender que he despejado el malentendido anterior, pero no que es impo- sible que la persona señale la vez siguiente una ventana y diga “hoja”.

Hagamos lo que hagamos, las posibilidades de malentendidos subsisten. Wittgenstein sintetiza este punto al señalar: “... la deinición ostensiva puede en cada caso ser interpretada de maneras diferentes” (IF §28). Esta obser- vación nos trae a la conciencia, por contraste, una idea que nos hacemos de la comprensión, nos parece que la comprensión depende de la exclusión de todas las posibilidades de desvío. Sin embargo, tan pronto como pasamos de considerar una observación acerca de la comprensión en abstracto para considerar una situación dotada de un contexto, así sea muy artiicial como el ejemplo que estamos considerando, vemos que lo que de hecho ocurre con mi alumno, el modo en que reacciona a mi instrucción, tiene más im- portancia, y es en deinitiva en aquello lo que nos basamos para denegarle o atribuirle la comprensión del término ‘hoja’.176 Aunque, desde otro ángulo,

176 Este párrafo se cobija bajo el amparo de la observación wittgensteiniana acerca de que los problemas filosóficos, comienzan cuando el lenguaje “hace fiesta”; el estudio del lenguaje separa frecuentemente a las expresiones de las circunstancias en las que son usadas, “para verlas mejor”, sin reparar en que esta separación distorsiona nuestra com- prensión del lenguaje. En consecuencia, tenemos que mirar al lenguaje cuando funciona, cuando trabaja. En inglés la expresión “el lenguaje hace fiesta” (die Sprache feiert) IF § 38 se traduce “language goes on holidays” que habilita el contraste con “language working” (trabajando y funcionando).

esta observación hecha luz indirectamente sobre otro aspecto: la posibili- dad de ser malentendido no implica que siempre que exista tal posibilidad uno vaya a ser mal comprendido, esto es, la observación destaca que no es el caso que, para ser comprendido, haya que eliminar toda posibilidad de incomprensión.177

En nuestro ejemplo, la conducta del sujeto revelaba que había compren- dido mal la explicación. Ahora bien ¿en qué casos diríamos que el sujeto ha comprendido correctamente la explicación? ¿Cuándo ha captado o apre- hendido el signiicado? Aquí una respuesta natural podría ser señalar que la comprensión se produce cuando el sujeto logra ver lo que los diferentes ejemplos de hoja tienen en común, o cuando logra formar una imagen que retenga únicamente los rasgos comunes a los diferentes casos. Esa imagen le permitirá, en lo sucesivo, saber qué hacer cuando le sea requerida una hoja. Siguiendo esta sugerencia, la función de la enseñanza se reduciría a establecer un mecanismo asociativo entre el sonido ‘hoja’ y la imagen mental de la hoja, que retiene los rasgos comunes de las diferentes hojas a las que nuestro sujeto puede remitirse en lo sucesivo para saber a qué atenerse. La comprensión sería, en consecuencia, un fenómeno de naturaleza mental, consistente en formar la imagen de la hoja común.

Comencemos considerando un caso favorable, esto es, un caso en el que la comprensión parece consistir en captar el elemento común:

Ver lo común. Supón que le enseñase a alguien diferentes iguras multicolo- res y dijese: “El color que ves en todas ellas se llama ‘ocre’” —Esta es una explicación que el otro entenderá cuando busque y vea lo que es común a

las diferentes iguras. El puede entonces ijar la vista en lo común, señalarlo”

(IF § 72).

Casos como este sugieren que la comprensión es un fenómeno circunscri- to y determinado, es decir, un evento, algo que ocurre en el momento en el

177 Así Wittgenstein señala “—¿Pero cómo me ayuda una explicación si después de todo no es la última? ¡la explicación entonces nunca termina; así que después de todo no entiendo, y nunca entenderé, lo que él quiere decir!” —Como si una explicación colgara, por así decirlo, en el aire si no se apoyara en otra. Mientras que una explicación puede ciertamente descansar en otra que se ha dado, pero ninguna necesita otra —a no ser que

nosotros la necesitemos para evitar un malentendido. Podría decirse: una explicación sirve para apartar o prevenir un malentendido—es decir uno que sobrevendría sin la explicación, pero no cualquiera que pueda imaginarse” IF § 87.

120 Gadamer: aPlicaciónycomPrensión que la persona capta el rasgo común a los diferentes ejemplos presentados.178

Veamos una especiicación ulterior del ejemplo de IF § 72. Le presento a alguien diferentes tiras de papel con símbolos escritos:

En la primera “A F $ # @ J” En la segunda: “T H J @ & Q” En la tercera: “G @ M % Ç U”

Le indico luego que el símbolo que las tres tiras tienen en común se llama arroba. Sin lugar a dudas, en casos de este tipo no diríamos que la persona ha comprendido si no ha visto lo que hay en común en las diferentes tiras. Ahora bien, una vez que ha descubierto el elemento común, puede señalarlo y este descubrimiento, indudablemente, está relacionado con la posibilidad de reconocer una ‘@’ en otros contextos. Podríamos decir, a partir de casos como estos, y otros similares, que la comprensión consiste en “ver lo común”. ¿Signiica esto que la comprensión se resuelve en la captación de lo que es común a los diferentes casos de aplicación?, y lo que es común ¿no puede apresarse en una regla que nos diga que debemos aplicar un término sólo a los casos en los que el elemento común está presente?

comprensión, estados mentales y aplicación

Para responder a las preguntas planteadas en la sección anterior conviene tener en cuenta la recomendación de Wittgenstein acerca de la conveniencia ilosóica de variar la dieta de los ejemplos ingeridos. La recomendación vale en este caso, ya que, como veremos, la plausibilidad de las respuestas que estamos inclinados a dar se desvanece tan pronto como consideramos ejemplos de otro tipo. Veamos uno de ellos:

¿Pero qué aspecto tiene la igura de una hoja que no muestra ninguna forma

determinada sino ‘lo que es común a todas la formas de hoja’? ¿Qué tonalidad tiene en mi mente la muestra del color verde –de lo que es común a todas las formas de verde–? (IF § 73).

La diicultad consiste en que nada podría cumplir con las características requeridas para ser, a este tenor, una muestra. Una muestra así sería un ‘hecho

178 Dice Wittgenstein a continuación: “Se siente la inclinación ahora a extender la com- paración: Haber entendido la explicación quiere decir tener en mente un concepto de lo explicado y este es una muestra o figura” IF §73.

superlativo’ [ver IF § 192]. Una diicultad semejante se presenta cuando, al analizar el problema de las reglas, se intenta explicar la comprensión de una regla, la regla que rige una serie matemática ininita por ejemplo, a través de la captación de un hecho superlativo, entendido como un estado mental que, de un modo extraño, contendría los ininitos casos, el empleo total de la regla. Ambos casos surgen debido a que entendemos el funcionamiento de las palabras como si fueran etiquetas, algunas, como ‘mesa’ ‘silla’ etc., de objetos exteriores, y otras, como ‘comprensión’, de objetos internos.

A continuación, Wittgenstein señala:

¿Pero no podrían existir esas muestras ‘generales’? ¿Una hoja esquemática, pongamos por caso, o una muestra de verde puro?” –Cierto, pero que ese esquema se entienda como esquema y no como la forma de una hoja deter- minada, y que una tablilla de verde puro se entienda como muestra de todo lo que es verdoso y no como muestra de verde puro —eso reside, a su vez en la aplicación de las muestras–.

Pregúntate: ¿qué forma ha de tener la muestra del color verde? ¿Debe ser rectangular? ¿O sería entonces la muestra de un rectángulo verde? ¿Debe pues ser de forma irregular? ¿Y que nos impide entonces mirarla – o sea, emplearla– sólo como muestra de algo irregular (IF § 73).

La comprensión no puede consistir únicamente en la captación del rasgo común, incluso en los casos, como en nuestro ejemplo de @, en los que encontramos razonable hablar del elemento o rasgo común y de la compren- sión como la captación del elemento común. El modelo de muestra que se requiere tendría que ser una muestra tal que posea únicamente la caracte- rística que pretende mostrar o destacar. De allí la analogía que trazábamos con la idea de “hecho superlativo”,179 se trataría de un hecho que soluciona

una diicultad a costa de ser él mismo un misterio.180 Si reconocemos que no

179 Jacques Bouveresse caracteriza la noción wittgensteiniana de hecho superlativo en términos de “la copresencia simultánea de todas las utilizaciones ulteriores de la signifi- cación que comprendemos”, ver su la force de la regle. Wittgenstein et l’invention de la necessite. Paris, Edition de Minuit, 1987, p. 35. Aplicamos la noción de hecho superlativo a la imagen–significado de IF § 73 en el sentido de que se trataría de un hecho extraordinario que, por sólo tener una cualidad, haría que su aplicación fuera inequívoca; ver IF § 389. 180 En mi trabajo “raíces kantianas de la hermenéutica filosófica” indico como un me- canismo semejante subyace a la idea de genio en el ámbito de la estética: bajo el presu- puesto de que el sentido de una obra es puesto en la misma por el creador y dada a la

122 Gadamer: aPlicaciónycomPrensión podemos presentar un solo ejemplo de una entidad con esas características, y teniendo que reconocer que las muestras desempeñan un importante papel en muchos juegos de lenguaje, no podemos menos que reconocer que lo que hace de algo una muestra no es una característica intrínseca, la posesión de uno u otro rasgo (como ser “verde puro” o “puro rectángulo”). Podríamos decir, cualquier objeto podría cumplir esa función, porque lo decisivo en la comprensión no es el objeto captado o aprehendido sino el modo en que se usa, el modo en el que se aplica a la realidad.181 Por ello, poseer un concepto (y sus correlativos entender, comprender, etc.) no consiste en la aprehen- sión de un objeto peculiar, como la “muestra general”. La apelación a una muestra general no constituye una respuesta aceptable, porque resuelve todas las diicultades al costo de ser ella misma inconcebible. Todo esto viene a resumirse en la obviedad de que si a una persona le damos un muestrario de colores con sus respectivos nombres, no le hemos entregado los conceptos de los colores. La persona no posee los conceptos de rojo, azul, magenta, etc., más que si sabe hacer ciertas cosas con tal muestrario. ¿Cuáles cosas? Las que corrientemente se aceptan como relacionadas con las palabras de colores.182 Ya habíamos anticipado esta conclusión al señalar que el modo en que el alumno efectivamente toma la explicación ostensiva, el modo en que interpreta o comprende nuestra explicación, sólo puede apreciarse por la manera en que, de hecho, aplica la palabra. Puesto de manera general: la aplicación es el criterio de la comprensión [ver IF §29 y § 71].

Esta es una conclusión importante, la comprensión no consiste en la posesión de una imagen o un estado mental característico, sino, como ya venimos señalando, en la capacidad de hacer algo. Tal capacidad, el criterio a través del cual atribuimos comprensión, es lógicamente independiente de la posesión de uno u otro estado mental. A esta altura ya resulta claro que podemos estar en posesión de tal o cual estado mental que corrientemente

asimetría que ofrece la interpretación de una obra, virtualmente infinita en el trabajo de las generaciones, frente al acto temporalmente delimitado de la creación, surge la idea de una creación inconsciente genial, que pone en una obra tanto sentido como es posible extraer de la misma.

181 Una observación semejante es realizada por Wittgenstein en el marco de la discusión del lenguaje privado, en el ejemplo de la caja y el escarabajo de IF § 293

182 Por ejemplo, cuando actúa conforme a instrucciones como “doblá cuando llegues a la puerta roja”, “alcanzame la lapicera azul”, lo hace de acuerdo con nuestras expecta- tivas.

acompaña a la comprensión (por ejemplo, pensar en la fórmula algebraica) y no ser capaces, sin embargo, de aplicar correctamente; inversamente, po- demos aplicar correctamente un término incluso careciendo de todo estado mental que acompañe a la aplicación, lo que no debería extrañarnos ya que generalmente hablamos sin pensar relexivamente en lo que decimos. En este sentido, son cruciales los §§149 y 150 de IF. El primero rechaza la caracterización de la comprensión como un estado mental:

Si se dice que el saber el ABC es un estado de la mente, se piensa en el estado de un aparato mental (quizá de nuestro cerebro) mediante el cual explicamos las manifestaciones de ese saber. Un tal estado se llama una disposición. Pero no está libre de objeciones hablar aquí de un estado de la mente en tanto que debe haber dos criterios para ese estado; a saber, un conocimiento de la construcción del aparato independientemente de sus efectos (Nada sería más desconcertante aquí que el uso de las palabras “consciente” e “inconsciente” para el contraste entre estado de conciencia y disposición. Pues este par de palabras oculta una diferencia gramatical)

Si, no obstante, persistimos en la tentación de identiicar la comprensión con un estado mental, Wittgenstein nos muestra que, entonces, estamos a un paso de enredarnos en una contradicción. En efecto, como indica el texto recién citado, nuestros criterios de comprensión se duplicarían, haciendo posibles, en consecuencia, desconcertantes colisiones. Por ejemplo, una vez que hubiéramos identiicado el estado del aparato mental que corresponde al conocimiento del abecedario, podríamos identiicar de dos modos a quienes conocen o han comprendido el abecedario. O bien por los crite- rios ordinarios, esto es, la capacidad de recitar “a, b, c, d, e…. etc.” o bien porque mediante un examen médico lográramos identiicar el mecanismo mental correspondiente al conocimiento del abecedario. Sin embargo, ¿qué ocurriría si ahora, del mismo modo, descubriéramos que la respuesta ‘1abc2efg3hij…’ es producida por el mecanismo mental (cerebral) en cues- tión? No hay contradicción, después de todo, en pensar que el mecanismo identiicado como el conocimiento del abecedario produjera respuestas de este tipo. ¿Deberíamos entonces aceptar que ésta es la respuesta correcta o deberíamos buscar un fallo o factores obstrusivos? Pero si tomáramos la segunda opción y fuéramos a buscar los factores obstrusivos, ¿no mostraría ello la inutilidad de haber identiicado la comprensión del abecedario con un estado mental? Esto es, ¿de qué manera descubriríamos los casos en los

124 Gadamer: aPlicaciónycomPrensión que debemos investigar los factores obstrusivos? Esta manera debe ser, naturalmente, independiente de nuestro conocimiento de la construcción de aparato. Pero, si tenemos esta manera para detectar las desviaciones ¿no es patente la inutilidad de identiicar la comprensión con un estado del mecanismo? La respuesta wittgensteiniana a esta última pregunta de- bería ser airmativa, ya que si los efectos del supuesto mecanismo son más básicos que el conocimiento del propio mecanismo, ello quiere decir que el negocio que atendemos al atribuir comprensión no es el de identiicar estados mentales, sino el de caliicar personas coniables en el desempeño de determinadas actividades.183

En el § 150 Wittgenstein señala:

La gramática de la palabra “saber” está evidentemente emparentada de cerca con la gramática de las palabras “poder” “ser capaz”. Pero también emparen- tada de cerca con la de la palabra “entender” (‘dominar’ una técnica).

Esta observación puede complementarse provechosamente a la luz de una larga investigación realizada en el Cuaderno marrón, en la que Witt- genstein aclara que la gramática de expresiones como “poder” y “ser capaz”, aunque a veces puedan utilizarse para hablar de los estados de los objetos, (sus ejemplos son en ese contexto “ser lexible”, y otros semejantes), no deberían confundirse con las palabras que describen estados en el sentido en el que ordinariamente pensamos de los mismos, es decir como aquello que puede revelarse a través de una “experiencia sensorial particular que subsista mientras subsiste el estado”, a través de la “contemplación”. Por el contrario, los estados vinculados a “poder” y “ser capaz” se atribuyen a través de pruebas (tests). Lo que a nosotros nos interesa, en relación a los estados ligados a capacidades, lo establecemos a través de pruebas, sin que sea necesario que encontremos, debajo de todos los miembros de un “estado de capacidad” (como lexible), un mecanismo de una misma clase que pue- da identiicarse a través de la experiencia sensorial ija (a stationary sense 183 Para esta interpretación, como así también para la idea de en el juego de lenguaje de la comprensión los efectos son más básicos que las causas, lo que lleva a leer condicionales de la forma “Si comprendió el uso de la palabra ‘rojo’, entonces dirá que esta manzana es roja” en su forma contrapuesta: “Si no dice que esta manzana es roja, entonces no comprendió el concepto rojo” Véase Saul Kripke Wittgenstein Reglas y lenguaje privado,