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Replicate Experiment with a Navier-Stokes Solver

V. Conclusions and Recommendations

5.2 Future Research Areas

5.2.2 Replicate Experiment with a Navier-Stokes Solver

Alberto Barrera (1998) nos suministra algún elemento de respuesta al observar sobre el particular y cita para ello a Samuel Amell (1986: 97): “[...] lo que menos nos interesa en las novelas de Vázquez Montalbán es la resolución del misterio que presentan. [...] lo que importa es el resto: el cuadro social que sus obras reflejan. ”

A lo largo de sus obras podemos observar cómo refleja la sociedad, qué ideología tenía la gente durante la transición y qué ambiente se vivía en la España de entonces; todo ello a través de los encuentros del detective con varios personajes de todas las clases sociales durante la investigación.

1.4.1. Tema nacional : lo político y lo económico

Al primer gobierno de la monarquía (1975-76) correspondió la fase de retroceso más abrupto de la actividad económica como consecuencia de la crisis originada por los más altos precios del petróleo. A partir de 1976 la actividad económica registró una aceleración insegura e inestable, que no habría de resistir la nueva subida de los precios del petróleo en 1979. Los gobiernos existentes durante este período tardaron e n adoptar las medidas oportunas para evitar una nueva degradación en la situación y tuvieron también que hacer frente a problemas políticos más inmediatos, lo que evidentemente hizo pasar lo económico a un plano menos relevante y aplazó el proceso inevitab le de ajuste. (Julio Rodríguez López, 1989: 121).

En la serie Carvalho se destaca mucho el tema político y económico. Como ha afirmado Sánchez Zapatero (2006: 80) , “Carvalho se convierte así en ojo crítico y testigo privilegiado de la evolución social, política y económica de Barcelona y, por extensión, de España”. En la Transición española surgió la ideología política contra el fascismo, ideología establecida en el régimen de Franco. Como el protagonista era ex comunista, siendo detective, además de mirar y observar la ideología que tienen los personajes de estas novelas, expresa sus propias ideas de vez en cuando y es un personaje bastante subjetivo. George Tyras (2003: 90) analiza el aspecto político de las dos primeras novelas: “A través de la investigación y el esclarecimiento de las identidades de los personajes de estas dos novelas La soledad del

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manager y Los mares del Sur se desvela un discurso político de acusación a la ex izquierda

crecientemente hegemónica de la España democrática”.

Durante la dictadura numerosos intelectuales, políticos y escritores que se oponían al régimen de Franco decidieron exiliarse, una dura situación que se refleja magistralmente e n

La soledad. Como el autor escribió esta novela en 1977, todavía en el ambiente de la sociedad

de entonces se proyectaba la sombra de la dictadura de Franco :

-Es un alivio hacer un viaje de placer en compañía de un inspector de ideología socialista y de un compatriota inteligente. ¿Sabía usted que los españoles somos los mejores capataces del mundo? ¿Duda usted de que esa sea nuestra misión en el mundo del futuro?

-Cuando yo era más joven creía que los españoles solo podíamos ser víctimas o verdugos. Lo de capataces se me escapa.

-Pues no hay duda. La historia de la emigración económica y política de España está llena de capataces. Desde el siglo XIX. Emigrados políticos y económicos han nutrido Europa y América de excelentes capataces. (La soledad, p. 45)

Antonio Jaumá, manager de marketing de la empresa Petnay, Dieter Rhomberg, el tercer hombre alemán de la Petnay y Carvalho, que todavía no era detective privado sino que trabajaba para la CIA, se conocieron en los Estados Unidos. Debido a que todavía España estaba en la época de la dictadura, los tres mantienen una conversación sobre el exilio de los empresarios e intelectuales y se burlan del régimen de su país. En un pasaje de la novela, Carvalho recuerda la conversación que tuvo con el poeta Emilio Prados, otro de los muchos intelectuales que se vieron obligador a exiliarse en México :

-Hasta que muera Franco no vuelvo. Es un hecho moral. Y eso que no soy nada. [...] Cada vez que me ha llegado un rumor de que Franco estaba enfermo o de que estaba a punto de caer, he dejado de afeitarme, he hecho las maletas y no me he cambiado las sábanas de la cama. Para que todo me empujara a marcharme de aquí. (La soledad, p. 80)

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la dictadura. Por una parte se quería continuar la política que se hab ía mantenido hasta entonces, esto es, de derechas, y, por otra, intentar cambiarla. Mientras tanto, el capitalismo influía enormemente en la democracia, provocando una visible inestabilidad en una sociedad, en la que se manejaban grandes cantidad de dinero, lo que provocó la corrupción económica relacionada con los políticos. Al final, Argemí, antiguo compañero de Jaumá, confiesa el crimen a Carvalho:

Por ejemplo, la Petnay está muy preocupada por el futuro político de España. Y no lo está por lo que pueda perder ella, sino por lo que puede significar un caos español en el contexto de la política y la economía mundial. Lógicamente, la Petnay trata de influir sobre la política española y contribuirá a cualquier solución conservadora progresiva. Pero los caminos del Señor son insondables. La Petnay considera que solo la necesidad de una derecha democrática fuerte evitará la tentación de un desmadre revolucionario. Para ello es preciso que exista una amenaza constante de desestabilización. Usted me comprende perfectamente. La Petnay apuesta por una solución democrática pero financia la violencia ultra para que el miedo guarde la viña. Seamos sinceros, Carvalho. Franco nos enseñó una profunda lección. A base de hostia limpia un país produce. La democracia no puede prosperar a base de hostia limpia, pero necesita un cierto terror paralelo, sucio, que arroje a la gente en brazos de las fuerzas equilibradoras limpias. Tímidamente la Petnay empezó a movilizar dinero con este fin. (251)

El misterio del asesinato de Jaumá al final queda resuelto, pero no puede hacer nada para llevar a Argemí y la empresa a la justicia, ya que ha mantenido buenas relaciones con importantes poderes políticos. Eso implica que los delitos económicos y políticos se estaban aprovechando de la inestabilidad de la sociedad española durante la transición. La manera de llegar a ser un país democrático es retorcida. Jaumá nos comenta la situación política de aquel momento:

-A los centristas la violencia ultra les va muy bien porque les hace aparecer como el mal menor, incluso para amplios sectores izquierdistas. A la izquierda los ultras les sirven de coartada: no pueden

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derribar a los centristas porque el vacío de poder sería ocupado por los salvajes fascistas. A la ultraderecha esta situación le va de puta madre. Matando a alguien de vez en cuando, pegando unas cuantas palizas, mantienen a la izquierda en sus posiciones de partida y le hacen un favor inestimable al gobierno reformista. (252)

A partir de 1975 se produjo un período de ascensión de la inseguridad y estancamiento económico, que a partir de 1979 pasó a ser de clara recesión prolongada hasta 1982. Mientras que hasta 1974 la economía española había crecido durante un período prolongado de tiempo por encima de la media europea, desde 1975 el crecimiento de la misma fue inferior al de la OCDE; además, dicho período se caracterizó por el retroceso de la inversión fija en la actividad económica y por una vertiginosa caída del empleo. (P. Martínez Méndez, 1982)

La soledad es la novela más político-económico-social de las novelas de la serie Carvalho.

En el siguiente pasaje, Carvalho invita a su casa en Vallvidrera a Pedro Parra, gran entendido sobre la situación económica actual debido a su oficio de banquero, y le lleva un cuadro que contiene un informe sobre las sociedades vinculadas a la Petnay para que Carvalho se entere un poco de cómo funciona el mecanismo:

-Es un artículo de la época franquista y sobreestima el papel a desempeñar por los nuevos cuadros del Régimen. Pero fíjate que la lista económica no está tan desacertada. Tal vez no estés enterado, pero todos estos tíos dominan hoy puestos clave. Ha habido un cambio de caras políticas, pero en lo financiero e industrial la cosa sigue casi exactamente igual, es más, los presuntos cachorros del poder económico tienden a asumir también poder político. Es un fenómeno típico de época de crisis. El gran capital se siente seguro mientras le respalda la fuerza represiva del Estado fascista. Cuando esa fuerza represiva se relaja, el gran capital durante unos años desconfía de las fuerzas políticas que podían representar sus intereses y asume en parte ese papel. Eso también pasa en las democracias formales con tradición. (La soledad, pp. 209-210)

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elementos inseparables, hecho que significa que el creciente dato de corrupción no se podrá disminuir por las estrechas relaciones entre los poderes económicos y políticos. Es decir, las dos manos del Estado democrático y la sociedad están sucias, puesto que los delitos están cubiertos por los poderes, que se ayudan mutuamente, provocando el siguiente ciclo lucrativo perpetuo. Por un lado, el sistema democrático que aparece no es la democracia que esperaba la sociedad española; por otro el dinero se mueve según el poder y, finalmente, este poder se vincula entre la oligarquía, por lo cual los pobres se mantienen siempre pobres y los ricos continúan creciendo. Como consecuencia, los extremos cada vez se distancian más. Al final, aparecen algunas personas que echan de menos la dictadura de Franco y quieren volver a un pasado que odiaban tanto. En Los mares, novela que escribió en 1979, hay elecciones generales por lo que podemos ver el ambiente electoral de Barcelona y también hacernos una idea de la variedad ideológica que muestran las sucesivas luchas entre los partidos políticos.

A lo largo de la novela apreciamos que los personajes de cada estrato social actúan según su creencia política, que a la vez pertenece a su clase. La mayoría se inclina a la nueva ideología, como el comunismo o la democracia para la nueva España, pero aparecen muchas escenas en las que los personajes extrañan su antiguo régimen dictatorial. Normalmente son los obreros y la gente de clase baja los que inician este tipo de comentarios cargados de cierta nostalgia, en gran parte, porque no consiguen sacar partido del cambio social y del sistema democrático, aunque no estuvieran al cien por cien de acuerdo con el régimen franquista, se quejan del presente recurriendo el pasado.

Cuando Carvalho visita al señor Vila, que conoce muy bien al barrio de San Magín, le pregunta sobre Ana Briongos y su familia. El señor Vila cuenta una anécdota busrlesca que tenía con Ana Briongos, dada su mala relación entre ambos. Por otro lado, el había sido obligado a participar en la guerra por el bando franquista, y en algunas ocasiones se lamenta por la situación actual y establece los ya señalados comentarios relacionados sobre la calidad de vida durante el antiguo régimen:

-Y va y me dice que soy un franquista. Yo a Franco no le debo nada. Bueno, nada; le debo la tranquilidad y el trabajo. Porque mucho criticar

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a Franco, pero con Franco no pasaba lo que pasa hoy. Nadie quiere trabajar. Cualquier recién llegado de Almería se cree que por agacharse a coger un papel van a darle mil pesetas. Oiga. Yo tampoco soy dictador, pero esto es un desbarajuste y así vamos a la catástrofe. (Los mares, p. 166)

Cuando Carvalho pasa por el bar “Vinos de Jumilla”, Montalbán nos muestra al dueño del bar especialmente irritado por la cruda situación del país, anegado en una profunda inestabilidad reflejada, fundamentalmente, en el crecimiento del paro, un problema menos evidente durante la dictadura:

-Un desastre. Todo es un desastre. A pico y pala los podría yo. Y los demás, al paredón. Sobramos dieciséis millones. Ni uno más ni uno menos. Esto solo lo arregla una guerra.

[...]

-¿Usted cree que hay derecho? Claro que no. A mí se me ha de estudiar. Se ha de saber tratarme. Encontrar el fondo. Pero ¿a las malas? Nada. Lo dicho. Sobramos dieciséis millones de españoles. No tenemos solución. É l sí sabía meternos en cintura y al que se movía ¡zas!, la guillotina. Yo no me canso de decirlo: prefiero que me digan las cosas. Prefiero enterarme, que si quieres arroz, Catalina. Luego me lo traen todo cocido y no es eso, no es eso. Por mí ya se puede hundir el mundo. Lo he dicho con todas las letras, con las mismas con que ahora se lo digo a usted. Por eso ya no paso. ¿Usted me entiende? (113-114)

Todo está desorganizado. El dueño proletario se muestra muy descontento con todo el desorden y de la imperante inestabilidad social, y solo desea volver a una situación tranquila y estable como en la era de Franco, en la que todo el mundo tenía trabajo y se vivía exento de preocupaciones como las que tiene. Como señala Héctor Reyes (2012: 20), “la contemplación del aumento del desorden público, la inflación y la tasa del desempleo sumiría a la sociedad en un periodo marcado por la decepción.” Asimismo, debido a la nostalgia sobre Franco, ya empezaba a sonar el año de 1976 la frase “con Franco se vivía mejor”, ya no solo en los nostálgicos de la ultraderecha, sino también en zonas de la clase media. (J. L. Cagigago y E. Pupo-Walker, 1982)

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La democracia impulsa a la gente al mundo competitivo, sucio y podrido. El que no sea capaz de competir, pierde todo y se hunde. Los que ganan, ganan siempre y cada vez consiguen más. Por lo tanto, la mayoría de los empresarios están encantados con la democracia y el capitalismo. El empresario Isidro Planas sale al escenario para felicitar la victoria como vicepresidente de la CEOE y saludar a sus invitados en Vía Véneto. Resulta de gran interés el discurso que realiza ante su gran auditorio exhibiendo su ideología política como partidario de la democracia:

-Y no solo no voy a pedir perdón por haber nacido, sino que voy a contribuir a que todos nosotros recuperemos la moral que se nos quiere arrebatar. Hay mucho suicida en el seno de esta sociedad que no sabe de esta misa la mitad. No sabe que hundiendo al empresariado se hunde el país y se hunde la clase obrera. Una sociedad libre corre parejas con una sociedad donde la economía de mercado y la libre iniciativa dicten su ley. Esta es nuestra ley porque nosotros creemos en una sociedad libre. La libertad solo merece ser sacrificada a la supervivencia, pero mientras una y otra puedan ir unidas, es preferible que lo vayan. Sabéis que en el pasado nunca pujé por ningún puesto. ¿Incomodidad política? Mi amigo, el marqués de Munt, diría que fue una incomodidad estética. Yo ni digo ni dejo de decir. Pero creo que nosotros fuimos, somos y seremos empresarios en cualquier régimen político y que nuestra función es conseguir una prosperidad general que beneficie a todos, que garantice la paz y la libertad. (Los mares, pp. 146-147)

El marqués de Munt, que pertenece a la clase burguesa, ya es poseedor de muchas propiedades privadas y rebate la ideología comunista, que prohíbe los bienes propios. Munt es rico de nacimiento. Sus amigos, Stuart Pedrell, que es asesinado, y Planas, no son boyantes herederos como él o Adela Villardel, pues la vida de estos burgueses ha comenzado desde abajo. El marqués, que podría ser el padre de Planas o de Stuart, es más aristocrático, menos precipitado, debe apreciar la buena vida. Con una herencia impresionante que le dejó su padre, se mete en negocios utilizando a empresarios jó venes llenos de ideas. Carvalho le pregunta al marqués de Munt sobre el pesimismo que presenta ante el comunismo:

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-Su pesimismo nace del temor de que las fuerzas del mal, los comunistas, por ejemplo, se hagan dueños de lo que usted ama o posee. -No solo los comunistas. La horda marxista se ha complicado. Hay en

ella hasta obispos y bailarines de flamenco. Luchan para cambiar el mundo, luchan para cambiar al hombre. Si la lucha entre comunismo y capitalismo continúa por la vía competitiva, pacífica, ganará el comunismo. La única posibilidad que le queda al capitalismo es la guerra, siempre y cuando se acordara que fuera una guerra convencional, sin armamento nuclear. Ese pacto es muy difícil de establecer. Por lo tanto, no hay salida. Más tarde o más temprano habrá una guerra. Los supervivientes serán muy felices. Habitarán un mundo poco poblado y dispondrán de un acervo tecnológico de milenios. Automatismo y poca población. Jauja. Bastará controlar la presión demográfica para que la felicidad sea cosa de este mundo. ¿Qué régimen político predominará en ese futuro paradisíaco?, me preguntará usted. Y yo le responderé. Una socialdemocracia muy liberal. En el caso de que no haya guerra y continuemos por la vida coexistencial, llegaremos a un serio atasco del crecimiento dentro del sistema capitalista y es posible que incluso dentro del sistema socialista. (Los mares, p. 68)

Es indiscutible que todas los personajes que poseen bienes económicos en abundancia se muestran indiferentes en el mundo de la política. Como afirma el marqués de Munt, “Todo eso ocurrirá después de que yo haya muerto. Ya no me queda mucho”. Sin embargo, realmente, Munt es un personaje que está oprimido por la hipocresía y la necesidad de aparentar. Claramente sabemos que le importa su riqueza y se supone que está abierto al nuevo capitalismo de la sociedad.

Al contrario, la clase obrera persiste en votar por el Partido Comunista con la firme confianza de que puede proteger sus derechos. Juan Carlos González Hernández explica la situación del comunismo en su artículo “La cumbre Eurocomunista de Madrid, 2-3 marzo 1977”, celebrada entre el PCE, PCF y PCI, donde, por primera vez, según palabras de E. Berlinguer, se definió el término Eurocomunismo. Para el Secretario General del PCI (1989:

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547), “es significativo que en esta parte de Europa tres partidos comunistas, el francés, el español y el italiano, hayan llegado a una valoración convergente de los problemas de la democracia y el socialismo. Es a esta convergencia a la que se ha dado el nombre de ‘eurocomunismo’ ”. Y también en otros sectores del movimiento obrero y popular se buscan nuevos caminos para construir en la democracia una sociedad superior a la capitalista. Esto favorece un diálogo y formas de entendimiento entre los partidos comunistas y socialistas y las demás fuerzas populares y democráticas de distinta inspiración. Por lo tanto, no resulta nada extraño que los obreros apoyen al PSUC.

Los carteles que están colgados en las calles dicen: “Que se note tu fuerza. Vota comunista.

Vota PSUC. El socialismo sí tiene soluciones. Contra el reformismo. Vota al Partido del Trabajo” (Los mares, p. 110). Los obreros son más progresistas y creen firmemente en la

posibilidad de cambiar el mundo entero negando a los reformistas y formando un partido de extrema izquierda. Sin embargo, la clase media no está de acuerdo con la democracia ni con el comunismo. Por ejemplo, el policía expresa así su ideología:

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