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Diagram of an Analytical instrument showing the stimulus and measurement of response.

REPORTED METHODS FOR AMBROXOL HYDROCHLORIDE

trabajo del psicoterapeuta no queda en la observación, análisis y comprensión de lo que acontece, de lo que anda mal en su paciente; sino en promover y facilitar un cambio. Durante el proceso terapéutico, los aspectos anómalos de la personalidad son abordados y se trabaja en su reestructuración.

Segundo problema: El para qué.

Existe una relación mutua entre los ideales y valores que se sustentan sobre el hombre y su desenvolvimiento en el plano social y cultural, y los ideales u objetivos que se plantean para la psicoterapia.

Haciendo abstracción de los distintos objetivos e ideales terapéuticos planteados, o los distintos enfoques, se puede señalar que la psicoterapia está llamada a poner sus mejores empeños en facilitar, propiciar el desarrollo (obstaculizado o detenido) de las fuerzas creativas del ser humano.

Concretando lo anterior, se puede decir que el para qué de la psicoterapia estaría en la liberación del sujeto de los impactos negativos, que sobre su subjetividad han dejado las políticas y prácticas socializadoras inadecuadas, que le provocan malestar personal, obstaculizan su funcionamiento social y le impiden canalizar de manera efectiva y constructiva la satisfacción de sus necesidades.

Tercer problema: El cómo.

El problema del cómo se vincula estrechamente con los dos problemas anteriores y forman en conjunto una unidad. La psicoterapia en tanto que praxis, se lleva a cabo en una relación (terapeuta-paciente) y bajo determinada estructura, requiere del uso de determinadas técnicas y estrategias, es decir de un método para su ejecución. Sin embargo se debe llamar la atención sobre el hecho de que la técnica, no se aplica en este caso sobre la materia inanimada, y que el sujeto-objeto de la misma es un ser humano, lo que implica consideraciones de tipo axiológicas y éticas particulares; además de tomar muy en consideración las particularidades de cada sujeto y su carácter como ser activo.

Más que un método “inflexible pero seguro”, el terapeuta necesita desarrollar su capacidad de reflexión sobre el método, solo así podrá llegar a una apreciación justa y equilibrada sobre el alcance y la efectividad de las posibles estrategias terapéuticas a aplicar.

La técnica que no ha sido objeto de la reflexión y elaboración personal del terapeuta, por lo general tiene pobres alcances terapéuticos, y en poco contribuye a la necesaria conciencia terapéutica, eje central de cualquier intervención reestructuradora.

Siendo el objetivo principal de la psicoterapia la solución del problema del paciente, y esta última el criterio principal de efectividad; la función del terapeuta estaría en la correcta formulación del problema y en adoptar las estrategias más adecuadas de solución. Si una psicoterapia exitosa es aquella que resuelve los problemas de un paciente, entonces el terapeuta debe saber como formular un problema y como resolverlo. Además, si ha de resolver una variedad de problemas, no debe adoptar un enfoque rígido y estereotipado con respecto a la terapia. Por eficaz que resulte para ciertos problemas, ningún método terapéutico estandarizado puede manejar exitosamente la compleja gama de cuestiones que suelen plantearse a un terapeuta. Se necesita flexibilidad y espontaneidad, aunque todo terapeuta debe aprender de su propia experiencia y repetir aquellos métodos que le hayan dado buen resultado. Las probabilidades de éxito aumentan si se combinan los procedimientos ya conocidos con técnicas innovadoras.

Siguiendo en esta dirección, Lazarus (65) propone una orientación multimodal, en la que se enfatiza la flexibilidad y la versatilidad del terapeuta en cuanto a la selección de aquellas estrategias que más se adapten a las características

personales del paciente, a sus necesidades y a las condiciones particulares en las que éste se encuentra; evitando de esta manera imponerle un tratamiento preestablecido que no tenga en consideración las cuestiones planteadas.

Lazarus reafirma su posición como un eclecticismo técnico, y su llamada “terapia multimodal” la concibe como un enfoque terapéutico sistemático y comprensivo que toma en consideración las principales áreas del funcionamiento del sujeto; las cuales quedan identificadas en siete modalidades que se corresponden con la sigla: BASIC-ID, cuyas letras indican cada una:

B= Behavior (conducta) A= Affect (afecto) S= Sensation (sensación) I= Imagery (imágenes) C= Cognition (cognición)

I= Interpersonal Relations (relaciones interpersonales) D= Drugs (drogas)

La terapia multimodal propuesta por Lazarus, parte de una evaluación minuciosa de cada una de las modalidades del BASIC-ID, de manera tal que se garantice que cada aspecto del funcionamiento del sujeto reciba una atención explícita y sistemática.

Dicho autor refiere al respecto: “El eclecticismo técnico no significa una mezcla casual de técnicas surgidas de la nada. Es un enfoque que pide a los terapeutas que experimenten con métodos empíricamente útiles, en lugar de usar las teorías como afirmaciones a priori de lo que va a tener éxito en la terapia”.

El eclecticismo visto en este sentido, pasa a ser entonces una posición teórica, sistemática e integrativa; y cuyo empleo en la práctica clínica pasa por el reconocimiento de que ninguna de las orientaciones psicoterapéuticas teóricas y técnicas desarrolladas hasta el presente, por sí mismas, son suficientes para enfrentar cabalmente la complejidad de la labor terapéutica, en sus disímiles contextos y culturas.

La integración como alternativa:

La proliferación de enfoques en la psicoterapia, nos puede llevar a pensar que se puede y se debe construir un sistema integrado de la misma (112). Un sistema integrado supone, pues, un marco teórico que contemple una nueva visión del hombre; lo cual a su vez genera nuevos paradigmas del sujeto y de la psicoterapia como campo disciplinar. Si la visión que tenemos del hombre es atomista, esto nos lleva a posiciones extremas y opuestas que dificultan todo intento integrativo. Si, por el contrario, la visión del ser humano es holística, nos ofrece mayores posibilidades para considerar los distintos niveles de funcionamiento del hombre, para trabajar en la integración de varios enfoques, que nos permitan una mayor comprensión de lo multidimensional de la complejidad humana; es decir, de lo cognitivo, lo afectivo, lo conductual, lo interactivo, lo consciente, lo inconsciente, etc.

En psicoterapia, como en cualquier campo del conocimiento y de la praxis humana, resulta imposible abarcar a partir de una sola teoría o marco conceptual, la totalidad de un fenómeno en toda su complejidad.

Munné, (82) refiriéndose a lo que él denomina la inabarcabilidad del objeto en su totalidad a partir de un solo marco teórico, fija su posición al respecto: “La

deducción a sacar es clara: no podemos explicarlo todo desde un marco único o desde una sola teoría. Dado un marco o teoría, no es posible desde él y sólo con él, describir, explicar ni predecir del todo ni todos los aspectos de la realidad y sus fenómenos, sino únicamente aquellos que son coherentes con la fundamentación epistemológica del marco o teoría en cuestión”.

La dialéctica del conocimiento nos dice que en el estudio de un fenómeno, la selección del método, depende en particular de las propias características del objeto de estudio en cuestión y no a la inversa. Es decir, que no hay que escoger entre una u otra teoría según sus méritos respectivos, sino que hay que partir de los aspectos relevantes del fenómeno a estudiar, para llegar al conocimiento de los requisitos que debe cumplir la teoría que trate de explicarlo.

La proliferación de diversos marcos teóricos y conceptuales en psicoterapia ha sido a mi criterio, una necesidad histórica condicionada por la necesidad de tratar de abordar la experiencia humana, que se expresa como una realidad multidimensional.

Todo marco teórico enmarca a su vez aquel aspecto de la realidad que le ha sido delimitado, por lo que tomando en consideración lo anterior, estimo que resulta coherente integrar varias teorías para explicar y abordar un fenómeno determinado, si se sigue una lógica conceptual para ello.

En psicoterapia, como en otros campos del conocimiento, ocurre que la investigación sobre determinado fenómeno, en un primer momento, aparece asociada a una teoría que al agotar sus posibilidades para explicar y comprender el fenómeno en cuestión y en toda su plenitud, da paso a otras teorías que, o bien pueden complementar al primero, refutarlo, u ofrecer otras contribuciones presentando nuevas dimensiones de éste. (25)

Cuando todas estas teorías han agotado sus posibilidades, y bien por exigencias de la práctica o del propio proceso de conocimiento se precisa de una visión más integral del problema en cuestión; se vuelve al punto de partida, pero en una dialéctica a un nivel cualitativamente superior, emergiendo un marco conceptual nuevo, producto de la integración de las diferentes perspectivas elaboradas sobre el fenómeno en cuestión, que nos ofrece una visión más completa y abarcadora del mismo, lo que a posteriori dará paso nuevamente al surgimiento de otros nuevos enfoques o marcos conceptuales.

Concluyendo, se puede decir que, la integración en el empleo de diversas estrategias en el ejercicio de la psicoterapia es algo necesario y realizable. Esta integración debe tener como premisa, el dominio de un marco teórico conceptual previo que incluya una visión de la psicoterapia (su método, sus objetivos, etc.), y una perspectiva del sujeto.

Atendiendo a los objetivos y necesidades concretas de la intervención y de las alternativas que se ofrecen, se ha de optar por aquellas que sean las más convenientes, considerando: la propia ecuación como terapeuta, las características del paciente, la problemática concreta a tratar, los objetivos a lograr; así como el contexto en el cual se lleva a cabo la intervención.

La posibilidad de seleccionar y utilizar de manera combinada y coherente los diversos recursos y estrategias, que el desarrollo de los diversos enfoques en psicoterapia ponen a disposición de los terapeutas, constituye sin dudas una vía para incrementar la eficiencia del trabajo psicoterapéutico.

No queda otra opción que comprometerse en el ejercicio de una práctica, cuya premisa sea la sistemática y rigurosa evaluación de los resultados y efectividad de la

orientación adoptada, de lo apropiado de los conceptos y estrategias empleadas; así como de su pertinencia desde una perspectiva profesional, ética y social.

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