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Las AVL actúan como “Caballos de Troya” al albergar en su interior bacterias y otros microorganismos. La asociación en la cual un organismo habita en el interior de otro organismo se denomina endosimbiosis y etimológicamente el término podría usarse para designar a cualquier proceso de simbiosis en el cual el simbionte reside en el interior del cuerpo de otro ser vivo (Starr, 1975).

Esta asociación le permite a los endosimbiontes permanecer, resistir y diseminarse en ambientes que no son los ideales para su crecimiento. La expresión de “Caballo de Troya” se utiliza para indicar que los microorganismos se encuentran en el interior de la ameba, y que ésta no es una “transportadora” que los lleva adheridos a su superficie (Khan, 2006; Greub y col., 2004; Marciano-Cabral y col, 2010).

En el interior de las AVL los microorganismos están protegidos de las inclemencias del ambiente, de las defensas del hospedador y de la acción de los agentes quimioterapéuticos utilizados para su control. Además los endosimbiontes pueden reproducirse, aumentando así su número para producir enfermedad.

En la década del 50´se descubrió que especies de Acanthamoeba estaban infectadas con bacterias, y recién en 1975 se documentó que éstas podían mantener una relación de endosimbiosis con las amebas (Drozanski, 1956, Proca-Ciobanu y col., 1975).

Se han demostrado bacterias intracelulares en AVL del género Acanthamoeba en aproximadamente el 20-24% de los aislamientos ambientales (Fritsche y col., 2000), y en el 26% de las amebas aisladas a partir de muestras de córneas (Marciano-Cabral y col., 2003).

Legionella spp., Francisella tularensis, Mycobacterium avium, Burkholderia spp., Vibrio cholerae, Listeria monocytogenes, Helicobacter pylori, Afipia felisand, Escherichia coli

serrotipo O157 (Greub y col., 2004; Berger y col., 2006) son bacterias patógenas que utilizan a Acanthamoeba como célula hospedadora y como “Caballo de Troya” para su permanencia y diseminación.

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En el 5% de los aislamientos de este género se encontraron, también, patógenos intracelulares obligados, como Chlamydia, Chlamydophila y bacterias “tipo-Chlamydia” como endosimbiontes.

Esta capacidad, de sostener el crecimiento de bacterias en su interior, sirve in vitro para el aislamiento en el laboratorio de patógenos intracelulares de distintas muestras clínicas utilizando cultivos puros de trofozoítos de Acanthamoeba. Esta técnica se aplicó para el aislamiento de L. pneumophila (Rowbotham, 1998), L. anisa (La Scola y col., 2001), y

Mycobacterium massiliense (Adekambi y col., 2006) de muestras de esputos, abscesos y materia fecal.

Además de bacterias, Acanthamoeba puede transportar en su interior virus, levaduras y otros protozoos (Khan, 2009)

Se ha demostrado la capacidad de este género para actuar como reservorio de Minivirus, Coxsackievirus, Adenovirus, Poliovirus y otros. La permanencia de estos virus en el citoplasma de la ameba asegura su supervivencia y permite la transmisión entre hospedadores (Baron y col., 1980; Danes y col., 1981; Mattana y col., 2006; Lorenzo- Morales y col., 2007).

Entre las levaduras, Crytococcus neoformans tiene la capacidad de replicarse en el interior de Acanthamoeba. Evolutivamente esta relación le habría permitido desarrollar las adaptaciones necesarias para lograr virulencia sobre células de mamíferos (Khan, 2009). Este género puede actuar también como “Caballo de Troya” de protozoos, como es el caso de Cryptosporidium. Se ha documentado que los trofozoítos de Acanthamoeba pueden albergar hasta seis ooquistes de este parásito, y que estos son lentamente eliminados al medio, lo cual juega un rol importantísimo en la transmisión de la Cryptospiridiosis (Gomes-Causo 2007).

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Al igual que Acanthamoeba, se ha demostrado que Balamuthia puede actuar como célula hospedadora de Legionella (Shadrach y col., 2005), y que soporta el crecimiento intracelular de bacterias “tipo” Chlamydia (Michel y col., 2005).

Se ha demostrado in vitro, que Naegleria fowleri también soporta el crecimiento de bacterias intracelulares como Legionella pneumophila, pero no se ha reportado, hasta el momento, que aislamientos ambientales o de casos clínicos de esta AVL contenga endosimbiontes, lo que probablemente se deba a la sensibilidad que esta cepa presenta frente al estrés ambiental (Walochnik y col., 2005).

Como vemos las AVL no solo presentan riesgos en sí mismas, sino que, además de su propia patogenicidad, albergan en su interior microorganismos peligrosos para la salud del hombre y otros mamíferos y por ello es necesesario determinar la presencia de AVL en el ambiente.

Comentarios finales Capítulo I

Las técnicas para aislamiento y cultivo de Acanthamoeba, Naegleria y Sappinia fueron publicadas por Page en el año 1976 y 1988, y aún hoy representan la metodología de elección, tanto para muestras ambientales como biológicas. Son sencillas y económicas, y se pueden implementar en cualquier laboratorio de análisis clínicos, inclusive de muy baja complejidad.

No así es el caso de Balamuthia mandrillaris, que requiere de cultivos celulares para su aislamiento.

Hasta el momento, en el mundo existe el registro de aproximadamente 120 casos de EGA por Acanthamoeba. Este género es el responsable de más de 10.000 casos de QA registrados hasta el momento, 80% de los cuales están asociados al uso de lentes de contacto.

Más de 250 casos de MAP se atribuyen a infecciones por N. fowleri, la mayoría de los cuales se produjeron en Estados Unidos. Se han registrado aproximadamente 100 casos

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de EGA por Balamuthia en todo el mundo, y solo un caso de infección humana por Sappinia diploidea.

Según estos datos se puede inferir que las infecciones por AVL en humanos presentan baja prevalencia, sin embargo esta aseveración es cuestionable dada la posibilidad de sub- diagnóstico para este tipo de agentes etiológicos.

De acuerdo con lo expuesto y dada la falta de conocimiento acerca de la presencia y distribución de las AVL en la República Argentina, el objetivo general de esta tesis fue aislar estos protozoarios del medio ambiente, en distintas regiones de nuestro país, y de muestras clínicas. Los objetivos particulares fueron: Clasificar taxonómicamente cada aislamiento a partir del estudio de las características morfológicas, termofílicas y moleculares. Realizar el análisis ultraestructural por Microscopía Electrónica de Transmisión (TEM) y Evaluar la resistencia de las cepas obtenidas a productos desinfectantes. Estos objetivos se desarrollan en los capítulos siguientes.

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