Hemos visto el proceso de representación de la realidad desde un punto de vista genérico. Dirijamos, en este momento, la mirada a los mecanismos constituyentes de este proceso de transmisión de la información, en el campo de la visión.
Se ha destacado que la totalidad del proceso, para el discurso neurocientífico, se inicia con la recepción, por parte de los receptores sensoriales, de la información física. Pues bien, el sistema visual es poseedor de unos determinados receptores que se denominan fotorreceptores. Se denominan de esta forma puesto que se encargan de recibir la información lumínica393. A su vez, dichos fotorreceptores se ubicarían en la retina394, y, como se ha apuntado, se encargarían de recibir la información física procedente del entorno395.
Ahora bien, los fotorreceptores pueden tipificarse en dos tipos diferentes, a saber: los conos y los bastones396. Por lo que concierne a lo conos, encontramos que, según varias estimaciones, habrían un total de seis millones en la retina397, y que, en su seno, contienen los pigmentos de la yodopsina y cianopsina. En particular, se distribuyen en la fóvea y la retina intermedia y, dentro de sus características, caben destacar las siguientes: una baja sensibilidad a la luz, alta agudeza visual, rápida adaptación a la oscuridad y desprende discos al anochecer.
Por el contrario, la estimación del número de bastones es de ciento veinte millones398, y contendrían el pigmento de la rodopsina. Su distribución mayoritaria se hallaría en la retina periférica, y sus principales características serían una baja agudeza visual, alta sensibilidad a la luz, lenta adaptación a la oscuridad y se produce el desprendimiento de discos al amanecer.
393
Kandel, Eric. R, Schwartz, James. H, Jessell, Thomas. M. Principios de Neurociencia, op. cit., p. 508.
394
Debe destacarse como la retina es la principal zona implicada en la recaptación de la información lumínica, ya que contiene tantos los fotorreceptores, así como células bipolares, ganglionares,
horizontales (conectan los diversos fotorreceptores entre sí) y amacrinas (vinculan las células bipolares con las ganglionares), todas ellas implicadas en la transducción y transmisión de la información al cerebro.
Asimismo, debe resaltarse dos regiones esenciales en el seno de la retina: en primer término, destacar el
punto ciego, que estriba en ser aquella zona insensible a la información lumínica al carecer de fotorreceptores. Se trata de una zona en la que se reúnen los axones de las células ganglionares para formar el nervio óptico. En segundo lugar, reseñar la mácula, cuya zona central la configura la fóvea (la parte de mayor agudeza visual formada exclusivamente por un determinado tipo de fotorreceptores: los conos), y se halla rodeada por la retina intermedia y la periférica.
395
Carlson, N.R. Fisiología de la conducta, op. cit., p. 181.
396
Rosenzweig, M.R, Breedlove, S.M, Watson, N.V. Psicobiología, op. cit., p. 377.
397
Carlson, N.R. Fisiología de la conducta, op. cit., p. 181.
398
185 De manera que, tal y como se puede comprobar por lo estipulado en anterioridad, existe un mayor número de bastones y, por consiguiente, habrá un mayor envío de información bioeléctrica de estos receptores que de los conos. Por ese motivo, el sistema de bastones, que configuran el entramado receptor más numerosos del registro visual, se erigirá en la estructura más sensible a la luz –sensibilidad a la luz significa una mayor capacidad para detectar intensidades luminosas más débiles, es decir, tener un menor umbral absoluto-399.
Ahora bien, tanto los bastones como los conos, a parte de diferir en su número y ciertas capacidades, también se diferencian en sus funciones receptoras. Una de ellas, que es interesante para lo que nuestra investigación pretende exponer, versa acerca de la agudeza que proporcionan ambas400. En particular, la visión foveal, configurada única y exclusivamente por conos, es poseedora de una ingente capacidad de agudeza visual y, por ello, permite detectar al sujeto una enorme cantidad de pequeños detalles401. Por consiguiente, los conos serán las estructuras receptoras encargadas de proporcionar la máxima agudeza posible respecto el estímulo. Sin embargo, la región de la retina periférica, formada predominantemente por bastones, ofrece una menor resolución, por lo que a la agudeza visual se refiere. La explicación que ofrece el discurso neurocientífico acerca este fenómeno radica en la mayor convergencia de los bastones en una sola célula bipolar y, por ese motivo, dificultar el flujo de la señal codificada (bioeléctrica), lo que conduce a la imposibilidad de diferenciar los detalles del estímulo402. En cambio, la existencia de un menor número de conos provoca que exista un menor número de dichos fotorreceptores que confluyan en la célula bipolar, lo que provocará un mayor fluyo de la información, así como la activación de más células bipolares, lo cual conducirá a un incremento de la discriminación estimular403.
Otra de las diferencias funcionales entre ambos fotorreceptores, que ya se apuntó en anterioridad, radica en la adaptación a la oscuridad de ambos. Para la investigación neurocientífica, los conos gozan de una mayor rapidez, en comparación con los
399
Ibid, p. 184.
400
Rosenzweig, M.R, Breedlove, S.M, Watson, N.V. Psicobiología, op. cit., p. 382.
401
Ibid, p. 384.
402
Ibid, p. 384.
403
La evaluación de la agudeza visual se produce a partir de la optometría (se sitúa al sujeto a unas distancias prefijadas y se le demanda que discrimine la separación existente entre dos puntos, barras, figuras geométricas o apertura de un anillo. Para llevar a puerto esta discriminación, la optometría se sirve, mayoritariamente, de tres métodos, a saber: el optotipo –o carta- de Snellen, el optotipo de círculos de Landoldt y el optotipo de enrejados sinusoidales (que permite obtener la función de sensibilidad al contraste –FSC-)
186 bastones, por lo que hace referencia al fenómeno de la adaptación a la oscuridad404. La explicación que ofrecen estos discursos estriba en la dilucidación de la función de sensibilidad espectral tanto de bastones como de conos. Si se observa la representación gráfica de la sensibilidad del sistema de los bastones ante la iluminación, se observará una mayor sensibilidad a las longitudes de onda corta (es decir, a longitudes de onda máximas a 500mm), mientras que la representación gráfica de la sensibilidad espectral de los conos, presentarían unos resultados parecidos a los de los bastones, con la diferencia que serían parcialmente más sensibles a longitudes de onda más elevadas (tendrían una longitud de onda media de 560mm)405.
Esta consideración nos conduce a las célebres tesis de Purkinje en las que se defendía el fenómeno de la disminución de la intensidad luminosa conllevaba un retraso la ausencia de percepción de los colores de longitud de onda más corta. Expresado en otros términos, conforme disminuye la intensidad lumínica, los colores poseedores de una longitud de onda más corta, dejan de percibirse más tarde que aquellos que gozan de una longitud de onda más larga406. Consiguientemente, los bastones tendrán una menor rapidez en el momento de adaptarse a los contextos de oscuridad407.