La Sociedad de Agricultura, la Quinta Normal y la educación agrícola ven –una vez más– un nuevo amanecer. Vicuña Mackenna vuelve recordar el rol social y político de la práctica, usando como detonador la Exposición Nacional de Agri- cultura de 1869 (véase Robles, 2000). Este evento es el primero de una serie, que culmina con la gran exhibición de 1875 y que tiene en 1872 otras importantes versiones, con la Exposición de la Industria y la del Coloniaje. Vicuña Macken- na es el principal impulsor de estas fiestas urbanas y masivas, y las utiliza como herramienta de discusión pública de temáticas que van desde la producción eco- nómica a la transformación de la ciudad. De este modo, logra reorganizar al gre- mio de agricultores. Sin embargo, el nuevo y definitivo renacer de la Sociedad de Agricultura no está libre de displicencia y resistencia, especialmente en lo que se refiere a la labor de la educación peonal, principal encomienda del Gobierno. Si bien la Escuela Práctica es un buen argumento para justificar el rol político de la Sociedad, no encuentra un buen lugar en la Quinta, que, a su vez, es demandada por los socios como laboratorio productivo. En medio de un ambiente de trans- formaciones aceleradas, el predio urbano requiere de un contenido público, el que comienza a tomar la forma de un jardín abierto a la ciudadanía, a partir de su función de paseo y vivero.
Vicuña Mackenna de desempeña como Secretario de la comisión organizadora de la Exposición de 1869 y será recordado como su principal artífice. Se trata de un evento de carácter local pero que consigue una inusitada participación de otras naciones, en especial Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos, y que, además, aparece reseñada en la prensa del primer mundo. Originalmente habría tenido lugar en la Quinta, pero la logística del transporte de los productos y maquinarias hacía necesaria –y simbólicamente, muy deseable– la conexión ferroviaria con el lugar de la exposición. Esto hizo que se optara por los patios de la Estación Cen- tral.228 De este modo, el presidente Joaquin Pérez pudo acceder a la inaugura-
ción del día 5 de mayo, espectacularmente montado en la locomotora Mapocho. Aunque busca instruir en los avances del progreso, por sobre todo, a terratenien- tes y labriegos, es la primera exhibición pública de los prodigios de la técnica; un “catálogo vivo” de maquinarias, como lo presenta Vicuña Mackenna (en Cova- rrubias, 1869, p. 151). Esta fiesta, un elogio a la producción y el trabajo, era ofre- cida por Vicuña Mackenna como una permuta laica y republicana a las antiguas celebraciones de la Colonia. La Exposición funciona como una combinación de feria comercial y certamen, siguiendo el modelo inglés que años atrás promoviera desde el exilio. Detrás de esto hay un sentido pedagógico, económico y también solidario: a través de la competencia de productos, el espíritu liberal de los agri- cultores se cohesiona en busca de mejores métodos de producción. El evento re- sulta un acontecimiento de escala urbana, asistiendo cuatro mil personas a la in- auguración y unas treinta mil el resto de los días; como observa Calderón (1984), un tercio de la población de la capital.
Pero salvo las piezas participantes del certamen, no se ha recibido el aporte espe- rado de los agricultores nacionales. Después de más de un año de trabajos prepa-
228 De Ramón (1990) plantea que aquella exposición tuvo lugar en la porción sur de la Quinta, pero la documentación revisada indica que eso es un error. Probablemente el historiador confundió el nombre de calle “Exposición” que se dio tanto al camino ubicado al oriente de la estación de ferrocarri- les, por conducir a los terrenos del evento señalado, como a la calle que prolongaba la Alameda de las Carreras (actual Portales) y que servía de acceso al Observatorio. Como señala Le Feuvre (1889), con posterioridad a la exposición de 1875, en la porción sur de la Quinta se instalarían definitivamente los cobertizos que servirían para realizar exposiciones de animales, lo que puede contribuir a la confusión.
rativos, Vicuña Mackenna (en Covarrubias, 1869, pp. 144–155) decide arengar al gremio en su discurso inaugural. Plantea que el principal objetivo de esta fiesta es “desterrar para siempre de los ánimos ese pernicioso letargo”. Resonando en los argumentos los anteriores fracasos de la Quinta, señala que la Exposición es la nueva “escuela modelo de los campos de Chile, hasta hoi desheredados de toda luz que no fuera la de su diáfano cielo”. La agricultura, como única protagonista de la fiesta y con la ciudadanía como testigo, es conminada a retomar la delantera del progreso, no sólo asimilando los avances materiales, sino que retomando la asociación colaborativa e impulsando la educación agraria: “Falta aquí la repre- sentación de la idea en su inmortal e intangible esencia, falta el emblema de la mente creadora, falta, en fin, la encarnacion incorpórea del pensamiento”. Una nueva Sociedad de Agricultura abocada a la enseñanza “a cuya sala de sesiones, abierta a la muchedumbre, sirvan, por último, de muros, los rústicos cercados de una hacienda modelo o los prados y jardines de una quinta de aclimatación”. Una sinfonía de maquinarias que se activaron al unísono daba un cierre operático al discurso de Vicuña Mackenna.
Esta exposición tiene los efectos esperados e inyecta energías en el ánimo de los agricultores que vuelven a fundar la Sociedad Nacional de Agricultura (Robles, 2000), esta vez, de forma definitiva. Sesionando por primera vez el 15 de agosto de 1869,229 han decidido eliminar de su nombre y de sus preocupaciones a la be-
neficencia. Están conscientes de las causas de los dos fracasos anteriores y siguen creyendo firmemente que la base agrícola es el destino tanto económico como racional del proceso de modernización de la Nación. Se piensa que las asocia- ciones pasadas no han prosperado, en parte, porque la industria agrícola no ha sido capaz de producir el enriquecimiento prometido, pero, por sobre todo, por la falta de voluntad de los hacendados. A pesar de ello, se reconoce un avance en la agricultura, que ha diversificado su producción y ha subdividido bastante la pro- piedad. Por su parte, a la minería se la admira como actividad pujante y como es- trategia de asociatividad entre privados, y no se la piensa como una competencia sino como una “industria jemela de la labranza”.230 En efecto, el norte minero y sus puertos son vistos por los agricultores como un atractivo mercado de exporta- ción para el Chile agrícola. Las problemáticas del gremio están marcadas por las paupérrimas condiciones del inquilinado; la epizootia o fiebre aftosa –producto del explosivo desarrollo de la ganadería–; la filoxera –mosca que arrasaba con la industria vitivinícola en Europa–, y el despoblamiento del campo producto de las migraciones.231 Además de la emergente fiebre vitivinícola, los nuevos productos
229 “Actas de la Sociedad”. Boletín... op. cit., Vol I, Nº1, 16 de octubre de 1869, pp. 5-8. 230 “La Sociedad de Agricultura (Lo que es y lo que debe ser)”. Boletín... op. cit., Vol I, Nº1, 16 de octubre de 1869, p. 1. En su segundo número el periódico presenta un completo artículo sobre los beneficios de la minería del carbón, redactado por Julio Menadier.
231 Éstas no sólo eran hacia la ciudad y a la minería, sino, particularmente y a partir de 1870, hacia las obras de los ferrocarriles de Henry Meiggs en Perú.
son el ramie o ramio, el tabaco y la piscicultura. Vicuña Mackenna es uno de los quince directores fundadores, pero sus intereses están puestos en otras cosas y su participación es bastante menos intensa que antes y sólo en los primeros años. En el periodo, uno de los principales ideólogos de la agricultura es el chile- no-prusiano Julio Menadier (véase Robles, 2012), redactor del periódico Bole-
tín de la Sociedad Nacional de la Agricultura. Desde esas páginas, Menadier
construye un marco racional a la modernización agrícola, incorporando mu- chos artículos tanto teóricos como sobre estadística y economía e incluyendo una sección constante llamada la “Revista comercial”. En ese espíritu, da tam- bién mucha importancia a la redacción del Código Rural y a la modernización de la ley de Aduanas. Es uno de los principales promotores de la educación agrícola, pero desde una estrategia normalista y territorialmente capilar. A pesar de todo, uno de los grandes triunfos reconocidos a las pasadas asocia- ciones agrícolas es la maltrecha Quinta Normal, considerada siempre más por las promesas que encierra su idea que en sus efectivos resultados. Por ello y ha- ciendo caso al discurso de Vicuña Mackenna, su enmienda constituye el primer objetivo de la refundada Sociedad,232 así como la instrucción agrícola, esta vez diferenciada entre la práctica y la profesional. La Sociedad debe solicitar nue- vamente el terreno al Gobierno con un plan que lo justifique. Se piensa que será posible financiar las remodelaciones necesarias con la venta de los animales ahí existentes y, sin contar todavía con el terreno, parte de la Sociedad se organiza rápidamente para comenzar a plantarlo de moreras233 y conseguir un director.
El 3 de noviembre de 1869 el Gobierno devuelve la Quinta, con todos sus ob- jetos, plantas y animales, a manos de la Sociedad, que debe comprometerse al desarrollo de la enseñanza práctica y la entrega anual de “árboles de ornato para las poblaciones y establecimientos públicos que los necesiten”.234 Desde 1863, por razones económicas, la Quinta había ya suspendido la instrucción agrícola, funcionando casi exclusivamente como un jardín de aclimatación de plantas útiles. Los primeros administradores de fundos formados por la escuela habían sido despedidos sin excepción por los propietarios, quienes no confia- ban sus haciendas al “alumno pretencioso”.235 Se piensa ahora que ha sido un error la idea de llevar la instrucción desde abajo hacia arriba, es decir, desde el mayordomo al patrón, y que debiera haberse procedido reformando primero al propietario. Desde la Sociedad, la condición del terrateniente joven se ve así:
“…individuos que en los colejios han hecho sus estudios para las profesiones del foro, para injenieros, para literatos, etc. etc., tan pronto como concluyen sus estudios y abandonan los colejios, se hacen agricultores, recibiendo las primeras nociones de esta industria de un mayordomo mil veces mas igno- rante que el discípulo”.236
232 “La Sociedad de Agricultura (Lo que es y lo que debe ser)”. Boletín... op. cit., Vol I, Nº1, 16 de octubre de 1869, pp. 1-5.
233 “Actas de la Sociedad”. Boletín... op. cit., Vol I, Nº1, 16 de octubre de 1869, pp. 5-8. 234 “Sociedad Nacional de Agricultura”. Boletín... op. cit., Vol I, sin numeración ni fecha, 1869, pp. 48-49.
235 “Instrucción Pública relativa a la Agricultura i la Marina…”, Ministros del Despacho Matu- rana y Santa María. Anales... op. cit., Tomo XXIII, Segundo semestre 1863, agosto.
Hasta que pueda establecerse aquel modelo educativo inverso, destinado a hi- jos de patrones, el Gobierno se niega a invertir otra vez en la instrucción agríco- la en la Quinta. Mientras tanto, la enseñanza popular de la agricultura se había continuado en la Escuela Normal de Preceptores y Rodulfo Amando Philippi hace ver a la Universidad de Chile que, sin un huerto en donde puedan adquirir- se conocimientos prácticos, no se puede formar correctamente agrónomos. Sin embargo, la propuesta del científico no es todavía usar la Quinta, sino instalarlo en un terreno contiguo a la Escuela.237
El decreto que cede el terreno a la Sociedad nada dice de la convivencia con el Observatorio astronómico, que seguía funcionando activamente en el predio. Ya en 1868, los astrónomos reclamaban por el abandono de la Quinta Normal. La falta de dependencias para los científicos, los caminos en mal estado y el continuo tránsito de animales que hacía que el polvo se depositara en los ins- trumentos. Desde entonces se solicita planificar el traslado del Observatorio lejos de la ciudad.238 Tampoco se habla en el decreto de la porción de terrenos para el jardín de animales que, casi al mismo tiempo, el Supremo Gobierno había cedido a la nueva Sociedad Zoológica. Sin embargo, este uso –probable- mente mucho más cercano a la cría de animales productivos que a la colección exótica– no presentó conflictos con la Sociedad agrícola. En efecto, los zoólogos acuerdan con los agricultores hacer uso común del acceso de la Quinta, para
1869, p. 34.
237 “Consejo de la Universidad - Actas de las Sesiones” Sesión del 9 de Noviembre de 1867.
Anales... op. cit., Tomo XXIX. 1867, enero.
238 Vergara, José Ignacio, “Boletín de Instrucción Pública - Observatorio Nacional”. Anales... op. cit., Tomo XXXIII. Segunda Sección, Segundo semestre 1869, julio.
evitar fraccionar el predio e incurrir en más gastos.239 Entre ambas sociedades deciden también repartirse las ganancias por la tarificación de la entrada “a fin de dejarla completamente accesible a las personas que quisiesen visitarla”.240 Con esto, no sólo ingresa el público a la Quinta, sino una nueva preocupación naturalista. La zoología y zootecnia comienzan a ocupar espacio también en las páginas del Boletín, con la difusión de las ideas de Darwin sobre la evolución de las especies.241 Este interés teórico y científico por la taxonomía de la naturaleza, encuentra sentido en la perfección de las razas y frutos de la agricultura y, así como se abre espacio sin mayores dificultades a un jardín de animales, prepara a la Quinta para, en poco tiempo más, volver a aceptar dentro de sus lindes al jardín botánico.
La Sociedad demora un tiempo en comenzar a intervenir el terreno, recibido el día 15 de noviembre de 1869. El inventario242 del predio resume las condicio- nes en que se encontraba y resulta sorprendente el enorme recuento de especies plantadas. Parte del conjunto de edificios planeado por Sada de Carlos se encon- traba en pie. Albergaba entonces pesebreras, habitaciones para los alumnos y los cuartos para la cría de gusanos. Por las descripciones, se entiende que se trataba de construcciones modestas y funcionales. Además de estos edificios existían un par de naves de madera para el alojamiento de otros animales y dos invernaderos en la parte sur. Quizás lo más espectacular y mejor conservado del conjunto era la portería, con su reja de hierro y dos habitaciones anexas. Tras ella, sobrevivía aún el prado ornamental del óvalo de Perrot, que exhibía una importante masa arbórea.243 Hacia el norte se encontraba una plantación de naranjos y la arbo- leda frutal, ambas rodeadas de cercas vivas y limitando con el muro del recinto. Junto al muro oriente corría una avenida con tilos y desde el óvalo y hacia el sur, arrancaba una avenida plantada con árboles diversos y en mal estado. En
239 “Variedades”. Boletín... op. cit., Vol I, sin numeración ni fecha, 1869?, p. 65. 240 “Crónica Agrícola”, Boletín... op. cit., Vol II, Nº18, 1º de julio de 1871, p. 303. 241 “Zootecnia”. Boletín... op. cit., Vol I, sin numeración ni fecha, 1870, pp. 109-112. 242 “Inventario de la Existencia de la Quinta normal de Agricultura”. Boletín... op. cit., Vol I, sin numeración ni fecha, 1870, pp. 469-475. Probablemente esta descripción estaba acompañada de un plano, en donde se indicaba con una numeración la ubicación de la mayoría de las plantaciones. 243 Se reseña un bosquete de pataguas; una cincuentena de ligustros, otra de acacias; una treintena de pinos marítimos, otra de cipreses y otra de nísperos; una veintena de robles, otra de castaños; unos pocos nogales, araucarias, magnolios, fresnos y plátanos. Aunque la Quinta Normal conserva actualmente especies muy añosas, es difícil comprobar si parte de ellas podría haber subsis- tido hasta hoy en medio de sucesivas remodelaciones.
la misma dirección pero partiendo desde los edificios, una avenida franqueada de aloes conducía al Observatorio. Una avenida transversal de olmos dividía las hortalizas de las viñas que se encontraban en la porción sur. La pequeña laguna que había dispuesto Sada, se encontraba rodeada por una treintena de sauces, casi un centenar de árboles grandes y doce bancas. En el inventario se mencionan sin mayor referencia espacial otras alamedas y bosques; varios rosedales, muchí- simos almácigos con algunos frutales y especialmente dedicados a la reproduc- ción de árboles ornamentales como cipreses, plátanos, tilos y acacias. Algunos libros, pocos muebles y una serie de herramientas en mal estado, completaban el modesto inventario material. En 1869 la Quinta era, por sobre todo, un vergel profusamente arborizado.
No se tiene claro qué hacer en ella; ni siquiera hay consenso de que sea el lu- gar idóneo para la instrucción. La única claridad que se tiene es que el destino será completamente distinto al fracasado que tuvo en su origen, aunque tampoco pueda determinarse con claridad cuál fue. La sola labor de enseñanza no es su- ficiente para capturar nuevos socios, por lo que parece muy sensato imaginar en el terreno una actividad productiva de la cual se puedan obtener beneficios, es- pecialmente las ramas de la arboricultura, la sericultura y la cría de animales.244 Se han desempeñado como directores de la Quinta los chilenos Enrique García y, a partir de 1870, Federico Rivadeneira. Sin embargo, se busca es una persona que pueda asumir tanto el manejo del establecimiento como la dirección de la instrucción. A pesar de las ideas de formar a los terratenientes, la Sociedad observa que la extensión del predio y sus propias capacidades de gestión se ajustan más a una pequeña granja-escuela con fines populares, que nutra a la vez de peones a la necesitada Quinta Normal,245 por lo que el año de 1870 se reanudan paulatinamente los cursos.246 Después de una estadía en La Habana, Arana es puesto a diseñar un nuevo plan de estudios. El apremio por la llegada de un director extranjero es relativo, ya que el recinto que serviría para alojar a los alumnos “debe servir mui pronto para la cria de los gusanos de seda en el presente año”.247 La ontología de la Quinta seguía debatiéndose entre promesa educativa y finca productiva y, aunque declararan que “no pretendemos con- servarla como un lugar tan solo de placer y recreo”,248 la Quinta ya era consi- derada por la ciudadanía como un paseo. Con ello deberá aprender a convivir la Sociedad, así como con el hecho de que se había vuelto el principal vivero para “plantaciones de árboles de bosque como de adorno”.249
Al cabo del primer año, la Sociedad ha hecho modestas mejoras en el terreno. Aunque los animales han aumentado en número, la Quinta no parece el lugar adecuado para la cría, por estar regada por acequias que arrastran todas las
244 “Variedades”. Boletín... op. cit., Vol I, sin numeración ni fecha, 1869, p. 48.
245 Subercaseaux, A. “Enseñanza Agrícola”. Boletín... op. cit., Vol I, sin numeración ni fecha, 1870, pp. 87-93.
246 “Variedades”. Boletín... op. cit., Vol I, sin numeración ni fecha, 1870, p. 263.
247 “Crónica Agrícola”. Boletín... op. cit., Vol I, sin numeración ni fecha, 1870, pp. 452-456. 248 “Memoria que el Directorio de la Sociedad Nacional de Agricultura presenta a la misma en 1871”, Boletín... op. cit., Vol II, Nº23, 15 de septiembre de 1871, p. 403.
249 “Nuevos árboles de madera de Australia”. Boletín... op. cit., Vol III, Nº7, 15 de enero de 1872, p. 131.
inmundicias de la ciudad.250 La venta de los animales es una potencial fuente de ingresos para el establecimiento. La arboricultura ha dado buenos frutos y se cree que el futuro está en la enseñanza de jardineros y mayordomos, como