Chapter Two Methodology
2.5 Research Design Framework
En este apartado se enumeran y describen las diferentes formas generadas bajo la actuación de los agentes externos, ya sean de carácter zonal (climáticos) o azonal (fluviales, kársticos, etc.). Tanto las formas denudativas como las acumulativas se describen según los procesos que las han generado o según los sistemas morfogenéticos a los que pertenecen.
5.3.2.1. FORMAS DE LADERA
Se sitúan al pie de las vertientes y son originadas por la acción conjunta del agua y de la gra- vedad. En la Hoja de Venta de los Santos se han reconocido coluviones, canchales y caídas de bloques.
Los coluviones son poco abundantes y se encuentran relacionados, generalmente, con las laderas más accidentadas, por eso es frecuente encontrarlos en los valles de los principales ríos como el Guadalén y el Montizón. Por lo general tienen formas alargadas, en la dirección de los valles y no presentan gran anchura. La composición de sus depósitos, como ya se verá más adelante, es bastante homogénea puesto que el área madre es casi siempre la misma, los materiales paleozoicos.
Los canchales se han cartografiado en el sector norte del río Dañador y en algunas pequeñas cabeceras de arroyos. Por su morfología, en planta, son bastante parecidos a los coluviones, pero su textura es más caótica y tienen menos matriz.
En cuanto a las caídas de bloques, hay que decir que son poco frecuentes y que cuando apa- recen, siempre es a favor de una fuerte pendiente, cuando la fracturación de las rocas y la distensión propia del borde del escarpe, pone a estos materiales en situación de inestabili- dad. Si a ello se suma la presencia de agua en el sistema, los bloques fracturados caen a favor de la gravedad. Se han observado bloques caídos en el sector suroeste de la hoja, en las pro-
ximidades de la Casa del Yesar.
5.3.2.2. Formas fluviales
Son muy abundantes, sobre todo las de carácter erosivo. Entre las sedimentarias se han podi- do reconocer: fondos de valle, terrazas y conos de deyección.
Los fondos de valle son frecuentes y se hallan distribuidos por toda la superficie de la hoja, correspondiendo a los sedimentos más modernos dejados por la red fluvial. Aparecen con diferentes formas y tamaños, pero por lo general son estrechos y alargados con un trazado rectilíneo en los cauces menores, y, de sinuoso a meandriforme, en los principales (Guadalén, Dañador, Guadalimar y Guadalmena). En cuanto a la composición de sus depósitos, ésta dependerá de la roca madre de la que partan y de las rocas que vayan encontrándose en el camino, pero en la mayoría de los casos, abundarán las litologías propias del Paleozoico. Las terrazas no alcanzan un gran desarrollo y sólo se encuentran en el valle del río Guadalimar, en la esquina sureste de la hoja. Su morfología es alargada, en bandas paralelas al cauce. El techo es plano y ofrecen escarpes bien conservados. Se han reconocido tres nive- les a +3-5 m, +8-10 m y +15-18 m. Están formadas por gravas, cantos, arenas y limos de diversa litología y muestran algunas estructuras sedimentarias propias del medio fluvial. Las últimas formas sedimentarias a considerar, dentro de la génesis fluvial, son los conos de deyección. Estos elementos aparecen en la desembocadura de algunos ríos cuando acceden a un valle de rango superior. Por lo general aparecen como formas aisladas y de pequeño tamaño, como las del río Guadalén, pero también se pueden encontrar solapándose unas con otras como sucede en la margen meridional del río Guadalinar, donde aparecen cubrien- do uno de los niveles de terrazas. Presentan la típica forma de abanico y una clara convexi- dad, tanto en su perfil transversal como longitudinal. Están formados por una acumulación de cantos y gravas, con una matriz arcilloso-arenosa. La litología depende, en cada caso, de los materiales de la roca madre.
Por lo que respecta a las formas erosivas, la variedad también está presente. En primer lugar, hay que destacar una importante actividad incisiva de la red de drenaje. Es frecuente, en toda la hoja, observar barrancos profundos y descarnados que alternan con aristas o divisorias agu- das. El conjunto da como resultado una geografía accidentada y de difícil acceso. Cuando el proceso de incisión se hace acusado, se originan una serie de cárcavas en los barrancos, a veces con una cicatriz erosiva en las cabeceras. Otra forma de erosión común es la que se produce en los tramos meandriformes de los principales ríos. Dada la pronunciada curvatura de muchos de los meandros, el agua, en su desplazamiento hacia la margen cóncava, erosiona la vertien- te de forma brusca, dando lugar a escarpes de paredes verticales e inestables. Otro tipo de escarpes es el que se originan en el frente de las terrazas, por el encajamiento de los cauces, como se puede ver en los depósitos fluviales del río Guadalimar, en la esquina SE de la hoja.
5.3.2.3. Formas poligénicas
En la Hoja de Venta de los Santos están representadas por los glacis y la Superficie de la Penillanura Poligénica, en la que se han diferenciado dos niveles.
Los glacis, como ya es sabido, tienen una génesis mixta en la que participan más de un pro- ceso. El agua, la gravedad, la arroyada, etc., contribuyen a la formación de estos elementos
que se reconocen tanto por su forma como por su depósito. Concretamente, en esta hoja, los glacis de mayor tamaño se desarrollan en el borde suroeste, en la margen derecha del río Montizón, pero también se desarrollan más al norte, en el sector central de la hoja, al nores- te de la localidad de Venta de los Santos. Los primeros alcanzan un cierto desarrollo y pue- den llegar a medir casi 2 Km de largo. El perfil longitudinal de todos ellos es plano-convexo y se localizan en las laderas, descendiendo suavemente hasta casi alcanzar los valles. La Penillanura Poligénica es una superficie de arrasamiento pre-miocena que constituye uno más de los aplanamientos que han afectado al zócalo hercínico. La actividad morfogenética que tuvo lugar en el Paleógeno, dio lugar a esta superficie cuyos retazos se observan hoy en día sobre sierras menores y por encima de las cuencas terciarias. En la Hoja de Venta de los Santos se han diferenciado dos niveles: La Superficie de la Penillanura Poligénica I y la Superficie de la Penillanura Poligénica II. La primera es la que se encuentra a las cotas más altas, entre los 900 y 1.000 m. La segunda ocupa alturas más bajas, entre 700 y 800 m apro- ximadamente. Estas superficies están bastante degradadas debido, por un lado, a la reacti- vación tectónica del zócalo y, por otro, a los procesos de alteración sufridos a lo largo de su historia morfogenética. Todo ello, unido a la incisión de la red fluvial, da como resultado que dichos aplanamientos aparezcan muy disectados y escalonados a modo de peldaños morfo- lógicos (RODRÍGUEZ VIDAL Y DÍAZ DEL OLMO, 1994).