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Chapter 3: Research Methodology 31

3.1 Research Design 32

En las tres primeras décadas del siglo, la escena mexicana estaba do- minada por la revista y lo dramas neorrománticos, géneros ambos perenne- mente estancados en sus modelos españoles. En los años treinta aparecen algunos grupos de teatro experimental, que apenas tienen repercusión en el público más amplio. Sin ser teatro marginal como el de los vanguardistas ex- perimentales, el teatro específicamente mexicano que realiza Rodolfo Usigli no es, pese a su incansable denuedo, más que la lucha de un hombre contra todo el medio teatral, porque únicamente la generación siguiente dispondrá de los medios y de la continuidad necesarias para modificar definitivamente la forma de hacer teatro en México.8

Carballido forma parte de esta generación del cincuenta y, aunque no se trata de ninguna escuela o corriente basada en manifiestos o dogmas esté- ticos, sus rasgos más característicos son indisociables de la obra del propio 8Se puede consultar un conciso análisis del desarrollo del teatro mexicano en el siglo XX en

1.1 Emilio Carballido y la generación del cincuenta 23

Carballido, y por eso se estudiarán antes de abordar la obra de este drama- turgo.

A finales de la década de los cuarenta, México entraba en un nuevo ca- pítulo de su historia. Terminada la etapa estrictamente militar de la revo- lución, Miguel Alemán se convierte en el primer civil que se sienta en la silla presidencial desde el alzamiento contra Porfirio Díaz en 1910. Esta es la etapa que en México se conoce como «desarrollo estabilizador», caracte- rizada, entre otras cosas, por la desmilitarización y burocratización de las instituciones en torno al Partido Revolucionario Institucional, así como por la liberalización de la economía, la vertiginosa entrada de inversiones ex- tranjeras y el masivo desplazamiento de la población desde las zonas rurales a la capital en busca del enriquecimiento rápido que la nueva economía pro- mete.9

Uno de los compromisos culturales que el presidente Alemán, el «cachorro de la Revolución», llevó a cabo fue la creación en 1947 del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), al cargo del cual puso al poeta y dramaturgo Salva- dor Novo. Esta institución unió y formó a los escritores de la generación del cincuenta, que estaban viviendo intensamente los nuevos tiempos y que en el INBA encontraron el camino para representar artísticamente estos cambios. En la cátedra de escritura dramática del INBA destacaban como maestros el propio Novo y Rodolfo Usigli. El primero había impulsado el movimiento del «teatro experimental» en los años 30 con los grupos Teatro Ulises y Tea- tro de Orientación. Este movimiento no profesional introdujo en México las vanguardias teatrales europeas y mostró a su pequeño público una nueva forma de hacer teatro no comercial. Por otro lado, a Rodolfo Usigli se le con- sidera precursor en solitario del teatro nacional mexicano, pues dedicó toda su vida y su obra a crear un corpus de piezas y unas instituciones teatrales que reflejaran la conciencia nacional de México, el pasado, el presente y el futuro de su sociedad.

La joven generación que comienza a escribir con estos maestros significa precisamente la fusión de ambas actitudes, verdaderos cimientos sobre los que se yergue el teatro nacional mexicano. Por una parte, su formación lite- 9Para una interpretación de este periodo de la Historia de México, vid. (Paz 2001, 182–236 y

raria y el ambiente abierto y cosmopolita del INBA les permite experimentar y conocer formas de hacer teatro opuestas al decimonónico teatro comercial que imperaba en México. Salvador Novo, además de acercar a los futuros dramaturgos a las corrientes estéticas que estaban en boga en Europa, les transmitió la rebelión contra la forma de hacer teatro que imperaba en la es- cena mexicana, rechazando, por ejemplo, el «acartonamiento interpretativo, el estreno semanal, el uso de apuntador, los falsos decorados, el mal gusto del mobiliario, la jerarquización de los papeles, la tiranía del primer actor», etc. (Ita 1991b, 23)

Por su parte, Usigli —con su obra y la polémica que esta generó—, y sus ensayos y críticas sobre la teoría de un teatro específicamente mexicano, mostró a los escritores que comenzaban la necesidad de encontrar la esencia de México y el valor del teatro para señalar los excesos y carencias de su so- ciedad al subirlas al escenario. Desde su cátedra de composición dramática, además, dotó a esta generación de un sobresaliente rigor literario, presente en las creaciones de todos estos escritores, que pusieron en pie una escena nacional destacada en el mundo de habla hispana.

Como se ha dicho más arriba, la generación del 50, en la que sobresa- len nombres como Luisa Josefina Hernández, Luis G. Basurto, Sergio Ma- gaña, Jorge Ibargüengoitia o Elena Garro, además del propio Carballido, es un grupo de jóvenes dramaturgos que coinciden en el recién fundado INBA. Coinciden, por tanto, en el efervescente Distrito Federal, abierto al mundo tras décadas de convulsiones e incertidumbre. Pero, además de la fascina- ción por la capital cosmopolita, compartían muchos de ellos el ser originarios de provincias alejadas del D. F. Estos jóvenes conocían facetas de México tra- dicionales y marginales que los nuevos tiempos desdeñaban e ignoraban. La generación del cincuenta, por tanto, es testigo privilegiado de los cambios que el desarrollo ejercía en las gentes de México, tanto en las que quedaban lejos del bullicioso foco de modernidad como en las que intentaban partici- par del nuevo ideal. Este conflicto que genera «el desarrollo estabilizador» es clave para esta generación y también, como se verá, para Emilio Carballido. El crítico Malkah Rabell ha explicado con la siguiente comparación la sig- nificación que supuso en el teatro mexicano la irrupción de la generación del cincuenta: los maestros de esta generación (el Teatro de Ulises y el de Orien-

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tación, Salvador Novo, Carlos Gorostiza. . . ) llevaron a México universalis- mo, imaginación y experimentación. Por el contrario, estos «dramaturgos de la nueva era son mexicanistas, realistas y profesionales». (Rabell 1988, 118) El término mexicanistas se opone aquí al universalismo en cierto modo extranjerizante del teatro experimental de los años treinta, pero también al mero folclorismo que recorría los escenarios de la revista musical florecidos bajo la Revolución. En las obras de estos nuevos autores aparece en primer plano una característica esencial de la mexicanidad, lo que Octavio Paz ha denominado «superposición de tiempos históricos». La nación entraba en una nueva etapa de su historia. Frente a la retórica oficial que dibujaba un Méxi- co occidental y adelantado, la generación del cincuenta muestra que todavía «varias épocas se enfrentan, se ignoran o se entredevoran sobre una misma tierra o separadas por unos kilómetros». (Paz 2001, 12)

Por otra parte, cuando el crítico define este grupo de escritores como rea- lista, lo distancia de la imaginativa vanguardia experimental, pero también lo aleja del costumbrismo al estilo de dramaturgos españoles como Carlos Ar- niches o los hermanos Álvarez Quintero, tan en boga en épocas anteriores. Lejos de la mera reproducción de trajes, bailes y acentos pintorescos, los jóve- nes autores siguen a su otro maestro, Rodolfo Usigli, al analizar la realidad con la base de los métodos del pensamiento moderno: sicología, sociología, antropología, marxismo, lingüística, etc. (Ita 1991b, 45)

Finalmente, al notar que estos dramaturgos son profesionales, Rabell los opone a la marginalidad de experimentos como los de Ulises y Orientación. Carballido y compañía ya no son poetas, historiadores o periodistas que, ade- más, impulsan un teatro artísticamente ambicioso. Gracias al patronazgo estatal que proporciona el INBA, estos jóvenes son dramaturgos «a tiempo completo», amén de usufructuarios de una plataforma para la difusión de su obra tan formidable como las salas del propio Instituto.

La enorme longevidad productiva de este grupo es otra característica que se debe señalar, ya que es especialmente notoria en el caso de Carballido. Como se ha dicho, el punto de partida de esta generación lo marca el estreno en el INBA de Rosalba y los Llaveros, del propio Carballido, y Los signos del Zodíaco, de Sergio Magaña, en la temporada de 1950. Pues bien, en qué momento termina la labor teatral de este grupo es algo que aún está por

descubrirse. Y no solo porque algunos de ellos continúen escribiendo y la mayoría siendo llevados a escena (cfr. Partida Tayzan (2000)), sino porque, gracias a su magisterio, la influencia de este grupo sigue siendo fundamental en México.

La labor de este grupo de amigos fue más allá de crear un corpus de obras de teatro de remarcable calidad literaria en las que se preguntaban por los problemas de México. Muchos de ellos han sido —y son todavía—, directo- res de escena, profesores, antologadores, teóricos. . . Su magisterio puede ser efectivamente ex cathedra —L. J. Hernández ocupó durante muchos años el puesto de su maestro Usigli—, o bien por medio de revistas y antologías —como las que ha realizado Carballido—, o como simple modelo de figu- ra literaria —Sergio Magaña, escritor maldito, ha inspirado a muchos jóve- nes autores—. Su influencia en generaciones posteriores es clara, y de hecho nunca ha sido negada por los escritores más jóvenes.10 Estos no se han vis-

to en la necesidad de enfrentarse a sus mayores, ya que la generación del cincuenta no ha legado una obra que culmine tendencias o cierre caminos. Como se ha dicho, la dramaturgia de estos escritores que comenzaban juntos en la mitad del siglo veinte es el nacimiento de un teatro nacional y, por tan- to, plantea preguntas y señala caminos que los dramaturgos posteriores han continuado respondiendo y explorando.

1.2

CARACTERÍSTICAS DEL TEATRO DE

EMILIO

CARBALLIDO

Tras enmarcar la producción teatral de Carballido dentro de su propia carrera artística y entre las de sus compañeros, se intentará aclarar ahora algunos términos y conceptos referidos a su teatro. Una de las cuestiones que resaltan en sus obras es el compromiso ético que todas ellas reflejan. 10Las relaciones artísticamente filiales entre la generación del cincuenta y la Nueva Drama-

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