• No results found

Tratamiento Temperatura y tiempo*

Pasteurización Lenta 63°C / 30 min. Rápida 72°C / 15 seg. Ultrapasteurización o

esterilización 135°C a 149°C / 2 a 8 seg.

Para que un principio activo produzca sus efectos terapéuticos o tóxicos, debe alcanzar un intervalo preciso de concentraciones en la biofase, es decir, el medio en que interactúa con sus receptores. Debajo de este intervalo, no se observará ningún efecto farmacológico o éste será subterapéutico; por encima, el efecto puede ser excesivo o pueden aparecer otros efectos no deseados.

La concentración de un fármaco que se alcanza en su lugar de acción es la consecuencia de los siguientes procesos:

a) Absorción, es decir, la entrada del fármaco en el organismo que incluye los procesos de liberación de su forma farmacéutica, disolución y absorción propiamente dicha.

b) Distribución del fármaco para que llegue primero del lugar de absorción a la circulación sistémica y desde ella hasta los tejidos. Para que el fármaco alcance desde su lugar de absorción al lugar donde ejerce su acción, debe atravesar diversas membranas para llegar a la sangre y para pasar de ésta al líquido intersticial y, en su caso, al interior de las células e incluso, de estructuras intracelulares. El paso del fármaco de la sangre a los tejidos depende de la fijación del fármaco a las proteínas del plasma, ya que sólo el fármaco libre difunde libremente a los tejidos.

c) Metabolismo del fármaco, lo cual implica la conversión química de los fármacos en compuestos más fáciles para eliminar del organismo (metabolitos). Las modificaciones del fármaco pueden producir metabolitos activos, metabolitos inactivos o productos metabólicos con diferente actividad farmacológica.

d) Eliminación del fármaco, sea por metabolismo principalmente hepático o por excreción del fármaco inalterado por la orina, bilis, leche, etc. En algunos casos, este metabolismo puede producir metabolitos activos cuya presencia también deberá tenerse en cuenta3.

32

El uso inadecuado de antibióticos representa un riesgo para la salud y un desperdicio de recursos económicos en los servicios de salud. Además, contribuye al aumento de la resistencia bacteriana que, a su vez, incrementa los gastos y la mortalidad por enfermedades infecciosas, por lo que se le considera un grave problema de salud pública. Al respecto, la Organización Mundial de la Salud ha recomendado una serie de estrategias fundadas en las políticas farmacéuticas nacionales. En México, diversos aspectos sobre el uso inapropiado de antibióticos han sido documentados. En respuesta se han desarrollado principalmente intervenciones educativas y gerenciales dirigidas a médicos en servicios públicos de salud, así como programas de vigilancia epidemiológica. La investigación y las intervenciones enfocadas en consumidores, farmacias y el sector privado son escasas. Fundamentalmente, no existe una estrategia nacional sobre antibióticos que se refleje en las políticas farmacéuticas y de salud del país6.

Entre los requerimientos que debe reunir un medicamento veterinario para que se autorice su uso y comercialización para animales de abasto se incluye el establecimiento de unos tiempos de espera, post administración, que permitan alcanzar concentraciones en tejidos o leche iguales o por debajo de un límite máximo de residuos (LMR) permisible legalmente.

Existen comités de expertos de la FAO/OMS encargados de determinar dichos LMR, que se publican en la base de datos del Codex Alimentarius, así como en las páginas web de las agencias americanas y europeas para medicamentos. Los tiempos de espera también llamados tiempos de retiro, se calculan a partir de estudios de farmacocinética y, según la ley, estos deben incluirse en los insertos de cualquier medicamento registrado para uso comercial en animales de abasto; en caso de que se haga un uso extraindicado del medicamento, el veterinario deberá calcular el tiempo de retiro25. En la legislación Europea (establecida por la Comunidad Económica Europea) en la reglamentación 2377/90 indica los LMR para antibióticos tipo β lactámicos (4 a 125 ng/mL) fluoroquinolonas, sulfonamidas y tetraciclinas (100 ng/mL) en leche20. Estos rangos de referencia son usados ampliamente tanto en Europa como en varios países en el mundo. En algunos países de la comunidad Europea, estos tipos de programa han sido beneficiosos. Por ejemplo, durante el 2008 se estudiaron cerca de 1.5 millones de muestra de leche provenientes de diferentes ranchos

33

ganaderos en Bélgica. Los resultados indicaron que solo el 0.08% de las muestras contenían algún tipo de residuo de antibiótico. En la comunidad Europea, los principales antibióticos detectados en la leche se encuentran la penicilina G (74.6% de los casos), seguido de ceftiofur (11%), ampicilina con amoxicilina (6.3%) y penicilinas tipo isoxazolil (3.2%)21. Sin embargo, este tipo de programas deben ser implementados en todo el mundo. Para evitar la presencia de antibióticos en leche, la mastitis subclínica (diagnosticada por el grado de gelatinización que equivale a un elevado conteo celular) no suele tratarse durante la lactación, sino al inicio del período seco. En muchos casos desaparece al mejorar la higiene del ordeño, al revisar el equipo de ordeño y al cambiar las camas. En caso de que la incidencia sea muy alta (alto porcentaje de animales con un elevado número de células somáticas) es conveniente realizar un análisis microbiológico, con la finalidad de aplicar el tratamiento más específico y adecuado en el período más oportuno. La administración de antibióticos para el tratamiento de la mastitis clínica debe efectuarse con estrictas medidas de higiene (cánulas estériles, desinfección del conducto del pezón, etc).

Para realizar cualquiera de los tratamientos mencionados lo más recomendable es hacer la prueba de sensibilidad a los antibióticos (antibiograma), es útil para el tratamiento de la mastitis y debe ser valorada por un Médico Veterinario. El uso indiscriminado de antibióticos ha provocado el desarrollo de cepas de microorganismos multirresistentes. Hay que tener en cuenta que los conceptos de sensibilidad o resistencia fueron obtenidos a partir de los valores de la concentración mínima inhibitoria (CMI) en medicina humana, por lo que solo en parte son extrapolables al tratamiento de mastitis debido al ambiente que rodea a la glándula mamaria. Una cepa se considerará susceptible si el halo de inhibición de los microorganismos es mayor o igual al contenido en las tablas de referencia para cada antibiótico. La infección causada por ese microorganismo puede ser apropiadamente tratada con las dosis habituales del antibiótico estudiado.

La cepa se considerará de sensibilidad intermedia si los microorganismos son inhibidos por concentraciones del antibiótico muy cercanas a las alcanzadas en el plasma, por lo que pueden responder pobremente al tratamiento farmacológico. La cepa se considerará resistente si los microorganismos no son inhibidos por algún antibiótico en las dosis habituales, o muestran resistencia contra ese antibiótico. La eficacia in vitro de un

34

antimicrobiano se valora mediante el porcentaje de curaciones clínicas y bacteriológicas. En algunas ocasiones existe escasa correlación entre la actividad de los antibióticos in vivo e in vitro.

Los inhibidores en la leche son un indicador de la presencia de antibióticos, derivados clorados, sales cuaternarias, oxidantes, formaldehido, o del uso de concentraciones exageradas de desinfectantes y detergentes, como cloro y yodo al lavar los utensilios de la ordeña.

La presencia de antibióticos en la leche destinada a la elaboración de productos lácteos (queso, yogurt, mantequilla) repercute en el desarrollo de microorganismos que provocan la fermentación de estos productos11. Por ejemplo, la acidificación se retrasa, la coagulación es deficiente o nula, la retención de agua disminuye, las características normales del producto se alteran (textura blanda, sabor amargo, consistencia arenosa en yogurt), e interferencia en la formación de aromas en mantequilla. Esta serie de repercusiones provocan pérdidas tanto de calidad como económicas. Las bacterias empleadas en la elaboración de yogurt, Lactobacillus bulgaricus y Streptococcus

termophillus, son las más sensibles a los antibióticos.

Aún persiste la creencia de que los tratamientos térmicos a que se somete la leche cruda destruyen las sustancias inhibidoras, en particular los antibióticos. Sin embargo, estudios realizados señalan que el tratamiento a 83°C por 10 min produce una pérdida de actividad superior al 20% en cefalexina, cefuraxima y clortetraciclina. La pasteurización (60°C por 30 min) produce una leve inactivación sobre los β-lactámicos (6-20%) y tetraciclinas (18-31%). El mayor peligro en el ser humano por la presencia de antibióticos en la leche y en los productos lácteos es que pueden provocar reacciones alérgicas, alteración de la flora intestinal, estimulación de bacterias antibiótico-resistentes, reducción de la síntesis de vitaminas12.

Las pruebas para el monitoreo de antibióticos se clasifican en microbiológicas y pruebas rápidas. Las pruebas de inhibición microbiológicas están basadas en impedir el crecimiento microbiano y ofrecen la ventaja de detectar una amplia gama de antibióticos, además de ser económicas. Sin embargo, estas pruebas presentan el inconveniente que de largos períodos de incubación e inespecificidad para la detección de los microorganismos.

35

Entre las pruebas rápidas existen diferentes productos comerciales que permiten la detección exclusiva de antibióticos ß-lactámicos en un tiempo de 15 min, otros detectan tetraciclinas, sulfonamidas además de los ß-lactámicos y algunos productos son ensayos en donde la determinación se realiza por una reacción enzimática19. Su presentación puede ser en tubos o en placas, y el tiempo de la prueba varía de 15 a 45 min, o utilizando la Norma Mexicana15. Recientemente se han implementado, en diversos países, diversas técnicas con el uso de métodos electroquímicos y por la cromatografía liquida de alta eficacia con espectroscopia de luz ultravioleta o con el uso de un detector de masas para la detección de residuos de antibióticos y otros compuestos en leche24. Sin embargo, estas técnicas a pesar de su alta eficacia presentan el inconveniente que se requiere de personal calificado para el uso de estos equipos. Por lo cual, el desarrollo de pruebas sensibles, eficaces, rápidas y económicas para la detección de antibióticos y otros compuestos en leche es un campo de mucha investigación tecnológica.

La calidad de un producto, cualquiera que sea su naturaleza, está dada por disposiciones legales en sanidad y composición y la aceptación del consumidor. Para el caso de la leche, la Normatividad Mexicana vigente referida a leche de vaca, ya sea cruda o pasteurizada establece que la misma debe ser negativa a la presencia de inhibidores microbianos, sin embargo, estudios realizados en el año 2009, en el estado de Jalisco, el mayor productor de leche a nivel nacional en México, demostraron la presencia de antimicrobianos en leche cruda destinada a la industria procesadora en 26 muestras de un total de 264 equivalente al 9.8%. En leche pasteurizada se hallaron 20 muestras positivas (13.8%), mientras que en leche cruda el porcentaje fue inferior (5%). La mayor frecuencia de contaminación se presentó en el mes de agosto con 27.3%. De las 20 muestras de leche pasteurizada analizadas, seis contenían β-lactámicos y dos tetraciclinas, mientras que en leche cruda se detectaron 3 muestras positivas a β-lactámicos y 3 a tetraciclinas. El 77% de las muestras detectadas positivas contenía al menos una sulfonamida, siendo la sulfamerazina la más frecuente14.

36