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CHAPTER SEVEN WHAT EFFECTIVE APPROACHES TO TRAINING AND SUPPORT CAN BE IDENTIFIED FOR STAFF IN EARLY YEARS

ANNEX 3 RESEARCH INSTRUMENTS AND CODING CATEGORIES EXAMPLES

Para Ricoeur (1996), la tercera persona está excluida de la enunciación, pues “basta el ‘yo’ y el ‘tú’ para determinar una situación de interlocución. Esta persona puede ser cualquier cosa de la que se habla, objeto, animal o ser humano...”. Es evidente que el contenido referencial adquiere una importancia

capital, pues mediante la elección del léxico se dibuja tanto la identidad del autor como la del potencial lector, es decir que en esta modalidad la conexión con el lector se marca mediante el conocimiento compartido. En este sentido, Bajtín (1979) afirma que “los estilos neutrales y objetivos presuponen una especie de identificación entre el destinatario y el hablante, la unidad de sus puntos de vista, pero esta homogeneidad y unidad se adquieren al precio de un rechazo casi total de la expresividad” (p. 288).

En relación con los recursos que se utilizan para referirse a la tercera persona y evadir el uso de la primera y segunda persona, Montolío y Santiago (1999: III, 167-182) presentan una serie de estructuras características del texto escrito académico, que tienen en común la presencia de verbos en tercera persona:

a) Estructuras con se

Cuando se emplea una estructura con se, se evita mencionar al agente de la acción. Es posible que una acción o proceso que entendemos que ha de realizar o sentir una persona pueda expresarse sin que aparezca en la frase la persona en cuestión.

b) La pasiva perifrástica

Al igual que la construcción con se, la pasiva perifrástica permite ocultar el agente, ya que presenta el tema enfocado en el paciente, sin señalar al “autor” de la acción.

c) Las construcciones copulativas

En estas construcciones se utiliza un verbo copulativo (ser, estar, parecer, resultar), un adjetivo (posible, necesario, interesante...) y una secuencia que exprese aquello que se juzga. Esta estructura sintáctica permite realizar juicios

contundentes, por tanto, una opinión personal expresada por el adjetivo de esta estructura se transforma en una afirmación genérica muy difícil de discutir.

d) Otras estructuras con sujetos no personales

Se pueden usar verbos que expresan acciones no realizadas por personas y que no afectan directamente a personas. No obstante, cuando el tema es la obra o las acciones humanas resulta difícil borrar esta implicación, por lo que en ese caso se usa como sujeto un sintagma. Así, encontramos un sujeto no humano con verbos que habitualmente exigen un sujeto humano como, por ejemplo, utilizar, demostrar, mostrar y explicar.

e) Infinitivos, gerundios o participios

Estas formas verbales pueden ayudar a que un texto resulte más objetivo, pues al no presentar concordancia de persona no señalan directamente al emisor, ni al lector.

f) El uso de nombres en lugar de verbos

Se pueden utilizar nombres derivados de verbos que exigen un sujeto humano, por ejemplo propuesta de proponer.

g) Secuencias sin pronombres de primera persona y segunda persona en posiciones diferentes de la de sujeto

Las marcas del autor y del lector también pueden aparecer en otras posiciones sintácticas distintas a la de sujeto. En estas posiciones aparecen los pronombres me, te, mí, ti, nos, os. La eliminación de estas marcas de persona no cambia el sentido global del texto e implica una mayor objetividad, pues la interpretación resultante pasa a ser “todo el mundo”.

Sin duda, existe un buen número de mecanismos para apelar a la tercera persona y, así, evadir el uso de la primera y segunda persona que asigna responsabilidad sobre lo que se expresa en un texto. Reconocemos que estos recursos están presentes en el discurso académico, pero ignoramos la existencia de investigaciones que revelen en qué proporción aparecen en la diversidad de textos académicos, que oscila entre objetividad y subjetividad. Convendría hacer el inventario de los recursos utilizados para marcar la impersonalidad9 en géneros determinados, para dar una orientación más precisa sobre su uso y su adecuación al género que se desea construir.

6.3. ¿Por qué analizar las personas discursivas utilizadas en ensayos estudiantiles?

Consideramos que analizar el uso de las personas discursivas en ensayos estudiantiles tiene dos utilidades: Primero, nos permitirá describir cuáles usan, en qué proporción y qué recursos lingüísticos utilizan; segundo, una vez obtenida la descripción, podremos reflexionar sobre la adecuación de los recursos utilizados al tipo de género. Sin duda, la selección de las personas discursivas y su distribución en el texto representan un problema, por lo menos, para algunos estudiantes. Estamos interesadas en aportar conocimiento que permita tanto a estudiantes como docentes reconocer el problema y debatir sobre sus soluciones en el aula.

Existe una tendencia, en algunos docentes, a solicitar que sus alumnos construyan textos académicos desprovistos de implicación personal, es decir, imparciales. De manera que suelen recomendar el uso de la tercera persona. Es cierto que con este uso es posible conseguir un texto aparentemente distanciado del autor y del lector, pero seguir esta tendencia puede conducir a los estudiantes a inferir que si no se involucran construirán mejores textos. Esto no es cierto, sobre

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Cabe sugerir la consulta de la obra de Gómez Torrego (1994), en la que se propone hacer un tratamiento descriptivo y normativo sobre la impersonalidad gramatical, pues se presenta como un texto orientador tanto para alumnos como para profesores.

todo si se trata del género ensayo que, como hemos visto en el Capítulo n° 4, requiere del “tono personal”.

Por otra parte, un texto argumentativo implica un locutor-escritor que tiene como objetivo convencer a un interlocutor-destinatario sobre la validez de sus argumentos. Debido a la naturaleza especialmente dialógica de este tipo de texto, sería recomendable la aparición de marcas del autor y del lector. Por tanto, la didáctica de la lengua debería orientar en relación con el uso de los recursos más adecuados para poner de manifiesto en el texto la interrelación escritor-lector.

También debemos tener en cuenta algunos factores que pueden influir en la selección de las personas discursivas. Hemos dicho que la primera persona del singular está asociada con la asignación de la responsabilidad, es decir, la persona que escribe se hace responsable de la certeza o validez de las ideas expuestas en el texto. Probablemente, para un alumno asumir la responsabilidad implica correr riesgos ante su evaluador, por lo que emplear la tercera persona y presentar las ideas en forma impersonal, pudiera ser un recurso válido para proteger su imagen. Por otra parte, como hemos visto, en los textos científicos cuyas convenciones son imitadas en los textos académicos, se excluye el uso de la primera persona por estar asociada con la subjetividad.

Como hemos intentado poner en evidencia, resulta difícil, e incluso podría ser contraproducente, establecer qué personas deben utilizar los estudiantes; sobre todo, si las orientaciones pretenden tener un carácter general que incluya todos los textos que deben producir, sin discernir entre textos con tendencia a la subjetividad, como puede ser un ensayo, y textos con tendencia a la objetividad como lo es el artículo de investigación.

Conclusiones

Hemos mencionado la existencia de varios acercamientos teóricos que intentan explicar cómo se comporta el autor dentro del texto y hemos profundizado, en particular, en la teoría de la enunciación, porque nos permite estudiar cómo se inscribe el sujeto discursivo en sus enunciados a través de los deícticos de persona que señalan su posición y también cómo inscribe otras “voces”. Además, hemos incluido la perspectiva metadiscursiva propuesta por Hyland, en relación con el comportamiento de las marcas de persona en la prosa académica, por considerar que complementa la perspectiva discursiva, ya que señala el uso de estas marcas en función del lector y de las convenciones que operan en las disciplinas académicas.

Creemos que en relación con el uso de las personas en la prosa estudiantil es difícil establecer criterios para determinar si un uso es adecuado o no, pues a diferencia de la prosa académica de los científicos e incluso de la prosa periodística que cuentan con manuales o modelos de la práctica discursiva, por ejemplo la sección de normas en las revistas especializadas, los estudiantes no suelen contar con documentos escritos en los que aparezcan las convenciones que deben seguir en la construcción de sus textos. Es cierto que es posible encontrar algunas recomendaciones en algunos manuales de estilo o de redacción, pero debido a su carácter general no resuelven todas las dudas en relación con la construcción de textos específicos. Quizás convendría seguir la tendencia editorial anglosajona en la que cada vez hay más manuales de escritura sobre cómo se construyen los textos que son requeridos no solo en las instituciones educativas sino también en las laborales.