Es un elemento primordial en la revolución socialista. Las características distintivas de la cultura socialista son su vinculación con el pueblo, la ideología comunista, la visión general y científica del mundo, la tendencia humanista y socialista, la tendencia social, el nacionalismo socialista, y el sentimiento internacional. El papel dirigente en la creación y desarrollo de la cultura socialista corresponde al partido comunista, que influye en toda la función cultural y educativa del estado socialista. El socialismo comprende el desarrollo global de las culturas, que son nacionales en la forma y socialistas en el contenido, el intenso intercambio creciente de valores materiales y espirituales entre las naciones, el enriquecimiento creciente de los tesoros culturales de cada nación con los valores de carácter internacional, el desarrollo de las características culturales comunistas comunes y el apoyo a la formación de la cultura común de la sociedad comunista en el futuro. El programa del partido comunista soviético señalaba que la cultura comunista, al acoger y desarrollar los mejores elementos creados por la cultura mundial, iba a constituir una fase superior y nueva en la producción cultural de la humanidad, e iba a materializar la renovación y enriquecimiento de la vida espiritual de la sociedad, los ideales y valores supremos y las tendencias humanistas del mundo moderno. La cultura de esa sociedad sin clases iba a ser la cultura de todo el pueblo, de toda la humanidad.
Segundo. La cultura como reflejo de la conducta y de las ideas..
En este sentido, se produce una conciliación entre la conducta y las ideas como elemento determinante de la producción de la cultura y de su definición. El investigador enciclopédico Kamil El Haj señala69 que la palabra cultura en inglés (culture) proviene
de la palabra latina cultura, que significa “instrucción”. En cuanto a la palabra árabe, proviene de la raíz {t-q-f}, que tiene el sentido de “ser listo, ser hábil”. Hay un consenso entre los antropólogos en la primera definición de cultura. E.B. Taylor, en su libro La cultura primitiva (1871), define la cultura diciendo: “La cultura es ese todo compuesto que comprende el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, la ley, las costumbres y otras capacidades que adquiere el hombre en tanto que miembro de la sociedad”. Esta definición siguió vigente durante algunas décadas, hasta que surgió la discrepancia, hace un cuarto de siglo, con la nueva definición de los dos científicos americanos H.Hoijer y R.Beals, quienes definen la cultura como “un constructo abstracto formado por la conducta humana observable materialmente, sin que la cultura ser en realidad una conducta”. Hasta el día de hoy, se mantienen dos tendencias en la definición de la cultura: una tendencia realista, que considera que la cultura es un “todo” (whole) compuesto por formas de conducta específica adquiridas en el seno de la sociedad en una comunidad humana determinada, y una tendencia abstracta que ve en la cultura un conjunto de ideas que el científico deduce de su observación de la realidad palpable, lo que incluye formas de conducta específicas adquiridas en el seno de la sociedad o en una comunidad determinada.
Algunos utilizan el término de cultura en el sentido de civilización, pues entienden que la civilización es la cultura en su fase avanzada. Algunas veces se aplica a la cultura material la etiqueta de “ciudadanía”, tal como hizo Mackiaver, al vincular los valores y la cultura por un lado, y por otro lado el sistema técnico y la ciudad. En su definición, que se hizo célebre, decía: “La ciudadanía constituye el medio a través del cual se llega al fin, y el fin es la cultura”.
69 Kamil El Haj, Enciclopedia abreviada del pensamiento filosófico y social, t. 1, Librería del
Tercero. La cultura en tanto que constructo sociológico..
El investigador enciclopédico y académico Khalil Ahmad Khalil propone su idea de cultura como un constructo sociológico relacionado con las normas y conceptos humanos, delimitando su definición de la siguiente manera70:
Los científicos de la sociedad y de la humanidad han creado más de 160 definiciones de este concepto, y los han clasificado en siete categorías: descriptiva, histórica, normativa, psicológica, estructural, generativa e imperfecta.
1. El concepto de cultura en la historia de las ciencias humanas ha conocido diversas evoluciones que no pueden ser enumeradas conforme a una simple correlación cronológica.
Se ha vinculado la cultura con el desarrollo general de la humanidad, y en ese sentido se ha hecho corresponder con una de las fases del progreso general. Posteriormente se ha revestido a la cultura de los ropajes de la ciudadanía (Kultur, Civilisation) y entonces ha aparecido como un estado social avanzado, o como un acervo social heredado y transmitido por las sucesivas generaciones, incluyendo la ciencias, las creencias, la moral, la ley, las costumbres, y las diferentes tradiciones y competencias adquiridas por el individuo en tanto que elemento perteneciente a la sociedad.
2. En la era moderna se sigue buscando una concepción operativa de las diversas culturas, según diversos son los pueblos y diferentes las órbitas culturales, enfatizándose la especificidad de cada cultura, con sus características propias y su historia particular: antropología cultural y social.
3. Se han introducido los conceptos de cultura popular y cultura de masas con el fin de señalar los modelos de conducta sociales, de conocimiento, modos de vida y pensamiento, para aproximarse a la cultura de masas y acercarla a la sociedad consumista y las herramientas de comunicación.
70 Khalil Ahmad Khalil, Diccionario de claves de las ciencias humanas; t. 1, Dar Attalia, Beirut,
4. La cultura indica la presencia de un pensamiento y de una personalidad: un gusto, un sentimiento, una inteligencia, etc. Frente a los conocimientos habituales, y la acumulación del “saber” teórico e impersonal (la cultura, según la definición de Edward. Herriot, es todo lo que queda una vez olvidado todo, y lo que falta tras aprenderlo todo). a) La cultura es cultivo, enderezamiento y fructificación, todo lo que permite a la mente fructificar. En ese sentido, la cultura tiene una estrecha vinculación con el legado humano que recupera las maravillas del pasado y considera necesario estudiarlas para poder conformar “el hombre noble”, “recto” (véase el Corán: “hemos creado al hombre dándole la más hermosa constitución”)
b) La cultura significa el tesoro colectivo de cuya fuente bebe el individuo: las obras literarias, las maravillas del arte, el pensamiento político, filosófico, religioso, etc., todo lo cual expresa la esencia de una cultura. Así pues, la cultura es el espíritu o la mente de la civilización. Es la contribución intelectual, artística y espiritual que ofrece una civilización, mientras que la civilización es algo más amplio, pues es el desarrollo de las prácticas y logros materiales.
c) En la sociología americana, la realidad cultural y la social se identifican, y la cultura se imbrica con la naturaleza. La conducta que sigue el hombre en la sociedad civilizada es creación del hombre social. Esa conducta se adquiere por imitación o por educación. En cuanto a la realidad natural, es algo “general” (las leyes de la vida del género o de la clase), a diferencia de la realidad cultural, que se considera una realidad social “particular”.
Basándose en la concepción sociológica de la definición de la cultura a través de su desarrollo histórico, Khalil Ahmad Khalil considera que el culturalismo (culturalism) y sus distintos derivados significan, en su contexto general71, una tendencia cultural que
consiste en una corriente de humanismo anglosajón, que aplica los conceptos del análisis sicológico al estudio de la conducta o de las características culturales, y por lo
tanto persigue armonizar el análisis sicológico y la etnografía, buscando extraer los modelos culturales propios de una determinada sociedad.
1. Freud, en su libro Tótem y tabú, indica que las características distintivas de los sistemas prohibitivos (matrimonio externo, prohibición del incesto, adoración a los antepasados) puede entenderse sin acudir al complejo de Edipo o al mito de matar al padre como orígenes de toda sociedad y cultura.
2. En este mismo sentido, pero sin aferrarnos a las propuestas de Freud, tanto Malinowski, en sus primeros trabajos, como Ruth Benedict, Gardiner y Margareta especialmente, señalaron la influencia de las conformaciones inconscientes de la psique en la organización de los fenómenos culturales.
Cuarto. La cultura en el marco de la interpretación antropológica.
El antropólogo británico Adam Cooper72 es uno de los investigadores en el campo de la
antropología más activos e influyentes en la definición y la explicación de la cultura tomando como base los datos antropológicos. En su importantísimo estudio La cultura. Una interpretación antropológica, aborda la cuestión, asegurando que la cultura se basa fundamentalmente en el desarrollo, por parte del primer hombre, de las capacidades simbólicas, la creatividad y la imaginación, al señalar lo siguiente: “¡Qué incendiarias fueron las palabras de Robert Louis cuando anunció tan pronto, en el año 1917, que la cultura, de forma exclusiva, es, en realidad, asunto de la sicología, y la vida es asunto de la biología, y la electricidad es una rama de la física!” Asimismo, todo un sector de los académicos alemanes describió el ámbito de la cultura como ámbito de ciencias sociales, y no etnológico. Los seguidores de Matthew Arnold se preguntaban si había alguna cultura que merecía ser llamada así, a excepción de las grandes civilizaciones. Algunos
72 Adam Cooper, antropólogo británico nacido en Sudáfrica en 1941, especializado en
antropología social, licenciado por la universidad de Witwatersrand en Johannesburgo, doctor por la universidad de Cambridge, con un estudio de campo sobre el desierto de Kalahari, que se conoce ahora como Botswana. Fue profesor de antropología en la Universidad de Makirari en Kampala, y en las universidades de Londres, Leiden y Netherlands. Publicó tres libros sobre diversas cuestiones de antropología, además de muchas investigaciones y estudios de campo. Actualmente trabaja como conferenciante en el campo de la antropología social en la
entendidos en antropología argumentaban que el objeto de su especialidad científica era el desarrollo del hombre. Louis habló por boca de la escuela americana de antropología cultural, que se había fundado recientemente y empezó a desafiar las ideas vigentes por entonces, pero sus propuestas no fueron tomadas con más seriedad hasta la generación siguiente. Tras la segunda guerra mundial, las ciencias sociales vivieron un momento de esplendor y ejercieron una influencia sin precedentes en América. Las diversas ramas del conocimiento se fueron haciendo más especializadas, y la antropología cultural recibió una autorización especial para trabajar en el ámbito de la cultura.
Los resultados fueron enormemente satisfactorios, al menos en un principio, sobre todo por lo que atañe a los antropólogos. Stuart Chase observó, en el año 1948, que el concepto de la cultura, a ojos de los antropólogos y los sociólogos, se había pasado a describir como la piedra angular de las ciencias sociales. En el año 1952, Alfred Krober y Clude Kluckohn, pioneros de la antropología de la época, expresaron su convicción de que el concepto de cultura, en el sentido científico y antropológico, es uno de los conceptos fundamentales del pensamiento americano moderno.
Estaban persuadidos de que la cultura, en el sentido científico y antropológico, es una idea científica enormemente prometedora, sin límites., puesto que, desde la perspectiva de la importancia exegética y la generalidad de su aplicación, puede compararse con lo que representa para la física el concepto de la gravedad, o con la evolución para la biología.
Ahora, sin embargo, las cosas parecen muy diferentes. Solo una escasa minoría de antropólogos sostiene que el concepto de cultura puede compararse, por su importancia exegética, con la gravedad, con la enfermedad o con la evolución. Se siguen considerando a sí mismos especialistas en el estudio de la cultura, pero tiene que reconocer que ya no gozan de la posición privilegiada entre las diversas y abundantes categorías de expertos en cultura. Además de ello, la experiencia que ellos pretendían ha cambiado radicalmente. En conjunto, han dado un giro en su rumbo intelectual de las ciencias sociales a las ciencias humanas, y se han volcado en la aplicación del análisis interpretativo, incluso deconstructivo, y no en el análisis social o sicológico. Pese a ello, los antropólogos americanos modernos adoptan, regularmente, teorías de la cultura
para trabajar en una serie diversa de estudios de carácter etnográfico. Creo que sus experiencias y sus trabajos resultan más interesantes y más satisfactorios por el valor, y tal vez la credibilidad, de las teorías culturales.
Cuando se observa a fondo el mejor trabajo reciente de los antropólogos, parece más acertado evitar el uso excesivo del término “referencias”, y hablar, con más precisión de “conocimientos”, o creencias, o arte, o tecnología, o tradiciones, incluso ideologías (peses a que este concepto polisémico suscita una problemática similar). Hay una serie de problemas fundamentales de conocimiento que no se pueden resolver dando vueltas en torno al concepto de cultura, o de la revisión de las definiciones. Las dificultades se acumulan cuando la cultura (una vez planteadas todas las objeciones en sentido contrario) evoluciona de algo que se puede describir, interpretar y tal vez explicar, a ser abordada como el origen de la interpretación en sí mismo. No podemos negar que algunas formas de interpretación cultural pueden ser útiles hasta cierto punto, en su lugar. Sin embargo, recurrir a la cultura solo puede aportar una interpretación parcial de lo que la gente cree y de las vías que surca con sus hechos, de los procedimientos y modos que hacen cambiar. No pueden dejarse a un lado las fuerzas políticas y económicas, las instituciones sociales, los procesos biológicos, ni ser captados en la sucesión del conocimiento y las creencias. Creo que esto representa el mayor obstáculo en el camino de la teoría cultural, y es, de seguro, lo que le proporciona los argumentos más actuales73.
Partiendo del movimiento liberal europeo, tan distinto al americano, Adam Cooper explica su posición de principios, que rechaza el idealismo y el relativismo de la teoría cultural, para lo cual esgrime sus propias razones, cuando dice74:
73 Robert Henry Lowie es un antropólogo americano (1883-1957) especializado en el estudio de
las tribus aborígenes del norte de América. Desempeñó un papel central en el desarrollo de la teoría antropológica moderna.
74 Adam Cooper, La cultura de la interpretación antropológica, trad. Tragi Fathi, Serie Mundo
del conocimiento, n.º 349, marzo 2008, Consejo Nacional de Cultura, Artes y Literatura, Kuwait, 2008, pág. 12-13.
“Pese a ello, es lógico argumentar que yo siempre estoy en contra de la mayoría de las vías surcadas por la teoría cultural. Antes de comenzar este proyecto, yo soy miembro, y cobro por ello, del grupo europeo de antropólogos. Siempre me causa aprensión cuando se considera la cultura desde un punto de partida genuino, y además se le da fuerza interpretativa. No hay duda de que una posición inicial de dura influye en gran medida en mis ideas políticas: soy liberal, en el sentido europeo de la palabra, no en el sentido americano; soy un hombre moderado, débil ante la filosofía de la humanidad. Y, a pesar de que soy, usualmente, muy lógico, no puedo pretender ser totalmente imparcial, dado que soy materialista y moderado, y estoy convencido, en cierto modo, de los derechos universales del hombre, y rechazo el idealismo y el relativismo de la teoría cultural moderna. Asimismo, simpatizo más bien poco con los movimientos sociales que se basan en el nacionalismo, o en la identidad racial, o en la religión, y más precisamente con la mayoría de los movimientos que invocan la cultura para incitar a la acción política”.
No exagera Adam Cooper cuando dice, basándose en las propuestas de la sociedad de soluciones semióticas de Londres, que la cultura, en términos generales, y en todos sus detalles vitales, controla todo lo que estimula el comportamiento del consumidor, y es más convincente que la lógica, y más popular y de masas que la sicología75. Hay también
un mercado secundario floreciente en el discurso cultural. A mediados de los noventa del siglo pasado, las librearía colocaban una sección de “estudios culturales” en lugar destacado, que había sido ocupado antes de esa época por la new age, y ante de eso por los libros de desarrollo de capacidades personales. El director de la biblioteca Olsson en Washington, Guy Brussat, lo explicaba así: “Cuando el hombre ve el título ‘sociología’ cree que se trata de textos académicos áridos, pero cuando lee ‘estudios culturales’ piensa: ‘ah, es cultura’. Hay una diferencia sicológica inapreciable”.
En nuestros días, todo se dirige hacia la cultura. Con respecto a los entendidos en antropología, la cultura representaba en su momento uno de los términos técnicos del arte. Y ahora los habitantes originales, los aborígenes, les discuten con cultura también.
Marshall Sahlins escribió76: “La voz inglesa culture, en sí misma, o cualquier término
equivalente en otra lengua, corre hoy de boca en boca. Los habitantes originales del Tíbet, de Hawái, las tribus de Oowekyala y Kwakiutel, los cosacos y los mongoles, los aborígenes de Australia, los polinesios y cachemires, las tribus maoríes de Nueva Zelanda, todos ellos han descubierto que tienen una cultura. Los Cayapo, que no hablan más que una lengua y viven en los bosques tropicales de América del Norte, utilizan la voz portuguesa cutura para describir sus ritos y ceremonias tradicionales”. Mawrice Godelier77 describe la situación de un obrero emigrante cuando regresa a su pueblo
(baruya), en Nueva Guinea, que reclama lo siguiente: “Tenemos que buscar la fuerza en nuestro legado, construirnos a nosotros mismos sobre la base de lo que los blancos llaman ‘cultura’. Otro joven de Nueva Guinea le decía así a un antropólogo: “Si no tuviéramos una kastom78 propia nuestra, seríamos como los blancos”. Sahlins aporta
todos estos ejemplos para ilustrar una hipótesis general, que consiste en que el desarrollo de la propia conciencia cultural en las víctimas de los regímenes coloniales del pasado es uno de los fenómenos más impactantes de la historia del mundo en el siglo XX79.
En este sentido, el pensador árabe, el profesor Fuad Zakariya añade una visión científica a la definición de la cultura, apoyándose en los datos de la genética y la antropología, pese a su convencimiento de que ocuparse de la definición de la cultura puede parecer algo repetitivo, un asunto ya gastado, en el que los investigadores tienen difícil aportar una nueva visión. Dice así80:
76 Marshall David Sahlins es un antropólogo americano nacido en 1930, políticamente activo en
los años 60 del siglo XX, contrario a la presencia americana en Vietnam.
77 Mawrice Godelier es un antropólogo francés nacido en 1934, decano de la facultad de estudios
contemporáneos de ciencias sociales. Fue uno de los primeros en introducir el pensamiento marxista en la antropología. Dedicó tres décadas a estudiar al pueblo baruya en Nueva Guinea
78 Kastom es una deformación de la palabra inglesa custom, con el significado de costumbres o
legado.
79 Op. cit., pág. 18.
80 Fuad Zakariya, Principios fundamentales de la planificación cultural desde la perspectiva
árabe, Seminario de Objetivos y Principios, Plan Global de Cultura Árabe, tomo 3, parte 1, Organización Árabe para la educación, la cultura y las ciencias (ALESCO).