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Varios de los más respetados libros de textos de medicina publicados entre 1976 y 1995, definen el comienzo del embarazo como la concepción, y ésta como la fertilización del óvulo por el espermatozoide:

Butterworth’s Medical Dictionary. 2da Edition. 1978. Gould Medical Dictionary. 4a Edition. 1979.

Stedman’s Medical Dictionary. 26ª Edition. 1995.

Harrups’s Dictionary of Medicine and Health. 1ª Edition. 1988. Mellon’s Illustrated Medical Dictionary. 3a Edición. 1993. Oxford Concise Medical Dictionary. 4ª Edition. 1994.

Pearce’s Medical and Nursing Dictionary and Enciclopedia. 15ª Edition, 1983.

Considine, Douglas (ed.). Van Nostrand´s Scientific Encyclopedia, 5th edition. New York: Van Nostrand Reinhold Company, 1976, p. 943.

Moore, Keith L. Essencials of Human Embriology. Toronto: B.C. Decker Inc, 1988, p. 2; Dox, Ida G., et al.

The Harper Collins Illustrated Medical Dictionary. New York: Harper Perennial, 1993, p. 146

Sadlier, T.W. Langman´s Medical Embryology. 7ª edition. Baltimore: William & Wilkins 1995, p3

Carlson, Bruce M. Patten's Foudations of Embriology. 6ª edition. New York; McGraw- Hill. 1996. p.3.

Se identifica el cuerpo y la persona y se afirma que la dimensión biológico-corpórea es ya una manifestación de la persona: Esta postura, a la que adhiero, explica que el

cuerpo del hombre, y por tanto de la persona, comienza a existir en el momento en que se produce la fecundación entre los gametos masculino y femenino. No hay otro momento u otra distinción para ser persona sino el pertenecer a la especie homo sapiens, como afirma Spaemann (273), afirmándose que el cuerpo biológico es el mismo tanto en sus inicios como

en sus fases posteriores y que todo ser humano es persona (la coextensividad de la persona y el ser humano).

El tema del orígen de la vida no implica sólo a la biología, tambíén es una cuestión antropológica de vital significación. Señala Olsen A. Ghirardi (111): «la fusión del

espermatozoide con el óvulo implica un problema metafísico (entendido en sentido amplio como concepto de la realidad). No se trata simplemente de un problema físico-químico, fisiológico, genético o embriológico».

Se trata del comienzo de la existencia de esa sustancia individual que se denomina persona humana, cuya definición es competencia tanto de la filosofía antropológica como del mundo jurídico (102) (433).

¿Qué significa el art. 4 de la Convención Interamericana sobre Derechos Humanos (354)

cuando dice que hay que respetar la vida humana desde la concepción?. En el momento en que se redacta la Convención, 1969, es unánime la idea de que la concepción es la introducción del espermatozoide en el óvulo, y que desde el momento en que un óvulo esta fecundado hay concepción.

La teoría de la fecundación toma como punto de inicio la penetración de la corona radiante del óvulo por el espermatozoide. Sostiene en su apoyo que, desde ese instante, existe una composición genética única, advirtiendo que, después de la fecundación, no puede señalarse ningún momento de cambio relevante. (418).(417)

Existe una relación bioquímica que sería la responsable de la unión de ambos gametos, que es la específica unión entre una glucoproteina, fertilicina, de la zona pelúcida del óvulo y las proteína ácidas o antifertilicinas de la membrana plasmática del espermatozoide; unión que activará la reacción acrosómica de éste, y en consecuencia, la fecundación.

¿Podría considerarse ésta como una primera “relación”, en cuanto necesaria para el orígen de la vida humana?. Esto aporta pruebas para aquellos que argumentan que el ser humano sólo es tal en cuanto ente capaz de relacionarse.

Seguidamente a la fecundación, ocurre un hecho destinado a evitar la poliespermia, es decir, la entrada de otro/s espermatozoide/s secundario/s en el óvulo. El espermatozoide libera una sustancia impermeabilizadora de la membrana del ovocito, opinando Vila- Coro (434) que, desde un punto de vista metafórico, “este es el primer acto de autoafirmación personal del nuevo individuo frente a sí mismo.

Sólo la fecundación marca una discontinuidad esencial en el proceso reproductivo del Hombre (425).

La Academia Nacional de Medicina (435) sostiene que el proceso de formación de una vida humana se inicia con la penetración del óvulo por el espermatozoide, ya sea dentro o

fuera del útero materno. Desde ese momento se produce un intercambio de información genética que da lugar al surgimiento de un código genético único e intransferible, donde aparecen todas las cualidades innatas del nuevo individuo.

Lopez Moratalla (436) considera que el embrión humano goza de su condición humana en

plenitud desde la fecundación, por ser ésta el inicio único del proceso constituyente del individuo.

Vila-Coro (434) afirma: “…no es la anidación la que produce la individualización. Con la

anidación se comprueba la individualización, la cual se produce en el mismo instante de la fecundación del óvulo”(…)“la anidación en el útero materno no añade ni quita nada a la nueva vida en sí misma: lo que hace es suministrarle las condiciones ambientales óptimas para su desarrollo”.

El ser humano recién fecundado es un ser humano en acto, en posesión de todas sus potencialidades, y en ningún caso un ser humano potencial.

Alfred Kastler (437), Premio Nobel de Física en el año 1966, afirma: “la vida humana

comienza en la concepción, en el momento de la fusión del espermatozoide y el óvulo”.

Se define, entonces, que desde la concepción se va configurando el destino biológico del nuevo individuo. En medio de este conjunto de datos, tan sugerentes y demostrativos de que el desarrollo comienza con la concepción y sólo terminará con la muerte, resulta difícil encontrar justificación a los esfuerzos de algunos por identificar estadios intermedios.

El reconocimiento por la legislación argentina de la existencia de la vida humana a partir de la unión de los gametos femenino y masculino que origina al embrión, desecha categóricamente la hipótesis que sólo admite la manifestación de la vida a partir de la implantación del embrión o de un desarrollo del sistema nervioso central que le permite expresar ciertos sentimientos, como el dolor, ó aquellas ideas que reconocen el derecho a la vida a partir del nacimiento o con posterioridad al mismo y a partir del momento en que la persona manifiesta cierta capacidad racional, como se comenta en apartados siguientes.

Esta conclusión legislativa está basada sobre sólidas experiencias científicas. Laplacette, reseñando tal experiencia, y tras señalar que los embriones son personas desde la concepción, expresa que “tan pronto como los 23 cromosomas paternos encuentran los 23 cromosomas maternos, toda la información genética necesaria y suficiente para especificar las calidades innatas del nuevo individuo, se encuentran reunidas” (438).

La fecundación es el proceso que define la cisura que distingue vida de viviente y se impone como límite inferior del individuo por razones de naturaleza ontológica o científica frente a las cuales al derecho sólo le queda reconocer esta realidad. Se trata de la única alternativa que realmente respeta a la vida y la dignidad del ser humano en todo momento.

Este es precisamente el sentido que le da, según Monje (335), Richard Lewontin profesor de

complejas, ejemplifica con…”el nacimiento de un organismo individual desde el momento en que queda concebido en forma de un óvulo fecundado”.

Ralf Rahwan (439), Profesor de Farmacología y Toxicología de la Ohio State University en

los Estados Unidos, en la revista Lancet, define la concepción como el momento en que el espermatozoide penetra y fertiliza el óvulo para formar un cigoto viable.

El investigador australiano y experto en SIDA, John Dwyer (440), describe el momento en

que el espermatozoide penetra el óvulo como la creación de un “único y nuevo individuo”.

En Chile se impone esta tesis, y dice el Dr Croxatto (441) sobre la fecundación “comprende

la unión del gameto femenino con uno masculino, la formación de un complemento cromosómico diploide, la activación de la división y diferenciación celular y el retorno de la unidad biológica a edad cero”.

La Corte Suprema de Chile (442) ha manifestado: “Si entendemos que la fertilización es,

como es, un proceso continuo que no resulta separable en etapas o momentos, debemos concluir que el óvulo fecundado o embrión es ya un individuo de la especie humana…” El Mosby’s Medical, Nursing and Allied Health Dictionary (443) define el embarazo de la

siguiente manera:

“En el preciso y único momento de la concepción, la mujer está embarazada con un nuevo ser individual”.

De esta manera se tiene un gran número de eminentes personalidades y fuentes del campo de la medicina que afirman que el embarazo comienza en la concepción, y que ésta consiste en la fertilización del óvulo por el espermatozoide, momento en el cual comienza a existir un nuevo ser humano individual, al que denominan: embrión, feto o hijo.

Como expresamente lo indica Lacadena (444) “…hay que señalar que el propio proceso de fecundación es largo y complejo desde que – después de atravesar la zona pelúcida que envuelve al ovocito – entra el espermatozoide en el citoplasma de la célula femenina, liberando en él su núcleo haploide hasta que se produce la fusión de los dos pronúcleos”. Bueres (445) opina que la fecundación en su forma natural es un proceso que dura varias

horas. Es precisamente este hecho lo que hace erróneo hablar de “momento de”, como si se tratara de una situación que se produce en un instante, o al menos en un período temporalmente muy breve e imposible de ser interrumpido; en cambio, si bien tiene continuidad temporal, se puede separar en etapas y aún artificialmente suspender por años con el congelamiento. “…Al poner en evidencia que la fecundación no es un suceso o un

momento sino un “proceso”…el legislador tendrá que establecer un tiempo en forma convencional”

La tesis del comienzo de la vida y de la persona con la fecundación cuenta con el decidido y ferviente apoyo de las autoridades vaticanas, la cual ha permeado todas las esferas,

resultando posible encontrar sus argumentos en ámbitos muy alejados de planteamientos religiosos.

Existen muy pocas excepciones como Josepth F. Doncell (446), sacerdote jesuita partidario

del hilemorfismo tomista, quién sostiene que: “… ciertamente el embrión no es una persona humana durante las primeras etapas del embarazo y que, en consecuencia, no es inmoral terminar el embarazo durante ese período siempre y cuando haya buenas razones para realizar tal intervención” .

El Departamento de Salud, Educación y Bienestar de los Estados Unidos (447) define en

1963 los procedimientos abortivos de la siguiente manera: “Todas las medidas que impidan la viabilidad del cigoto en cualquier momento entre el instante de la fertilización y el parto constituyen, en sentido estricto, procedimientos para inducir el aborto”.

Dos años después, el Colegio de Obstetricia y Ginecología de los Estados Unidos (448),

cambia esta definición por la de implantación. Es evidente la intención de amoralizar, de colocar en un terreno éticamente neutro la transmisión de la vida humana., como anestesiadores de la conciencia moral.

b) Teoría de la singamia o unión de los pronúcleos del óvulo y del

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