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¿Qué

hacemos?

JOSEFINA RAMÍREZ L.

JOSEFINA RAMÍREZ L. EDUCADORA A CARGO DE LA CÁTEDRA: “CONTEXTOS EDUCACIONALES Y FAMILIA” DE LA UNIVERSIDAD ANDRÉS

BELLO.

Hasta hace poco tiempo, mi marido y yo estábamos muy contentos, porque a

una hora del día –cerca de las 8:30 de la tarde– los hijos iban llegando de a poco a la sala de estar. Ahí se formaba un ambiente simpático en que conversábamos y comentábamos de todo, incluso las noticias. Hace unos meses, la mayor de las niñas, que tiene 17 años, se puso a pololear con un universitario de 19. Nuestro problema es que a él no le gusta instalarse en el living con nosotros por lo que rápidamente se van a la pieza de mi hija. La verdad, es que esta situación nos incomoda, pero ella no lo ha querido comprender. No se lo hemos prohibido tajantemente, porque no es nuestra forma de educar a los niños: nos gustaría que ella sola llegue a comprender que eso no es lo mejor. ¿Estaremos siendo muy blandos o poco convincentes? (Marisol y Eugenio)

R.

Entiendo el hecho de que a ustedes no les guste prohibir cosas a sus hijos, pero, hay momentos en que es necesario hacerlo, sobre todo si uno está convencido de que se trata de algo importante para el bien de ellos. Personalmente, de acuerdo a la situación descrita, le prohibiría estar sola con el pololo en su pieza. Pero antes de tomar esa decisión, les sugiero hagan un esfuerzo importante para que ella comprenda sus razones. Si su hija no se abre y no comparte los motivos de la inconveniencia de esta situación, déjenle claro que, aunque en este minuto no comprenda, es algo que hacen pensando en su bien y no es un antojo o prejuicio de su parte.

Como argumento para que ella entienda el por qué de su posición (esto supone que están de acuerdo ambos padres) explíquenle que todos estamos hechos de carne y hueso, que la atracción sexual es poderosa y, que –por lo tanto– es necesario ser prudentes, tomar las precauciones necesarias y evitar riesgos, ya que, en un momento dado, la

dinámica propia del impulso sexual no nos permitirá controlarnos. Con mucho cariño y claridad déjenle claro que es importante que ella no actúe ingenuamente y se dé cuenta de que es muy difícil cuidar la pureza durante el pololeo, especialmente si este llegara a extenderse en el tiempo. Por esa razón, ella debe ser realista y no exponerse estando sola en su pieza con su pololo. Por otra parte, abordando otro aspecto de la situación, demuestren que a ustedes –y a sus hermanos– les interesa conocer a su pololo, saber cómo piensa; y que, para que sea parte de la familia, hay que tratar de integrarlo a la convivencia diaria. Compartan su preocupación de papás de que un pololo no debe separar a la familia, por el contrario, debe integrarse a ella y aprovechar los momentos en que están juntos, pues la participación de cada uno es enriquecedora y todos aportan a crear un ambiente especial, etc.

Por último, también es necesario que el pololo de su hija entienda la inconveniencia de que estén permanentemente en la pieza. Si a ella le cuesta abordar el tema con él, uno de ustedes puede ayudarla a plantear la situación y explicarle que las normas de la casa son muy precisas al respecto. Que, por cierto, no piensan mal de él o de ella, pero que el realismo y la prudencia son especialmente importantes. Por otra parte, el hecho de que ellos traten estos temas como pareja madura y se planteen, en este sentido, qué tipo de pololeo quieren tener, los ayudará a que este sea distinto y propio de ellos.

Tenemos 4 hijos, 2 hombres y 2 mujeres, de entre 3 y 12 años. Al mayor lo

sorprendí mirando unas fotos pornográficas bajadas de Internet, y la verdad es que en ese momento no supe qué decirle, sólo le ordené que apagara el computador. Me doy cuenta que mi hijo ha crecido y no sé cómo enfrentar su educación sexual. Yo le digo a mi marido que él le hable de hombre a hombre, porque para los dos será más fácil ya que él también pasó por lo mismo en algún momento. Él insiste en que sus padres nunca le hablaron de sexualidad, que no se siente cómodo, que no sabe cómo abordar a un hijo en este tema. (Francisca)

R.

Francisca, estoy de acuerdo con Ud. en la importancia de que su marido converse con su hijo, aunque es muy común que los padres, más que las madres, no se sientan preparados y les cueste hablar del tema. Sin embargo, más que presionar a su marido, estimúlelo a confiar en que el amor que él tiene a su hijo le ayudará a intervenir adecuadamente, y a darse cuenta de la importancia que tiene la orientación que él le pueda dar.

Es importante que el niño entienda por qué debe evitar la pornografía ya que ella muestra a una persona utilizada sólo como objeto con el único fin de provocar placer, eliminando totalmente su dignidad de persona. Se pretende despertar el deseo sexual separándolo absolutamente del amor. Su hijo debe comprender que el mal de la pornografía está no sólo en quién toma las fotografías con la intención de convertirlas en objeto de deseo, sino también en el que las ve, ya que busca satisfacer su curiosidad y sexualidad colocando el instinto sexual por sobre el valor de la persona. Si su hijo

entiende esto, se acercará a entender por qué es peligroso navegar por sitios pornográficos en internet.

Por la edad de su hijo sería bueno aprovechar la oportunidad y hablarle acerca de “las poluciones nocturnas” de modo que, cuando sucedan, si no ha ocurrido aun, las enfrente como algo normal y no le provoquen mayor ansiedad. Otro tema importante de tratar a esta edad es el de la masturbación. Esta constituye un problema cuando obstaculiza el desarrollo sano de la sexualidad al entorpecer la necesaria salida de sí mismo al encuentro con el otro. Por esto mismo se puede caer en un ensimismamiento sustentado en la autosatisfacción sexual, afectando en la persona su capacidad de amar. Esto es exacerbado por la pornografía.

No me cabe duda de que para su marido estas conversaciones con sus hijos serán una oportunidad de encuentro íntimo y personal. Ello, no sólo no perturbará su relación con el hijo de 12 años, sino que la mejorará y fortalecerá, aunque no todo salga perfecto, ni tenga las mejores palabras. El niño se sentirá más importante dado que al dedicarle tiempo a solas, le estará indicando que le importa lo suficiente como para detenerse a dialogar y orientarlo. El que su padre esté ahí para aconsejarle será su mejor seguro, y establecerá las bases de una sólida y auténtica buena relación entre ambos. Esto es, aquella basada en la verdad y el amor personal.

Tenemos 2 hijas de 15 y 16 años. Una de ellas celebró su cumpleaños con una

fiesta, nosotros quedamos sorprendidos con la forma de vestir de algunos adolescentes y cómo se relacionan con sus amigos y pololos: muestran más de la cuenta y bailan de manera bastante “erótica”. Al comentarles, después de la fiesta, sobre nuestra sorpresa, nos dijeron “todas se visten así...” y que ellas no iban a ser “las pernas” actuando de otra manera. No sabemos cómo enfrentar el tema, entendemos que la idea es que no vayan a una fiesta tapadas enteras, pero estamos complicados. (Ismael y Leonor)

R.

Su preocupación es compartida por muchos padres, quienes no saben cómo proceder con este tema. Efectivamente por la etapa en que se encuentran sus hijas, es muy importante la aceptación del grupo de pares para sentirse seguros. Por ello tienden a vestirse y a actuar de modo similar. La adolescencia es un período de gran vulnerabilidad, dado que aparece con fuerza el mundo interno, se pierden las certezas y seguridades que se tenían, e irrumpe la necesidad de establecer la propia identidad. La familia ya no es suficiente para la confirmación de su personalidad y necesitan separarse un poco de ella para avanzar en el necesario proceso de “individuación”, definir desde sí mismos “quiénes son” y “quién quieren ser”. A los 15 años ya ha comenzado el desarrollo de la intimidad personal, y los jóvenes tienen mayor capacidad de reflexión; por ello tienden a ser más reservados y a cuestionar las reglas establecidas. También, en este período, cobra especial relevancia la necesidad de ser confirmados por la persona del sexo opuesto y cada uno buscará la forma de sentirse atractivo.

Si sus hijas creen que su valor y atractivo está sólo en su cuerpo, (como algo que tienen, y no como la expresión visible de su ser personal), cultivarán sólo esa dimensión, sin nada íntimo que valga la pena proteger. Los padres podemos y debemos orientar a nuestras hijas e hijos al respecto. Es importante confirmarles su valor personal, otorgándoles seguridad en lo que son, distinguiéndolo de lo que tienen y hacen. Esto es, deben sentir que se las ama por ser quienes son, hijos, persona, y que nos alegramos por sus cualidades físicas, afectivas o espirituales, así como nos entristecemos por sus defectos, sin que ello condicione nuestro amor ni su valor como persona.

También habrá que orientarles en la diferencia entre el hombre y la mujer respecto al pudor y de cómo sus comportamientos o reacciones pueden ser bien o mal interpretadas. La mujer, contrario a lo que suele creerse, es menos pudorosa que el hombre en el orden de la sexualidad, dado que ella no experimenta en su corporeidad la intensidad de lo que le ocurre al hombre frente al cuerpo de una mujer. Por ello se puede vestir de modo muy provocador y no medir del todo las consecuencias de su comportamiento. Ella, por lo general quiere atraer al hombre en busca de afectividad y para ser amada, pero puede quedar “entrampada” en que la respuesta de él sea sólo de orden sensual y como tal se oriente a ella únicamente como objeto de placer y no como persona.

Como madre usted ha intuido que la respuesta de sus hijas “todas se visten así”, no es suficiente y que no se puede aceptar simplemente, porque se pone en juego su felicidad. Es importante y necesario que converse con ellas y las haga reflexionar sobre el origen de su comportamiento y si existe otra forma de validarse. Los atributos físicos-sexuales, así como las cualidades intelectuales, son un bien, pero ligados al valor de la persona. No se trata de eliminarlos, ello sería una aberración, sino de colocarlos en su justo orden.

Pauta de