• No results found

Research Methods in Second Language Teaching

emocionalmente con el personaje principal, Jess. Me cautivaba la historia de la elección de Jess de vivir en el mundo como hombre, incluso a pesar de que era una historia terriblemente dolorosa. Aun a pesar de las tragedias en la vida de Jess, no pude evitar ver las posibilidades para mí. Por primera vez supe que era posible cambiar mi género.

Posteriormente ese año, el Segundo libro de Leslie Feinberg, Guerreros transgénero fue publicada por Beacon Press [editorial de la Asociación Unitaria Universalista. Le pedí a un amigo que vino a Iowa a ayudarnos a mi hijo y a mí a mudarnos a California para iniciar el seminario que trajera un ejemplar consigo. Nos lo leímos en voz alta en el camión en movimiento durante el viaje de 4 días a Berkeley; así llegué a darme cuenta de que las historias en el libro eran mi propia historia. Vi mi rostro en los retratos que Feinberg había reunido y vi mis preguntas, mis sentimientos, y mi lucha en las historias de otras personas transgéneras. Comencé a preguntarme quién era, en lo profundo del centro de mi ser.

Me conmocionó darme cuenta de que en lo profundo me sentía más como un chico adolescente que como una mujer adulta. Había pasado años intentando adaptarme a las diferentes identidades femeninas disponibles para mí, pero

63

ninguna de ellas me quedó, dejándome con una gran frustración. Intenté cumplir con la visión cristiana fundamentalista de la mujer; intenté ser una buena feminista radical, había tratado de ser una buena madre, intenté ser una buena lesbiana, e intenté diseñar mi propia definición de mujer y vivirla. Pero leer las historias de otras personas transgéneras me hizo darme cuenta de que lo que siempre había querido ser cuando creciera era ser un hombre. Me conmocionó y atemorizó la intensidad de ese deseo.

Una noche después de haberme establecido en nuestro nuevo departamento de Berkeley, tuve un sueño. Fue un sueño que había tenido muchas veces antes en el que trataba de vislumbrar algo de mi reflejo en un espejo, pero sin importar cómo me retorciera y volteara, no podía ver mi rostro. Lloraba y luchaba por estirarme y contorsionarme hasta alcanzar alguna posición en la que pudiera verme, pero nunca lo lograba. Sin embargo, ésta vez, en el sueño, escuché una voz que decía, "Mueve el espejo". Así que me estiré y tome el espejo entre mis manos y le di una vuelta completa. Allí, en lo que debía haber sido el reverso inútil del espejo había un sueño duro –duro, puesto que me llamaba a tomar una decisión sobre mi vida. ¿Me quedaría dentro de la cajita marcada "F" por femenino desde mi nacimiento, o viviría lo que sentía verdadero y real para mí? ¿Escogería vivir con integridad?

La parte más difícil de esta decisión, aparte de bregar con todos los sentimientos que evocaba en la gente que amaba, era la sensación de que tenía que escoger masculino o femenino. Había pasado 30 años como mujer, seis de ellos como madre, y ahora sentía que se suponía que negara todo ello y que viviera como otra clase de criatura –un hombre. Todo o nada. La cajita marcada "F" o la marcada "M."

Mi vida no tiene que ajustarse a esas cajas. Mi género no es tan simple. Tan duro como había sido tratar de escoger uno o el otro, lo que es verdad para mí es que soy de ambos. Es más cómodo y más auténtico para mí moverme

64

por el mundo como hombre. En mi más profundo conocimiento de mí mismo, un rostro masculino, un cuerpo masculino, y una identidad masculina se sentían verdaderos. Cuando pienso en mí o me describo, es como hombre.

Al mismo tiempo, viví 30 años de mi vida como mujer. Sé lo que es ser mujer en esta sociedad. Sé cómo es ser vulnerable a un asalto sexual, que se espere que seas más maternal que ambiciosa, lo que es ser una madre soltera que luchaba por cumplir sus objetivos. No puedo descartar así como así ese conocimiento, ni pretender que esos 30 años fueron un error.

No puedo elegir un lado de mí por encima del otro. Elegir sería como estar dispuesto a dejar que una parte de mí se marchite y muera. Negar que vivo en un cuerpo que nació mujer, y que viví como mujer 30 años sería igual de doloroso que lo que fue vivir en la negación de mi conocimiento de mí mismo como hombre.

En el proceso de comprender esto usé muchos recursos. Aprendí mucho sobre la historia transgénera. Aprendí que en el pasado, uno no podía atravesar el escrutinio del sistema médico a menos que uno hubiera creado algo llamado una "historia plausible". Una historia plausible para mí habría sido una historia creada sobre mi vida como niño, adolescente, y hombre joven. En resumen, habría sido una mentira. ¡Pero no hice todo esto para vivir una mentira! Hice esto para decir la verdad sobre quién soy.

Cuando Rita Nakashima Brock escribió sobre la integridad intersticial, me mostró que entendía algo que era vital para mí. Ella entiende lo que se siente cuando las categorías son demasiado pequeñas y demasiado poco imaginativas para sustentar su vida. Y lo que llama integridad intersticial es un acto de resistencia –un acto liberador– en un mundo que busca confinarnos en una visión sobresimplificada de lo que es ser humanos.

65

Hay muchas razones por las que esta sociedad quiere que seamos completamente cuantificables. Pues para el mercado y el análisis estadístico, sería mucho más fácil si fuéramos digitales –es decir, que cada detalle de nuestras vidas fuera codificable como un '1' o un '0', una 'F' o una 'M', un nosotros o ellos. Para que seamos realmente buenos consumidores de esta cultura, debemos estar dispuestos a hacernos lo suficientemente pequeños para caber en sus cajitas en todos los formatos.

Es útil para la gente que valora las ganancias, la eficiencia y los balances contables tener cajas y categorías para colocarnos. Pero los seres humanos y nuestras vidas somos mucho más que eso. Cuando Rita Nakashima Brock señala y nos hace saber que, "los lugares intermedios… son lugares reales" me recuerda la belleza, la fuerza y la absoluta necesidad de todo lo que yace entre las cajitas de esta cultura.

La integridad intersticial es el corazón de mi historia. Los músculos, los tendones, los ligamentos y las fibras que nos mantienen unidos en un solo cuerpo son la fortaleza y la substancia real de ese cuerpo. Sin ellos seríamos tan sólo montones de huesos. Es un acto de valor y un acto de liberación recordar todo lo que somos. Recordar significa ser conscientes de todas las partes de nosotros mismos que son demasiado complejas, demasiado desordenadas, demasiado sólidas para ser encuadradas en las cajas imaginarias. Reivindicar estas partes de nosotros es una labor de integridad, y la integridad es una de las cosas que como individuos, y como sociedad, necesitamos más.

No es necesario ser transgénero para saber lo que se siente ser aplastados dentro de un rol o una caja incómoda o dolorosa. Este es el corazón de todo movimiento por la justicia social. Las mujeres saben lo que se siente ser definidas de maneras que no sustentan su fuerza y su valor.

66

Cualquiera cuya piel no sea blanca sabe lo que se siente estar limitados por las definiciones de los otros sobre su lugar y su poder en el mundo. La gente gay, lesbiana o bisexual sabe lo que es que te hagan pequeño a través del prejuicio y que te definan sólo por una pequeña parte de todo tu ser. Todos sabemos. Incluso los hombres blancos heterosexuales con cuerpos saludables y mentes fuertes conocen el dolor de ser juzgado y limitado por las presuposiciones de los otros.

Uno no tiene que luchar con cuestiones de identidad para entender cómo se siente estar en medio. Todos experimentamos momentos intermedios. Momentos en que no estamos seguros de corresponder a un lugar o a otro. Momentos en los que el cambio nos toma por sorpresa, y nos deja un poco conmocionados y desorientados. Estos son momentos intermedios, y pueden ser difíciles, aunque los lugares y momentos intermedios también son increíblemente bellos. Llenos de posibilidades y de energía creativa. Hay lugares y momentos en los que hemos de tomar nuevas decisiones sobre nuestras vidas. Podemos recrearnos, renovar nuestra visión y nuestra esperanza.

Cuando trato de expresar el poder y la belleza de lo intermedio me inspiran el esplendor y la belleza del amanecer, y la silenciosa tranquilidad del ocaso. En estos momentos, entre la noche y el día, nuestra visión se ajusta, nos damos tiempo para prepararnos para lo que sigue, y disfrutamos la belleza de lo que es. El crepúsculo es un momento real, un bello momento, y un momento necesario. No creo que ninguno de nosotros prefiera que la noche se torne día sin ninguna transición, como si alguien activara un interruptor gigante. El impacto y el deslumbramiento serían excesivos.

Hay algo necesario y especial en lo intermedio. Cuando veo el mundo y veo la maldad, es frecuentemente en la forma de una dualidad reforzada. Somos nosotros. Son ellos. Los hombres son de Marte. Las mujeres son de Venus. La

67

gente blanca es de una forma; la gente de color, de otra. Cuando imaginamos un mundo en el que la justicia fluya como el agua, veo que esa inundación se lleva consigo las categorías, y nos deja con el desorden intermedio, juntos, como seres humanos. En una de mis lecturas favoritas de nuestro himnario, Jidie Chicago lo imaginó así:

Y entonces todo lo que nos había dividido nos fusionará Y entonces la compasión se casará con el poder

Y entonces la suavidad llegará a un mundo que es áspero y grosero Y entonces, tanto los hombres, como las mujeres serán amables Y entonces, tanto los hombres, como las mujeres serán fuertes Y entonces nadie estará a merced de la voluntad de otro Y entonces todos serán ricos, libres y variados

Y entonces la avaricia de algunos dejará lugar a las necesidades de muchos Y entonces todos compartirán con igualdad la abundancia de la Tierra Y entonces todos cuidaran a los enfermos, a los débiles y a los viejos Y entonces todos nutrirán a los jóvenes

Y entonces todos apreciaran a todas las criaturas vivientes Y entonces todos vivirán en armonía entre sí y con la Tierra Y entonces todos los lugares serán llamados Edén de nuevo.

Que así sea. Ashé. Bendito sea y Amén.

*Himno: Vayan en Paz Vayan en paz, vayan en paz. Pueda el amor rodearlos siempre, por doquier, por doquier,

68

Referencia:*Este sermón cuenta mi historia.

Rev. Sean Dennison de la Sociedad Unitaria Universalista del Valle Sur Ciudad del Lago Salado, Utah, EUA,

12 de marzo de 2006.

Otras historias de vida; descubiertas en diversos portales en búsquedas de amor, romance, amistad y algo mas…

[email protected]

Dirígele un e-mail Dirígele una señal.

Conoce más perfiles como éste Agregar a predilectos.

Travestí, madura y sexy, sexo biológico: Hombre 40 años de edad, radico en el Distrito Federal, México. Buscando Hombre de 40 a 70 años, a menos de 2000 kms del DF, soy divorciado, tengo tres hijos uno vive conmigo y los otros dos fuera de casa; latino; complexión física con algunos kilos de más, Estatura: 182.0cms.Religión: Agnóstica, fumadora y bebedora ocasional, no drogas. Estudios de post- licenciatura. Profesión: Financiero y Servicios bursátiles. Salario: Sin observaciones. Idiomas: Inglés, Español

Ideas políticas: Liberal. Signo del zodiaco: Acuario

Algo más sobre mí

Busco personas con iguales gustos y formas de vida, atrevidas, con cultura, audaces y románticas cariñosas y reales. Que gusten de viajar,

69 de ser sinceras, de tener valores, de ser alegres, y muy besuconas, me encanta besar, les espero, bye...

Acerca de mi pareja ideal: Rubio, negro, no calvos; ojos de preferencia azules; estatura entre 165.0 cm y 183.0 cm; atlético o musculoso, no gordos; Idiomas: Inglés y Español, Estudios de formación profesional; Fumador, bebedor ocasional, no drogas. Estado civil: Cualquier opción. Que sea: Osado, de carácter firma, le guste bailar, el erotismo, las demostraciones públicas de afecto y bañarse desnudo

TRINY. Bisexual travesti de 40 años, radica en la Delegación Gustavo A. Madero, Distrito Federal México Busca Hombre de 38 a 60 años a menos de 100 kms de Gustavo A. Madero, Distrito Federal

Algunos datos sobre mi persona: Soltero, no tengo hijos, raza latina- hispana No

Estatura; 1,59 ms. Católico, intentando dejar el tabaquismo, bebedor ocasional

Algo más sobre mí: Soy travesti de closet pero muy femenina en la intimidad y en la vida privada muy complaciente con mi pareja y muy pasiva hogareña muy detallista y muy tierna me encanta que me seduzcan y me traten como una verdadera dama Signo del zodiaco: Cáncer. Vivo con mis padres, Vivo con animales de compañía (pájaros y perros).

Acerca de mi pareja ideal: Color de pelo: Sin preferencia. Color de ojos: Sin preferencia. Estatura: Entre 170.0 cm y 185.0 cm Complexión física: Toda preferencia. Idiomas: Toda preferencia. Raza: Toda preferencia. Religión: Toda preferencia. Estudios: Toda preferencia. Trabajo: Toda preferencia. No fumador, ni alcohol o drogas.

70