Según la OMS1 se define “genero” como los roles socialmente construidos, comportamientos, actividades y atributos que una sociedad considera como apropiados para hombres y mujeres
Un análisis desde la perspectiva de género, significa, en la práctica, identificar las carencias en la igualdad de género a través del uso de datos desglosados por sexo y el desarrollo de estrategias para eliminar dichas brechas. En 1995, la Cuarta Conferencia Mundial de las Mujeres concluyó que, el tratamiento desigual entre hombres y mujeres y sus roles económicos y sociales diferentes, conduce, en muchos países a tasas de pobreza desiguales entre mujeres y hombres, especialmente en los países en desarrollo. De los 1,2 billones de personas que viven con lo equivalente a un dólar al día, el 70% de afectados son mujeres.
Un número reciente de la revista científica, Science2, presentó un resumen basado en estudios en áreas rurales de países en desarrollo, que ha puesto de relieve que, en todas las edades, las mujeres en general trabajar más que los hombres. Gran parte del tiempo de las mujeres se ocupa con largas y difíciles tareas relacionadas con producir y procesar comida sin equipamiento mecánico o eléctrico, en cocinar sin combustibles y electrodomésticos limpios y eficientes, así como para la actividad agrícola de subsistencia.
Aquellos que trabajan en el campo de la energía rural aceptar que la mayor parte del combustible utilizado por la mayoría de la humanidad es biomasa recogida localmente y que el ciclo de uso asociado a este combustible está realizado en gran medida por mujeres.
Figura 1. Mujer transportando leña en Gabela (Angola). Año 2009
El tiempo (entre 2 y 20 horas a la semana) y esfuerzo físico dedicado por mujeres y niñas a la recogida de combustible y transporte de agua limita seriamente su capacidad para involucrarse en actividades educativas y de
1 WHO (2013). «What do we mean by "sex" and "gender"?». Gender, women and health
2 “The Work Burden of Women,” James Levine, Robert Weisell, Simon Chevassus, Claudio Martinez, Barbara Burlingame, & Andrew Coward, Science 294: 812, 26 Oct 2001.
173 generación de riqueza. Los ratios de alfabetización y escolarización son dramáticamente diferentes para hombres y mujeres en muchos países en desarrollo.
Muchas mujeres y niñas, debido a la recolección del combustible, sufren daños crónicos severos provocados por esfuerzos extenuantes sin suficiente tiempo de recuperación (dolor de cuello, de espalda, de rodilla,...), caídas, accidentes, intentos de asalto y picaduras de serpientes.
Los combustibles y tecnologías ineficientes para cocinar liberan elementos nocivos para la salud, tales como pequeñas partículas de hollín que penetran profundamente en los pulmones. En viviendas mal ventiladas el humo puede producir concentraciones de partículas finas 100 veces superiores a las aceptables. Los riesgos para la salud derivados de este uso son infecciones respiratorias, canceres, quemaduras y enfermedades oculares. La exposición afecta particularmente a las mujeres y los niños, que pasan la mayor parte del tiempo cerca del hogar. Investigaciones realizadas recientemente1 concluyen que el humo de combustibles sólidos tiene la mayoría de los tóxicos del humo de tabaco y de manera similar, se ha asociado a varias enfermedades que afectan prioritariamente a mujeres y niños como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica en mujeres, las infecciones respiratorias en niños y el cáncer de pulmón en mujeres.
Frecuentemente, la ausencia de infraestructuras energéticas impide el acceso de las embarazadas a algunos servicios de atención prenatal que pueden salvar vidas. Según la OMS el 99% de todas las muertes durante el parto se producen en países en desarrollo en donde los servicios de salud son deficientes y carecen en frecuentemente de acceso a la electricidad.
En cuanto a la Pobreza Energética, según el estudio La Pobreza Energética En Gipuzkoa2 casi dos de cada tres familias en esta situación están encabezadas por mujeres.
Dado que los impactos negativos del modelo energético actual afecta más intensamente a mujeres que hombres, resulta cada vez más evidente que deben existir diferencias de género relativas al diagnóstico de la problemática y las intervenciones.
Aunque, mayoritariamente, los órganos de decisión puedan considerar los asuntos relacionados con la energía como neutros en cuestiones de género, la realidad es que los hombres y las mujeres se ven afectados de forma diferente por las políticas energéticas (capacidad generación, oferta combustibles, sistemas distribución) debido a sus roles diferentes en el hogar, el trabajo y la comunidad.
Posibilitar el acceso de las mujeres a servicios energéticos limpios y sostenibles tiene importantes beneficios para la mujer: reduce los riesgos para su salud y les permite ahorrar de 1 a 4 horas al día en tareas del hogar (cocinar, procesar alimentos, recolectar agua y recoger elementos para utilizar como combustible) favoreciendo que tengan tiempo para ir a la escuela, buscar trabajo, fijar sus propias metas fuera del hogar y multiplicar su participación en actividades comunitarias.
1 R. Perez-Padilla; A. Schilmann; H. Riojas-Rodriguez; “Respiratory health effects of indoor air pollution”.
Duncan G. Fullerton; Nigel Bruce; Stephen B. Gordon “Indoor air pollution from biomass fuel smoke is a major health concern in the developing world”
Sehgal, Meena; Rizwan, Suliankatchi Abdulkader; Krishnan, Anand. “Disease burden due to biomass cooking-fuel-related household air pollution among women in India.”
India Jyoti Parikh. “Hardships and health impacts on women due to traditional cooking fuels: A case study of Himachal Pradesh”
174 Todo ello facilita su autonomía económica y nivel de empoderamiento y tiene enormes beneficios sobre su nutrición, salud, educación.
Existe, por lo tanto, la necesidad de centrarse en las mujeres cuando tratamos de resolver el problema global de acceso a los servicios energéticos.