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Essay 1: Matters of Concern: Hype of Supply Chains and Hope of Management

2. Research Problem and Constructs

Tras la victoria de la Federación de Comercio en el Senado, Felucia, Murkhana y otros antiguos planetas clientes se convirtieron en miembros de la República, firmes en su lealtad a las necesidades de la Federación de Comercio. Mientras que Pax Teem y un puñado de senadores similarmente decepcionados rehuían a Palpatine, acusándole a él, y a Naboo, de haber sido comprados por el cártel, la mayoría del Senado desechó la cuestión con un encogimiento de hombros. Palpatine era nuevo en el juego y, de hecho, estaba meramente expresando los deseos del rey Tapalo. Lo que era más importante, dar asiento a nuevos miembros significaba nuevos ingresos y oportunidades adicionales de soborno. Ronhan Kim le dio las gracias personalmente a Palpatine por no mencionarle en su discurso al Senado. Conmovido por la interpelación de Palpatine, el Canciller Supremo Darus envió un mensaje personal declarando que le estaba dando instrucciones al Comité Judicial para que utilizara sus poderes de amplio espectro para aclarar el asesinato de Kim.

Plagueis estaba complacido con el resultado, dado que era sólo una cuestión de tiempo que los planetas recién sentados se encontraran cogidos por la República por una mano y por la Federación de Comercio por la otra. Sujetos a los impuestos de la primera y explotados por la última. La receta perfecta para el resentimiento. Los dos Sith no se encontraron en persona, pero Plagueis notificó a su aprendiz que los otros muuns y él permanecerían en Coruscant durante el futuro próximo, principalmente para asistir a la iniciación de Larsh Hill en la arcana Orden del Círculo Inclinado, muchos de cuyos miembros eran regulares en las Reuniones de Sojourn.

Para Darth Sidious, las semanas que siguieron a la votación fueron un regreso a los negocios como de costumbre. Con el Senado todavía en sesión, pasaba la mayor parte de sus días en la Rotonda y la mayor parte de sus noches continuaban explorando Coruscant, a menudo en compañía de Pestage y Doriana. En secreto continuó con su entrenamiento Sith, aceptando la ausencia de una guía real de su Maestro como una señal de que se pretendía que avanzara por sí mismo.

Y así lo hizo, profundizando en muchos de los textos antiguos que Plagueis había descartado como sin valor, incluyendo tratados sobre brujería Sith y construcción de holocrones.

Hacia el final de la tercera semana contactó con él un intrigante de un consorcio de energía conocido como Silvestri Trace Power. En varios intercambios por comunicador, el intrigante, un sullustano, dejó claro que el senador Palpatine tenía mucho que ganar al abogar por STP en el Senado y sugirió una reunión para discutir los términos.

Sidious probablemente no se suponía que debía indagar profundamente en los orígenes de STP, ni tener éxito en descubrir modos de abrirse camino a través de los bloqueos que el consorcio había construido para impedir tales investigaciones, pero lo hizo y quedó intrigado al descubrir que STP había sido una vez una compañía fantasma creada por Recursos de Combustible Zillo, que tenía su base en Malastare.

Sospechando un intento de tenderle una trampa, Sidious aceptó un encuentro diurno, la localización del cual sólo sirvió para elevar más sus sospechas. A diferencia de los restaurantes de los niveles superiores frecuentados por la multitud política, el Brilloseda estaba en un distrito de los niveles inferiores, conocido coloquialmente como PDLU, que la mayoría de los seres tomaban por «la periferia de los Uscru», pero que para los mejor informados significaba «el peligro de los Uscru», un área que se aburguesaba lentamente a la que solo se podía llegar en el Tren Magnético Núcleo Profundo, que había sido una vez la guarida de bandas callejeras, asesinos en serie, agresores, ladrones y otros oportunistas de los bajos fondos, en un planeta cuyos fondos eran excepcionalmente profundos. Con los residentes atacándose principalmente unos a otros, la policía veía pocas razones para patrullar e incluso las cámaras de seguridad eran escasas, ya que eran robadas frecuentemente y desmontadas por sus piezas. Aun así, el riesgo de trifulcas o del asesinato atraía a las multitudes de la Rotonda y no era inusual encontrarse con un senador o una ayudante de visita por el PDLU, entremezclándose con seres oscuros, entregándose a las sustancias proscritas y flirteando con el peligro.

Sidious consideró llevar a Pestage y Doriana, pero al final rechazó la idea. Al no recibir ningún entrenamiento formal con Plagueis, estaba ansioso por ver lo que podía hacer por sí mismo.

Constreñido y sacudido por el paso frecuente de los cercanos trenes magnéticos, el Brilloseda satisfacía lo que parecía como una multitud local. Vestido para la reunión, como lo estaba Sidious, el intrigante sullustano estaba esperando en una mesa en un rincón, con la espalda a una pared adornada con holoimágenes baratas. Sólo otras seis mesas estaban ocupadas, principalmente por parejas no humanas, y estaba atendido por tres torpes camareros humanos y un barman dug. Música jatz instrumental, apenas audible, flotaba en el aire que tenía una gran necesidad de ser reciclado.

Sidious adoptó una expresión inocente de ojos muy abiertos mientras se sentaba frente al sullustano. Empezaron a hablar de un modo general sobre los sucesos actuales y los asuntos del Senado, antes de que el intrigante llevara a la conversación hacia la necesidad de STP de la aprobación para expandir sus operaciones a lo largo de la Ruta de Comercio Rimma. Las bebidas y los entremeses fueron encargados una y otra vez y antes de que pasara mucho tiempo el interés de Palpatine empezó a menguar.

—Creo que puede usted haber sobrevalorado mi valía para STP —dijo al fin—. No soy más que la voz del regente de Naboo.

El sullustano movió su pequeña mano en un gesto de desprecio.

—Y yo creo que se infravalora. Su pequeño discurso en el Senado le puso en el mapa, senador. Los seres están hablando de usted. STP cree que puede serle usted de gran utilidad.

—Y a mí mismo, dijo usted.

—Naturalmente… —empezó el sullustano, pero Sidious le interrumpió.

—De hecho, no está aquí para reclutarme. —Moviendo la mano negligentemente, repitió—: No está usted aquí para reclutarme.

El sullustano parpadeó con confusión.

—De hecho, no estoy aquí realmente para reclutarle. —¿Entonces por qué estamos aquí?

—No sé porqué estamos aquí. Se me dieron instrucciones de que me reuniera con usted.

—¿Quién le dio las instrucciones? —Yo, yo…

Sidious decidió no presionarle demasiado duramente. —¿Qué estaba diciendo?

De nuevo el sullustano parpadeó.

—Estaba diciendo… ¿Qué estaba diciendo?

Ambos se rieron y tomaron un sorbo de sus bebidas. Al mismo tiempo, Sidious utilizó la Fuerza para mover el delantal de uno de los camareros justo lo suficiente como para revelar la empuñadura de la pequeña pistola láser oculta que el hombre llevaba en la cintura. Levantando su vaso para pedir que se lo llenaran, hizo lo mismo a otro de los camareros, cuyo delantal ocultaba un arma idéntica. Ambas habían sido fabricadas por BlasTech, pero no para consumo común. La serie E 1-9, llamada apropiadamente Patadaveloz, estaba disponible sólo para los miembros de élite de Seguridad Santhe, con cuartel general en Lianna.

—Habría hecho mejor en frenar —dijo con una torpeza a propósito—. Creo que estoy un poco mareado.

El comportamiento del sullustano cambió, aunque casi imperceptiblemente.

—Sólo necesita algo más de comida. —Deslizó un menú por la mesa—. Elija lo que desee. El precio no es un problema. —Se puso en pie—. Si me disculpa un momento, lo pediremos tan pronto como vuelva.

Sidious notó que el sullustano no era el único en ponerse en pie.

Bajo las órdenes en voz baja de los camareros, los clientes estaban pidiendo sus cuentas y saliendo. En unos momentos, él sería el único cliente del Brilloseda. Mientras se giraba ligeramente en su silla para mirar al rincón de la habitación, un escenario empezó a aparecer en su imaginación. El sullustano, la conexión de STP con Malastare, agentes de Seguridad Santhe, incluso el barman dug… Sus asuntos no eran con él sino con los Holdings Damask. No le estaban tendiendo una trampa para un alegato eventual de corrupción. Se estaba desarrollando un engaño muchísimo más siniestro y su interés se renovó inmediatamente.

Su primera idea fue que ellos habían intentado drogarle. Sus investigaciones de la brujería Sith le había enseñado cómo anular los efectos de muchas pócimas y venenos, una práctica que había llevado a cabo rutinariamente antes incluso de que se hubiera sentado a la mesa. Quizás, entonces, estaban esperando a que se derrumbara hacia delante y que perdiera la consciencia o que echara espuma por la boca y se estremeciera con espasmos…

Justo cuando estaba pensando que era su habilidad para actuar lo que iba a ser puesto a prueba, dos de los camareros se acercaron a él, mostrando ahora sus armas discretas pero poderosas.

—Alguien quiere tener unas palabras con usted, senador —dijo el más alto de la pareja.

—¿Aquí? —dijo Sidious con confusión aparente. El otro hizo gestos hacia una puerta.

—Por allí.

Sidious enmascaró su sonrisa: el Brilloseda tenía una sala trasera.

Se puso en pie torpemente, inclinándose deliberadamente hacia uno de los hombres de seguridad, evaluando su temperatura corporal, la velocidad de su corazón y su respiración.

—Estoy ligeramente borracho. Puedo tener que contar con usted para apoyarme. El hombre hizo un sonido de exasperación pero permitió que Sidious colocara un brazo en su hombro.

Qué fácil sería, pensó, mientras la oscuridad empezaba a elevarse en él, ardiente y

hambrienta, gritando por asumir el control de su cuerpo y liberarse a sí mismo, romperles

los cuellos a los dos, arrancarles sus corazones latiendo de sus pechos, lanzarles y pegarles contra las paredes, derrumbar todo el lugar de olor acre sobre sus cabezas…

Pero no lo hizo. Necesitaba reunirse con su secuestrador. Necesitaba descubrir los nombres de todos los responsables. Necesitaba probar ante su Maestro que era diestro y capaz, un auténtico Lord Sith.

La habitación trasera tenía una segunda puerta que se abrió a un corredor oscuro que llevaba hasta un antiguo turboascensor. Empujado hacia delante por los guardias, Sidious calculó la distancia que habían recorrido desde el Brilloseda al turboascensor. Guardó silencio cuando empezaron a elevarse y dedicó su atención a calcular su velocidad de subida. Estimó que se habían elevado cincuenta niveles cuando el turboascensor se detuvo, depositándoles en un corredor tan envejecido como el primero, aunque más ancho, embaldosado e iluminado por portalámparas en la pared. Quizás era un corredor de mantenimiento para las mónadas de arriba, aunque todavía demasiado abajo en lo que constituía lo más profundo de los subcimientos. Los hombres de Seguridad Santhe le guiaron hacia el norte a través de un tramo del suelo de permacreto manchado hasta una intersección donde un deslizador para cuatro personas estaba en ralentí, con un rodiano pesadamente armado en los controles.

Este no es de Santhe, se dijo a sí mismo Palpatine. Un mercenario o un asesino independiente.

Empujado toscamente hacia el asiento trasero del deslizador, se le recordó que no hiciera nada estúpido. Conteniendo el impulso de revelar que ellos ya lo habían hecho, continuó haciéndose el secuestrado intimidado, encogiéndose en el asiento, con las manos enlazadas en su regazo, evitando el contacto visual. El deslizador viajó hacia el este a una velocidad moderada hasta la primera intersección y entonces giró en dirección