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on el fin de poder ahondar, en capítulos posteriores, en la cotidianeidad costumbrista y gastronómica de los españoles renacentistas con una cierta intensidad y conocimiento, nos parece imprescindible traer a colación unos apuntes históricos de la sociedad, cultura, religiosidad y comercio de los siglos XVI y XVII.
Estas líneas no aspiran a convertirse en un instrumento de consulta para historiadores o biógrafos. Somos conscientes de las innumerables ausencias de personajes y acontecimientos de gran relevancia en la época, en contraposición con la presencia de anécdotas, quizás poco significativas, pero ilustrativas, con las que el lector se encontrará en las siguientes páginas.
Nos permitimos esta licencia ya que el propósito es el de aportar unas pautas que nos ayuden a conocer y entender mejor el comportamiento del
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español coetáneo a Cervantes.
A lo largo del siglo XVI España, sumida ya en un Estado de unidad
monárquica, alcanza el momento culminante de su trayectoria histórica,
proceso que viene gestándose desde tiempo atrás con el descubrimiento de América en 1.492.
La muerte del príncipe don Juan, hijo de Fernando e Isabel y las sucesivas defunciones de príncipes y princesas de la Casa Real Hispano- Portuguesa hicieron recaer la inmensa herencia de los Reyes Católicos en su hija Juana y a través de ella en la Casa de Habsburgo o Austria.
Durante la primera mitad del siglo XVI, de 1.516 a 1.556, reina en España Carlos I, y tras su retiro en Yuste, el Imperio Español pasará a manos de su hijo Felipe II298.
Esta plenitud se refleja no sólo en el aspecto económico y de organización nacional, sino también, cómo no, en un relanzamiento cultural
que tiempo después fue denominado “Siglo de Oro Español”.
Aunque el modelo español de Estado, como unidad económica, política y social de todos sus Reinos se larva ya en el reinado de los Reyes Católicos, en el siglo XVI España presenta una forma política peculiar que contiene al mismo tiempo características de unidad y pluralidad299.
Así, por una parte, el monarca y el Sistema de Consejos que residen en la Corte, aunque gobiernan la nación, poseen un poder que varía considerablemente de un reino a otro según sean sus fueros y leyes específicas.
Esta dualidad entre unidad y pluralidad se extiende de forma significativa también al terreno económico y social. Castilla se convierte en el centro del Reino, sujeta a la Corte, asume la responsabilidad de la colonización de América y es eje fundamental en la idea imperial de Carlos I.
Por otro lado, Valencia surge como el Reino adyacente con más vigor por su situación geográfica, linda por completo con el mar, y gracias también a
298
Roa, M. [èt al] . Geografía e Historia en España y los países hispanos. Madrid. Didascalia. 1.981. p. 162.
299 Vázquez de Prada, V. Introducción al volumen VI de Historia General de España y América. Coord. Menéndez Pidal,
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las guerras internas entre las familias nobles de Cataluña y Aragón.
Navarra, por su parte, se integra en el nuevo Estado aunque mantiene gran parte de su autonomía mediante la implantación de fueros específicos, los cuales, marcan significativamente los límites legales de la actuación del Rey en este territorio300.
El papel dirigente de Castilla se ilustra en la expansión de su lengua y cultura que penetran de forma desigual en los distintos territorios del Estado, en Cataluña, Valencia, Baleares y las provincias Vascongadas; coexisten lenguas autóctonas que aún hoy perduran.
Cervantes da muestras de esta convivencia de lenguas, en algunos
pasajes del segundo libro del Quijote durante su viaje a Barcelona y dentro del
capítulo LX301, cuando se encuentra con el grupo de bandoleros capitaneados
por Roque Guinart, personaje que, aparentemente recrea al verdadero Perot Rocaguinarda salteador de caminos catalán con el que Cervantes tuvo un encuentro real:
"Al parecer alzaron los ojos, y vieron los racimos de aquellos árboles, que eran cuerpos de bandoleros. Ya, en esto, amanecía, y si los muertos los habían espantado, no menos los atribularon más de cuarenta bandoleros vivos que de improviso les rodearon, diciéndoles en lengua catalana que estuviesen quedos, y se detuviesen, hasta que llegase su capitán."
La mayor obra de la narrativa medieval en lengua catalana fue el Tirant
lo Blanc, de Joanot Martorell, curiosamente la única novela de caballería que
se salva del fuego en la quema de la biblioteca de Alonso Quijano302:
"Válame Dios dijo el cura, dando una gran voz; ¡que aquí esté Tirante Blanco! Dádmele acá, compadre, que hago cuenta que he hallado en él un tesoro de contento y una mina de pasatiempos. Aquí está don Kirieleison de Montalván, valeroso caballero, y su hermano Tomás de Montalván y el caballero Fonseca,
300
Eloy Gelaber, J. Historia de España. Vol. V. El Siglo de Oro. Siglo XVI. Capitulo economía y sociedad. Barcelona. Planeta. 1.988.
301
Cervantes S, M. de. El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Edición IV Centenario. Madrid. Ediciones Castilla. p. 877.
302
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con la batalla que el valiente de Tirante hizo con Alano, y las agudezas de la doncella Placer de mi vida, con los amores y embustes de la viuda Reposada, y la señora emperatriz enamorada de Hipólito su escudero. Dígoos verdad, señor compadre, que por su estilo es este el mejor libro del mundo; aquí comen los caballeros, y duermen y mueren en sus camas, y hacen testamento antes de su muerte, con otras cosas de que todos los demás libros de este género carecen. Con todo eso, os digo que merecía el que lo compuso, pues no hizo tantas necedades de industria, que le echaran a galeras por todos los días de su vida. Llevadle a casa y leedle, y veréis que es verdad cuanto de él os he dicho."
La organización política del Estado303 reside en el Rey, el cual se servía de varios secretarios personales o de consejeros particulares, escogidos a su arbitrio entre los nobles o las dignidades eclesiásticas.
El poder civil y judicial del reino residía en los Consejos, directamente sometidos al monarca. El Consejo Real y Supremo de Castilla es el de mayor importancia y el más favorecido por el Rey. En él se entendía de las cuestiones de administración, tanto civil como de abastecimiento de provisiones para los pueblos, vigilancia de la Mesta y fundaciones de Universidades, Conventos u Hospitales. Junto a éste, existen Consejos especiales que rigen la Administración Civil y Jurídica en los territorios de las Indias, Flandes y Aragón.
El Consejo de Estado, que data de 1.526, fue instituido por Carlos I para resolver las competencias sobre negocios políticos y relaciones con el extranjero. Paralelamente a éstos, el panorama administrativo español lo concluyen el Consejo de Hacienda, el de la Guerra, y el Consejo de las Órdenes. Este último encargado de velar por los intereses de los integrantes de las órdenes militares de Santiago, Alcántara y Calatrava.
Con Carlos I de España y V de Alemania, nuestro país es pieza fundamental en el Imperio católico-europeo de los Austrias. Este hecho aparentemente beneficioso es, entre otras causas, culpable de la posterior decadencia española, ya que mientras la España de los Reyes Católicos
303 Pfandl, L. Introducción al Siglo de Oro. Cultura y Costumbres del pueblo español de los siglos XVI y XVII. Madrid.
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encontraba su fuerza en el aumento demográfico y en el desarrollo económico, el creciente empeño imperial iría produciendo en el país una situación cada vez más catastrófica.
Los sacrificios económicos, que alteraron gravemente la Hacienda Real, y la tensión bélica continua, mantenida en el empeño de salvar la unidad católica europea, determinaron el fracaso de los objetivos de la política interior supeditados a los altos intereses de la política internacional de la dinastía, apoyada por parte de los españoles durante casi todo el siglo XVI304.
Por esto, tras el periodo de esplendor colonial España, y fundamentalmente Castilla, entran a finales del siglo XVI y durante el XVII, en una etapa de decadencia política, económica y social.
Las pestes, la expulsión de los moriscos y las devastaciones bélicas, producen una disminución demográfica de la meseta. El campo castellano se hunde en la miseria debido a la presión fiscal de la Corona; el campesino habiendo perdido lo poco que poseía acaba convertido en mendigo, tal y como recoge este texto presentado al rey en 1.598 por parte de los procuradores en Cortes305:
“Y siendo, como queda dicho, el número de labradores muy menor que solía, los tributos han sido y son mayores, y es claro que las rentas reales antiguas han tenido mucho aumento y se han criado otras de nuevo; pues esto, repartido entre menor número de personas, de necesidad les ha de caber de mayor parte, que por no la poder pagar a sus plazos, se dan jueces con días y salarios que lo vayan a cobrar. Y el triste que no pudo pagar cien reales de principal, le fuerzan a que pague trescientos y molestan y tratan para cobrar con mas inhumanidad que si fuesen enemigos, haciéndole vender el pan que ha de sembrar, o los bueyes con que ha de arar, o el ganado con que se ha de sustentar, y queda acabado y hecho mendigo."
Esta etapa se caracteriza por un movimiento poblacional del centro a la periferia, con una corriente norte-sur. Así, mientras Castilla y Andalucía pierden
304
Maravall Casesnoves, J. A. Las Comunidades de Castilla. Una primera revolución moderna. En Revista de Occidente. Madrid. Alianza Editorial S.A. 1.979.
305 Fernández Álvarez, M. Sociedad Española del Renacimiento. Segunda edición. Madrid. Editora Nacional S. A. 1.974.
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en torno a los dos millones de habitantes, las zonas cántabras y mediterráneas ven aumentada su población, sobre todo durante el siglo XVII.
Las causas de esta variación poblacional, no se basa en la disponibilidad de alimentos306, sino que las razones parecen recaer en las erróneas políticas económicas durante los reinados de Felipe II, Felipe IV y Carlos II307. Estos errores estriban en el exceso y la desigual distribución de la presión fiscal que cargaba a los campesinos como base de estos impuestos, así como la bajada de la calidad de las manufacturas de estas ciudades, respecto a las europeas308.
Simultáneamente, la expulsión de los moriscos en 1.609 dejaba otros vacíos demográficos en ciertas zonas de la península309.
Estos movimientos poblacionales, pudieron influir en la dieta de los españoles, estableciéndose una sinergia entre las diferentes formas de comer de los que llegaban con los habitantes de los pueblos que los acogían.
El principio económico fundamental, tal y como lo entendían los soberanos de la Casa de los Austrias y sus consejeros, se apoyaba en la creencia absoluta de que toda la fuerza financiera de una nación radica en la posesión de dinero en metálico.
Esta concepción económica, conlleva la prohibición de la exportación de metales preciosos fuera de nuestras fronteras, con la excepción de costear las campañas bélicas, lo que no reportaba a la nación ninguna clase de valores utilizables como moneda de cambio.
Las inmensas importaciones de oro y plata que llegan por las rutas marítimas de las colonias a la metrópoli producen una depresión de su valor y su poder adquisitivo. A esto se une una decadencia de la industria indígena, la opresión de la ciudadanía y la ruina de la agricultura, en lo que se ha dado en
306
Son varios los autores que soportan esta idea: García Sanz, A., Pérez Moreda, V. Análisis histórico de una crisis demográfica: Villacastin de 1466 a 1800. Estudios segovianos. 1.972. p. 70. García Sanz, A. Desarrollo y crisis del Antiguo Régimen en Castilla la Vieja. Economía y sociedad en tierras de Segovia (1.500 - 1.814). Madrid. 1.977. p. 137. Pérez Moreda, V. Las crisis de mortalidad en la España interior. Siglos XVI - XIX. Madrid. Siglo XXI.1.980. p. 65.
307
Nadal i Oller, J. La población española durante los siglos XVI, XVII y XVIII. Un balance a escala regional. En Pérez Moreda, V. y Reher, D.S. Demografía histórica de España. Madrid. 1.988. p. 346.
308
Camps i Cura, E. Las migraciones locales en España, Siglos XVI - XIX. Boletín de la Asociación de Demografía Histórica. Vol. XI (I). 1.993. p. 27.
309
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llamar “la maldición del oro de las Indias310”.
En el siglo XVI, la sociedad descansa sobre un doble principio: el estamental y la jerarquización. Los estamentos estaban determinados por la Ley creando así dos estados, el nobiliario que posee todo tipo de privilegios, y el “estado llano” o de los percheros cuya función es la de producir para todos311.
Junto a ellos, conviven el clero, de gran poder de influencia sobre la Corona, y una clase nueva: la burguesía, que surge como fruto del esplendor económico e industrial de principios del siglo XVI.
Aún dentro de estos estamentos las diferencias están muy acusadas. Entre los nobles, por ejemplo, los status están bien diferenciados, se distinguen entre grandes y títulos, con un claro deslinde de los privilegios, atributos y competencias sociales entre unos y otros.
Existen fuertes singularidades que caracterizan la sociedad española del siglo XVI. Junto a la división social ya enunciada, debemos incluir la existencia en esta época de la esclavitud312. Estas diferencias tan acusadas tienen su origen en el linaje y son consideradas como propias de la naturaleza humana, y protegidas por la ley.
En la literatura española de esta época podemos encontrar con frecuencia la existencia de estos esclavos tanto en la península como en tierras de ultramar. Cervantes lo relata en El Celoso Extremeño, una de sus novelas ejemplares313:
“Compró un rico menaje para adornar la casa, de modo que por tapicerías, estrados y doseles ricos, mostraba ser de un gran señor; compró asimismo cuatro esclavas blancas, y herrólas en el rostro, y otras dos negras bozales.”
En otra de sus obras El Quijote, Cervantes dio suelta a los galeotes en
310
Pfandl, L. Introducción al Siglo de Oro. Cultura y Costumbres del pueblo español de los siglos XVI y XVII. Madrid. Visor Libros. 1.994. pp. 76-77.
311
Amelang, J. S. La formación de una clase dirigente: Barcelona 1.490-1.714. Barcelona. Ariel. 1.986.
312
Fernández Álvarez, M. Sociedad Española del Renacimiento. Madrid. Editora Nacional S. A. 1.974. pp. 156 y ss.
313 Cervantes Saavedra, M. de. El Celoso Extremeño. En Miguel de Cervantes. Obras Completas. Madrid. Aguilar.
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el camino que conducía a su esclavitud en galeras y no duda en formular la más tremenda de las preguntas durante la visita a las naves abarloadas en el puerto de Barcelona314:
"¿Qué han hecho esos desdichados, que ansí los azotan? ¿Y cómo este hombre solo, que anda por aquí silbando, tiene atrevimiento para azotar a tanta gente?".
Cervantes recoge muchas de las distintas jerarquías sociales existentes, caracterizando diferentes personajes de éstas en su obra literaria. Lo que nos puede hacer entender las actitudes de los integrantes de estos estratos sociales.
Obviamente, hay que tener presente que Cervantes, como muchos autores literarios, presenta grandes dosis de ironía en sus obras, que le llevan a exagerar las actitudes de sus personajes.
El consumo de bienes alimenticios procede, como no puede ser de otra forma, de la agricultura y la ganadería, al constituir “la base de la producción y de la renta”, como señala Larroque a propósito del Quijote315. Esto se aprecia en la numerosa serie de profesionales dedicados al cultivo de la tierra, al cuidado del ganado o al transporte de esa producción agropecuaria que con distinto grado de jerarquía aparecen en la obra cervantina.
Encontramos labradores ricos como el del “verde gabán”, en
contraposición al mozo que sale de madrugada con su yunta de mulas a trabajar la tierra de su amo, seguramente un rico labrador, con el que se encuentra Don Quijote y Sancho a su entrada en el Toboso, a la hora de preguntar por el palacio de Dulcinea.
Paralelamente se registran en la obra de Cervantes variedad de empleados, ya sean de la administración, dedicados al cuidado de la salud,
314
Cervantes Saavedra, M.de. El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Madrid. Castilla S.A. 1.966. p. 911.
315 Larroque, L. La economía del Quijote. En Revista de occidente. nº. 224. Madrid. Fundación José Ortega y
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o en oficios de tipo artesanal, a semejanza de lo que hoy conocemos como profesiones liberales.
Algunos de estos profesionales cobran protagonismo en distintas obras de Cervantes o en episodios concretos en ellas, como el barbero del Quijote o diversos sastres de las Novelas Ejemplares.
En el Persiles, en cambio, abundan los personajes que no necesitan
trabajar dada su condición social, príncipes, caballeros o gente cortesana, como Clodio o Rosamunda. Aunque también los hay que precisan ganar el jornal para salir adelante como el italiano Rutilio, por ejemplo, maestro de danza en Italia, que se ve obligado a ejercer la profesión de platero, tras muchos avatares de la novela.
Y aún Cervantes nos presenta en alguna de sus obras a quienes viven de las rentas de un oficio, tras haber sido cumplidamente comprado. Todo un caleidoscopio de situaciones sociales que conforman la rica vida en el Renacimiento español.
Si a esto añadimos un ingente ejército de mendigos y un amplio número de esclavos ya mencionados, se puede comprender que entre la riqueza de los poderosos y la miseria de los más pobres los contrastes eran tremendos.
Este hecho se agrava particularmente con algunos estamentos como los gitanos, a los que Cervantes se refiere así al comienzo de su novela La Gitanilla316:
"Parece que los gitanos y gitanas solamente nacieron en el mundo para ser ladrones: nacen de padres ladrones, críanse con ladrones, estudian para ladrones y, finalmente, salen con ser ladrones corrientes y molientes a todo ruedo; y la gana del hurtar y el hurtar son en ellos como acidentes inseparables, que no se quitan sino con la muerte.
Una, pues, desta nación, gitana vieja, que podía ser jubilada en la ciencia de Caco, crió una muchacha en nombre de nieta suya, a quien puso nombre Preciosa, y a quien enseñó todas sus gitanerías y modos de embelecos y trazas de hurtar."
316 Cervantes Saavedra, M. de. La Gitanilla. En Miguel de Cervantes. Obras Completas. Madrid. Aguilar. 1.964. p.
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Sólo con comenzar a leer la Novela de la Gitanilla, Miguel de Cervantes nos presenta el tópico existente referente a este grupo. Ser gitano implica ser habilidoso en el arte del hurto, pero otro arte también típico de los gitanos era y es su donaire en el baile y el canto. Con ello, introduce al personaje principal, Preciosa, una gitana criada por una vieja que la adoptó como nieta, quien quiso enseñarle a defenderse aprendiendo a robar y todas aquellas técnicas necesarias para una mejor supervivencia.
Los pícaros, además, circulan por doquier en los mentideros y otros lugares donde planean sus fechorías. Así le relata uno de los venteros al
caballero andante317, cuando le explica las escuelas de su aprendizaje en sus
años de mocedad:
" Los Percheles de Málaga, Islas de Riarán, Compás de Sevilla, Azoguejo de