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Research strategy and methods

Chapter 3. Methodology

3.2 Research strategy and methods

Las repercusiones que tuvieron el imperialismo y sus cómplices domésticos sobre la Ciencia, los Científicos y sus Instituciones, fueron evidentes en la región con la reproducción de los golpes cívico-militares-eclesiásticos de los años 1970s. En la Argentina –como en otros países de Latinoamérica y resto del mundo–, las bases que confluirían y darían fundamento a la futura imposición de la ideología neoliberal, se enmarcan en la estrategia del Consenso de Washington (Recuadro 1-12) (899, 900), en las tácticas del Plan Cóndor (Recuadro 1-13) (641, 682)

y de la Doctrina de la Seguridad Nacional (176, 236, 639, 716), estallando en el llamado Proceso de

Reorganización Nacional (1976-1983), que no fue un “proceso”, ni fue “reorganización”, ni mucho menos “nacional”. Tampoco fue un golpe de estado más. Por el contrario, junto con los contemporáneos de Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, El Salvador, Paraguay, Perú, Uruguay, fueron los más arrasadores, sanguinarios y genocidas golpes cívico-militares-eclesiásticos en la historia de la región. También sobre estos casus belli se ha explayado una profusa bibliografía y filmografía en los países de la región con sus matices específicos, incluyendo la horrorosa y nada colateral Guerra de las Malvinas (1982) (394).

Recuadro 1-12.

Los Diez Puntos del Consenso de Washington(899, 900)

1. Disciplina en la política fiscal, enfocada en evitar déficits fiscales.

2. Redirección del gasto público en subsidios con mayor inversión en los puntos claves para el desarrollo. 3. Reforma tributaria, ampliando la base y adoptando tipos impositivos marginales moderados.

4. Tasas de interés determinadas por el mercado y positivas (pero moderadas) en términos reales. 5. Tipos de cambio competitivos.

6. Liberación del comercio y las importaciones, eliminando las restricciones cuantitativas, licencias, etc., y cualquier protección comercial, con aranceles bajos.

7. Liberalización de las barreras a la inversión extranjera directa. 8. Privatización de las empresas estatales.

9. Abolición de regulaciones que impidan acceso al mercado o restrinjan la competencia, y supervisión de entidades financieras.

10.Seguridad jurídica para los derechos de propiedad, con base en legislación y jurisprudencia de EE.UU. Recuadro 1-13.

El Plan Cóndor (Operativo Cóndor)(641, 682)

El Plan Cóndor fue una operación de vigilancia, detención, tortura, muerte y desaparición de personas consideradas “subversivas” o no compatibles con el pensamiento político de los EE.UU. y de las dictaduras cívico- militares del cono sur Latinoamericano durante la década de 1970 ampliada.

Fueron integrantes del Plan Cóndor, los gobiernos de facto de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela, bajo la tutela y coordinación de los EE.UU.

Las víctimas de este plan, contando solamente los llamados “archivos del horror” descubiertos en Paraguay en 1992, ascenderían a más de 400.000 personas presas, 50.000 asesinadas y 30.000 desaparecidas. Entre ellos, un número significativo de científicos, escritores, cantantes, autores, artistas y otras categorías de la cultura, y miles más que debieron exiliarse para preservar su vida.

Tal como había ocurrido en anteriores dictaduras, durante este período se produjo la mayor fuga de cerebros y por más largo tiempo. La mayoría de ellos aún permanece en el extranjero y, por motivos diversos –edad, familia, arraigo o muerte natural– no volverían. Es conocido y documentado que en la Argentina (solo una muestra), además de los 30.000 desaparecidos y centenares de neonatos y niños apropiados por los genocidas (con y sin uniforme), varios miles de científicos y una cantidad similar de artistas, escritores, cantantes, autores y otra gente de la cultura debieron expatriarse para salvaguardar su libertad y su vida. Naturalmente, durante los procesos militares, las Universidades Públicas Nacionales tuvieron como Rectores y Decanos de sus Facultades a Coroneles, Brigadieres y Almirantes, y las instituciones científicas del estado estuvieron a cargo de sus cofrades civiles. Frente a esta realidad, está demás cualquier comentario sobre la excelencia académica y la libertad intelectual experimentada durante esas etapas.

La década de 1973 a 1983, abarcó desde una inicial esperanza democrática hasta una ulterior vorágine de horror, donde la ciencia y la academia no fueron ajenas. El corto paréntesis civil inicial, condicionado por proscripciones y escurrimientos ideológicos, no fue brillante para la CyT. Su nuevo organismo rector, la Secretaria de CyT (SECYT), cambió cinco veces su denominación y dependencia, así como diez autoridades que nunca completaron su mandato. El CONICET, luego de la muerte de B. Houssay en 1971, también mutó de autoridades, dependencias e intervenciones. La proporción del presupuesto para la SECYT bajó del 8,8% en 1973 al 2,3% en 1982, y el de Universidades del 27,9% al 8,3%, mientras en la selectiva reestructuración del INTA, destinada a favorecer a las corporaciones terratenientes, se mantuvo entre 25 y 40%, lo que también explica el aumento relativo de la inversión en CyT con relación al PBI (0,28% al 0,40%) (203, 304, 430).

Las Universidades, el CONICET y la SECYT, organismos “potencialmente subversivos”, pasaron a depender del Ministerio de Educación, y gran parte de las cúpulas académico- universitarias fueron ocupadas por una rancia y tradicional estirpe católico-conservadora. Así, desde el Rectorado de la Universidad de Buenos aires (solo una muestra) se inició la “eliminación del desorden” y “su depuración ideológica”. El poder de facto en el Ministerio de Educación de Córdoba, imitando a la dictadura griega, prohibió la Matemática Moderna y Teoría de Conjuntos por incluir “terminología subversiva” [vector, matriz, conjunto] (¡SIC!).

El avance de la ultraderecha y de los grupos parapoliciales, con el cuartelazo para “aniquilar la subversión”, es decir cualquier rebeldía del campo laboral, educativo y cultural, sentaron las bases del feroz Terrorismo de Estado. Así, el golpe de marzo de 1976, bajo el eufemismo de Proceso de Reorganización Nacional, fue solo un trámite esperado y consentido por parte de la sociedad, que volvía a confiar en los que, desde los años 1930s, fueron periódicamente considerados los renovados “salvadores de la patria”. La añeja Doctrina de la Seguridad Nacional y el novel neoliberalismo (609) llegaban para quedarse.

Entre los vaivenes político-castrenses locales y el modelo institucional internacional (ONU, UNESCO, OCDE, OEA), la CyT nacional se configuró bajo la estrecha supervisión de EE.UU. y sin disimulada coacción para su adopción. Bajo ese paradigma, sin abandonar el discurso del desarrollo científico y la transferencia de conocimientos, un tercio de las actividades científicas siguió en la órbita de la investigación básica, el 40% del personal sirvió en el área de ciencias médicas y más del 30% de los proyectos se aplicaron a la adquisición de conocimientos. También se destacó la atomización institucional, con 30% de los institutos del

CONICET formados por 5 o menos científicos, escaso apoyo económico y gran concentración metropolitana que incluía el 30% de los laboratorios y la mitad de los recursos financieros.

Como en la década anterior, los relevamientos impulsados por organismos internacionales revelaron deficiencias y reiteraron críticas a la CyT. Sin embargo, no se cambió la dependencia ideológica dominante en la estrategia de crecimiento o de modelo de desarrollo con fuerte impronta economicista. Aun así, emergieron grupos que intentaron desacralizar la ciencia y cuestionar el “modelo lineal”, según el cual la ciencia básica es seguida “naturalmente” por la investigación aplicada, el desarrollo, la innovación tecnológica y el bienestar social, bases de la conocida Teoría del Derrame que el neoliberalismo terminaría de instalar con toda su fuerza a partir de las siguientes décadas.

Al actualizar previas estrategias, hacia el final del período y siempre con carácter retórico, se volvieron a considerar las prioridades regionales, los recursos naturales, etc. No obstante, en la dimensión política práctica, se establecieron condiciones para crear o modificar universidades bajo el modelo de las Research Universities estadounidenses con sistemas departamentalizados, creación de Campus, inserción en el aparato productivo y matrícula limitada a no más de 20 mil estudiantes. Es decir, cambios de forma sin modificaciones de fondo, pero que eran convergentes para el mejor control físico e ideológico de la Ciencia, los Científicos y sus Instituciones.

Parte de la jerga institucional de la época fueron los Programas Prioritarios, Programas Orientados, Programas Libres, Programas Nacionales…, de Tecnologías varias, de Electrónicas y anexos, de Enfermedades Endémicas diversas, de Viviendas y afines, de Energías no Convencionales, de Radiopropagación, de Recursos Naturales Renovables, de Petroquímica, de Biotecnología, de Ingeniería Genética y, la última moda, los Programas de Transferencia

(304, 430). Muy pocos de ellos fueron genuinamente productivos. También se “descubrió” (con

varios lustros de atraso) la idea del trabajo multidisciplinario, sin que ello fuese óbice para que, apoyados en ese discurso, muchos investigadores siguieran trabajando cada uno en su propio y reducido “nicho ecológico”.

Con el transcurso del tiempo, entre el eufemismo, la ambigüedad y el repertorio pseudo- científico, se pretendió convencer a los investigadores (¡¡y a la sociedad!!) de las bondades y factibilidad automática de trasladar el conocimiento a las empresas e industrias privadas nacionales…, que casi no existían y que nunca le habían pedido a la CyT vernácula su intervención para resolver problemas. El científico en su laboratorio, a la hora de solicitar financiación para desarrollar investigaciones, aunque su proyecto contemplara estudiar El Spin Anti-horario del Electrón en el Átomo de Hidrógeno, tenía que congraciar su proyecto proponiendo una “aplicación”, so pena de no recibir una moneda. Esto no fue diferente a lo que había ocurrido en los años iniciales de este período, cuando todo investigador que se respetara debía estudiar (algo) sobre la Enfermedad de Chagas, caso contrario sería tildado de anti- patriota y no recibiría un peso para su trabajo. (Vale considerar que, actualmente, sigue habiendo en la Argentina los históricos 3 millones de enfermos Chagásicos).

Es obvio (para el que quiera verlo), que el vaciamiento de la CyT del seno de las universidades, así como el descalabro que se intenta resumir, no respondió sólo a la ineficiencia de la gestión. En las complejas y cambiantes tensiones de este atroz decenio, la relación de fuerzas internas al poder fáctico quedaron dirimidas desde el primer momento, entre una facción que pugnaba por un Superministerio de Planificación y otra que implantaría el Superministerio

de Economía, con los conocidos resultados sobre la imposición neoliberal que sería redundante repetir (304, 430). Mientras tanto, las segundas y terceras líneas de mando de la CyT seguían

configuradas, no sin conflictos y pese a los discursos aperturistas, dentro la órbita de la “ciencia libre y autónoma tradicional”, ahora de la mano de muchos “nietos y bisnietos académicos de Bernardo Houssay”, que lograron adaptarse y sobrevivir.