Carrasco (2001), esto genera mayor seguridad en los estudiantes, quienes creen en sí
mismos y manifiestan deseo de continuar leyendo. Si el alumno se encuentra solo, en
un ejercicio de lectura mental, manifiesta concentración e interés por querer continuar y
si se encuentra en una actividad grupal, de lectura oral, se crea un ambiente agradable
donde todos los actores del proceso desean participar, inclusive el maestro. En cambio,
cuando el alumno no comprende lo que lee, se percibe la manifestación de inseguridad,
aburrimiento y hasta apatía por la lectura.
A través de la lectura se genera un espacio de significados dialogados que
constituirán la mente del lector porque pensar es dialogar consigo mismo Carrasco, (2001), por lo tanto si escribir es plasmar la reflexión interior, leer es desplegar en uno mismo la reflexión del otro que significa lo escrito, siguiendo un proceso en el que se
entrelazan los argumentos propios con los de otros y creando la trama mental al
relacionar los significados, es decir, las lecturas, Sacristán (1992), de ahí se puede
reflexionar en cómo la lectura se convierte en un diálogo permanente entre el lector y el
autor del texto.
Como lo sostiene Pérez (2005) el interés por la comprensión lectora no es nuevo,
acceder a diferentes tipos de lectura, sea para recrearse o para ilustrarse. La
competencia lectora hacer referencia al uso del lenguaje como instrumento para la
comunicación oral y escrita, de representación, interpretación y comprensión de la
realidad; de construir y organizar el conocimiento y autorregular el pensamiento, las
emociones y asimismo la conducta.
Si a los estudiantes no se les ha trabajado en la educación básica primaria la
comprensión lectora, es muy posible que en la básica secundaria presenten dificultades
para extraer ideas principales y secundarias o la creación de mapas conceptuales a partir
de la lectura comprensiva de un texto y es muy probable, que al alumnado no se le haya
orientado una serie de estrategias y técnicas que le ayuden a afrontar este problema.
2.2.3.1. El tipo de Literatura. Dentro de los tipos de textos se encuentran los
textos literarios que desde la asignatura de Lengua castellana aportan a los estudiantes
conocimientos culturales de los diferentes lugares del universo, además, invita a los
lectores, específicamente a los jóvenes del grado noveno, a viajar con su imaginación y a
vivir experiencias enriquecedoras, de esta manera, se puede percibir que es importante
tener conocimiento sobre los diferentes tipos de literatura, a la hora de sugerir la lectura
a los alumnos para acertar, por una parte en los conocimientos que deben adquirir a
través de la misma y por la otra a generar motivación en ellos, de ahí que se debe tener
en cuenta su opinión y su propuesta literaria. Dentro de esta clasificación se encuentra la
literatura de masas, la literatura de consumo y la literatura canónica (Jordà, 2009).
sencilla; de ahí que generalmente la literatura de masas al comienzo se identifica como
literatura de consumo, sin embargo se debe resaltar que este tipo de literatura es la que
más le llama la atención a los niños y jóvenes (Soto, 2012). La literatura de consumo,
por su parte, persuade sobre situaciones asociadas a la moda o a situaciones históricas
del momento, por ejemplo el mundial de futbol, generando una gran cantidad de
productos literarios que repiten la misma fórmula, abordan los mismos temas o explotan
los mismos personajes. Suelen ser libros con escasa entidad literaria, carentes de
imaginación y de tradición, escritos para no releerse y con tendencia a moralejas obvias
(Pagés, 2009). En la literatura de consumo y la literatura de masas, el escritor busca con
sus mensajes, su estilo y su propuesta motivar al lector, para obtener así sus propios
beneficios.
En la Literatura clásica, el escritor ofrece visión del mundo, en ocasiones complejo
para el lector, buscando siempre que entienda el mensaje que quiere transmitir, aunque
esa búsqueda muchas veces se convierte en deseos de dar a conocer la historia de una
región o en testimonio de una época. Desde esta perspectiva, se puede inferir que,
mientras la subliteratura está más pensada para el entretenimiento y la complacencia del
público, la literatura clásica, tiene un objetivo y compromiso con las intenciones y la
versión del mundo que su autor desea ofrecer, sin embargo, y en esta línea, no puede
afirmarse que toda la literatura de consumo deba ser considerada como subliteratura.
Hay ciertas excepciones.
Un ejemplo interesante es El Señor de los Anillos, del autor británico, Tolkien, 1954,
jóvenes lo cual generó en que la versión cinematográfica de la obra, se convirtiera en
uno de los éxitos más importantes de la historia del cine. No obstante, la obra de Tolkien
ha gozado del reconocimiento de un sector importante de la crítica, que valora el aporte
del autor a la recuperación de tradiciones mitológicas europeas así como la creación de
un Mundo de referencia, la tierra Media, cuyo valor alegórico muchos críticos reconocen
(Willis, 1999; Lewis, 2004). El carácter de literatura de consumo con que se ha
señalado a la trilogía de El Señor de los anillos, se produce luego de haber alcanzado
cierto reconocimiento entre quienes reconocen y valoran la literatura clásica.
Un caso similar ocurrió también con Las Crónicas de Narnia (Martos, 2009), que no
fue concebida por su autor con el propósito de que llegara al gran público. La obra está
rebasada de un profundo espíritu católico que el autor quería transmitir y que no hallaba
en la literatura infantil que tenía disponible (Lewis 2005). De lo anterior se puede
reflexionar sobre la necesidad de no catalogar todos estos textos dentro de la
subliteratura, porque no merecen la misma calificación, es decir, así como se encuentran
obras que se repiten y se publicitan repetidamente para garantizar el éxito, existe la
producción literaria de calidad con elevados estándares artísticos y una dosis importante
de originalidad, como se puede reconocer en las obras antes mencionadas, otros tipos de
textos literarios que presentan las mismas características son Harry Potter y el Código
da Vinci, entre otros.
Respecto al territorio que ocupa la subliteratura en los intereses de los lectores, según
completos, que van desde el comic, la novela rosa, la literatura de terror, la literatura
fantástica, la literatura de auto-superación hasta las revistas de farándula.
Es un tema de discusión el que se presenta generalmente entre maestros de lengua
castellana para definir si se está en contra o a favor de la subliteratura, para lo cual Soto,
(2012) concluye que puede ser que en un sentido estricto, la subliteratura no sea arte,
pero es, finalmente, la literatura que los niños y los jóvenes más leen, sin embargo, es
fundamental no desconocer el tema de la necesidad de preparar a los estudiantes para las
pruebas Saber, evaluación donde, generalmente le aplican al estudiante textos de
literatura clásica, en consecuencia se puede sugerir la práctica de los diferentes tipos de
literatura para alcanzar el autoaprendizaje y la motivación constante.