5 STRUCTURAL TESTING AND RESPONSE
5.2.5 Results and Discussion
Leímos la propuesta semántica de Frege, y sus consideraciones sobre la deixis. Leímos los argumentos críticos de Perry. Intentamos entender su postura crítica. Luego leímos a Evans, con él creímos responder a Perry. Ahora, después de haber presentado el debate, los argumentos, las tesis y las objeciones, lo que parece que deberíamos hacer es tomar una posición. Es afirmar o que Evans ha resuelto el debate, y ha salvado a Frege de las garras críticas de Perry; o que Evans no ha logrado su cometido y que, en efecto, un enfoque fregeano es inadecuado para explicar el significado de los deícticos. Pues bien, nuestra propuesta es la siguiente: Evans no ha salvado a Frege de las críticas de Perry. Pero de ello no se sigue que la crítica sea totalmente exitosa. En realidad, creemos que la crítica está basada en un supuesto que Frege nunca admitiría, a saber, que los deícticos tienen cabida y que interesan en su proyecto.
El lenguaje que a Frege ocupa, el que propone desde la Conceptografía, no es el lenguaje natural. Es un lenguaje que funciona para algo muy preciso: para hacer evidente el contenido de los enunciados que determina las relaciones inferenciales (Frege 1879). Su búsqueda y su pregunta son por una teoría para la inferencia formalmente válida. Teoría que esté a la base de una fundamentación para la matemática, para sus verdades.
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Frege propone fundamentar la aritmética en la lógica. Esta última se encarga de decretar las leyes de lo que es verdad. Eso que puede ser verdad es el pensamiento. Así, la tarea de la lógica es hacer evidentes las leyes por las cuales se atribuye verdad a un pensamiento, en virtud de sus relaciones inferenciales con otros pensamientos, es decir las leyes de la inferencia deductiva formalmente válida. He ahí el interés teórico de Frege.
No hay que perder de vista que la propuesta fregeana versa sobre la verdad en las ciencias, específicamente en la matemática. Por tanto, los pensamientos que le interesan son los atemporales y eternos. Distintos a los que tienen restricciones temporales. En ese orden de ideas, a Frege no le interesaría la circunstancia, el aquí y el ahora. Mucho menos los deícticos, si son términos ambiguos del lenguaje natural, que expresan contextualidad, singularidad. Sus preguntas filosóficas son acerca de las verdades de la matemática, acerca de las leyes de lo verdadero. Pero en medio de esas preguntas Frege tiene que vérselas con el lenguaje. Porque sólo por medio de él tenemos acceso al pensamiento, a lo que es verdadero. No obstante, su interés no es construir una teoría del significado para el lenguaje natural. Su interés es develar lo que éste oculta y vuelve ambiguo. Para ello, Frege propone su notación conceptual, sus nociones, sus teorías.
Frege se pregunta por el pensamiento. Por aquello que es verdadero o que es falso. Esa verdad y esa falsedad no son relativas, no dependen de los sujetos que puedan acceder a ese pensamiento por medio del lenguaje. El pensamiento no depende del hecho de ser pensado. Es, en eso, distinto a la representación. A nuestro modo de ver, las escasas consideraciones sobre la deixis aparecen justamente cuando Frege está mostrando ésto. Dichas consideraciones son puestas como ejemplos o como casos límite que aunque parezcan refutar la propuesta fregeana, no lo hacen. Pero esa propuesta no es acerca del significado del lenguaje natural, y mucho menos de las expresiones deícticas, esa propuesta es acerca de la objetividad del pensamiento. Frege no está afirmando que los deícticos tengan cabida en su notación conceptual, en su lenguaje preciso, está afirmando que ni siquiera esos casos logran refutar el hecho de que el pensamiento es objetivo, de que no depende de los hablantes que lo piensan.
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Al iniciar este trabajo ofrecíamos dos alternativas de respuesta a la pregunta de si tenían o no cabida los deícticos en la propuesta semántica de Frege. Ahora, en las conclusiones, diremos que la opción que desechamos es la que consideramos correcta.
La deixis sería un caso de ambigüedad lingüística que Frege no aceptaría dentro de su lenguaje preciso. Porque oculta el pensamiento, lo encubre, lo ambigua. El lenguaje que usa Frege, y que le sirve como guía para acercarse a la forma del pensamiento es preciso, está determinado. Las expresiones deícticas no pueden pertenecer a ese lenguaje. Son parte del lenguaje natural, no del lenguaje que Frege propone para estudiar al pensamiento. Pese a esto, en las dos ocurrencias de la deixis en la obra fregeana, parece que sí se diera cabida a tales expresiones deícticas. En parte, porque se usan las mismas nociones y se les da el mismo trato que a otros términos que sí hacen parte del lenguaje que a Frege ocupa.
Entonces, Frege da pie para iniciar un debate, que seguramente a él mismo no le interesaría. En ese debate se cuestiona el que las propuestas de Frege en torno al lenguaje sean o no incompatibles con sus consideraciones acerca de los deícticos. Suponiendo que Frege, al usar las mismas nociones, está admitiendo a los deícticos dentro de su propuesta acerca del significado de las expresiones del lenguaje que a él le ocupa. Perry muestra, de una forma convincente, que las mismas nociones no pueden aplicarse para el caso de los deícticos ni de las oraciones que los contienen. Llega a ésto tras considerar atentamente la determinación de las condiciones de verdad de las emisiones que contienen deícticos.
Para Perry, el anclaje contextual que determina a dichas expresiones no puede ser explicado por medio de la propuesta semántica fregeana. Dado que los elementos con los que ésta cuenta para determinar el sentido de dichas expresiones, y los pensamientos expresados por medio de ellas, no involucran elementos no conceptuales, elementos que no se puedan capturar proposicionalmente. Por medio de determinaciones netamente conceptuales es imposible, para Perry, explicar el anclaje contextual.
La iniciativa de Perry es ir más allá de la propuesta de Frege. No quedarse en meros criterios externistas, sino acudir a aquellas determinaciones internas, subjetivas, para explicar las relaciones que existen entre aquello expresado por medio de los deícticos y los hablantes que
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lo expresan. Hay una separación entre lo que se dice y lo que se piensa. Separación que para Evans es irrelevante para explicar el significado de los deícticos. Para él, lo que se dice es lo que está circunscrito a lo estrictamente veritativo-condicional, y es lo que cuenta para explicar cómo significan las expresiones deícticas. Para Perry, eso dicho no es suficiente para explicar las acciones y conductas de los hablantes que se expresan. Para nosotros, es natural que no lo sea, y que Perry esté en lo correcto cuando intenta explicarlo desde otros enfoques distintos al de Frege. No porque Frege estuviera equivocado en sus explicaciones, sino porque, a nuestro modo de ver, no lo explica. No es de su interés hacerlo.
La crítica de Perry es genial, en tanto muestra cómo un enfoque fregeano puede no ser el mejor para explicar el funcionamiento del lenguaje natural, y su relación con los usuarios. Además porque suscitó diversas investigaciones y trabajos sobre el anclaje contextual, la deixis, la identidad personal, las creencias localizadoras, y sobre el mismo Frege. También mostró que la homogeneidad semántica no puede sostenerse en el lenguaje natural, y que es necesario reconocer la diversidad de deícticos. No para todos valen las mismas consideraciones. Un deíctico esencial no significa de la misma forma que un demostrativo. Esto es algo que se escapa de la propuesta fregeana, y que Perry critica con mucha razón. Recordemos que para Frege un gesto o una mirada son equivalentes a un deíctico. En tanto son ejemplos de las ocasiones en las que el lenguaje se queda corto para expresar el pensamiento.
Este debate filosófico surge a raíz de un problema lingüístico. Problema que Frege no consideró dado que sólo se ocupaba del lenguaje con miras a determinar el contenido que sirve de soporte a las inferencias. No obstante, su propuesta terminó por rozar el lenguaje natural, y con mucha razón Perry hizo su crítica. Ya que al rozarlo, dio razones para pensar que estaba intentando usar sus mismas nociones y planteamientos para dar cuenta de un problema exclusivo del lenguaje natural. La crítica de Perry, a nuestro modo de ver, más que mostrar que Frege estaba equivocado, y que su proyecto es inconsistente; muestra que es específico, y que ampliarlo al lenguaje natural no es acertado. Algo que de seguro Frege admitiría.
El esfuerzo de Evans por salvar a Frege de las garras de Perry es exitoso en tanto aclara el punto central de las consideraciones fregeanas sobre la deixis, a saber, la objetividad del
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pensamiento, y en tanto hace énfasis en lo que esa objetividad significa para Frege. Muestra que la crítica de Perry acerca de los pensamientos privados está basada en la idea de que objetividad es sinónimo de accesibilidad. Cuando la propuesta de Frege es clara al respecto. La objetividad de un pensamiento consiste en su independencia del sujeto que lo piensa, y del hecho de ser pensado.
Por otra parte, reconocemos la brillantez de Evans al mostrar la cercanía de la propuesta positiva de Perry a la de Frege. Cercanía que el primero no llegaría fácilmente a admitir. En este trabajo, nos atrevemos a decir que incluso la propuesta negativa, la crítica, de Perry está basada en las nociones fregeanas, tal y como Frege las propuso. Tanto que el mismo Evans, en ocasiones, afirma que es muy rígida y que se toma más en serio las consideraciones de Frege de lo que merecen. A nuestro modo de ver, esa rigurosidad y cercanía a las nociones y consideraciones fregeanas es algo de lo que la propuesta de Evans carece. Este último intenta defender a Frege, pero en su defensa no solo toma distancia de la noción de sentido que Perry desarrolla en su crítica, sino que incluso toma distancia de la que Frege propone. Ya que admite consideraciones que no aparecen en la obra del lógico alemán, incluso hay unas que podrían ser problemáticas. Por ejemplo la que concierne a los términos vacíos o la de la dependencia indisoluble entre el sentido y la referencia.
Evans abandona la noción descriptivista del sentido, y en vez de ella propone una disposicional. Una que explique por qué un pensamiento versa sobre un objeto. Tal explicación consiste en las disposiciones que tenga un hablante en un momento y lugar determinado, para juzgar un pensamiento como verdadero o como falso. No obstante, Frege no define el sentido como aquél que garantiza disposiciones en los hablantes que lo captan. La propuesta aquí ya es distinta a la de Frege. Evans da un paso más, y con él se aleja más de Frege. Afirma que el sentido de los deícticos puede entenderse como un modo de rastrear un objeto en el tiempo. Ese modo depende de las habilidades de los hablantes para rastrear objetos. Los pensamientos determinados por ese modo están pre-condicionados por dichas habilidades. Esta propuesta, para nosotros, no es la de Frege. En ninguna parte de la obra fregeana se menciona que los pensamientos estén pre-condicionados por las capacidades de
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los hablantes, ni que el sentido dependa de ellas. De hecho, nos parece que Frege es muy enfático en distinguir el pensamiento del pensar.
Por lo anterior, creemos que al introducir una noción de sentido distinta a la de Perry, y también a la de Frege, Evans no logra mostrar que, en efecto, la propuesta semántica de Frege puede dar cuenta del significado de los deícticos. Aunque sí logra mostrar cómo la suya sí podría hacerlo. Pero ésta, como veníamos diciendo, no nos parece que sea la misma de Frege. No consideramos que, tras las objeciones de Evans a Perry, Frege quedara invicto, intacto. Ni que su propuesta semántica, por eso, pudiera dar cuenta de las expresiones deícticas. No obstante, sí consideramos que Evans enriquece el debate en torno al significado de tales expresiones. Sus aportes no sólo son relevantes para entender algunos puntos clave de la propuesta fregeana, sino que incluso han llamado la atención de distintos filósofos que ahora se ocupan de estudiar el contenido no-conceptual, las disposiciones de los hablantes, la estructura de la experiencia demostrativa, e incluso las propuestas de Perry y de Frege.
La obra fregeana, como toda obra de un genio, suscita más cuestiones de las que el mismo genio supondría. Frege no sólo ha sido el precursor de la filosofía del lenguaje, la teoría del significado, sino que incluso ha suscitado innumerables investigaciones acerca de temas que él mismo dejó de lado. No porque no fueran relevantes, sino porque no eran parte de su proyecto. Esas investigaciones han resultado en propuestas sobre la identidad personal, la experiencia demostrativa, la actividad autoconsciente, el significado de las palabras, el lenguaje natural, las creencias localizadoras, la diversidad de deícticos, e incluso el contenido no-conceptual. Seguramente, con el tiempo, muchas más investigaciones sobre la obra de Frege llegarán a
conclusiones asombrosas. δos buenos fregeanos siempre tendrán “la esperanza de una filosofía aún más profunda” (Evans 19κ1, 351). Seguirán escudriñando la obra de este genio, seguirán trabajándola, arañándola y reescribiéndola, porque seguramente están de acuerdo con el mismo Frege, en ella hay oro, oro puro.
Por ahora, y con respecto al debate que aquí nos ocupa, diremos que la semántica fregeana no está construida para dar cuenta del significado de los deícticos. Está pensada, únicamente, para hacer comprensible el contenido que afecta a las relaciones inferenciales entre los pensamientos. Pero, los pensamientos que a Frege le ocupan son los atemporal y eternamente
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verdaderos. Las llamadas verdades de la ciencia. Las verdades de la matemática. Por tanto, cualquier intento por explicar las circunstancias, el contexto o el significado de las expresiones del lenguaje natural por medio de la propuesta de Frege, será en vano.
Los deícticos son términos contexto-dependientes, son siempre singulares. Lo que se expresa con ellos, también está determinado por un contexto. Tiene que ver con la localización espacio-temporal de los hablantes, con su experiencia, con lo circunstancial. Por ese anclaje contextual es que Perry encuentra dificultades en explicar el significado de dichos términos por medio de la propuesta de Frege. Ya que vincular la experiencia, lo circunstancial, con una propuesta acerca de las verdades que están más allá de ese contexto, no es una tarea simple. Evans se enfrenta a tal tarea, e introduce nociones distintas a las Frege. Pero al hacerlo, ya toma distancia de la propuesta original. La obra de Frege tiene sentido más allá de las circunstancias.
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