El descubrimiento de América transformó las formas organizativas del comercio y las finanzas. La explotación de los recursos coloniales, la apertura de nuevas rutas comerciales, y el impulso de políticas comerciales mercantilistas implicaron la aparición de nuevas formas de organización y financiación em- presarial. La principal innovación empresarial de la Edad Moderna fue la constitución de las primeras sociedades anónimas por acciones (joint-stock companies) en el norte de Europa, Holanda e Inglaterra durante el siglo XVI. La principal ventaja respecto de las empresas anteriores radica en la limitación de la responsabilidad de cada socio frente a terceros, es decir, las sociedades anónimas permitían repartir el riesgo entre los socios en proporción a la cantidad de acciones poseídas, además de diversificar los riesgos de los potenciales inversores que así podían comprar acciones de diversas empresas.
Su origen está vinculado a la competencia por las rutas comerciales con Asia y América, donde Portugal y Castilla habían constituido empresas públicas y reguladas (Casa de la India y Casa de Con- tratación, respectivamente). Estas compañías eran denominadas privilegiadas ya que solían tener el monopolio del comercio con alguna colonia o bien concreto respecto de la metrópoli. Es decir, se tra- taba de instituciones de carácter público y estratégico, dado el enorme coste de cubrir las rutas índicas y atlánticas. Sin embargo la aparición de las primera compañías anónimas por acciones no fue la única innovación empresarial originada en el norte de Europa. En Holanda, pero sobre todo en Inglaterra, entre los siglos XVII y XVIII se produjo una intensa transformación en el ámbito de las finanzas y el comercio, representada por los siguientes hechos: la extensión de la forma anónima de asociación; la creación de instituciones bancarias y de crédito, entre las que destacó el Banco de Inglaterra (1694); el afianzamiento de la bolsa de Londres como mercado de capital; la consolidación del negocio de los seguros marítimos; una eficiente gestión de la deuda pública —desde 1688 Inglaterra no volvió a decla- rarse en bancarrota; y finalmente, la aparición de una primera estructura fiscal moderna. Estos factores impulsaron la creación de sociedades comerciales, de finanzas, y de seguros en las islas británicas.
En el norte de Europa, el control de las rutas comerciales de larga distancia lo llevaron a cabo las compañías por acciones, privadas o semiprivadas, que acabaron desplazando a las empresas privilegia- das portuguesas y castellanas del negocio colonial (en 1600 ya operaban en las Indias Orientales, Asia, al menos seis compañías holandesas). Al constituirse como compañías por acciones su capital social era impersonal y transferible —los valores se negociaban en las recién creadas bolsas de Amsterdam y Lon- dres— así como su capacidad para reunir las sumas necesarias para desplazar militar y comercialmente a quienes detentaban el control de las rutas asiáticas y americanas. La creación de este tipo de empresas (que por su tamaño constituían excepciones en el tejido empresarial más común) debe entenderse en el contexto del mercantilismo europeo de los siglos XVI, XVII, y XVIII. Es decir, en el contexto de los nuevos Estados europeos que competían entre sí por el control de territorios y colonias, la solución
mercantilista fue conceder privilegios y monopolios comerciales y de conquista a empresas e inversores encargados de crear ejércitos privados al servicio del Estado.
A cambio de tales privilegios los Estados evitaban los elevados costes de organización y supervisión que suponía el mantenimiento de flotas y ejércitos necesarios para ejercer el control marítimo. Los ejemplos más importantes de estas chartered companies fueron la Compañía de las Indias Orientales (1599), inglesa, volcada en el comercio con la India, que incluía la importación de calicós, y la VOC, acrónimo holandés de la Compañía de las Indias Orientales Unidas creada en 1602. Los conflictos armados entre Inglaterra y Holanda por el control comercial fueron recurrentes (1652-54, 1664-67 y 1672-74). El blindaje legal de las compañías estimuló la construcción naval británica. A finales del siglo XVI, el tonelaje de la marina mercante inglesa era todavía menor al de la de los Países Bajos. En el XVIII, su tonelaje superaba al de Holanda, Francia, Suecia y Dinamarca juntos.
Mapa 4.1
Principales rutas comerciales de la VOC
La VOC reunía numerosos accionistas privados y un indudable apoyo público —contaba con repre- sentantes de cada una de las Provincias Unidas— al tiempo que establecía la limitación de responsabi- lidad. La VOC era gestionada mediante una estructura descentralizada de seis agencias independientes, ubicadas en distintas ciudades holandesas, cada una de ellas dirigida por un cuerpo de Directores. Éstos
elegían una Asamblea de 17 Directores, que eran los verdaderos gestores de la compañía. En esta tarea jugaba un papel esencial el Gobernador de las Indias, con capital en Batavia actual Yakarta, que coor- dinaba las políticas de la empresa en las distintas bases comerciales que tenía por toda la ruta asiática. La alta rentabilidad de la VOC debe relacionarse con sus éxitos militares, que les permitió apoderarse —en nombre de la Provincias Unidas— de amplios territorios que se traducía en la consecución de monopolios comerciales.
El ejemplo más claro fue el de las especies, clavo y pimienta, que mantuvieron un elevado precio de monopolio hasta finales del siglo XVIII. Una de sus principales innovaciones era el carácter nego- ciable de sus títulos, lo que obligó al gobierno a constituir un espacio físico que albergase los actos de compra-venta de las acciones, más allá de los mercados informales que para ello funcionaban. De esta forma, en 1608 se creó formalmente la bolsa de Amsterdam. Se trataba de empresas con la gestión de- legada en gestores profesionales y asalariados, con una estructura jerárquica rígida, y que solían tener un tamaño muy considerable (la VOC llegó a emplear a finales del siglo XVII a 12.000 personas). A medida que el comercio colonial se extendió y creció durante los siglos XVII y XVIII debieron medirse a empresas privadas que también entraron en el negocio colonial a través del llamado comercio trian- gular. Este dio impulso a la consolidación de redes de comerciantes de toda Europa que mediante la negociación de instrumentos mercantiles, en especial letras de cambio, pudieron comerciar y realizar operaciones de giro sobre cualquier bien producido en cualquier punto del planeta conocido.