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3.2 Partition Clustering Algorithm Based on p Values

4.1.3 Results

pasa por una óptima

definición de objetivos,

y por una revisión

constante de los

conocimientos

adquiridos.

2Fons Català de Cooperació al Desenvolupament; 20 anys d’agerma- naments amb Nicaragua. En vías de publicación.

plantean alternativas económicas sosteni- bles (como el turismo rural, por ejemplo), o ven la necesidad de unir esfuerzos y esta- blecer alianzas entre gobiernos locales de diferentes colores políticos. Muchos de es- tos procesos son todavía incipientes, pero ya aparecen en las agendas de la coopera- ción descentralizada -sobre todo en este úl- timo trienio 2003-2006- por el hecho de que son demandas cada vez más elaboradas y

porque para las entidades locales del Norte también pueden re- presentar un flujo importante de información y conocimientos.

A su vez, y en una demostración palpable en la que todas las ex- periencias acaban desembocando, los hermanamientos tam- bién pueden ser el motor para impulsar estas alianzas supralo- cales: en nuestro caso, cuando diversos actores locales catala- nes actúan en áreas próximas (sea fruto del azar, o por estrate- gia previa), tras una primera etapa centrada en la consolidación de la relación bilateral, el punto de mira se amplia y se inicia la búsqueda de nuevos procesos mancomunados. De este modo, el refuerzo de las instituciones y más allá de las entidades loca- les cívicas, acaba teniendo una trayectoria de ida y vuelta. En el Sur se formalizan y se refuerzan las asociaciones de municipios, y en el Norte se crean vínculos, que probablemente ya existen, en diferentes ámbitos temáticos (urbanismo, medioambiente, comercio, etc), que ahora se amplían a la cooperación para el desarrollo. Se posibilita, además, que las administraciones des- centralizadas con un rango superior al municipio puedan centrar su tarea de cooperación en acciones que les son propias y es- pecializar de esta forma el trabajo de cada uno.

3. La multiplicidad de actores y la comunidad territorial.

Uno de los factores determinantes del desarrollo local, a parte de la integración territorial que hemos visto, es la concentración de los actores, puesto que sin ellos no puede existir un verdade- ro desarrollo en todas las facetas de la sociedad y la persona: somos seres sociales y crecemos en función de los que nos ro- dean. Esto conduce a la creación del concepto “comunidad te- rritorial”, que, en palabras de Alberto Enríquez, “implica niveles de concentración institucional en torno a una visión y lineamien- tos estratégicos comunes”3. Además, añadiríamos que tam-

bién la sociedad civil organizada tiene el reto de buscar el con- senso necesario para que, más allá de las especificidades de ca- da grupo, se puedan alcanzar objetivos comunes que resuelvan los problemas y necesidades de los habitantes de un territorio.

Acostumbrados a una cierta verticalidad en la toma de deci- siones, especialmente en lo que se refiere al ámbito institu-

cional, esto también representa un reto muy interesante y un terreno en el que retroalimentar experiencias entre el Norte y el Sur. El municipio es, precisa- mente, el laboratorio más adecuado pa- ra formalizar alianzas, respetando el cri- terio y la ideología de cada uno: gobier- nos locales, entidades cívicas, asocia- ciones vecinales y comunales, todos ellos comparten un espacio bien delimi- tado y unas aspiraciones generales que les son comunes, y por consiguiente, la relación entre las partes es inmediata.

También los problemas prácticos son los mismos y la ges- tión municipal implica dar respuesta a las necesidades, no de cifras estadísticas abstractas, sino de vecinas y vecinos con los que nos cruzaremos mañana en la esquina. Es más, la defensa que hacemos de un desarrollo local inclusivo im- plica el respeto por los conocimientos de cada uno, por las habilidades que tienen individualmente las personas que co- nocen el territorio (porque en él viven y disfrutan). Es lo que apuntan Enrique Gallicchio y Alejandra Camejo: “La constitu- ción de alianzas implica una forma de relación en la que cada actor aporta la capacidad, la habilidad, la destreza o el recur- so que resulta complementario con otros actores involucra- dos, generando de este modo una ventaja comparativa”4.

En los últimos tres años, los Planes de Desarrollo Local (PDL), o planes estratégicos municipales, han sido instru- mentos que han permitido la puesta en común de los objeti- vos y los proyectos de un municipio para un periodo a largo plazo, y ya es una demanda explícita de muchos gobiernos a las agencias de cooperación. La creación de estos planes de- be ir acompañada de un proceso participativo para que sean instrumentos válidos, lo cual los vuelve doblemente atracti- vos: la implicación de todos los sectores sociales ayuda a formalizar las esperanzas para construir un espacio común.

4. Los procesos de descentralización.

Con el objetivo de mejorar la eficiencia de los servicios públi- cos que presta la administración (y enlazándolo con el objetivo general que comentábamos al principio de hacer que la ciuda-

El municipio es,

precisamente, el

laboratorio más

adecuado para

formalizar alianzas,

respetando el criterio y

la ideología de cada uno.

3ENRÍQUEZ, A; Hacia una delimitación conceptual del desarrollo regional/local, a Desarrollo regional/local en El Salvador: reto estra- tégico del siglo XXI. Funde. San Salvador, 1999.

4GALLICCHIO, E. y CAMEJO, A.; Desarrollo local y descentralización en América Latina. CLAEH / Diputació de Barcelona. Montevideo, 2005.

danía disfrute plenamente de estos servi- cios), se vuelve esencial en todo proceso democrático un grado determinado de descentralización por parte del estado. Precisamente, en el Estado español este reclamo continúa vigente hoy en día, a pesar de los avances logrados durante el período democrático, en temas como el traspaso de recursos y competencias, y el debate y la reflexión producidas por es- ta cuestión nos pueden ayudar a trasla- darnos a otras zonas donde los procesos de descentralización son todavía incipien- tes. Es aquí donde la cooperación local

juega un papel clave, puesto que no deja de ser un factor que le es propio: además de los proyectos de carácter social que podemos estar ejecutando en un territorio concreto, también debe ser de nuestro interés el quién y el cómo se gestionarán, y por lo tanto qué tipo de administración local es la que rige en cada espacio de actuación. Nos tiene que preocupar, en defini- tiva, el grado de descentralización del país en el que hemos decidido volcar los esfuerzos de la cooperación y hacer que esta reivindicación (como ha sucedido en Cataluña) entre en la agenda de nuestro trabajo en el Sur. Pero el liderazgo, no lo ol- videmos nunca, deben asumirlo los propios actores con una visión no sólo local, sino de nación. “Se requiere un liderazgo político de base local-regional, pero a la vez con una panorámi- ca nacional […] La dificultad principal radica en lograr el balan- ce entre liderazgo y desarrollo nacional5”.

En el caso de Centroamérica, a pesar de que los municipios asumen competencias específicas en ámbitos de limpieza, agua, ocio o cultura, todavía hay mucho camino por recorrer para que las competencias de más complejidad puedan ser gestionadas plenamente por administraciones de segundo o tercer grado. Nos referimos a educación, salud o urbanismo. Todavía es más irregular en el ámbito de los recursos. Si la par- ticipación del estado en el financiamiento de los municipios es reducida porcentualmente, queda aún pendiente la cuestión de la autonomía fiscal y de un buen sistema de recaudación impositiva, justa y equitativa. Llegados a este punto, resulta obligado mencionar, de pasada, la clamorosa exención fiscal que reciben ciertas empresas y negocios del ramo de la ma- quila textil o del ocio más oscuro, (casinos, clubes nocturnos), que, además de la nula colaboración en materia de derechos laborales, no producen ganancia específica ninguna para los municipios en los que se asientan.

Centremos la mirada nuevamente en Ni- caragua. Según un estudio completo pu- blicado bajo los auspicios de la Funda- ción Friedrich Ebert6, la aprobación de la

Ley de Municipios no conllevó la regla- mentación de varias competencias transferidas (agua, energía eléctrica y tu- rismo, entre otras) y, por tanto, los go- biernos locales se encuentran sin saber ni cómo ni con qué recursos pueden ha- cerles frente. Y como colofón, el Estado decidió hace pocos años, privatizar la distribución de energía eléctrica, cuando la Ley la establece como competencia municipal, es decir son los municipios quienes tienen la po- testad de construir, dar mantenimiento y administrar las re- des de suministro de energía domiciliaria y pública. Sirva es- te ejemplo de muestra del largo camino que queda por reco- rrer en materia de descentralización, a pesar de la creación de numerosas comisiones sectoriales encargadas de dise- ñar y promover planes específicos por la transferencia efecti- va de competencias.

¿Qué tiene que decir, pues, la cooperación local en todo este asunto? Seguramente, más de lo que hasta ahora se ha ex- presado. En buena medida, continuamos todavía inmersos en la dinámica de la acción concreta y física, lo que llama- mos la “piedra” y que visualizamos (literalmente: porque se obtiene una fotografía perfecta) una visión de la cooperación única, ya se trate de una agencia nacional, una ONG o un go- bierno local. Pero la especialización de cada uno, con la apor- tación de las fortalezas de cada contraparte, puede mejorar la incidencia del trabajo conjunto. Esto también sucede en el Sur: hay asociaciones de municipios que ya parecen, por su tarea concentrada en buscar recursos y aplicarlos a proyec- tos individuales de cada municipio, entidades similares a grandes ONG, compitiendo así con la sociedad civil organiza- da de aquella misma zona. Las administraciones locales ho- mólogas del Norte y del Sur tienen un gran reto: compartir experiencias de fortalecimiento democrático de las propias instituciones, hacer apuestas de carácter político para la des- centralización de los respectivos estados y ofrecer instru- mentos técnicos adecuados a este objetivo. Y este reto tam- bién forma parte, sin duda, de la cooperación al desarrollo.

5. El conflicto local / global.

Hoy en día no representa novedad alguna preguntarse so- bre el significado del concepto local en relación a su antóni- mo más directo y cotidiano, global. Ya el sustantivo globali- zación forma parte del lenguaje político común, pero tam-

Será necesario

pensar mecanismos

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